Reflexión. Adam Zagajewski

Los geniales artistas de mi época -a decir verdad, pertenecientes a la generación de mi abuelo más que a la generación de mi padre- se condujeron de modo tal como si quisieran destruir los géneros artísticos por ellos cultivados. Picasso intenta destruir la pintura; Stravinski, la música; Joyce, la novela; se comportaban como si la historia hubiera llegado a su fin, como si las siguientes generaciones hubieran de ser aniquiladas, como si quisieran privar a las generaciones futuras de la alegría de pintar, de componer, de pensar y de escribir.

Adam Zagajewski

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Paseos con Paul Celan. Cecilia Dreymüller

Paul Celan y su mujer, Ingeborg Bachmann.

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Isaac Bashevis Singer: “En nuestra época, como en cualquier otra, el narrador y poeta debe ser un artista del espíritu en el amplio sentido de la palabra, no solamente pregonero de ideales sociales o políticos…”

En nuestra época, como en cualquier otra, el narrador y poeta debe ser un artista del espíritu en el amplio sentido de la palabra, no solamente pregonero de ideales sociales o políticos. Ni hay un paraíso para los lectores aburridos ni excusas para una literatura tediosa que no intrigue al lector, lo estimule y le ofrezca el placer y la vía de escape que brinda el arte verdadero. Sin embargo, también es cierto que al escritor serio de nuestra época deberían preocuparle profundamente los problemas de su generación. No puede pasarle inadvertido que el poder de la religión, especialmente la creencia en la revelación, es hoy más débil de lo que fue en ninguna otra época de la historia humana. Cada vez más niños crecen sin fe en Dios, sin creer en la recompensa y el castigo, en la inmortalidad del alma e incluso en la validez de la ética.

El escritor auténtico no puede pasar por alto el hecho de que la familia está perdiendo su fundamento espiritual. A partir de la Segunda Guerra Mundial, todas las lúgubres profecías de Oswald Spengler se han hecho realidad. Ningún avance tecnológico es capaz de mitigar la desilusión del hombre moderno, su soledad, su sentimiento de inferioridad y su temor a la guerra, la revolución y el terror. Nuestra generación no solo ha perdido la fe en la Providencia, sino en el propio hombre, en sus instituciones y a menudo en aquellos que están más cerca de él.

Presos de la desesperación, no pocos de quienes han perdido su confianza en el liderazgo de nuestra sociedad han puesto sus ojos en el escritor, el maestro de las palabras. Esperan contra toda esperanza que el hombre de talento y sensibilidad tal vez sea capaz de rescatar a la civilización. Quizá el artista tenga algo de profeta después de todo.

Como hijo de un pueblo que ha recibido los peores golpes que la locura humana puede infligir, me veo obligado a reflexionar sobre los peligros venideros. Me he resignado en muchas ocasiones a no encontrar nunca una verdadera solución. Pero una nueva esperanza surge siempre que me digo que no es todavía demasiado tarde para que hagamos balance y tomemos una decisión. Me educaron para creer en el libre albedrío. Aunque he llegado a dudar de toda revelación, no he sido nunca capaz de aceptar la idea de que el universo es un accidente físico o químico, un resultado de la ciega evolución. A pesar de que he aprendido a reconocer las mentiras, los lugares comunes y las idolatrías de la mente humana, sigo aferrándome a algunas verdades que creo que llegaremos a aceptar algún día. Ha de existir un camino para que el hombre pueda disfrutar de todos los posibles placeres, de todas las posibilidades y todo el conocimiento que la naturaleza pone a su disposición, y seguir sirviendo a Dios: un Dios que habla con hechos, no con palabras, y cuyo vocabulario es el cosmos.

No me avergüenza admitir que me cuento entre quienes fantasean con que la literatura es capaz de aportar nuevos horizontes y nuevas perspectivas: filosóficas, religiosas, estéticas e incluso sociales. A lo largo de la historia de la antigua literatura judía nunca existió ninguna diferencia fundamental entre el poeta y el profeta. Nuestra antigua poesía a menudo pasó a convertirse en ley y en forma de vida.

Algunos de mis camaradas de la cafetería cercana al Jewish Daily Forward en Nueva York me tienen por pesimista y decadentista, pero la resignación siempre esconde un rescoldo de fe. Encontré consuelo en pesimistas y decadentistas como Baudelaire, Verlaine, Edgar Allan Poe y Strindberg. Mi interés por la investigación psicológica me hizo encontrar un bálsamo en algunos místicos como vuestro Swedenborg y nuestro rabino Nachman Bratzlaver, así como en el gran poeta de nuestro tiempo, mi amigo Aaron Zeitlin, que murió hace algunos años y dejó un legado literario de altísimo nivel, la mayor parte escrito en yidis.

El pesimismo de las personas creativas no es decadentismo, sino que se trata de una enorme pasión por la redención del hombre. Al mismo tiempo que entretiene, el poeta prosigue su búsqueda de las verdades eternas, de la esencia del ser. A su manera trata de resolver el enigma del tiempo y del cambio, de hallar una respuesta al sufrimiento, de poner de manifiesto el amor en el abismo de la crueldad y la injusticia. Por muy extrañas que resulten estas palabras, a menudo juego con la idea de que cuando colapsen todas las teorías sociales, cuando las guerras y las revoluciones dejen a la humanidad en la oscuridad más absoluta, el poeta —a quien Platón expulsó de su República— se alzará para salvarnos a todos.

El gran honor que me concede la Academia Sueca es también un reconocimiento al idioma yidis: un idioma del exilio, sin tierra, sin fronteras, sin el respaldo de ningún Gobierno; un idioma que carece de palabras para armas, munición, ejercicios militares, tácticas de guerra; un idioma que fue despreciado a la vez por gentiles y por judíos emancipados. Lo cierto es que aquello que predicaban las grandes religiones, el pueblo hablante de yidis lo practicaba día tras día en los guetos. Fue la gente del Libro, en el sentido más estricto de la palabra. No conocieron mayor gozo que el estudio del hombre y las relaciones humanas, al que llamaron Torá, Talmud, Musar, Cábala. El gueto no era solamente un refugio para una minoría perseguida, sino un gran experimento de paz, autodisciplina y humanismo. Como tal sigue existiendo y se resiste a rendirse a pesar de toda la brutalidad que lo rodea.

Yo me eduqué entre esas gentes. El hogar de mi padre en la calle Krochmalna en Varsovia era una casa de estudios, un tribunal de justicia, una casa de oración, un lugar donde se contaban historias, además de un lugar para bodas y banquetes jasídicos. De niño escuché de boca de mi hermano mayor y maestro, I. J. Singer, que más tarde escribiría Los hermanos Ashkenazi, todos los razonamientos que los racionalistas, desde Spinoza a Max Nordau, publicaron contra la religión. He escuchado de mi padre y mi madre todas las respuestas que la fe en Dios puede ofrecer a quienes dudan y buscan la verdad. En nuestro hogar y en muchos otros hogares las preguntas eternas eran más reales que las últimas noticias del periódico yidis. A pesar de todas las desilusiones y de todo mi escepticismo creo que las naciones pueden aprender mucho de esos judíos, de su forma de pensar, de su forma de educar a los hijos, de la felicidad que encuentran donde otros no ven más que miseria y humillación.

Para mí el idioma yidis y la conducta de quienes lo hablan son la misma cosa. Se pueden encontrar en el idioma yidis y en el espíritu yidis expresiones de júbilo piadoso, ansias de vivir, anhelo del Mesías, paciencia y un profundo aprecio por la individualidad humana. Hay en el yidis un humor sereno y una gratitud por cada día de la vida, por cada pizca de éxito, por cada contacto amoroso. La mentalidad yidis no es altiva. No da la victoria por sentada. No exige ni ordena, sino que sale del paso como puede, se cuela entre las fuerzas destructivas, a hurtadillas, con la certidumbre de que en algún sitio el plan de Dios para la Creación no ha hecho más que comenzar.Hay quien califica al yidis de lengua muerta, pero lo mismo hicieron con el hebreo durante dos mil años. Se ha recuperado en nuestra época de una forma sorprendente, casi milagrosa. El arameo fue ciertamente una lengua muerta durante siglos, pero luego sacó a la luz el Zohar, una obra mística de sumo valor. Es un hecho que los clásicos de la literatura yidis son también los clásicos de la literatura hebrea moderna. El yidis aún no ha dicho su última palabra. Contiene tesoros que todavía no se han expuesto a los ojos del mundo. Fue una lengua de mártires y santos, de soñadores y cabalistas, cargada de humor y de una memoria que la humanidad no debería olvidar jamás. En sentido figurado, el yidis es la sabia y humilde lengua de todos nosotros, el idioma de la asustada y esperanzada humanidad.

Discurso que Isaac Bashevis Singer pronunció al recibir el premio Nobel de Literatura en 1978.

Isaac Bashevis Singer

(A través de Babelia, 8 de octubre de 2020)

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Cuaderno de poemas. “Cuéntame un cuento”. Margaret Atwood

“Cuéntame un cuento..

Donde no haya princesas, ni tristes, ni bellas,

ni ñoñas, ni indefensas,

ni lánguidas, ni tediosas, ni dulcemente encantadoras…

Cuéntame un cuento

Donde no haya príncipes azules que las quieran rescatar.

Ni salvar, ni vengar.

Ni proteger y cuidar con la excusa de amar.

Cuéntame un cuento.

Donde no haya torres en castillos,

solitarios, fríos y aislados.

Con grandes fosos, caballeros guardianes u ogros.

Cuéntame un cuento,

o mejor,

el cuento, me lo cuento yo.

Había una vez una dama, fuerte, libre, bella, inquieta,

que un día, por querer, quiso dejar de ser princesa.

Los tules, encajes y perlas se le antojaban cadenas.

Y ella, espíritu libre quería mucho más.

Soñaba con viajar, escribir, pensar, trabajar.

Sabía que podía hacer mucho más por los demás,

que exhibir su cara bonita o aprender a bordar.

Aprendió a no ser princesa,

Aprendió a creer en su propia belleza.

Aprendió a amar su cuerpo imperfecto

Porque era perfecto en su totalidad.

Aunque no entrara en corsets imposibles

ni en zapatos de cristal.

Aprendió a mimarse y a cuidarse.

A regalarse sin fechas, como una Alicia especial.

Disfrutaba sus canciones, sus adornos, sus poesías,

sus amantes y su mar.

Conoció brujas buenas que le hablaban de los misterios

y secretos que los demás le callaban.

Escuchaba, preguntaba, contestaba, compartía…

lloraba y reía.

¡Cuánto amaba a sus mujeres!,

¡cuántas vidas en sus vidas!

Mujeres hadas, mujeres lobas, a veces incluso mujeres hienas.

Siempre sabias, siempre brujas.

Junto a ellos supo entonces

del poder de las mujeres,

de las diosas de la tierra, de las de sangre y arena.

..Y entonces entendió…

Entendió el por qué del miedo,

Entendió el por qué del odio,

Entendió el por qué del dolor…

Duele lo que se nos resiste,

duele lo desconocido,

duele lo que deseamos

..y no podemos poseer…

Dolor que no le fue ajeno,

dolor que también sufrió.

Ella también quiso y no obtuvo,

y fue deseada y escapó.

Ese es el peaje de la vida:

Crees, piensas, decides, sientes, yerras,

sufres, celebras, coges, sueltas, odias, perdonas…

AMAS… VIVES.

¡VIVES!

No una vida de princesa.

Porque tú no eres “su princesa”

TÚ eres Tuya, no de nadie.

Hada, bruja, loba, ninfa, madre, hija, compañera, diosa, reina, hechicera”.

Margaret Atwood

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Ventana a YouTube. Bruce Springsteen – Letter To You (Official Video)

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Video. El guardián de los códices del Sinaí

A la sombra del monte egipcio, la biblioteca del remoto monasterio de Santa Catalina, una de las más antiguas del mundo, abre sus puertas para mostrar su ambicioso proyecto de preservación de documentos

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Álbum de Bibliotecas en construcción. CLXXVII

Biblioteca de viajes, Seúl, Corea del Sur
Biblioteca encontrada en el Tíbet con 84000 pergaminos y libros y está intocable contiene la historia de la humanidad de más de 10.000 años
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Alejandro Zambra: «Poeta chileno»

Alejandro Zambra. Foto: Paz Errazuriz| Cedida por la editorial

Alejandro Zambra: «Mis personajes se parecen a los de Bolaño, pero como se parecen los padres con sus hijos o con los hijos de sus hijos»

Conversamos con Alejandro Zambra por su novela ‘Poeta chileno’, “un canto de amor a la poesía” editado por Anagrama.

Origen: Alejandro Zambra: «Mis personajes se parecen a los de Bolaño, pero como se parecen los padres con sus hijos o con los hijos de sus hijos» | The Objective

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El escritor y el argumento. Mario Levrero

Cuando el autor sabe demasiado sobre el argumento, a veces se apura a contarlo, y la literatura va quedando por el camino. La literatura propiamente dicha es imagen. No quiero decir que haya que evitar cavilaciones y filosofías y etcétera, pero eso no es lo esencial de la literatura. Una novela, o cualquier texto, puede conciliar varios usos de la palabra. Pero si vamos a la esencia, aquello que encanta y engancha al lector y lo mantiene leyendo es el argumento contado a través de imágenes. Desde luego, con estilo, pero siempre conectado con tu imaginación.

Mario Levrero
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Marieke Lucas Rijneveld gana el Booker Internacional

La joven revelación de la literatura neerlandesa recibe el premio por ‘La inquietud de la noche’

En tiempos de coronavirus, la joven revelación neerlandesa Marieke Lucas Rijneveld acaba de recibir en formato virtual el premio Man Booker Internacional por su novela de debut The Discomfort of Evening (La inquietud de la noche, en español, editada por Temas de hoy), una historia de crecimiento y supervivencia que le ha convertido en estrella de la nueva literatura de los Países Bajos. Los nombres de dos escritoras en lengua española, la mexicana Fernanda Melchor y la argentina Gabriela Cabezón Cámara, figuraban en la lista de seis finalistas al galardón más prestigioso que el Reino Unido consagra a obras de ficción traducidas al inglés.

Rijneveld, de 29 años, se repartirá a partes iguales con su traductora, Michele Hutchinson, la dotación de 50.000 libras (unos 56.000 euros) de este premio, que en los últimos años ha decidido centrarse en el reconocimiento de un libro en concreto y no en el cuerpo de trabajo de un autor internacional, como había ocurrido en sus primeras ediciones. El nombre de la pareja de vencedores fue revelado a última hora de la tarde y vía online, después de que la gala de Londres inicialmente prevista para el 19 de mayo tuviera que ser pospuesta y readaptada a los nuevos parámetros que impone la covid-19.

Hermano del Man Booker destinado a obras originalmente escritas en inglés, el Booker Internacional quiere reivindicar no sólo los libros de escritores extranjeros trasladados a la lengua de Shakespeare, sino también la labor de los traductores que hacen posible su difusión en el mundo editorial anglosajón. Un trabajo laborioso que, amén de su dificultad intrínseca, puede toparse con otro tipo de trabas en países con dudosas credenciales democráticas. Ese ha sido el caso del título finalista firmado por la iraní exiliada en Australia Shokoofeh Azar, The Enlightenment of the Greengage Tree, el relato del fantasma de una niña de 13 años obligada a abandonar su hogar tras la revolución islámica de 1979. El traductor o traductora de la novela del farsi al inglés ha tenido que salvaguardar su nombre en la lista de finalistas del Booker bajo el anonimato.

El personaje físicamente andrógino de Marieke Lucas Rijmeveld usa para sí pronombres neutros que eluden a “él” o “ella”. La novela que le ha procurado el Booker Internacional, tras convertirse en superventas en su tierra natal, parte de la historia de una chica cuyo hermano ha muerto en accidente y de sus esfuerzos a la hora de encarar esa ausencia, carente de recursos y abrumada por el peso de una religión opresiva y omnipresente.

Su trabajo se ha impuesto a los de las citadas Melchor, Cabezón Cámara y Azar, además de al alemán Daniel Kehlman y la japonesa Yoko Ogoma. La obra finalista de esta última autora, The Memory Police, presentaba la particularidad de haber sido publicada por primera vez hace ya dos décadas y media, pero solo recientemente ha sido accesible a los lectores anglosajones y, por tanto, susceptible de ingresar la prestigiosa lista del Booker.

El País (26 de agosto de 2020)

Marieke Lucas Rijneveld

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