Yo no he visto jamás a mi madre; sus retratos se perdieron o fueron robados; sé solamente que se parecía a un grabado de la época, un grabado de la escuela de Prud’hon o Fragonard, y que podía titu…
Suelen citarse fuentes más o menos innobles de mi literatura, la novela policial entre ellas. También se ha citado la pornografía, aunque es un error: detesto la pornografía. Otro error es buscar fuentes exclusivamente literarias para la literatura, como si un fabricante de quesos tuviera que alimentarse exclusivamente de quesos. Antes de escribir traté de hacer cine, hasta me di cuenta de que en Uruguay era imposible. Terminé escribiendo porque era más barato, y porque me faltó la disciplina para aprender música o pintura, o para ser médico o psicólogo. Y después que uno encuentra un modo de expresión, se le hace fácil y cuesta salirse de él, pero no quisiera descartar del todo la posibilidad de no hacer nada. Pero me llama la atención esa miopía generalizada, ese afán de construir un mundo coherente pero falso, donde todos los escritores están como pinchados con alfileres en un mapa, en una red de parentescos e influencias. Creo que el cine, la música, los amigos, las mujeres, las hormigas, el mar, y etcétera, me han influido tanto o más que los libros. Lo digo seriamente.
Mi mano no sabe por qué escribe el poema; mi corazón ha recogido un destello del mundo, hace ya mucho tiempo, y dirige la mano sumisa, ordena sus gestos en la noche. El poema, ¡la cerrada totalidad! La fría palabra se llena de luz cálida y sus rayos penetran las sustancias reales, plenas al tacto, la piel de la tierra; en su círculo de oro la sangre se nutre y aguarda, piedra cincelada por el porvenir. Mi mano no sabe; a veces mi corazón ha creído saber; mi corazón, espejo mudo, núcleo del tiempo, azar oscuro en un tejido de ricas mañanas.
Clarice Lispector es una escritora especialísima, con una obra que desafía convenciones y lleva al lector a un viaje interior. Sus relatos exploran lo sublime y lo cotidiano, revelando la complejid…
Cultura no es tener el cerebro lleno de fechas, nombres o cifras, es la calidad del juicio, la exigencia lógica, el apetito por la prueba, la noción de la complejidad de las cosas y de la dificultad de los problemas, es el hábito de la duda, el discernimiento en la desconfianza, la modestia de opinión, la paciencia para ignorar, la certeza de que nunca tendremos toda la verdad, es tener la mente firme sin tenerla rígida, es estar armado contra la vaguedad y también contra la falsa precisión, es rechazar todos los fanatismos e incluso los que se basan en la razón, es sospechar de los dogmatismos oficiales pero sin beneficio para los charlatanes, es venerar el genio pero sin hacer de él un ídolo, es siempre preferir lo que es a lo que uno preferiría que fuera.
Beatus Ille, cuarenta años después, es admirado como el primer gran libro de uno de los escritores más importantes, premiados y leídos de la literatura española contemporánea: Antonio Muñoz Molina.
La poesía debe escribirse como se comete adulterio: Sobre la marcha, a hurtadillas, a deshora. Y después uno vuelve a casa como si no hubiera pasado nada.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)