El oficio de escritor II. Sylvia Plath

Quiero escribir porque siento la necesidad de destacar en un medio que me permita traducir y expresar la vida. No me basta limitarme a la tarea colosal de vivir. Ah, no, tengo que disponer la vida en sonetos y sextinas, y conseguir un foco verbal que proyecte la luz de 60 vatios de mi cabeza. El amor es una ilusión, pero no me importaría vivir en ella si fuera capaz de creérmela. De pronto, todo parece lejano, triste, frío como una piedra en el fondo de un precipicio; o cálido, próximo e inconsciente, como un cerezo en flor. Dios mío, dame la capacidad de pensar de un modo claro y brillante, de vivir, de amar, y de expresarlo todo de un modo hermoso a través del lenguaje, permite que un día descubra quién soy y por qué acepto cuatro años de manutención, exámenes y trabajos sin hacer más preguntas de las que hago.

Sylvia Plath

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Gerardo Rodríguez Salas, el poeta que convirtió Oxford en un baile de identidades

El poeta y catedrático Gerardo Rodríguez Salas. (Juanmi García)

El poeta y catedrático de Literatura en Lengua Inglesa publica ‘Oxford Circus’ (Visor), un poemario donde la extranjería se convierte en el eje de una experimentación que interroga los cuerpos y el propio lenguaje

Origen: Gerardo Rodríguez Salas, el poeta que convirtió Oxford en un baile de identidades

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El lector. Marcel Proust

Cada lector se encuentra a sí mismo. El trabajo del escritor es simplemente una clase de instrumento óptico que permite al lector discernir sobre algo propio que, sin el libro, quizá nunca hubiese advertido.

Marcel Proust

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Una cajita de polvo de Clarice, Clarice Lispector

El día en que consiga una forma tan pobre como lo soy yo por dentro, en vez de una carta, me parece que ya te lo dije, recibirás una cajita de polvo de Clarice. Tal vez el título te parece mansfiel…

Origen: Una cajita de polvo de Clarice, Clarice Lispector – Calle del Orco

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La máquina de leer. Beatriz Sarlo

Leer: una de las operaciones más complejas. No es sorprendente que adquirir un manejo de la máquina de leer sea difícil y, en períodos de mutación cultural, se corra el riesgo de perder la máquina y la destreza para manejarla. Para decirlo con algunas comparaciones evidentes: es más difícil aprender a leer que aprender a conducir un coche o una bicicleta, jugar al tenis, cocinar comida china, andar a caballo o tejer. Por supuesto, aunque vale la pena recordarlo, es más difícil aprender a leer que a mirar televisión.
En lo escrito hay una clave de bóveda del mundo. Todavía no se ha inventado nada más allá: los hipertextos, Internet, los CDROM y los programas de computadora suponen la lectura, obligan a la lectura y no son más sencillos que los libros tal como los conocimos hasta hoy. Quien afirme algo diferente nunca vio un CDROM ni un programa de hipertexto, o quiere engañarnos haciendo barato populismo tecnológico. Si el futuro son las computadoras, la lectura es indispensable. Téngalo en cuenta quienes profesan la optimista superstición del futuro.
Pero no querría hablar del futuro, porque ya los suplementos de ciencia de los diarios exaltan suficientemente el mundo maravilloso que nos espera. Querría hablar del pasado y del presente. La lectura opera con una máquina del tiempo que hasta hoy no ha igualado ninguna otra máquina: bajo la forma de página impresa o de pantalla de computadora que imita o perfecciona la página impresa, están el mundo que fue y el mundo que es. Hasta hoy, nuestra cultura (quiero decir la cultura llamada occidental en sus diversas versiones) es visual y escrita. Esto no la hace superior a las grandes culturas orales del pasado: simplemente, marca su diferencia y el ser de su diferencia. Se puede valorar la oralidad, pero no se puede volver a ella como instrumento básico de la continuidad cultural. Se podrá prever un futuro donde la lectura resigne su hegemonía frente a otras formas de transmisión, pero ese futuro todavía no ha llegado y, si llega, llegará por la lectura y no a pesar de ella.
Es indiferente el soporte material de la lectura: ¿una página impresa, un microfilm, la pantalla de una computadora, un holograma? En el límite, todos exigen esa capacidad infinitamente difícil: interpretar algo que ha sido escrito por otro. Leer es, siempre, de algún modo, traducir.
La máquina de leer pide ser accionada con sutileza. Pero admite que se la ponga en marcha en las condiciones más libres. Difícilmente pueda ponerse en otra máquina que sea, a la vez, tan complicada en su manejo y tan abierta a los usos más personales, secretos, innovadores, transgresivos. La máquina de leer nos permite prácticamente todo.
La máquina está allí: mucho menos servil que un televisor, mucho más compleja que una computadora, pero también más esquiva porque exige más de quien la opera. La máquina de leer, instalada en la larga duración de la historia, sigue funcionando cuando otros instrumentos hoy sólo pueden ser vistos como curiosidades en los museos de la técnica. La máquina de leer: una hipermáquina, una nave espacial, una cápsula de tiempo, un espejo, un Aleph.

Beatriz Sarlo

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Cuaderno de poemas. María Wine

Si no tuvieras
tantísima prisa
(a tu muerte llegarás en todo caso a tiempo)
podrías darte cuenta de muchas más cosas.
Podrías por ejemplo descubrir
que la yema de tu dedo
tiene la misma forma abovedada
que un grano de uva
que su piel tiene el mismo dibujo
de pequeñas estrías acanaladas
que la piel de la uva
y que cuando aprietas la yema de un dedo sobre otra
la sensación de blanda dureza es la misma
que cuando la aprietas sobre la uva

Descubrirías
que los párpados de los ancianos
bien están toscamente arrugados como piel de higos
bien tenues y transparentes
como la película del ojo de un pájaro
Tendrías tiempo de ver
que en el esmalte brilla una sonrisa
que el cuchillo en realidad es un rayo capturado
y que la caballa ha sido asada a la parrila por la sombra

Descubrirías que
a menudo una piedra dura protege
un secreto blando
y tendrías tiempo de escuchar la melodía
que suena dentro de cada pelo
Podrías leer el mensaje de la escarcha
en el cristal de tu ventana
y asombrado descubrirías
lo difícil que es llorar
bajo un sol deslumbrante
así como que se necesita coraje para atreverse a reír
en la oscuridad nocturna

Si fueras un hombre
descubrirías
que la mujer que llevas dentro ansía
permiso para echarse a llorar
y si fueras mujer
que el hombre que llevas dentro ansía
permiso para dar cuenta
de tu malgastada debilidad
Descubrirías
que casi todo lo que les reprochas a otros
es un reproche que has evitado hacerte

Si te dieras tiempo para contemplar
la alfombra del paisaje que has tejido con tu vida
podrías descubrir muchos senderos que te has saltado
a los que nunca podrás volver
Y quizá gracias a tu descubrimiento
dejarías de saltarte el día
para alcanzar rápidamente la noche
dejarías de saltarte el invierno
para llegar rápidamente al verano
y con este conocimiento
alargarías tu vida considerablemente.

María Wine

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Ventana a YouTube. The Last Waltz (1978) – The Night They Drove Old Dixie Down Scene

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Vídeo: Entrevista a Roberto Bolaño

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Álbum de librerías incompleto 307

Taberna y Libros Perdidos, Pimiango, Asturias

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Lobo Antunes, el escritor de los secretos de la memoria | Babelia

El escritor portugués António Lobo Antunes, en Mantua (Italia) en octubre de 2018.Leonardo Cendamo (Hulton Archive/GETTY IMAGES)

La última novela traducida al español parte de un crimen real para indagar en la psique de los cinco criminales

Origen: Lobo Antunes, el escritor de los secretos de la memoria | Babelia | EL PAÍS

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