‘El vuelo del hombre’, de Benjamín G. Rosado: variaciones entre lo real y lo posible

Esta novela, con la que el autor ganó el premio Biblioteca Breve 2025, es un juego donde el final de una historia es el principio de la siguiente

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Lectura: ‘Despedidas’, de Julian Barnes

Julian Barnes. Foto: Marzena Pogorzaly

Crítica de ‘Despedidas’, el nuevo libro de Julian Barnes: «Este es el principio del final»

El escritor británico mezcla autobiografía y ensayo en esta novela, una aceptación sobria, a veces irónica, del deterioro y la muerte.

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Textos

Actualmente me encuentro en mitad de la setentena, y como la mayoría de la gente mayor a a veces estoy cansado de mí mismo; y con eso me refiero a que me repito recordando pensamientos, hechos y, en especial, opiniones. (Los que nunca se hartan de sí mismos, los que siguen divirtiéndose rememorando en público su propia vida y sus repetidas anécdotas suelen ser los más pelmazos del mundo. Hombres, una vez más, por lo general.) Pero el frenético, agresivo aburrimiento de los IAM a gran velocidad se me hace, al menos por el momento, inimaginable. ¿No te infundiría el deseo de matarte?


La historia consta de dos partes porque aconteció en dos partes, con un largo lapso entre ambas. Pero también porque mi relación tendrá dos texturas diferentes. En la primera mitad recurro por entero a los recuerdos ya una o dos fotografías (¿Qué dijo TS Eliot del recuerdo? Que por mucho que lo envuelvas en alcanfor las polillas se colarán igualmente). En la época de la segunda mitad yo ya era escritor, desde hace muchos años. Así que guardaba apuntes –por lo general simultáneos con los sucesos– y llevaba diarios, normalmente escritos al cabo de varios días o semanas. Cabría suponer que esta documentación fuese más fidedigna que los recuerdos apolillados de tiempo atrás. Pero no estoy tan seguro (hoy en día estoy seguro de cada vez menos cosas). Lo que documento es lo que quiero recordar –y en consecuencia hago una especie de criba– y/o lo que podría servirme en algún texto futuro –es decir, otra especie de criba–. Pero sería insensato deducir que esas anotaciones detalladas representan lo que ocurrió realmente. A menudo paso por alto u olvido cosas importantes: el afán de certeza puede extraviarnos.


Pero la gente me cuenta con frecuencia sus historias, no porque sea escritor, sino más bien a pesar de serlo. Me interesan la mayoría de las vivencias humanas, y tal vez poseo –o poseía– una actitud que invita a la confianza. A veces dicen de antemano, inquietos: «No usarás esto, ¿verdad?». oh menos a menudo, y más confidencialmente: «Tengo una historia para ti». Y a los dos les contesto: «No funciona así». Sí es cierto. Yo escribo sobre toda ficción, lo cual requiere que la vida se someta a un lento compostaje para convertirse en material utilizable, y en ese primer momento no tengo idea de qué podrá transformarse o no en potencial narrativo.


Pero a medida que los escritores cumplen años, una de dos: o se vuelven egocéntricamente expansivos, o piensan: contente y ve al grano. Verdi dijo una vez que en la vejez «aprendió a componer menos música». Y no, no me estoy comparando con Verdi.


El año pasado llegó a mi casa una entrevistadora, una mujer belga de unos treinta y tantos. Cuando le abrió la puerta, Jimmy –al que heredé cuando murió Jean– salió al recibidor. Ahora tiene dieciséis años, está medio sordo, medio ciego y casi cómicamente desdentado, por lo que sus cometidos de perro guardián a menudo son lentos y flojos, y la feroz defensa de su territorio se ha reducido a una leve curiosidad. Le explico a mi visitante su avanzada edad y su debilidad y ella le presta mucha atención. Luego me hace una entrevista extraordinariamente larga cuya pregunta culminante es: «Ahora que tiene setenta y seis años, señor Barnes, y que nunca ganará el Premio Nobel porque es un hombre blanco, ¿rabia usted por la agonía de la luz?». Eludo la primera parte de la pregunta con una referencia a Ismail Kadaré y murmuro una evasiva en respuesta a la segunda. Bajamos a la planta baja, Jimmy abandona su cama, quizás porque cree que ha llegado otro intruso. La mujer se agacha, le da unas palmaditas y pregunta: «Y Jimmy, ¿rabia él por la agonía de la luz?».


Así que, en conclusión, no me voy, literalmente, a ninguna parte (ni tú tampoco, me temo, amigo mío, pero quédate por aquí todo el tiempo que puedas, hazlo ni siquiera por mí). Soy consciente de que pronto no existiré más que como una estantería llena de libros y un racimo de Anécdotas Biográficas. Y la vida no es una tragedia con un final feliz, pese a lo que promete la religión; más bien es una farsa con un final trágico o, como mucho, una comedia ligera con un final triste. Oh, como dijo aquel, «una comedia para los que piensan, y una tragedia para los que sienten».

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Salman Rushdie a través de sus libros: la risa contra los fanáticos. Daniel Gascón

El escritor Salman Rushdie, en Berlín en 2024.Adam Berry (GETTY IMAGES)

Repasamos la trayectoria del influyente escritor británico-estadounidense de origen indio, cuyo más reciente título, la colección de relatos ‘La penúltima hora’, bebe de una energía que no se ha apagado y una sabiduría que se ha engrandecido

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Columna de Leila Guerriero

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Reseña: «Don Quijote fue un sueño», de Kathy Acker

¿Y si el ingenioso hidalgo fuese mujer?: una reescritura punk del Quijote para dinamitar el amor romántico

Anagrama reedita el libro de 1986 de Kathy Acker, la autora estadounidense que convirtió a Don Quijote en una sexagenaria que se somete a un aborto y enloquece.Más información: Pérez-Reverte saca los colores a la RAE:

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Reescribir a Don Quijote. Mircea Cartarescu


Yo también reescribo a Don Quijote con sus propias palabras, como el Pierre Menard de Borges, lo reescribo en cada página de ficción que creo. Porque siento que esa es su gran lección: la liberación de la imaginación. “Nuestra fe es locura para los demás”, decía san Pablo, y Don Quijote es la encarnación más pura de la fe como locura divina. Es el motivo por el que es inmortal e irreductible.


Mircea Cartarescu
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Constantino Bértolo, editor: «La lista de los libros más vendidos es hoy la nueva religión»

Constantino Bértolo. Foto: Mariú

Ensayista y crítico, hay pocos tan curtidos en batallas literarias como él. Su última provocación es ‘El arte de rechazar manuscritos’, un libro tan contundente como revelador.Más información: Pérez-Reverte saca los colores a la RAE:

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Cioran sobre Beckett.

Los espíritus secretos revelan siempre, a pesar de ellos mismos, el fondo de su naturaleza. La de Beckett está tan impregnada de poesía que resulta indistinta de ella.

Samuel Beckett

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Con todo mi cuerpo, Franz Kafka

Empiezo a tomar notas para la conferencia que pronunciaré en el recital de Löwy. Será el domingo 18. Ya no me queda mucho tiempo para prepararme y, sin embargo, entono aquí un recitativo, como en l…

Origen: Con todo mi cuerpo, Franz Kafka – Calle del Orco

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El oficio de escritor. John Dos Passos

P.: ¿Cuáles serían sus condiciones ideales para trabajar?

R.: Lo único que necesito es una habitación y que nadie me interrumpa. Hay cosas que he escrito a mano de cabo a rabo, pero ahora suelo empezar los capítulos a mano y terminarlos a máquina, y eso genera un embrollo tan grande que nadie más que mi mujer lo puede transcribir. Me resulta más fácil levantarme temprano por la mañana, y me gusta haber terminado hacia la una o las dos del mediodía. Por las tardes no hago gran cosa. Me gusta salir de casa si puedo.

John Dos Passos


Entrevista con John Dos Passos (“The Paris Review”. 1953-1983)

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