Zigmunt Bauman. Nuestra capacidad de esperar

Texto de Zigmunt Bauman

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La bondad implacable

[…]

Asociaciones virtuosas exigen al Metropolitan Museum de Nueva York que esconda un cuadro de Balthus, igual que hace veintitantos años exigían que se retirara de una exposición la Maja desnuda de Goya. Si la prohibición se hace en nombre del puritanismo religioso, parece inaceptable: basta cambiar el ideal y se convierte en una reivindicación liberadora. La National Gallery de Washing­ton acaba de “posponer” una exposición del pintor Chuck Close porque varias modelos lo acusan de lo que antes se llamaba “propasarse”. Chuck Close lleva paralizado en una silla de ruedas desde hace 30 años. La simple acusación lo ha convertido en culpable. Hay sospechosos a los que no se les concede la presunción de inocencia. Otros museos de Estados Unidos han descolgado obras de Close que estaban expuestas en sus salas. La culpa automática del acusado infecta de inmediato a su obra. Lo que ha hecho o no ha hecho, la sombra que cae sobre él, extiende un maleficio tóxico que debe ser suprimido. No basta la afrenta pública. El castigo no es suficiente. Cualquier duda, cualquier flaqueza o concesión, es una injuria añadida a las víctimas, a todas ellas, literales o no, cercanas o lejanas. Con la misma facilidad con que se le cuelga a alguien el sambenito de hereje y se le condena a la lapidación o a la hoguera, se reparten certificados de lo que podría llamarse victimidad. ¿Quién puede pedir que no se retiren de un museo, o no se borren de la historia del arte, obras que tienen un origen tan emponzoñado, y cuya mera existencia, ni siquiera contemplación, ofende tanto, provoca tanto sufrimiento?

El delito es tan grave que igual que anula la presunción de inocencia, tampoco admite la eximente de la muerte. Reos vivos y muertos se mezclan en el desfile diario de la nueva Inquisición: Woody Allen, Balthus, Picasso, Egon Schiele, Caravaggio. Chuck Close defiende en vano su inocencia y dice amargamente: “Me han crucificado”. Es una lapidación más bien, una quema en la hoguera. Es el principio eterno de fanatismo purificador que adapta en cada época un disfraz religioso, o político, según convenga, siempre con la misma sonrisa de implacable bondad.

Origen: La bondad implacable | Babelia | EL PAÍS

Antonio Muñoz Molina

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Poesía?

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Álbum de Bibliotecas en construcción XCV

Biblioteca Central - Universidad de Otago, Nueva Zelanda.

 

Biblioteca Central. Universidad de Otago, Nueva Zelanda.

 

Biblioteca científica Oberlausitzische, Gorlitz, Alemania

 

Biblioteca científica Oberlausitzische, Gorlitz, Alemania

 

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Vila-Matas. El estilo

Vila-Matas

Para mí el gran estilo es la búsqueda de la moral de la forma, el placer de un texto bien hecho; quiero decir con esto que, por ejemplo, en una descripción bien realizada, aunque sea obscena, hay algo moral: la voluntad de decir la verdad.

Enrique Vila-Matas

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Mircea Cărtărescu. El estilo

Mircea CartarescuNo es posible hacer nada para conseguir un estilo. Pues el estilo no lo tienes, sino que lo eres. Está impreso allí, en la ingeniería de las vértebras de tu columna vertebral, en la dinámica de los fluidos de tu cuerpo, en el destello de luz en tu pupila aterciopelada. En el entendimiento de tu mente, que avanza cuando el universo avanza y se retrae cuando el universo se retrae.

Mircea Cărtărescu

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Cuaderno de poemas. Octavio Paz

Decir, hacer

A Roman Jakobson

Entre lo que veo y digo,
Entre lo que digo y callo,
Entre lo que callo y sueño,
Entre lo que sueño y olvido
La poesía.
Se desliza entre el sí y el no:
dice
lo que callo,
calla
lo que digo,
sueña
lo que olvido.
No es un decir:
es un hacer.
Es un hacer
que es un decir.
La poesía
se dice y se oye:
es real.
Y apenas digo
es real,
se disipa.
¿Así es más real?
Idea palpable,
palabra
impalpable:
la poesía
va y viene
entre lo que es
y lo que no es.
Teje reflejos
y los desteje.
La poesía
siembra ojos en las páginas
siembra palabras en los ojos.
Los ojos hablan
las palabras miran,
las miradas piensan.
Oír
los pensamientos,
ver
lo que decimos
tocar
el cuerpo
de la idea.
Los ojos
se cierran
Las palabras se abren.

Octavio Paz  Octavio Paz.

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