Vivir hipotéticamente, Robert Musil

Del tiempo más remoto de la primera conciencia juvenil que, al contemplarlo después, resulta muchas veces tan emocionante y estremecedor, sobrevivían todavía hoy en su recuerdo toda clase de repres…

Origen: Vivir hipotéticamente, Robert Musil – Calle del Orco

Publicado en Colección de textos literarios o no | Etiquetado | Deja un comentario

Albert Einstein y Marie Sktodowska Curie

Einstein y Curie no solo eran colegas, sino también viejos amigos que se movían en los mismos círculos de la física de principios del siglo XX. Ambos ya habían transformado la comprensión humana del mundo natural.

Einstein había transformado la física con sus teorías de la relatividad, mientras que Curie había descubierto el reino invisible de la radiactividad, trabajo que le valió dos Premios Nobel en dos campos científicos distintos. Sin embargo, aquí no hay rastro de laboratorios ni conferencias. En cambio, se yerguen simplemente como dos pensadores envejecidos, envueltos en gruesos abrigos, hablando en voz baja contra un paisaje brumoso.

Para 1929, ambos habían superado no solo batallas científicas, sino también tormentas personales. Curie había soportado la muerte de su esposo Pierre y, posteriormente, un duro y público escándalo. Einstein había huido del creciente antisemitismo en Alemania y se enfrentaba a las crecientes tensiones que lo llevarían a abandonar Europa por completo. Su resiliencia compartida creó un vínculo que trascendió la ciencia. Se admiraban profundamente. Einstein defendió a Curie durante los ataques a su persona, elogiando su dignidad y fortaleza cuando otros intentaron menospreciar su obra.

Momentos como esta fotografía nos recuerdan que los gigantes de la historia vivieron vidas humanas plenas, con amistades, preocupaciones y escasos momentos de paz. El lago que se extiende tras ellos es tranquilo y amplio, un suave contraste con la intensidad de los descubrimientos que definieron sus mundos.

En 1911, cuando Curie se enfrentó a un violento escándalo mediático, Einstein le escribió una carta privada instándola a ignorar a sus críticos, llamándolos «reptiles» y elogiando su brillantez como una de las pocas mentes que respetaba plenamente.

Albert Einstein y Marie Sktodowska Curie recordando junto a un lago en 1929

(A través de Historis)

Publicado en Información | Etiquetado , | Deja un comentario

Cuaderno de poemas. «Dices que repito…». T. S. Eliot

Dices que repito
Algo que he dicho. Lo diré nuevamente.
¿Lo diré nuevamente? Para llegar ahí,
Para llegar adonde estás,
Para salir desde donde no estás,
Debes ir por un camino en donde no hay éxtasis,
Para llegar a lo que no sabes
Debes ir por un camino que es el de la ignorancia.
Para poseer lo que no posees
Debes ir por el camino de la desposesión.
Para llegar a lo que no eres
Debes ir por el camino en que no eres.
Y lo único que sabes es lo que no sabes
Y lo único que posees es lo que no posees
Y en donde estás es en donde no estás.

T. S. Eliot

Publicado en Colección de textos literarios o no | Etiquetado | Deja un comentario

Vídeo. Miguel Rellán recitando a García Lorca

Publicado en Colección de textos literarios o no, Videos | Etiquetado , | Deja un comentario

Álbum de librerías incompleto 310

Librería «Scriptum». Oxford. Inglaterra

Publicado en Imágenes, Librerías | Etiquetado | Deja un comentario

Cinco poemas de Louise Glück, la poeta que hizo universal la existencia individual

5 poemas como homenaje a una poeta que no le tuvo miedo a ser clara, directa y a llegarnos a lo más hondo con un lenguaje universal.

Origen: Cinco poemas de Louise Glück, la poeta que hizo universal la existencia individual – Cultura Inquieta

Publicado en Colección de textos literarios o no, Literatura | Etiquetado | Deja un comentario

Lectura: «Después de Eternidad», de Maxim Ósipov

Maxim Ósipov. Foto: Libros del Asteroide

Maxim Ósipov rememora su experiencia en un teatro remoto para atacar la reciente y vergonzosa historia rusa

En el libro de relatos ‘Después de Eternidad’, el médico y escritor ruso retrata la Rusia postsoviética a través de la pura experiencia cotidiana.Más información: Maxim Ósipov, escritor ruso exiliado:

Origen: Maxim Ósipov rememora su experiencia en un teatro remoto para atacar la reciente y vergonzosa historia rusa


Textos

Había algo especial en el aspecto de aquel hombre y anciano, en su figura, en su puerta y su modo de andar: tenía algo de pájaro. Espalda recta; dedos finos y largos; ojos claros, casi incoloros, no acuosos sino más bien traslúcidos; nariz grande y afilada. Pero no, no había nada demoníaco en aquella mirada transparente; al contrario, había algo infantil, alegre, una disposición a la sonrisa, a una conversación amistosa sin ninguno de los aspavientos ni histerias tan habituales en los hospitales; mis colegas me entenderán. Y vestía bien, con buen gusto o, como supe después, con el gusto de un artista; pero no entraré aquí a recordar y describir qué ropa llevaba cada quien.

En esa época trasladaban a la gente a Severogorsk en tren porque no había otro medio; la alojaban en hospitales, residencias, incluso en escuelas e institutos. Los primeros apartamentos disponibles se asignaban a quienes tenían hijos; construirían más para el resto en un futuro cercano. Según los rumores, había personas a las que había que arrastrar a la fuerza. ¿Qué otra cosa se podía hacer? No se puede abandonar a la gente sin luz, sin agua, sin calefacción. Para cuando se dieran cuenta de qué iba todo aquello ya sería demasiado tarde. Yo mismo me di cuenta de todo con cierto retraso. Eternidad ya no existe. ¿Cómo puede ser? Pues tal como suena.

(«Después de Eternidad»)


En Moscú nos encontramos una o dos veces, en algún funeral. Al Duque le gustaba ir a funerales, incluso de personas no muy alegadas a él. Se lo veía animado, fresco. Tomaba la palabra junto al féretro también en las exequias, a veces en primer lugar, cuando nadie se atrevía a empezar. Recuerdo que en el funeral de un poeta dijo algo así como que no merecía la pena afligirse: los poetas siempre mueren a tiempo cuando su labor ha terminado. «¡Bien dicho! —vociferó un chiflado, también de la cofradía de escritores—. No pueden matarnos mientras no hayamos escrito todo lo que debíamos escribir. ¡Fusílennos, encarcélennos!» Una historia de lo más absurda, pero en la época soviética todo era desmedido.

En lo del ajedrez insistió la madre: vio en ello la oportunidad de librarse, de escapar a alguna parte. No necesitó insistir demasiado: el padre estaba abrumado por el trabajo y se interesaba poco en el hijo. Y el ajedrez es una actividad silenciosa, Matvéi no molestaría al padre. Al ajedrez se puede jugar hasta bien entrada la vejez; los ajedrecistas fueron los primeros a quienes dejaron salir del país, y casi ninguno de ellos fue víctima de la represión. Esas cosas también había que tenerlas en cuenta; en todas las familias había alguien encarcelado.

(«Piezas sobre un plano»)


Mila: tranquila, rubia. Se vienen las uñas, no por los nervios, sino porque es pensativa. Tiene tiempo para examinarla. Es hermosa, sí. Si se busca una comparación con alguna actriz de cine… bueno, no le viene nadie en concreto a la cabeza. Pero las comparaciones son odiosas. Se parece a la madre. Llamó por teléfono, se presentó como la hija de Kira, la química. «¿Recuerdas? El Museo Ruso, Leningrado.» Dijo: «Según tengo entendido, yo también soy hija suya». No es para nada sentimental. Él, un poquito. Dejó todo, se preparó y viajó. Encontró dinero para el regalo y para el billete de tren.

(«El cine en casa»)


No me gustan los funerales (¿y a quién sí?), pero el que me llama es un amigo de la infancia, así que tengo que ir. Aquí estamos acostumbrados a los difuntos, sobre todo entre los dirigentes (¡ojalá se murieran todos de una vez!): a los estudiantes de Medicina, a principios de los ochenta, nos hacían acudir a los funerales como representantes del duelo popular, ya fuera por Kosiguin y Súslov o por el mariscal Grechko. No sé si en ese orden, ya los confundo. Aunque, a decir verdad, por aquel entonces aquello hasta nos parecía divertido: los demás, hiciera frío o calor, se veían obligados a agitar banderines a ambos lados de la avenida Léninski —¡ha venido Gustáv Husák, qué maravilla!—, mientras que nosotros, en la Sala de las Columnas de la Casa de los Sindicatos, escuchábamos a Chopin o, no sé, a Chaikovski de pie con cara de circunstancias durante quince minutos, y luego éramos libres, siempre y cuando no hiciéramos ninguna tontería, ni nos burláramos ni gritáramos. Los dirigentes caían como moscas en aquella época, a veces varios por semestre, de modo que ya teníamos por costumbre, de camino a la Sala de las Columnas, pasar por un sitio de brochetas de carne de la calle Herzen, al lado del conservatorio (aún me gusta ir allí), por una cafetería que había enfrente del Kremlin (donde ahora se encuentra ese monumento horrible) o por algún otro sitio.

(«Luxemburgo»)


Esa noche, GP, director del Departamento de Lenguas y Culturas Antiguas, más que soñar con el infierno, lo vio. Se le apareció. Y no uno ajeno, dantesco, tolstoiano (blanco, rojo, cuadrado), ni una casa de baños con arañas en los rincones como el de Svidrigáilov, sino un infierno personal, el suyo propio, aquel al que iría a parar en un futuro cercano. Era tan sencillo que destilaba una convincente sensación de autenticidad, de verdad absoluta: la conciencia desnuda, y nada más, encerrada en sí misma para la eternidad. La oscuridad y el silencio eran tan profundos que ningún sonido ni sensación conseguía atravesarlos. Por mucho que se gritase (para los adentros, porque no se tenía ni boca ni pulmones), nadie lo oiría. Y no existiría un final, no habría días ni noches ni pausas para dormir; tampoco la posibilidad de desconectar la conciencia eterna, de suplicar ya no la liberación, sino tan siquiera un breve respiro.

(«En tanto»)

Publicado en El oficio de lector, Lecturas | Etiquetado | Deja un comentario

Siete consejos de Joyce Carol Oates

Siete consejos de Joyce Carol Oates:

  1. No esperes un “lector ideal”. Puede haber uno, pero está leyendo a otro.
  2. No esperes un “lector ideal” —a excepción, tal vez, de ti mismo, en algún momento del futuro.
  3. Sé tu propio editor y crítico: comprensivo, pero ¡sin piedad!
  4. A menos que estés escribiendo algo muy vanguardista —retorcido, enmarañado y oscuro— valora la adecuada división en párrafos.
  5. A menos que estés escribiendo algo muy postmodernista —autoconsciente, autoreflexivo y sugestivo— valora la posibilidad de utilizar palabras familiares y sencillas en lugar de altisonantes palabras polisílabas.
  6. Ten presente a Oscar Wilde: “Un poco de sinceridad es peligrosa, y mucha es absolutamente fatal”.
  7. Mantén la esperanza. Pero espera lo peor.
Joyce Carol Oates
Publicado en Didáctica literaria, El oficio de creador | Etiquetado | Deja un comentario

Historias de la Literatura. Valle-Inclán

A Valle-Inclán le gustaba inventar historias exageradas e inverosímiles.
Cuando quedó manco, contó en una tertulia de café, que estando en su palacio de Galicia, su sirviente le comunicó preocupado que no había carne para cocinar un estofado.

Miró al sirviente, le pidió que trajera un cuchillo carnicero de la cocina, remangó su camisa y señalando su brazo dijo: «¡Corta un buen trozo de esto! En esta casa nunca va a faltar la comida».

La realidad, es que Valle-Inclán perdió su brazo durante una discusión.

Fue con el crítico Manuel Bueno en el café de la Montaña de Madrid.
Bueno le propinó un bastonazo en el brazo izquierdo y el gemelo que el escritor llevaba en la manga se le incrustó, provocándole una gangrena que obligó a la amputación.

Versiones posteriores, indican que tal operación no se debió al gemelo, sino a una fractura ósea que no podía tratarse en la época.

Valle-Inclán, no guardó ningún rencor a Manuel Bueno. A la vuelta al café madrileño, le dijo: «Tranquilo, el brazo de escribir es el derecho».

En otra ocasión, en presencia de Jacinto Benavente, se jactó de su invalidez comparando su manquedad con la de Cervantes. Benavente, le tuvo que recordar que el origen de su situación no tuvo la misma nobleza: «Vamos, Ramón, que eso no fue en Lepanto».

(A través de Historias de la Literatura)

Publicado en Historia de la literatura | Etiquetado | Deja un comentario

Muchas personas están leyendo libros en diagonal y presumiendo de ello en redes sociales: esta es la explicación

Vídeos publicados en Instagram, YouTube y Tiktok sobre libros.Público

«Voy a leer este libro en una hora y te cuento cómo» o «cómo leo un libro al día». Las redes sociales están plagadas de vídeos que explican técnicas para leer más rápido y…

Origen: Muchas personas están leyendo libros en diagonal y presumiendo de ello en redes sociales: esta es la explicación | Público

Publicado en El oficio de lector | Etiquetado | Deja un comentario