Escribir y reescribir

Javier MaríasEscribir es una manera de pensar. No es solo contar bien una historia, eso es casi una perogrullada y a mí no me parece lo bastante estimulante como para sentarme frente a la máquina(…) Para que escribir me valga el esfuerzo ha de desencadenar en mí una forma de pensar diferente a la que experimento sentado en el sofá.

Javier Marías

Caballero BonaldLa reescritura siempre ha sido para mí una norma de trabajo, un texto artístico se puede corregir interminablemente.


José Manuel Caballero Bonald

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Álbum de Bibliotecas en construcción, XVIII

Antiquísima biblioteca ambulante...
Antiquísima biblioteca ambulante…
Biblioteca d'Humanitats, Universitat Autònoma de Barcelona.
Biblioteca d’Humanitats, Universitat Autònoma de Barcelona.

 

 

 

 

 

 

 

 

La biblioteca se defiende sola, insondable como la verdad que en ella habita, engañosa como la mentira que custodia.

Umberto EcoUmberto Eco. El nombre de la rosa

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Carta de Abraham Lincoln al profesor de su hijo

Querido Profesor, mi hijo tiene que aprender que no todos los hombres son justos ni todos son veraces, enséñele que por cada villano hay un héroe, y que por cada político egoísta hay un líder dedicado.

También enséñele que por cada enemigo hay un amigo y que más vale moneda ganada que moneda encontrada.

Quiero que aprenda a perder y también a gozar correctamente de las victorias. Aléjelo de la envidia y que conozca la alegría profunda del contentamiento.

Haga que aprecie la lectura de buenos libros, sin que deje de entretenerse con los pájaros, las flores del campo y las maravillosas vistas de lagos y montañas.

Que aprenda a jugar sin violencia con sus amigos. Explíquele que vale más una derrota honrosa que una victoria vergonzosa. Que crea en sí mismo y sus capacidades aunque quede solo, y tenga que lidiar contra todos.

Enséñele a ser bueno y gentil con los buenos y duro con los perversos. Instrúyalo a que no haga las cosas porque simplemente otros lo hacen, que sea amante de los valores.

Que aprenda a oír a todos, pero que a la hora de la verdad, decida por sí mismo. Enséñele a sonreír y mantener el humor cuando esté triste y explíquele que a veces los hombres también lloran.

Enséñele a ignorar los gritos de las multitudes que solo reclaman derechos sin pagar el costo de sus obligaciones.

Trátelo bien pero no lo mime ni lo adule, déjelo que se haga fuerte solo. Incúlquele valor y coraje pero también paciencia, constancia y sobriedad.

Transmítale una fe firme y sólida en el Creador. Teniendo fe en Dios también la tendrá en los hombres. Entiendo que le estoy pidiendo mucho pero haga todo aquello que pueda.

Abraham LinconAbraham Lincoln, 1830

(A través de Boulevard literario)

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Álbum de librerías incompleto, 10

Hatchards Book Shop , Londres, librería más antigua del Reino Unido
Hatchards Book Shop , Londres, librería más antigua del Reino Unido
Librería %22Book in Bar%22, Aix-en-Provence, Francia
Librería Book in Bar, Aix-en-Provence, Francia

 

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Materiales de la novela

Las novelas no se hacen con ideas brillantes ni con demostraciones de erudición o proclamas de ruptura. Las novelas se hacen con los materiales más comunes y más baratos, las palabras habituales, el habla, las vidas de las personas. Por eso decía Flannery O’Connor que un escritor de ficción necesita “a grain of stupidity”, un puntito de estupidez, o de tontería. […] Las novelas se alimentan de una observación atenta y en el fondo cordial del mundo, de un interés incondicional por los seres humanos: un interés inevitablemente irónico, y algunas veces furioso, pero nunca arrogante. Es la actitud de Cervantes, de Galdós y de Dickens, y también la de Joyce, la de Virginia Woolf o Alice Munro.

Muñoz Molona 1Antonio Muñoz Molina

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La tumba olvidada de Cervantes

La rancia, deprimida e inculta nación que tanto necesita ideas que ilustren su futuro resume buena parte de sus dolencias endémicas tras aquellos muros de ladrillo. Miguel de Cervantes, el hombre que más gloria dio a las letras hispanas y universales, yace ahí mismo, en una fosa común. Sus huesos vueltos al polvo se perdieron con el tiempo. Murió pobre, aPérez-Revertebandonado de casi todos, arrojado al olvido por sus contemporáneos tras una vida desdichada, sin apenas gozar del éxito de su libro inmortal. Lo trajeron desde su modesta casa, a dos manzanas de aquí, en la esquina de la calle de Francos con la del León, sin acompañamiento ni pompa alguna, y fue enterrado en un rincón oscuro del que no se guardó memoria. Ninguneado por sus contemporáneos y sólo reivindicado más tarde, cuando en el extranjero ya devoraban y reimprimían su Quijote, ni siquiera una placa o una inscripción recuerdan hoy su nombre. Fueron sólo el tiempo, la sagacidad y la devoción de hombres justos —y extranjeros— los que le dieron, al fin, la gloria que sus compatriotas le negaron en vida y a la que todavía, en buena parte, la España cerril de toros, sainetes y majeza permanece indiferente. Triste símbolo, aquellos anónimos muros de ladrillo, de toda una nación inculta dormida entre los escombros de su pasado, suicidamente satisfecha y prisionera de sí misma. Amarga lección póstuma, esa tumba olvidada. La de aquel hombre bueno, soldado en Lepanto, cautivo en Argel, de vida desgraciada, que alumbró la novela más genial e innovadora de todos los tiempos.

Pérez-Reverte. Hombres buenosArturo Pérez-Reverte. Hombres buenos

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Leer poesía

Continuando con la entrada «La literatura no son sólo palabras», de Karl Ove Knausgárd y por tanto a vueltas con Paul Celan y su lenguaje críptico, su inaccesibilidad o exclusión.

LEER POESÍA

Al terminar el libro de poemas

de Paul Celan, no sé ni qué me ha dicho

ni qué quiso decirme..

Ni si era a mí a quien quiso decir algo.

Hay tanto miedo en un poema hermético.

Pongo la mano encima del libro ya cerrado 

y juro rechazar para siempre este miedo.

Porque la poesía, que al principio 

puede ser paisaje

al que a veces llegamos ya de noche,

ha de acabar siendo el espejo

donde uno ha de leer sus propios labios.

¿Y qué razón de ser tiene el contenedor 

si esta vacío?

Vacíos y silencios se hicieron para el ángel.

Y también para el miedo a la basura.

Y para la basura de ese miedo.

Joan MargaritJoan Margarit. Misteriosamente feliz.

 

 

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Lectura: «Circo familiar» de Danilo Kis

Lectura recomendada: Circo familiar de Danilo Kis

Anotación inicial

Los tres libros que Kis reunió en este Circo familiar fueron publicados por separado en distintas etapas de su trayectoria. Comparten, sin embargo, impulso y tema. Penas precoces puede describirse, parafraseando al propio Kis, como el cuaderno de notas a color de un niño extraordinariamente sensible, colección de instantáneas sin orden cronológico en las que la infancia se convierte en un mundo. Esto último serviría también para describir Jardín, ceniza, añadiendo, quizás, que ese mundo infantil, en el que los planos real e imaginario se solapan con perfecta naturalidad, se inscribe en unas circunstancias históricas que, sin hacerse explícitas, determinan en profundidad el tono de la evocación: la Segunda Guerra Mundial y la masacre de judíos y serbios de la Voivodina a manos del fascismo húngaro. Por último, El reloj de arena es un collage polifónico de enorme intensidad dramática. Aquí, el protagonista es el padre del escritor, un hombre de personalidad extraordinaria, retratado en la última fase de su crisis vital.

Inicio

Danilo KisEn otoño, al levantarse los vientos, las hojas de los castaños de Indias se precipitan con sus tallos vueltos hacia abajo. Luego se oye un ruido: como si un pájaro hubiera chocado con su pico contra el suelo. La castaña, en cambio, cae sin necesidad de un solo soplo de viento, por sí sola, como caen los cometas: vertiginosamente. E impacta contra el suelo con un grito sordo. No se abre como un huevo al nacer el pájaro, poco a poco, sino que su peludo caparazón estalla descubriendo su interior, de un azul blanquecino, de donde salen, de un salto, los traviesos y oscuros frutos, brillantes como los pómulos de un negrito sonriente. En alguna de las vainas aparecen gemelos, que no obstante cualquiera podría distinguir: uno de ellos lleva una señal, una estrella en la frente, como los caballos, de modo que su madre siempre podrá reconocerlo.

Una de las instantáneas: «Una serenata para Ana»

OÍ un clamor debajo de la ventana y pensé que habían venido a matar a mi padre.
Entonces el violín disolvió la duda y me liberó de mi miedo. El que tocaba debajo de nuestra ventana no era ningún virtuoso pero, sin duda, estaba enamorado de mi hermana Ana. El violín sonaba casi como una voz humana. Alguien, enamorado hasta las orejas de las estrellas de mi hermana Ana, cantaba tímidamente, haciendo un esfuerzo por dar a su voz la máxima profundidad y virilidad posibles. Sin embargo, ese canto parecía un susurro:

Por qué el Señor habrá creado el amor..
Por qué las noches…

Entonces Ana encontró por fin las cerillas, y yo la vi bañada de esa luz, como en un ensueño, de pie detrás de la cortina, vestida de blanco. Cuando volvió y se acostó otra vez, oí a mi madre decir, emocionada, con un tono casi proverbial: «Ana, recuerda esto para siempre. Cuando alguien te toca una serenata, hay que encender una cerilla. Es una noble señal de atención».

Tranquilizado por la voz de mi madre, volví a sumirme en el sueño como en un bosque de olores, como en un prado verde.
Por la mañana encontramos en la ventana una ramita con una flor de manzano, semejante a una corona de plata, y dos o tres llameantes rosas rojas. E incluso antes de que (al día siguiente, en el colegio) la señora Rigo nos preguntara: «¿Quién fue el asno que anoche pisoteó mi jardín?»,
ya esa mañana yo había reconocido, por el olor, las flores del jardín de la señora Rigo, porque yo era el encargado de atar sus rosales y de recortar sus lilos.
No quise decir que, a juzgar por su voz, ese asno que pastaba rosales no podía ser otro que el joven señor Fuks, el zapatero, secretamente enamorado de mi hermana Ana.
Dime, Ana, ¿me lo he inventado todo?
(Las flores y los olores).

Texto de Jardín, ceniza

Llevados por la fuerza de nuestra sensualidad recién despierta, asombrados y asustados por los nuevos horizontes de sentidos y conocimiento, orgullosos por el hecho de estar descubriéndonos secretos el uno al otro, confusos hasta el vértigo ante la anatomía del organismo humano y ante el secreto que nos erizaba la piel, empezamos a encontrarnos cada vez con más frecuencia, a tocarnos como por casualidad en la estrecha y abarrotada puerta del aula, en el patio de recreo y en el jardín, en el heno, en el pajar del señor Szabo, en el crepúsculo. Llevados por la tentación, por este pecaminoso vértigo, nos percatamos de las maravillosas diferencias en la estructura de nuestros cuerpos, en el olor de los repliegues de nuestros cuerpos; encantados y a la vez temerosos de este hecho que hasta entonces no habíamos advertido claramente, sino sólo presentido, nos revelábamos mutuamente nuestros secretos, nos los exponíamos con detalle, nos los explicábamos. Nos mirábamos el uno al otro como se miran los libros pornográficos y los atlas de anatomía, estableciendo ingenuas comparaciones con los animales y las plantas, como los primeros hombres. ¡Ah, esas confidencias, ese secreto! Cubiertos de una pelusa dorada, como el melocotón, todavía desprovistos[…]

Danilo Kis. Circo familiarDanilo Kis. Circo Familiar

 

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Los estudiantes de lo inefable

Lo que voy a contar sucedió hace años. Yo había alquilado una casa junto al mar. Cada noche me sentaba en la terraza y anhelaba alguna oleada de sentimiento, una encendida corriente de sonido que me alejara de todo lo que había conocido. Pero una noche subí a la colina detrás de la casa y allá abajo vi un camino de tierra donde me sorprendió descubrir largas hileras de gente perdiéndose en la distancia arrastrando los pies. Su respirar pesado y su tos probablemente eran causados por la nube de polvo que había levantado su marcha. “¿Quiénes sois y por qué está sucediendo esto?”, le pregunté a uno de ellos. “Somos creyentes y debemos seguir caminando —y luego añadió—, nuestro trabajo es importante y tiene que ver con el ser”. “Pero todo vuestro polvo está oscureciendo las estrellas”, le dije. “No, no”, dijo, “sólo estamos de paso, las estrellas volverán”.

Mark StrandMark Strand. Casi Invisible

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Álbum de Bibliotecas en construcción, XVII

Harper Library, Usa
Harper Library, Usa
La antigua biblioteca del St. John's College, en Cambridge, Inglaterra.
La antigua biblioteca del St. John’s College, en Cambridge, Inglaterra.

 

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