Lectura: «Reliquia», de Pol Guasch

El escritor Pol Guasch a mediados de enero en los jardines del Palau Robert, en Barcelona.Albert Garcia

Pol Guasch, escritor: “Hablar del suicidio te aleja de él, mirar la muerte permite burlarla” | Babelia | EL PAÍS

El autor catalán abandona la ficción con ‘Reliquia’, un libro autobiográfico centrado en el suicidio de su padre y atravesado por las muertes de varios escritores ilustres

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Textos

Habría agradecido una nota. Doblada en cuatro, con erratas y palabras borradas, en una hoja reciclada de otro día, en un pedazo cualquiera de papel, en una servilleta vieja, sobre una carta abierta, da igual, una nota antes de hacerlo. A menudo pienso en qué habrías escrito: «Te quiero». «Cuida de tu madre, de tus hermanos. Olvida este momento. Intenta olvidar que ya lo sabías, que, cuando has salido de casa a buscarme, cuando habéis ido a por el coche y os habéis parado en la gasolina, ya sabías que tenía la sangre congelada, la puerta abierta, es enero, afuera, tengo las manos gastadas de este frío y ahora el cuerpo helado, los pies helados, sin zapatos. Intenta olvidarme.» Una nota entre las manos, encima de la silla, donde fuera, una nota y solo una frase escrita: «Hijo, intenta olvidarme».


Hay quien dice que el último documento que Marina Tsvietáieva escribió antes de colgarse de una viga en su casa del pueblo de Yelábuga, donde vivía con su hijo Mur, fue una solicitud dirigida al Consejo de Chístopol, en la que pedía: «Ruego que se me dé trabajo como lavaplatos en el comedor del Litfond que va a abrirse», donde comían los poetas más consagrados que ella. Las últimas palabras que uno escribe pueden ser de auxilio, implorando trabajar en un comedor en el que servirá a los escritores de mayor prestigio: cuando la muerte es inminente, el orgullo se deshace.


Dos farolas iluminan ligeramente la subida. La casa se intuye al final. Abra la puerta del jardín. La llave queda siempre escondida cerca de la cerradura. El cielo no está lechoso, hoy, está negro. Te encaminas a la puerta de cristal, entreabierta, y, con un destello de extrañeza en los ojos, ves un cuerpo colgado como un recorte contra el azul oscuro de la noche. Miras bien la viga: recordarás cuál es. Y, entonces, empieza esta historia: la tuya. El pasado se convierte en materia de presente, el futuro se extiende como una alfombra muy larga por donde caminarás los próximos años, se encienden las luces, todos los farolillos del jardín, los ojos de buey del comedor, y las lámparas de las mesitas te apuntan a ti, que no sabes adónde mirar, caminas hacia delante por si acaso, la luz te ciega, podría sonar el intermezzo de Cavalleria rusticana, podría detenerse la música, en ese silencio breve cuando callan los violines y el tiempo se congela: podrías empezar a señalar todo eso que, de ahora en adelante, acabará contigo.


Han pasado diez años desde que moriste y estás cansadamente muerto. Diez años en los que ha convocado a mis amores, y ellos te han convocado a ti. Diez años para entender que el amor es un malentendido: que no esperamos a nadie, pero que, cuando llegue, releemos el pasado como si lo hubiéramos esperado siempre. Que el amor es malvado porque desordena la manera como veíamos el mundo antes de que llegara, aunque el mundo siga siendo el mismo. Diez años para descubrir que no duele un corazón roto, que lo que duele es repetirle las mismas palabras de amor a una persona distinta. Que a cada amor llegamos con las promesas incompletas de los anteriores.


Hoy les he contado a mamá, Àuric y Lia que estoy escribiendo este libro. Les he preguntado si les importa que narre tu vida. Mamá ha sonreído antes de decir que era un buen homenaje. Lia ha insistido en que no me olvidara de describir la manera en la que no estabas mucho antes de dejar de estar. Le he contestado a mamá que no es un homenaje, que solo es una historia. Nada más. Pero que cada historia impacta en el mundo como una flecha lanzada al vacío, y que ella aparece, que estará allí. Me ha llamado valiente, entonces, ha dicho «Eres valiente por exponerte así», y me he preguntado si quiero sentir valentía o tan solo alivio, si los libros que he publicado hasta ahora han sido un desfile sutil para llegar hasta aquí, si todo lo que he escrito ha sido un intento de perfilar el contorno de quien ha sido y de quien podría haber sido. Si con este texto me he querido demostrar que no podías atraparme. A Lia la miró a los ojos para decirle que sí. Callaba áurica.

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Cuéntame novelas. Antonio Muñoz Molina

Fran Pulido

Imaginar lo nunca imaginado es tarea de narradores y de reformadores sociales

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Reflexión. Charles Bukowski

La tristeza es causada por la inteligencia. Cuanto más entiendes ciertas cosas, más desearías no comprenderlas.

Charles Bukowski

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Nadie ha escrito como António Lobo Antunes

António Lobo Antunes, en Madrid en 2010.Gorka Lejarcegi

La frase que durante años fue interpretada como arrogancia ha terminado por adquirir el peso de la evidencia

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El talento inspirado siempre es un insulto a la mediocridad. Simon Leys

La belleza llama a la catástrofe del mismo modo que los campanarios atraen el rayo…el energúmeno que lanza un bote de pintura acrílica al último autorretrato de Rembrandt, o el que ataca con un martillo la madona de Miguel Ángel, obedecen todos ellos, sin saberlo, a una misma pulsión.
Un día, hace ya tiempo, un pequeño percance me hizo intuirlo. Estaba escribiendo en un café…


El ruido de las conversaciones no me molestaba, ni siquiera la radio que bramaba en un rincón; había vomitado ininterrumpidamente durante toda la mañana melodías de moda, cotizaciones de Bolsa, música de fondo, resultados deportivos, una charla sobre la fiebre aftosa de los bovinos, de nuevo melodías, y todo ese batiburrilo auditivo manaba como agua caliente que se escapa de un grifo mal cerrado. ¡De pronto, milagro! Por una razón inexplicable, esta vulgar rutina radiofónica dio paso sin solución de continuidad a una música sublime: los primeros compases del quinteto para clarinete de Mozart se enseñorearon de nuestro pequeño espacio con serena autoridad, transformando ese café en una antesala del Paraíso. Pero no se puede decir que los otros clientes, ocupados hasta ese momento en charlar, jugar a las cartas o leer la prensa, fuesen sordos: al oír aquellos acentos celestiales, se miraron estupefactos. Pero su desazón no duró más de unos segundos: para alivio de todos, se levantó resueltamente uno de ellos, fue a girar el mando de la radio y cambió de emisora, restableciendo así una oleada de ruido más familiar y tranquilizador, que cada uno pudo ignorar de nuevo tranquilamente.


En ese momento se me impuso una evidencia que no me ha abandonado jamás desde entonces: los verdaderos filisteos no son una gente incapaz de reconocer la belleza, pues claro que la reconocen y muy bien, la detectan al instante, y con un olfato tan infalible como el del esteta más sutil, pero es para poder caer inmediatamente sobre ella con el fin de ahogarla antes de que pueda entrar en su universal imperio de fealdad. Pues la ignorancia, el oscurantismo, el mal gusto o la estupidez no son fruto de simples carencias, sino de otras tantas fuerzas activas, que se afirman furiosamente a la menor oportunidad, y no toleran ninguna excepción a su tiranía. . La necesidad de rebajarlo todo a nuestro miserable nivel, de mancillar, burlarse y degradar todo cuanto nos domina por su esplendor es probablemente uno de los rasgos más desoladores de la naturaleza humana.”

Simon Leys

(La felicidad de los pececillos)

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Cuaderno de poemas. «Arte poética». Juan Gelman

ARTE POÉTICA

Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío,
como un amo implacable
me obliga a trabajar de día, de noche,
con dolor, con amor,
bajo la lluvia, en la catástrofe,
cuando se abren los brazos de la ternura o del alma,
cuando la enfermedad hunde las manos.

A este oficio me obligan los dolores ajenos,
las lágrimas, los pañuelos saludadores,
las promesas en medio del otoño o del fuego,
los besos del encuentro, los besos del adiós,
todo me obliga a trabajar con las palabras, con la sangre.

Nunca fui el dueño de mis cenizas, mis versos,
rostros oscuros los escriben como tirar contra la muerte.

Juan Gelman

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Ventana a YouTube. Tom Waits – Time

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Imagen. Manuscrito de António Lobo Antunes

Así escribía a mano António Lobo Antunes

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Álbum de Bibliotecas en construcción. CCLXXXIII

Biblioteca de libros raros y manuscritos de la Universidad de Yale (Connecticut)
Biblioteca de Shanghai
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Después de Borges: la lectura como felicidad lenta, generosa e infinita. Enrique Vila-Matas

El escritor y poeta argentino Jorge Luis Borges.EFE

En el 40º aniversario de su muerte, Alfaguara reedita la obra completa del escritor. Manguel, estrecho colaborador del genio argentino, traza un mapa para entrar en su mundo

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