Álbum de librerías incompleto. 116

Librería de Les Editions du Pacifique de París

 

Librería de Les Editions du Pacifique de París.1

 

Librería de Les Editions du Pacifique de París.2

 

Librería de Les Editions du Pacifique de París.3

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“El mundo se ha vuelto demasiado fascinante para poder escribir” H.M. Homes

La escritora A. M. Homes, en Nueva York a finales de enero. MAITE M. MATEO

AM Homes disecciona una Norteamérica “en plena crisis de mediana edad” contemporánea en Días temibles , su última y volcánica antología de relatos

Origen: “El mundo se ha vuelto demasiado fascinante para poder escribir” | Cultura | EL PAÍS

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Las palabras. José Saramago

Las palabras son buenas. Las palabras son malas. Las palabras ofenden. Las palabras piden disculpa. Las palabras queman. Las palabras acarician. Las palabras son dadas, cambiadas, ofrecidas, vendidas e inventadas. Las palabras están ausentes. Algunas palabras nos absorben, no nos dejan: son como garrapatas, vienen en los libros, los periódicos, en los mensajes publicitarios, en los rótulos de las películas, en las cartas y en los carteles. Las palabras aconsejan, sugieren, insinúan, conminan,, imponen,segregan, eliminan. Son melifluas o ácidas. El mundo gira sobre palabras lubrificadas con aceite de paciencia. Los cerebros están llenos de palabras que viven en paz y en armonía con sus contrarias y enemigas. Por eso la gente hace lo contrario de lo que piensa creyendo pensar lo que hace.

Hay muchas palabras.
Y están los discursos, que son palabras apoyadas unas en otras, en equilibrio inestable gracias a una sintaxis precaria hasta el broche final: “Gracias. He dicho”. Con discursos se conmemora, se inaugura, se abren y cierran sesiones, se lanzan cortinas de humo o se disponen colgaduras de terciopelo. Son brindis, oraciones, conferencias y coloquios. Por medio de los discursos se transmiten loores, agradecimientos, programas y fantasías. Y luego las palabras de los discursos aparecen puestas en papeles, pintadas en tinta de imprenta —y por esa vía entran en la inmortalidad del Verbo. Al lado de Sócrates, el presidente de la junta domina el discurso que abrió el grifo fontanero. Y fluyen las palabras, tan fluidas como el “precioso líquido”. Fluyen interminablemente, inundan el suelo, llegan hasta las rodillas, a la cintura, a los hombros, al cuello. Es el diluvio universal, un coro desarmado que brota de millares de bocas. La tierra sigue su camino envuelta en un clamor de locos, a gritos, a aullidos, envuelta también en un murmullo manso represado y conciliador. De todo hay en el orfeón: tenores y tenorinos, bajos cantantes, sopranos de do de pecho fácil, barítonos acolchados, contraltos de voz-sorpresa. En los intervalos se oye el punto. Y todo esto aturde a las estrellas y perturba las comunicaciones, como las tempestades solares.
Porque las palabras han dejado de comunicar. Cada palabra es dicha para que no se oiga otra. La palabra, hasta cuando no afirma, se afirma: la palabra es la hierba fresca y verde que cubre los dientes del pantano. La palabra no muestra. La palabra disfraza.

De ahí que resulte urgente mondar las palabras para que la siembra se convierta en cosecha. De ahí que las palabras sean instrumento de muerte o de salvación. De ahí que la palabra sólo valga lo que vale el silencio del acto.

Hay, también, el silencio. El silencio es, por definición, lo que no se oye. El silencio escucha, examina, observa, pesa y analiza. El silencio es fecundo. El silencio es la tierra negra y fértil, el humus del ser, la melodía callada bajo la luz solar. Caen sobre él las palabras. Todas las palabras. Las palabras buenas y las malas. El trigo y la cizaña. Pero sólo el trigo da pan.

José Saramago

José Saramago

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Descubren la carta por la que Galileo Galilei fue acusado de hereje

La carta original en la que Galileo argumentó en contra de la doctrina de la Iglesia Católica Romana ha sido redescubierta en Londres. /THE ROYAL SOCIETY

Apareció de casualidad en una biblioteca de Londres. En el escrito justificaba su teoría heliocéntrica, contraria a la de la Iglesia.

Origen: Descubren la carta por la que Galileo Galilei fue acusado de hereje – 22/09/2018 – Clarín.com

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Amar es la eterna inocencia. Fernando Pessoa

Yo no tengo filosofía: tengo sentidos…
Si hablo de la Naturaleza no es porque sepa lo que es,
sino porque la amo, y la amo por eso,
porque quien ama nunca sabe lo que ama,
ni sabe por qué ama, ni qué es amar…

Amar es la eterna inocencia,
y la única inocencia es no pensar…

pessoa-amor-secreto-k60h-620x349abcFernando Pessoa. Alberto Caeiro, Guardador de rebaños

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Cuaderno de poemas “El arte de perder”. Elizabeth Bishop

El arte de perder – Elizabeth Bishop

El arte de perder

El arte de perder no cuesta tanto

irlo aprendiendo (insisten las cosas

hasta tal punto en perderse, que el llanto…

 

Origen: El arte de perder – Elizabeth Bishop

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El Vieco cortaziano. L

No es fácil ser cronopio. Lo sé por razones profundas, por haber tratado de serlo a lo largo de mi vida; conozco los fracasos, las renuncias y las traiciones. Ser fama o esperanza es simple, basta con dejarse ir y la vida hace el resto. Ser cronopio es contrapelo, contraluz, contranovela, contradanza, contratodo, contrabajo, contrafagote, contra y recontra cada día contra cada cosa que los demás aceptan y tienen fuerza de ley.

Cortázar

Julio, Cronopio Mayor

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