Rebecca Solnit: “La desesperanza es un lujo” – Lecturas Sumergidas

“La memoria nos da poder, igual que el olvido y la amnesia nos hacen vulnerables”, escribe la autora en «El camino inesperado», donde anima a mirar al pasado para demostrar que los cambios a mejor …

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Kenzaburo Oé

Yo utilizo referencias de escritores occidentales y se me ha reprochado que eso es demasiado evidente, que se encuentra con facilidad. Lo que he buscado es dotar a mis novelas de un sentido de la diversidad. Quizás he utilizado algunas referencias de escritores occidentales de una manera demasiado evidente para el gusto de algunos críticos, pero yo no trataba de ocultarlo ni es una originalidad mía: lo han hecho escritores de muchos países. El propio Faulkner, James Joyce, muchos otros han empleado con frecuencia ese recurso. Siempre he pensado que utilizar materiales, imágenes, frases de otros escritores es enormemente saludable para la lengua japonesa, para renovarla, para construir nuevos estilos literarios.

Kenzaburo Oé

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Entrevista a Andrés Barba | Ethic

Andrés Barba: «El líder nace de la necesidad de fascinación que tiene la comunidad» | Ethic

El escritor madrileño Andrés Barba presenta ‘Auge y caída del conejo Bam’, una historia sobre líderes e instituciones en clave animal.

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Lectura: «La Bola», de Daniel Verdú

Portadas de dos números de la revista ‘Jot Down’.

El pelotazo de La Bola | Opinión | EL PAÍS

Más que la trifulca sobre el libro de Daniel Verdú, me interesa la cabeza de una mujer que se hizo pasar por otra, y los sentimientos de aquella cuyo cuerpo utilizó para sus fines

Origen: El pelotazo de La Bola | Opinión | EL PAÍS


Textos

Siempre nieva en voz baja, sin que nadie pueda decir una palabra. El blanco y la sordina que imponen las partículas de hielo convierten cualquier espacio en una habitación pequeña y acolchada, de esas que solo hay en determinados hospitales, los que ayudan a domesticar tormentos. Casi todo lo que transcurre durante ese tiempo es como si no hubiera tenido lugar realmente. Y eso, exactamente, es lo que se desencadenó ese día a las siete de la mañana, justo después de que sonase el despertador en aquel piso de la piazza Cairoli.


Todo se aceleró. Y, al cabo de dos meses, los tres principales diarios de España —El País, La Vanguardia y El Mundo— se cargaron a sus directores, que comenzaban ya a enredarse con lo que publicaban o dejaban de publicar sobre la corrupción del Partido Popular y el conflicto en Cataluña. Nada parecía casualidad. Mientras se desataba la estampida, ella silbaba calle arriba.


En la primera foto, imposible olvidarlo, apareció en bañador, mordiéndose el labio y al timón de un velero en plena navegación por el Mediterráneo. Rubia, delgada, ojos verdes y una sonrisa preciosa. El contexto siempre era lujoso, y las proposiciones, generosas. Llegaron más imágenes, algunos regalos. Y las urgencias o la falta de paciencia para que toda aquella relación telefónica madure de forma natural, quién sabe, hicieron que en las siguientes entregas las situaciones fueran más prosaicas y con menos ropa de por medio. A lomos de ese sugerente personaje, todo se volvió más intenso. Más llamadas, más contactos, más intimidados. Y la isla. Siempre le hablaba de aquella isla del Mediterráneo.


Lo relevante es que Enric González decidió liquidar una relación de veintisiete años con el periódico a través de un pequeño medio que no podía ni pagar a sus colaboradores y que se dirigía a Mar de Marchis, una rubia de ojos verdes, guapísima, de unos treinta y tantos y con un nombre rimbombante de aristócrata italiana que vivía en Londres representando a jugadores de fútbol y viajando tanto por trabajo que era imposible sentarse con ella a cenar. El planeta de la prensa tradicional estaba a punto de estallar y ella se había colocado en primera fila para recoger algunos asteroides que iban a salir despedidos en la deflagración. Y entre todas esas bolas de fuego, la más rutilante era el propio Enric, que apostó por despedir una era de la mano de una amistad telefónica que, ni siquiera tras aquel arriesgado compromiso, pudo conocer.


Lo peor no era el ruido de la piqueta derribando los viejos muros de la redacción o dirigir un periódico entre polvo y cascotes. Ni siquiera los problemas con los periodistas, que se resistían, o esa sensación que tenía él, a aceptar los cambios que quería aplicar. Lo más incómodo, le parecía, era el estruendo que llegaba desde fuera. La crisis, la caída de ventas, la corrupción rampante en el Partido Popular, la guerra en el consejo de administración de la empresa o la batalla abierta en el Partido Socialista. Una tormenta que se iba acercando lentamente a Miguel Yuste 40. Un sentimiento de soledad que con el tiempo se haría más pesado y no lograría sacudirse desde su llegada un año antes a la dirección del periódico desde Washington. Pero entonces sonaba el teléfono. Y aquella voz le acompañaba durante unos minutos, aportaba ideas. Le sugería nombres que podía contratar y le señalaba dónde había un problema, de quién podía tirar. Esa persona está mal, cuidado con este, tienes un lío ahí, por qué no hacéis un tema de aquel asunto del que te hablé, en Twitter os están poniendo verdes.

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Jaime Sabines. Texto

Trato de escribir en la oscuridad tu nombre. Trato de escribir que te amo. Trato de decir a oscuras esto. No quiero que nadie se entere, que nadie me mire a las tres de la mañana paseando de un lado a otro de la estancia, loco, lleno de ti, enamorado. Iluminado, ciego, lleno de ti, derramándote. Digo tu nombre con todo el silencio de la noche, lo grita mi corazón amordazado. Repito tu nombre, vuelvo a decirlo, lo digo incansablemente, y estoy seguro que habrá de amanecer.

Jaime Sabines

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Once consejos de escritura de Hebe Uhart

1- No hay escritor, hay personas que escriben.

2- Escribir es una artesanía, un trabajo como cualquier otro.

3- Para escribir hay que estar, como decía Chéjov, “a media rienda.”

4- La literatura está hecha de detalles.

5- El primer personaje somos nosotros mismos.

6- No importa el hecho en sí sino la repercusión del hecho en mi o en el personaje.

7- Al personaje se entra por la fisura.

8- Todo cuento tiene un “pero”. El “pero” me abre el cuento.

9- Hay que saber observar y escuchar cómo habla la gente.

10- La verdad se arma en el diálogo.

11- El adjetivo cierra, la metáfora abre.

Hebe Uhart
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Sabina Urraca, escritora y editora: «No soy nada pudorosa con la escritura»

La escritora y editora Sabina Urraca, retratada en el barrio de Arganzuela, en Madrid, minutos antes de su entrevista con el suplemento ABRIL. / José Luis Roca

En ‘Escribir antes’, su último libro, la autora despoja de solemnidad el oficio de narrar y recupera lo que tiene de juego

Origen: ENTREVISTA A SABINA URRACA | «No soy nada pudorosa con la escritura» | El Periódico de España

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La lectura. Ariana Basciani

En tiempos de lectura performática, este placer imperfecto resulta liberador, ya que la importancia de la lectura no reside únicamente en convertirnos en ciudadanos más críticos o emocionalmente más sofisticados, no seamos ridículos con esa superficialidad de clase, y es que la lectura también reside en algo más simple y es ese placer no nombrado de sostener una conversación silenciosa con otra mentalidad

Ariana Basciani

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Toda pintura auténtica demuestra una colaboración, John Berger

El impulso de pintar no procede de la observación ni tampoco del alma (que probablemente es ciega), sino de un encuentro: el encuentro entre el pintor y el modelo, aunque éste sea una montaña o un …

Origen: Toda pintura auténtica demuestra una colaboración, John Berger – Calle del Orco

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Palabras. Arnaldo Calveyra

Palabras a no dudarlo, palabras, no otra cosa. Palabras en lugares, las mismas en diferentes textos, palabras vueltas del revés desde la primera letra. A punto de poema. Halladas en ocasiones, en lindes de un olvido, en manos aún torpes de aprendices de sol y de sombra, ¿poesía qué, cuándo, poesía cómo? Acentos tales. Palabras que quieren decirnos algo oculto desde siempre por las parcas de los sueños, escondido entre los pliegues.

Arnaldo Calveyra

(A través de Isaias Garde)

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