La inmortal Clarice. Nélida Piñon

Clarice Lispector. Foto: Museo archivo de literatura brasileira / Siruela

Puro enigma, la narradora tejió una obra hecha de sueños y misterio. Una de sus más íntimas amigas, la escritora Nélida Piñon, nos ofrece su retrato personal y literario

Origen: La inmortal Clarice | El Cultural

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Colección de citas literarias. LXII

Creo que parte de mi amor a la vida se lo debo a mi amor a los libros. 

Adolfo Bioy Casares

Las palabras están llenas de falsedad o de arte; la mirada es el lenguaje del corazón.

William Shakespeare

Hacer lo útil, decir lo justo y contemplar lo bello es bastante para una vida de hombre.

T. S. Eliot

Mientras dure la vida, sigamos con el cuento.

Carmen Martín Gaite


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“Tala”. Thomas Bernhard

Thomas Bernhard. Nos obliga a contemplar la vacuidad, la tontería, el fanatismo y la estupidez que caracterizan por lo general nuestra sociedad.

Origen: Tala – Thomas Bernhard

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Lectura: “La gran fortuna”. Olivia Manning

Olivia Manning (1908-1980)

A bordo del Orient-Express por una Europa devastada

La autora británica Olivia Manning llevó a cabo un extraordinario proyecto narrativo, de seis novelas, sobre la II Guerra Mundial

Origen: A bordo del Orient-Express por una Europa devastada


Textos

Los salones del Athénée Palace abiertos al público estaban llenos a rebosar de invitados. Eran las primeras Navidades de la guerra, pero todo el mundo se había olvidado ya de la contienda. La amenaza de invasión había caído en el olvido. La vida en Rumanía siempre había sido difícil, así que la gente, como los conejos que han conseguido escapar de una trampa, se recuperaba muy deprisa y volvía a hacer su vida. Al ver a los invitados rumanos que llenaban el salón oficial con una copa en la mano, Harriet tuvo la impresión de que todos irradiaban seguridad y confianza en sí mismos. La nueva atmósfera se reflejaba en los periódicos de Bucarest, que llamaban la atención sobre la derrota alemana en la batalla del Río de la Plata. Los finlandeses, por su parte, estaban poniendo en apuros a los invasores soviéticos. Después de todo, las potencias que amenazaban a Rumanía a lo mejor no eran tan poderosas como parecían. Y tal vez hasta resultaba que la amenaza de invasión no había sido más que una falsa alarma. Lo fuera o no, Rumanía tenía poco que perder, dado que era un país rico en recursos naturales que estaba aislado de las trifulcas ajenas por medio.


La historia de Klein era muy similar a la de otros judíos refugiados en Bucarest, solo que en su caso su gran reputación como economista le había permitido permanecer algún tiempo más en Alemania. Hasta que un día un amigo alemán le hizo saber que estaban a punto de detenerlo, así que salió andando de su piso de Berlín, tomó un tren hasta la frontera rumana y, como no había tenido tiempo de gestionar un visado de entrada, tuvo que cruzar la frontera a pie, por la noche. La policía lo atrapó y tuvo que pasarse seis meses en la famosa prisión de Bistrita, donde ahora estaba detenido Drucker, hasta que sus amigos lograron sacarlo de allí.


Fue un invierno inusualmente frío en toda Europa Occidental. En el cine, los noticiarios mostraban a unos niños que se arrojaban bolas de nieve bajo el Muro de Adriano. Los ríos helados podían cruzarse a pie de una orilla a otra. Una niña hacía piruetas en medio del Sena con la falda girando a la altura de la cintura. De los tejados de París caían penachos de nieve como si fuera humo saliendo de una chimenea. Los parisinos salían a la calle con las máscaras de gas guardadas en un cilindro de hojalata. Cuando sonaba la alarma antiaérea, todos corrían a refugiarse en el metro. Las calles se quedaban vacías. Se veía un taxi abandonado en mitad de una avenida. Pero luego la gente salía del refugio sonriendo como si todo hubiera sido una broma. («Y quizá todo sea una broma», pensaba Yakimov, «y esta guerra pasará a la historia como una guerra de broma».) Luego se veía la cúpula de la catedral de San Pablo cubierta por una boa, pero no de plumas, sino de nieve. Cuando aparecieron unas breves imágenes de Chamberlain con su paraguas, se oyó un débil aplauso en la sala. Pero de pronto la proyección se interrumpió y apareció un rótulo en pantalla que anunciaba la prohibición de manifestaciones públicas de cualquier clase. Los espectadores continuaron viendo el documental en silencio absoluto.


Rusia y Finlandia firmaron un tratado de paz, así que Rusia tenía ahora las manos libres para embarcarse en una nueva aventura. Los habitantes de Bucarest, hacinados en los cafés por culpa del diluvio, no paraban de esparcir rumores sobre una invasión inminente. Se decía que un avión de reconocimiento había avistado tropas rusas cruzando el río Dniéster. Oleadas de refugiados estaban llegando al río Prut. Circulaban relatos muy descarnados de las atrocidades que habían cometido las tropas rusas con las minorías rumanas y alemanas. La gente se iba a dormir muy asustada, pero cuando se levantaba las cosas seguían más o menos igual. Todo el mundo negaba los rumores del día anterior, pero al día siguiente volvía a difundirlos.


Para Bucarest, la caída de Francia significaba el hundimiento de la civilización. Francia era el ideal de todos los que intentaban desprenderse de sus orígenes campesinos. Toda la cultura, todo el arte y la moda, las ideas liberales y el concepto de libertad, todo provenía de Francia. Y si Francia caía, ya no habría obstáculo alguno que pudiera proteger a nadie de los salvajes. Con la excepción de unos pocos fascistas natos, nadie creía de verdad en el Nuevo Orden. Incluso la gente que había invertido su dinero en Alemania pensaba que la victoria de la Alemania nazi supondría la victoria de la oscuridad. Si se cortaban sus vínculos con Europa Occidental, Rumanía se vería sumida en la persecución política, el fanatismo, la crueldad, la superstición y la tiranía. Y ahora ya no había nadie que pudiera salvarla.

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La esencia de la novela está en la corrección perpetua. Albert Camus

No hay ser por fin que, a partir de cierto nivel elemental de conciencia, no se agote buscando las fórmulas o las actitudes que darían a su existencia la unidad que le falta. Parecer o hacer, el da…

Origen: La esencia de la novela está en la corrección perpetua, Albert Camus – Calle del Orco

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La finalidad de todo artista. William Faulkner

La finalidad de todo artista es detener el movimiento que es la vida, por medios artificiales y mantenerlo fijo de suerte que cien años después, cuando un extraño lo contemple, vuelva a moverse en virtud de qué es la vida. Puesto que el hombre es mortal, la única inmortalidad que le es posible es dejar tras de sí algo que sea inmortal porque siempre se moverá. Esa es la manera que tiene el artista de escribir “Yo estuve aquí” en el muro de la desaparición final e irrevocable que algún día tendrá que sufrir.

William Faulkner

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Cuaderno de poemas. “Para Bárbara”. Jacques Prévert

Acuérdate Bárbara
Llovía sin cesar en Brest aquél día
Y marchabas sonriente
Dichosa embelesada empapada
Bajo la lluvia

Acuérdate Bárbara
Llovía sin cesar en Brest
Y me crucé contigo en la calle de Siam
Sonreías
Y yo también sonreía

Acuérdate Bárbara
Tú a quién yo no conocía
Tú que no me conocías
Acuérdate
Acuérdate pese a todo aquél día
No lo olvides

Un hombre se cobijaba en un portal
Y gritó tu nombre
Bárbara
Y corriste hacia él bajo la lluvia
Empapada embelesada dichosa
Y te echaste en sus brazos

Acuérdate de eso Bárbara
Y no te ofendas si te tuteo
Yo tuteo a todos los que amo
Aunque los haya visto sólo una vez
Tuteo a todos los que se aman
Aunque no los conozca

Acuérdate Bárbara
No olvides
Esa lluvia buena y feliz
Sobre tu rostro feliz
Sobre esa ciudad feliz
Esa lluvia sobre el mar
Sobre el arsenal
Sobre el banco d’Ouessant

Oh Bárbara
Menuda estupidez la guerra
Qué has llegado a ser ahora
Bajo esta lluvia de hierro
De fuego de acero de sangre
Y el hombre aquel que te estrechaba entre sus brazos
Amorosamente
Quizás ha muerto o desaparecido o vive todavía

Oh Bárbara
Llueve sin cesar en Brest
Como solía llover en otro tiempo
Pero no es lo mismo y todo está estropeado
Es lluvia desconsolada de duelo espantoso
Ni siquiera es ya tormenta
De hierro de acero de sangre
Simplemente nubes
Que revientan como perros
Perros que desaparecen
En el remanso de Brest
Y van a pudrirse lejos
Lejos muy lejos de Brest
Donde ya no queda nada.

Jacques Prévert
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El manuscrito de “Cien años de soledad”

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Cuestionario librero 57: Rafael Reig – Las Librerías Recomiendan

Lo de Rafael Reig es, al menos, una doble vida. Por un lado, este asturiano de Cangas de Onís con orígenes valencianos tomó hace siete años las riendas de la Librería Fuenfría, de Cercedilla, en lo más alto y más luminoso de la Sierra del Guadarrama, cambiando la ciudad por la montaña, y de vuelta […]

Origen: Cuestionario librero 57: Rafael Reig – Las Librerías Recomiendan

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Álbum de Bibliotecas en construcción. CLXXXI

Antigua Biblioteca móvil (Francia, años 60)

Biblioteca Clementinum (Praga)
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