Escribir. Intento una explicación: escribir es el último recurso cuando se ha traicionado. Muy pronto, desde los catorce o quince años, que sólo podía ser vagabundo o ladrón, un mal ladrón, claro, …
El único récord que batí en la escuela fue el de ausentismo escolar. Iba mucho al bosque, con libros —Whitman en la mochila—, pero también me gustaba el movimiento. Así que empecé con estos cuadernitos y garabateaba cosas según se me ocurrían, y luego las convertí en poemas.
Y siempre quise el «yo». Muchos de los poemas son: hice esto, hice esto, vi esto. Quería que el «yo» fuera el posible lector, en lugar de tratarse de mí mismo. Se trataba de una experiencia que resultó ser mía, pero que bien podría haber sido de cualquier otra persona. Y esa era mi sensación sobre el «yo». Un editor me criticó porque creía que el «yo» se percibiría como ego, y pensé: «No, bueno, voy a arriesgarme a ver». Y creo que funcionó. Involucró al lector en la experiencia del poema. Me convertí en el tipo de persona que caminaba y garabateaba, pero lo compartía si lo deseaba. Sí.
¿En qué oscuro rincón del tiempo que ya ha muerto viven aún, ardiendo, aquellos muslos?
Le dan luz todavía a estos ojos tan viejos y engañados, que ahora vuelven a ser el milagro que fueron: deseo de una carne, y la alegría de lo que no se niega.
La vida es el naufragio de una obstinada imagen Que ya nunca sabremos si existió, Pues sólo pertenece a un lugar extinguido.
Luis Solano, cuya editorial Libros del Asteroide cumple 20 años, el pasado 19 de junio en los jardines del Real Observatorio Astronómico de Madrid.Jaime Villanueva
Al cumplirse 20 años del nacimiento de Libros del Asteroide, su fundador reflexiona sobre su oficio
Una de las características de un clásico es ir mucho más allá de la buena escritura, que no es otra cosa que una cierta corrección gramatical. Colocar las palabras adecuadas en el lugar adecuado es la más genuina definición del estilo, dice Jonathan Swift. Pero evidentemente la gran literatura no es una cuestión de estilo ni de gramática, como también sabía Swift. Es una cuestión de iluminación, tal como entiende Rimbaud esta palabra. Es una cuestión de videncia. Es decir, por un lado es una lectura lúcida y exhaustiva del árbol canónico y por otro lado es una bomba de relojería. Un testimonio (o una obra, como queramos llamarle) que explota en las manos de los lectores y que se proyecta hacia el futuro».
El escritor Álvaro Pombo, en su casa del barrio de Argüelles en Madrid
En la cama con Álvaro Pombo: «Quitando que te vas a morir, los 86 son una buena edad»
l Premio Cervantes y académico de la RAE nos recibe para hablar de lo divino y lo humano. Acaba de terminar el segundo volumen de ‘Cuentos autobiográficos’
Los escritores argentinos siempre dicen, bueno, los libros de mi vida, a ver, la Divina Comedia, claro, la Odisea, los sonetos de Petrarca, las Décadas de Tito Livio, navegan por esas antiguas aguas profundas, pero yo no me refiero a la importancia de los libros, me refiero simplemente a la impresión vívida que está ahí, ahora, descolgada sin remitente, sin fecha, en la memoria. El valor de la lectura no depende del libro en sí mismo, sino de las emociones asociadas al acto de leer. Y muchas veces atribuyo a esos libros lo que corresponde a la pasión de entonces (que ya he olvidado).
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)