Gran debate a la vista. Enrique Vila-Matas

La escritora suiza Fleur Jaeggy, en Turín (Italia), el 12 de mayo de 1995.Leonardo Cendamo (Getty Images)

Es difícil conseguir que los autores escriban con franqueza sobre su propia obra y más en un mercado literario como el actual. ¿En qué tropezaron y a qué renunciaron?

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La salvación. Adolfo Bioy Casares


Esta es una historia de tiempos y de reinos pretéritos. El escultor paseaba con el tirano por los jardines del palacio. Más allá del laberinto para los extranjeros ilustres, en el extremo de la alameda de los filósofos decapitados, el escultor presentó su última obra: una náyade que era una fuente. Mientras abundaba en explicaciones técnicas y disfrutaba de la embriaguez del triunfo, el artista advirtió en el hermoso rostro de su protector una sombra amenazadora. Comprendió la causa. «¿Cómo un ser tan ínfimo» -sin duda estaba pensando el tirano- «es capaz de lo que yo, pastor de pueblos, soy incapaz?». Entonces un pájaro, que bebía en la fuente, huyó alborozado por el aire y el escultor discurrió la idea que lo salvaría. «Por humildes que sean» -dijo indicando al pájaro- «hay que reconocer que vuelan mejor que nosotros.

Adolfo Bioy Casares

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Columna: «Antes». Leila Guerriero

Antes de que cierren la casa y vendan los muebles, hay que vivir.Getty Images

Admirables los que están en el tiempo sin pensar en él

Antes de que todo esto se termine. Antes de que cierren la casa y vendan los muebles y regalen los libros. Antes de que se repartan los cosméticos y los zapatos. Antes de que arrojen las cacerolas a la basura. Antes de que vacíen….

Origen: Filosofía de vida: Antes | Opinión | EL PAÍS

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Reflexiones. Stefan Zweig

Amo a la gente pequeña, a los no ambiciosos, a los que no hacen ruido, a los comedidos; son los fuertes y justos sobre los cuales, según la Biblia, se erige el mundo.

Stefan Zweig

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10 lecturas que reflejan los claroscuros de la maternidad

Los 10 libros de esta selección exploran la maternidad como un territorio complejo y contradictorio.Tetra Images (Getty Images/Tetra images RF)

Las novelas reunidas en esta selección exploran con honestidad, desde la ficción o la autoficción, ese territorio complejo y contradictorio que es tener hijos

Origen: 10 lecturas que reflejan los claroscuros de la maternidad | Familia | Mamas & Papas | EL PAÍS

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Leer. Ingeborg Bachmann

Leer es un vicio que puede sustituir a todos los demás vicios o, de vez en cuando, en su lugar, ayudar a todos a vivir con mayor intensidad, es un exceso, un vicio devorador. No, no tomo drogas, tomo libros.

Ingeborg Bachmann

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Columna: «Un poco de felicidad». Manuel Vicent

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Lectura: «Malina», de Ingeborg Bachmann

Ingeborg Bachmann: maneras de morir | Letras Libres

«Malina», de Ingeborg Bachmann, no es una novela: es un libro sobre el infierno. La única forma de leerlo es la completa sumisión a su propuesta.

Origen: Ingeborg Bachmann: maneras de morir | Letras Libres


Lectura

Durante años mi relación con Malina consistió en desafortunados encuentros, malentendidos grandísimos y algunas estúpidas fantasías…, me refiero con ello a malentendidos mucho mayores que los que he tenido con otras personas. De todas formas, desde el principio estuve siempre por debajo de él, y muy pronto tuve que haber sabido que se convertiría en mi perdición, que el puesto de Malina ya estaba ocupada por Malina antes de que él se instalara en mi vida. Lo único que me ahorraron, o que yo misma me ahorré, fue encontrarme con él demasiado pronto.


Contra la corrupción y la regularidad, contra la vida y contra la muerte, contra la evolución casual, todas esas amenazas de la radio, todos los titulares de los periódicos, de los que provienen la peste, contra la perfidia que se filtra de los pisos superiores e inferiores, contra la lenta bazofia de dentro y contra el hecho de ser devorados desde fuera, contra el rostro ofendido de la señora Breitner cada mañana, mantengo aquí mi temprana posición vespertina y espero y fumo, cada vez más confiada y segura, y tanto tiempo y tan segura como no le ha sido posible a nadie, pues en este signo venceré.


Aunque seguro que Ivan ha sido creado para mí, nunca podrá reivindicarlo exclusivamente para mí. Porque ha venido para que las consonantes vuelvan a ser sólidas y tangibles, para que las vocales vuelvan a abrirse y resuenen plenamente, para que las palabras vuelvan a brotar de mis labios, para reestablecer las primeras relaciones destruidas y solucionar los problemas, y no me alejaré ni un punto de él, haré que nuestras iniciales idénticas y melodiosas, con las que firmamos nuestras breves notas, coinciden, se sobreescriban, y después de unir nuestros nombres podemos empezar con cautela a hacerles de nuevo el honor a las primeras palabras de este mundo, para que este tenga que desear volver a concederle este honor, y como queremos la resurrección y no la destrucción, nos cuidaremos bien de tocarnos en público con las manos y también de no mirarnos más que a hurtadillas, porque Ivan tendrá primero que lavar con sus miradas las imágenes que habían caído en mi retina antes de que él llegara, y luego, después de muchas abluciones, volverá a surgir una imagen oscura, terrible, prácticamente imposible de borrar, y entonces Ivan me pasará enseguida por encima una más tenue, para que no salga de mí ninguna mirada torva, para que yo no pierda esa terrible. mirada, de la que sé cómo ha llegado hasta mí, pero no lo recuerdo, no lo recuerdo…


En mi cabeza empieza un rumor de palabras y luego un resplandor, algunas sílabas ya centellean, y de todas las cajitas de frases salen volando comas multicolores y los puntos, que en algún momento fueron negros, flotan sobre mi cráneo hinchados como globos, porque en el libro, que es magnífico y con el que yo por fin empiezo a dar, todo será como en el Exsultate jubilate. Si este libro hubiera de existir, y un día habrá de existir, se tirará uno al suelo de alegría solo por haber leído una página de este libro, dará un brinco, se sentirá aliviado, seguirá leyendo y se morderá la mano para no tener que gritar de alegría, apenas se puede aguantar y, si se sienta uno en el alféizar de la ventana y sigue leyendo, le lanzará confetis a los transeúntes para que se paren perplejos, como si estuvieran en carnaval, y tirará a la calle nueces, dátiles e higos, como si fuera el día de san Nicolás, se asomará por la ventana sin vértigo ninguno y gritará: ¡Escuchad, eh, escuchad!, ¡mirad, eh, mirad!, he leído algo maravilloso, ¿me dejáis que os lo lea?, acercaos todos, ¡es demasiado maravilloso!


Leer es un vicio que puede sustituir a todos los demás vicios o, de vez en cuando, en su lugar, ayudar a todos a vivir con mayor intensidad, es un exceso, un vicio devorador. No, no tomo drogas, tomo libros, preferencias claro que también las tengo, muchos libros no me sientan bien, algunos solo los leo por la mañana, otros solo de noche, hay libros que no sueltos, me paseo con ellos por la casa, los llevo del cuarto de estar a la cocina, los leo de pie en el pasillo, no utilizo marcapáginas, no muevo los labios al leer, aprende a leer muy bien desde muy pronto

Ingeborg Bachmann

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Sentimos fervor por la obra abortada, Emil Cioran

«Nos interesamos, cada vez más, no en lo que un autor ha dicho, sino en lo que hubiera querido decir, no en sus actos, sino en sus proyectos, mucho menos en su obra real que en su obra soñada. Si M…

Origen: Sentimos fervor por la obra abortada, Emil Cioran – Calle del Orco

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El miedo en la literatura. Leila Slimani

En lo que respecta al miedo en la literatura o cuando creo, distingo dos tipos. Está el miedo a escribir, es decir, a escribir mal, a no encontrar mi tema, a no encontrar a mis personajes. Siento, pues, una forma de miedo en el momento de sentarme a mi escritorio, pero no tengo en absoluto miedo de lo que escribo. No tengo ningún miedo en cuanto al fondo; al contrario, es un espacio de libertad, un espacio de emancipación absolutamente inmenso. Y cuando me pongo a trabajar, ya no soy realmente yo. Ya no soy una mujer, ya no soy marroquí ni francesa, ya no estoy siquiera en París ni en ningún lugar; estoy liberada de todo y, finalmente, ni siquiera mi papel de madre me pesa: no me observo escribir en tanto que madre. Al contrario, diría que he bebido de mis pesadillas, de mis miedos más ancestrales. Creo que cuando uno se compromete con la literatura, está obligado a comprometerse por completo. 

Leila Slimani

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