La literatura no es sólo palabra

La literatura no es sólo palabra, la literatura es aquello que las palabras despiertan en el que lee. Es ese exceso el que da validez a la literatura, no los excesos formales en sí, como creen muchos. El lenguaje críptico y enigmático de Paul Celan no tiene nada que ver con inaccesibilidad o exclusión, al contrario, trata de abrir aquello a lo que el lenguaje no suele tener acceso, pero que sin embargo nosotros, muy dentro de nosotros, sentimos o reconocemos, o si no lo hacemos, descubrimos. Las palabras de Pau Celan no pueden contradecirse con palabras.

Karl Ove Knausgard. Un hombre enamoradoKarl Ove Knausgárd. Un hombre enamorado

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Lectura. Rilke: Carta IV

Muy querido señor Kappas: he dejado largo tiempo sin respuesta una carta suya; no es que la haya olvidado; al contrario: es de aquellas que uno relee cuando las encuentra entre otras cartas, y lo reconocí a usted en ella como desde muy cerca […] Cuando la leo, como ahora, en la gran calma de esta lejanía, su hermosa preocupación por la vida me conmueve […]

Si usted se atiene a la naturaleza, a lo sencillo de ella, a lo pequeño que apenas uno ve y que tan inopinRilke 2adamente puede llegar a ser lo grande y lo inconmensurable; si usted siente este amor por lo insignificante; si con toda llaneza, como servidor, trata de ganar la confianza de aquello que parece pobre: todo entonces le será más fácil, más armonioso y, en cierto modo, más conciliable; no, quizá, en el entendimiento, que asombrado se retrasa, pero sí en lo más profundo de su conciencia. Usted, querido señor, es tan joven, está tan lejos de toda iniciación, que quisiera encarecerle, tanto como puedo, que tenga paciencia frente a todo lo no resuelto en su corazón, y que trate de amar los «problemas mismos» como a cerrados aposentos y como a libros escritos en un idioma muy extraño. No busque ahora respuestas, no le pueden ser dadas porque no podría vivirlas. Y de eso se trata, vivirlo todo. «Viva» usted ahora los problemas. Viviéndolos, tal vez en un lejano día, poco a poco, sin advertirlo, penetre en la respuesta. Quizá lleve en usted la posibilidad de formar, de crear: modo de vida particularmente venturoso y puro […]

[…] No se deje engañar por las superficies; en las profundidades todo se vuelve ley […]

[…]  querido señor, ame su soledad, soporte el dolor que le ocasiona; que el son de su queja sea bello […]

Rainer Maria Rilke. Cartas a un joven poetaRilke. Cartas a un joven poeta

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Lector compulsivo

Soy un lector compulsivo. No puedo estar sin leer. Es puro placer, pero no comparto esas supersticiones que existen en torno a la lectura, como la de tener que acabar un libro o leer libros llamados importantes, la de leer uno solo a la vez, la de no escribir en ellos. Un verdadero lector no se cree esas cosas.

Alberto ManguelAlberto Manguel

(A través de Bulevard Literario)

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100 cuentos de Julio Cortázar y Jorge Luis Borges

Según el argentino, basta preguntarse por qué un determinado cuento es malo. No es malo por el tema, porque en literatura no hay temas buenos ni temas malos, hay solamente un buen o un mal tratamiento del tema. Tampoco es malo porque los personajes carecen de interés, ya que hasta una piedra es interesante cuando de ella se ocupan un Henry James o un Franz Kafka.

Uno de los mejores cuentistas latinoamericanos y, además, uno de los máximos exponentes del Boom Latinoamericano, dijo sobre el cuento casi todo lo que los narradores contemporáneos definen como tal, fue él uno de los grandes cimientos del relato corto contemporáneo y comparaba al cuento con una esfera; es algo, decía, que tiene un ciclo perfecto e implacable; algo que empieza y termina satisfactoriamente como la esfera en que ninguna molécula puede estar fuera de sus límites precisos. Es Julio Cortázar.

Julio Cortazar Portrait Session
Creó con sus ficciones un universo propio, un compendio asombroso de conjeturas, espejos, laberintos, paradojas… Obra imprescindible de la literatura contemporánea, sus cuentos pertenecen a la categoría de las páginas antológicas. Utiliza un singular estilo literario basado en la interpretación de conceptos como los de tiempo, espacio, destino o realidad. La simbología que utiliza remite a los autores que más le influencian -William Shakespeare, Thomas De Quincey, Rudyard Kipling o Joseph Conrad-. A lo largo de toda su producción creó un mundo fantástico, metafísico y totalmente subjetivo. Su obra, exigente con el lector y de no fácil comprensión, ha despertado la admiración de numerosos escritores y críticos literarios de todo el mundo. Describiendo su producción literaria, el propio autor escribió: “No soy ni un pensador ni un moralista, sino sencillamente un hombre de letras que refleja en sus escritos su propia confusión y el respetado sistema de confusiones que llamamos filosofía, en forma de literatura”. Es Jorge Luis Borges.

borges
Ambos nacidos en el seno de la patria argentina, ambos escritores y cuentistas. Son dos representantes del género quienes descubrieron con su pluma mundos inmediatos y desmenuzaron las posibilidades del ser que habitan en un relato corto. Cortázar y Borges legaron en su producción literaria joyas talladas como cuentos: narraciones breves que abordan temas universales desde la intimidad de cada autor.

Dejamos 100 cuentos de Julio Cortázar y Jorge Luis Borges que fueron recopilados y publicados en el sitio Lecturas Indispensables.
Estos escritos se han convertido en clásicos del relato corto y forman parte de las páginas de otros volúmenes o antologías de cuentos memorables:

Cortázar

Bestiario (1951)

1. Casa tomada
2. Carta a una señorita en París
3. Lejana
4. Ómnibus
5. Cefalea
6. Circe
7. Las puertas del cielo
8. Bestiario

Final del juego (1956)

9. Continuidad de los parques
10. No se culpe a nadie
11. El río
12. Los venenos
13. La puerta condenada
14. Las ménades
15. El ídolo de las Cícladas
16. Una  flor amarilla
17. Sobremesa
18. La banda
19. Los amigos
20. El móvil
21. Torito
22. Relato con un fondo de agua
23. Después del almuerzo
24. Axolotl
25. La noche boca arriba
26. Final del juego

Las armas secretas (1959)

27. Cartas de mamá
28. Los buenos servicios
29. Las babas del diablo
30. El perseguidor
31. Las armas secretas

Todos los fuegos el fuego (1966)

32. La autopista del sur
33. La salud de los enfermos
34. Reunión
35. La señorita Cora
36. La isla al mediodía
37. Instrucciones para John Howell
38. Todos los fuegos el fuego
39. El otro cielo

Queremos tanto a Glenda (1980)

Borges

Ficciones (1944)43. Tlön, Uqbar, Orbis Tertius
44. El acercamiento a Almotásim
45. Pierre Menard, autor del Quijote
46. Las ruinas circulares
47. La lotería en Babilonia
48. Examen de la obra de Herbert Quain
49. La biblioteca de Babel
50. El jardín de senderos que se bifurcan
51. Funes el memorioso
52. La forma de la espada
53. Tema del traidor y del héroe
54. La muerte y la brújula
55. El milagro secreto
56. Tres versiones de Judas
57. El fin
58. La secta del Fénix
59. El Sur
El Aleph (1949)60. El inmortal
61. El muerto
62. Los teólogos
63. Historia del guerrero y la cautiva
64. Biografía de Tadeo Isidoro Cruz (1829-1874)
65. Emma Zunz
66. La casa de Asterión
67. La otra muerte
68. Deutsches Requiem
69. La busca de Averroes
70. El Zahir
71. La escritura del Dios
72. Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto
73. Los dos reyes y los dos laberintos
74. La Espera
75. El hombre en el umbral
76. El Aleph
El informe de Brodie (1970)77. La intrusa
78. El indigno
79. Historia de Rosendo Juárez
80. El encuentro
81. Juan Muraña
82. La señora mayor
83. El duelo
84. El otro duelo
85. Guayaquil
86. El evangelio según Marcos
87. El informe de Brodie
El libro de arena (1975)88. El otro
89. Ulrica
90. El Congreso
91. There are more things
92. La secta de los treinta
93. La noche de los dones
94. El espejo y la máscara
95. Undr
96. Utopía de un hombre que está cansado
97. El soborno
98. Avelino Arredondo
99. El disco
100. El libro de arena

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Albert Einstein: «Mi visión del mundo»

El misterio es lo más hermoso que nos es dado sentir. Es la sensación fundamental, la cuna del arte y de la ciencia verdaderos. Quien no la conoce, quien no puede asombrarse ni maravillarse, está muerto. Sus ojos se han extinguido. Esta experiencia de lo misterioso —aunque mezclada de temor— ha generado también la religión. Pero la verdadera religiosidad es saber de esa Existencia impenetrable para nosotros, saber que hay manifestaciones de la Razón más profunda y de la Belleza más resplandeciente solo asequibles en su forma más elemental para el intelecto. En ese sentido, y solo en este, pertenezco a los hombres profundamente religiosos. Un Dios que recompense y castigue a seres creados por él mismo; que, en otras palabras, tenga una voluntad semejante a la nuestra, me resulta imposible de imaginar. Tampoco quiero ni puedo pensar que el individuo sobreviva a su muerte corporal, que las almas débiles alimenten esos pensamientos por miedo, o por un ridículo egoísmo. A mí me basta con el misterio de la eternidad de la Vida, con el presentimiento y la conciencia de la construcción prodigiosa de lo existente, con la honesta aspiración de comprender hasta la mínima parte de razón que podamos discernir en la obra de la Naturaleza.

Albert EinsteinAlbert Einstein, «Mi visión del mundo»

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Primer encuentro con Federico García Lorca

[…] Lo oigo subir por la escalera -pasos lentos, bien aplomados- y detenerse frente a la puerta; pero antes de que toque el timbre, ya le he abierto.

En el umbral, un muchacho joven, de regular estatura, exento de esbeltez sin ser espeso, de cabeza grande, potente, de rostro amplio congelado de estrellas brunas…que son lunares. Ojos sombríos, pero risueños: esa paradoja de alegrías y tristezas reunidas que realiza en sus poemas. Cabellera abundante que no empaña una frente ligeramente abombada como un liso broquel ebúrneo. Ninguna severidad en la mirada ni ceño austero. Por el contrario: un alborozo de chiquillo con una veta de travesura y algo de «muy sano» y de campestre. Pero tiene que ser «esa campiña suya», campo de Andalucía: granadino, cordobés o sevillano.

García LorcaNo se puede afirmar que es guapo, pero tampoco que no lo es, por cuanto posee una vivacidad que todo lo suple y «un no sé qué» de muy abierto en su fisonomía que reconforta y y tranquiliza de buenas a primeras, que luego seduce y que, por último, conquista definitivamente. Y ninguna de esas actitudes absurda con que los pedantes pretenden acreditar su cultura.

Tras esta primera impresión que de él recibo -y que registro con la rapidez de una instantánea- le tiendo las dos manos:

-Federico -le digo-: ¡amigos! Tú como eres y yo como soy, sin esforzarnos por aparentar más de lo que somos. Tú vienes ya muy cargado de  laureles y, si yo tengo algunas virtudes y «defectos buenos», ya te enterarás de ellos a su tiempo.

Y Federico, con mis dos manos cogidas a las suyas, se ríe con esa risa mágica de niño permanente y me infunde la sensación de que patea como un poney sujeto. Luego habla. Su voz es baja, ronca; pero no evoca cavernas: más bien grutas a orilla del mar.

-¿Y por qué te ha costado tanto venir? – le pregunto.

-Tenía miedo -responde sencillamente- porque «no sabía»…; vamos que no sabía cómo erais, pero ahora que lo sé y que estoy aquí…aquí me quedo.

Y, con una nueva risotada, se repantinga en una silla del columpio, en la que comienza a balancearse como una carroza de tiovivo. Luego cambia de ubicación diez veces diciendo «cosas» y contando cuentos. Y dan las siete, las ocho, las nueve, sin sentir. A las diez -hora española- cenamos con él. De sobremesa nos dan las doce, oyéndole hablar siempre. Nos tiene atados a su elocuencia, que fluye libre libre de toda fastuosidad, que conmueve al tiempo que que obsesiona por su diversidad y rapidez, su colorido y amenidad; caleidoscopio que, por momentos, adquiere los resplandores rutilantes de los fuegos artificiales. […]

Madrid, marzo de 1929

CarlMorla Lynch. En España con Federico Garcóa Lorcaos Morla Lynch. En España con Federico García Lorca. Renacimiento

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Ricardo Piglia

Los padres

La literatura me la dio mi padre, lector como su padre. Y mi madre me dio la narración. La familia de mi madre era muy grande: tenía al que se había ido a África, el estafador, el borracho, el más simpático, la que estaba loca… Había todo un repertorio de historias de personajes que después yo encontraba en otros sitios. Y mi madre tenía una cualidad que siempre he valorado y que creo que es su gran lección: nunca juzgaba a nadie, ¡los consideraba parientes! Si había una asesina en serie, mi madre decía: ‘Bueno, siempre fue un poco nerviosa’… Como si fueran parientes. Un día me dijo: ‘¡Mira, en la Biblia todos eran parientes!’. Me sirvió mucho para adoptar el punto de vista del narrador; trabajar con los personajes como si fueran parientes.

[…] Me entusiasma contar historias que vayan más allá de la experiencia de mis lectores. Y he intentado hacerlo. Me gustan las historias muy cotidianas. Mi pulsión narrativa, lo que hace que me entusiasme y escriba una novela viene de ahí, de lo que sentía escuchando contar a mi madre. Siempre tiene que haber un personaje que esté haciendo cosas que se escapan un poco a mi propio registro. Ese es el registro en el que yo imagino que se mueven los lectores que lo conocen.

 Lecturas

Hubo, claro, lecturas decisivas. Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, por supuesto. Pero una de las lecturas que recuerdo como muy decisivas es el primer libro de cuentos de Ernest Hemingway, el maestro de la elipsis, donde los sentimientos, aunque van por abajo, son fortísimos. Precisamente por eso no se habla de ello nunca directamente… No digo que esos relatos hayan constituido mi modo de ser, para nada, pero sí encontré algo que yo quería hacer y no sabía cómo.

Anécdota

Es la adolescencia. Cortejo a una muchacha bellísima. Ella me pregunta: ‘¿Qué has estado leyendo?’. Le digo que La peste, de Camus. Me la pide. Entonces la arrugo, para que parezca leída, y se la llevo. A partir de ahí empecé a leer sin parar.

Ricardo PigliaRicardo Piglia. Babelia

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Aprender de los libros

Lo más atractivo del trabajo de profesor -la palabra es demasiado enfática-  es las oportunidades que le da a uno de aprender. Aprender de los libros que uno cree conocer y que ha de leer de nuevo al menos dos veces, con un lápiz y un cuaderno al lado, para hablar de ellos en clase, descubriendo que en realidad no los conocía, que eran, casi siempre, mejores de lo que uno recordaba, y que están llenos de riquezas ocultas. Y aprender del modo en que esos libros son leídos y discutidos por los estudiantes, observando así el primer encuentro de alguien con esas obras que forman parte de la vida de uno. Cómo es leer por vez primera La invención de Morel, o El curioso impertinente, o El nadador de John Cheever.

Uno sale agradecido y confortado. La transmisión de esos fuegos que no pueden apagarse está asegurada. Leíamos el otro día El curioso impertinente y pensé que es tal vez la primera novela psicológica escrita en español: una historia que consiste casi exclusivamente en el estudio de un proceso obsesivo. Por su densidad y su claustrofobia me hace pensar en algunas novelas cortas de Henry James. Así cuenta Cervantes la fuerza maléfica de una obsesión:

“Vivo yo el más despechado y el más desabrido hombre del universo mundo; porque no sé qué días a esta parte me fatiga y aprieta un deseo tan extraño y tan fuera de uso común de otros, que yo me maravillo de mí mismo, y me culpo y me riño a solas, y procuro callarlo y encubrirlo de mis propios pensamientos”.

Muñoz Molona 1Antonio Muñoz Molina, Una obsesión

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Álbum de librerías incompleto, 9

Librería Puro Verso, 1. Montevideo, Uruguay
Librería Puro Verso, 1. Montevideo, Uruguay
Librería Puro Verso, 2. Montevideo, Uruguay
Librería Puro Verso, 2. Montevideo, Uruguay
Librería Puro Verso, 3. Montevideo, Uruguay
Librería Puro Verso, 3. Montevideo, Uruguay

 

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6 consejos de John Steinbeck para escritores

  1. Abandona la idea de que terminarás algún día. Olvida que llevas 400 páginas y escribe sólo una página cada día, eso ayuda. Luego, cuando hayas terminado, estarás sorprendido.
  2. Escribe lo más libre y rápidamente posible y pon todo lo que se te ocurra en el papel. Nunca corrijas o reescribas hasta que ya no se te ocurran más cosas. Reescribir mientras se escribe es usualmente una excusa para no avanzar. Además, interfiere en el flujo y el ritmo, que sólo pueden ser fruto de una especie de asociación inconsciente con el tema.
  3. Olvídate del gran público. En primer lugar, el público sin nombre ni cara te darán un miedo de muerte y, en segundo lugar, a diferencia del teatro, no existe ese público. En la escritura el público lo constituye un solo lector. A veces ayuda elegir a una sola persona, alguien real o imaginario, y escribir como si se hiciera solo para ella.
  4. Si una escena o una parte te resultan difíciles y aún así piensas que la quieres incluir, déjala y continúa escribiendo. Cuando hayas terminado de escribir todo, puedes volver a ella y quizá descubras que te dio tantos problemas porque no estaba en el lugar correcto.
  5. Desconfía más de una escena que te guste demasiado, que de las otras. Por lo general resulta ser una imposición.
  6. Si escribes diálogos, repítelos en voz alta a medida que los vayas escribiendo. Sólo entonces sabrás cómo suenan.

John Steinbeck John Steinbeck

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