El escritor y viajero, que publica este año un libro de viajes sobre Canadá, reflexiona sobre su juventud, sus influencias y la situación política en Estados Unidos.
Pienso: el paisaje me ha dictado el tema de una poesía; si supiera el japonés, me bastaría describir esta escena en tres versos de diecisiete sílabas en total, y hubiera hecho un haiku. Trato de comunicar la idea al joven poeta. No parece convencido. Señal de que los haiku se componen de otro modo. O que no tiene sentido esperar que un paisaje nos dicte poemas, porque un poema está hecho de ideas, de palabras, de sílabas, mientras que un paisaje está hecho de hojas, de colores, de luces.
Para mí, la lectura ha sido la actividad a la que me he dedicado principalmente. Porque escribir, escribo media hora al día, pero leer, leo diez horas al día, y creo que voy a seguir leyendo el resto de mi vida. La lectura es el gran placer y salvación de mi vida.
Julio Cortázar, en Potrerillos (Mendoza) con Sergio Sergi y Susana Ortega de Hocevar, en 1973.CORTESÍA JAIME CORREAS / ALFAGUARA
El autor de ‘Rayuela’ dejó de firmar sus textos con seudónimo y abandonó la docencia para centrarse en escribir durante su estancia en la ciudad argentina de Mendoza hace 80 años
Vamos a pensar dos sentidos de la palabra trascender. Uno es que lo que uno escribe salga de uno y pase a los otros; en el momento en que tú lees lo que yo escribí, ya trascendió. Si lo que quieres decir con trascender es quedarte, permanecer, tener muchos lectores después de que te mueras, eso yo creo que es una cosa regida por algo que a mí no me interesa. Ya no voy a estar para verlo. Si tú me dices ¿quieres eso? Yo te diría sí, sí lo quiero, pero nunca voy a saber si lo tuve o no, da igual, no me pregunto eso.
No sé sobre qué estoy escribiendo; soy oscura para mí misma. Solo tuve inicialmente una visión lunar y lúcida, y entonces capturé para mí el instante antes de que muriese, y que perpetuamente muere…
Elijo un tema e intento agotarlo, aun sabiendo que nunca lo lograré. Hay en ello algo frenético, que me ocurre a menudo. En fotografía trabajo por series, y ahí vuelvo a encontrar a Perec, con ese libro que tanto me gusta, ‘Tentativa de agotar un lugar parisino’. Refleja perfectamente un deseo que puedo tener: exprimir realmente la esponja. Un proyecto imposible. Y seguramente por eso los emprendo: porque sé que nunca los terminaré. Si pudiera terminar algo, me inquietaría. No me gustan para nada los finales de las películas, y el final de una novela siempre me entristece. Por eso adoro a Proust: es infinito. Incluso cuando llego al final, ya he olvidado el comienzo, así que puedo empezar de nuevo. Por eso es mi autor preferido.
Hay mujeres que son pájaros sin alas en un cielo lleno de recuerdos, fieras carnívoras al acecho de las ganas y de esa falta de poder ante la tentación que solo es deseo confundido.
Hay mujeres que son mariposas abstraídas esperando a que cierres todas las puertas para acariciarte las mañanas a través de la ventana, para sacudirte la mirada en cualquier dirección ajena a tu rostro. (…)
Hay mujeres que son signos de interrogación abierta, tres exclamaciones siguiendo una huida. Un ladrido de madrugada.
Hay mujeres que justifican el silencio. Hay mujeres que excusan la poesía. Hay mujeres que son aeropuertos alejados de los que solo salen aviones de mentira, puertos marítimos en los que vuelves a ser otra vez tú, estaciones de tren donde se cruzan tantas contradicciones que encuentras paz. (…)
Hay mujeres que son primeras y únicas, que sobrevuelan el suelo que pisan los demás, que son azules y ocupan un sitio diferente al resto (…)
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)