Lo fantástico puro, lo fantástico que ha dado los mejores cuentos, está raramente centrado en la alegría, el humor, las cosas positivas. Lo fantástico es negativo, se aproxima siempre a lo horrible, a lo espantoso. No he llegado a comprender por qué lo fantástico está centrado en el costado nocturno del hombre y no en su lado diurno.
Yo creía que ‘te amo’ sólo se decía una sola vez en la vida, como pasaba en la novela Magali, de Delly o en las películas de Casanova. Que no se podía decir más que una sola vez a una sola persona, tras lo cual ya no se podía decir a nadie más, era como la muerte. Estaba convencida de ello. Y cuando Léo me dijo aquella tarde que me amaba, sentí vértigo. Al mismo tiempo que lo decía, no volvería a decirlo nunca más y era a mí a quien se lo decía. Yo era tan joven y tan ingenua que me imaginaba que, cuando uno había dicho esas palabras, ya no podía decirlas nunca más sin verse avergonzado y deshonrado… Después, Léo me lo volvió a decir muchas veces, y aunque ya no estaba tan conmovida como la primera, lo estaba de todos modos. Aquellas palabras me producían un efecto mágico. Luego le pedí muchas veces a Léo que me las repitiera: ‘Dímelas’, y las recibía como se recibe al viento, con los ojos cerrados, poniendo todo mi ser.
Las personas capaces de oír cómo el silencio vespertino se va haciendo más profundo cuando desciende y le habla al rocío, esas personas son poetas. Deberían ser contratadas como escuchadores de hierba en los jardines de la poesía.
Estoy oyendo música. Debussy usa la espuma del mar que muere en la arena, refluyendo y fluyendo. Bach es matemático. Mozart es lo divino impersonal. Chopin cuenta su vida más íntima. Schönberg, a t…
P.: Lee usted a muchos escritores estadounidenses contemporáneos?
R.: No tengo demasiado tiempo porque dedico muchas lecturas a investigar asuntos relacionados con las cosas que estoy escribiendo; para documentarme. Me cuesta mucho encontrar tiempo. Leo a Salinger con gran placer, y lo menciono no únicamente por ese placer que me ha procurado. “El guardián entre el centeno” y “Franny y Zooey” son libros muy entretenidos. He leído varios de Faulkner, y algunas cosas suyas me gustan mucho. “El oso” y “Mientras agonizo”. El oso» es relato de caza maravilloso. Me gustó “Intrusos en el polvo”.
Faulkner me recuerda mucho a los viejos narradores a los que solía escuchar por aquí cuando venía de niño a pasar los veranos y me escondía en la oscuridad para que no me mandaran a la cama. Escuchaba hasta que me reventaban las orejas. Supongo que lo que más me gusta de Faulkner son los detalles. Es un observador notablemente preciso, y escribe sus narraciones -que a veces me resultan ampulosas- con la maravillosa materia prima de lo que ha visto.
John Dos Passos
Entrevista con John Dos Passos (“The Paris Review”. 1953-1983)
Nada de Delikatessen Ya nada me gusta. ¿Debo ataviar una metáfora con una flor de almendro? ¿crucificar la sintaxis sobre un efecto de luz? ¿Quién se romperá la cabeza por cosas tan superfluas —?
He aprendido a ser sensata con las palabras, que hay (para la clase más baja)
hambre deshonra lágrimas y tinieblas.
Con los sollozos no depurados, con la desesperación (y desespero de desesperación) por tanta miseria, por el estado de los enfermos, el coste de la vida, me las arreglaré.
No descuido ía escritura, sino a mí misma. Los otros saben dios lo sabe qué hacer con las palabras. Yo no soy mi asistente.
¿Debo aprisionar un pensamiento llevarlo a la iluminada celda de una frase? ¿Alimentar oídos y ojos con bocados de palabras de primera? ¿investigar la libido de una vocal, averiguar el valor de amateur de nuestras consonantes?
¿Tengo que con la cabeza apedreada, con el espasmo de escribir en esta mano, bajo la presión de trescientas noches romper el papel, barrer las urdidas óperas de palabras, destruyendo así: yo tú y el ella lo nosotros vosotros?
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)