Damon Galgut, en el Hay Festival de Gales en 2022.David Levenson (Getty Images)
El escritor sudafricano lleva en su nuevo libro el relato de viaje a una dimensión distinta. El protagonista de las tres historias unidas en esta novela es un trasunto del autor que comparte su intimidad con extraños que encuentra en el camino
Soy un técnico, pero tengo técnica sólo dentro de la técnica. Fuera de eso soy loco, con todo el derecho a serlo. Con todo el derecho a serlo, ¿oyeron?
Fernando Pessoa
Lo más fácil, entre nosotros, será morir; un poco menos fácil, soñar; difícil, rebelarse; dificilísimo, amar.
Carlos Fuentes.
Las personas amantes de la literatura tienen partes de sus mentes inmunes al adoctrinamiento. Si lees, puedes aprender a pensar por ti mismo.
Doris Lessing
Cuando te mueres, no sabes que estás muerto, no sufres por ello, pero es duro para el resto. Lo mismo pasa cuando eres imbécil.
Tríptico de la Vanidad terrenal y la Salvación eterna, de Hans Memling (1485).
William Gaddis es un escritor indignado. Parafraseando a uno de sus personajes, el escritor no vino al mundo para traer la paz, sino una espada, y la suya no deja títere con cabeza.
Si no eres la persona libre que quieres ser, busca un lugar donde puedas contar la verdad sobre ello. Contar cómo te va con todo. La franqueza es como una madeja que se produce a diario en el vientre, tiene que desenrollarse en algún lado. Podrías susurrar de cara a un pozo. Podrías escribir una carta y mantenerla guardada en la gaveta. Podrías escribir una maldición en una cinta de plomo y enterrarla para que nadie la lea por mil años. No se trata de encontrar un lector, se trata de contar. Piensa en una persona de pie, sola en un cuarto. La casa está en silencio. La persona lee un pedazo de papel. No existe nada más. Todas sus venas se pasan al papel. Toma la pluma y escribe en él unos signos que nadie más va a ver, le confiere así como una plusvalía, y todo lo remata con un gesto tan privado y preciso como su propio nombre.
Yo no he visto jamás a mi madre; sus retratos se perdieron o fueron robados; sé solamente que se parecía a un grabado de la época, un grabado de la escuela de Prud’hon o Fragonard, y que podía titu…
Suelen citarse fuentes más o menos innobles de mi literatura, la novela policial entre ellas. También se ha citado la pornografía, aunque es un error: detesto la pornografía. Otro error es buscar fuentes exclusivamente literarias para la literatura, como si un fabricante de quesos tuviera que alimentarse exclusivamente de quesos. Antes de escribir traté de hacer cine, hasta me di cuenta de que en Uruguay era imposible. Terminé escribiendo porque era más barato, y porque me faltó la disciplina para aprender música o pintura, o para ser médico o psicólogo. Y después que uno encuentra un modo de expresión, se le hace fácil y cuesta salirse de él, pero no quisiera descartar del todo la posibilidad de no hacer nada. Pero me llama la atención esa miopía generalizada, ese afán de construir un mundo coherente pero falso, donde todos los escritores están como pinchados con alfileres en un mapa, en una red de parentescos e influencias. Creo que el cine, la música, los amigos, las mujeres, las hormigas, el mar, y etcétera, me han influido tanto o más que los libros. Lo digo seriamente.
Mi mano no sabe por qué escribe el poema; mi corazón ha recogido un destello del mundo, hace ya mucho tiempo, y dirige la mano sumisa, ordena sus gestos en la noche. El poema, ¡la cerrada totalidad! La fría palabra se llena de luz cálida y sus rayos penetran las sustancias reales, plenas al tacto, la piel de la tierra; en su círculo de oro la sangre se nutre y aguarda, piedra cincelada por el porvenir. Mi mano no sabe; a veces mi corazón ha creído saber; mi corazón, espejo mudo, núcleo del tiempo, azar oscuro en un tejido de ricas mañanas.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)