La experiencia de escribir

Es como si de pronto te transportaras y te das cuenta, cuando regresas, de que pasaron varias horas. Y me siento feliz, la ficción te brinda una alegría tan exquisita, tan rara. Es la razón por la que quiero seguir escribiendo hasta que muera. Es un don muy preciado. Si no lo tuviera, no querría escribir. Quizás por eso cuando comienzo a escribir tengo algunas ideas, pero durante la escritura misma es cuando esa magia sucede, cuando los personajes comienzan a hacer cosas que yo no quiero que hagan. No lo planteo, pero así sucede.

Chimamada Negozi Adichie  Chimamada Negozi Adichie

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Siete cartas a Nora (Fragmento)

ZONA LIBRE RADIO 1

James Joyce conoció a Nora Barnacle en el verano de 1904. En julio de 1905 nació su primer hijo, Giorgio.Dos años después nació su segunda hija Lucia. Se casaron en 1931,veintisiete años después de aquel primer encuentro.

2 de diciembre de 1909
44 Fontenoy Street, Dublín

Querida mía, quizás debo comenzar pidiéndote perdón por la increíble carta que te escribí anoche. Mientras la escribía tu carta reposaba junto a mí, y mis ojos estaban fijos, como aún ahora lo están, en cierta palabra escrita en ella. Hay algo de obsceno y lascivo en el aspecto mismo de las cartas. También su sonido es como el acto mismo, breve, brutal, irresistible y Nora Barnaclediabólico.

Querida, no te ofendas por lo que escribo. Me agradeces el hermoso nombre que te di. ¡Si, querida, “mi hermosa flor silvestre de los setos” es un lindo nombre! ¡Mi flor azul oscuro, empapada por la lluvia! Como…

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Escribir ficción

Arundhati RoyCuando escribo ficción intento crear un universo y para eso necesito tiempo. La ficción crea un universo que no conoces. Ni siquiera sabes lo que pasa en él. La novela no es un producto fácil, presentas a los personajes y tienes que andar con ellos, entenderlos.

Arundhati Roy

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Sobre Emmanuel Carrère

Escritor de lo extraño

Emmanuel Carrère dice en «El Reino» sobre los cristianos: “Si se les pregunta, responderán que creen de verdad que hace dos mil años un judío nacido de una virgen resucitó tres días después de ser crucificado y que volverá para juzgar a los vivos y a los muertos. Responderán que estos acontecimientos constituyen el centro de su vida. Sí, ciertamente es extraño”.

Emmanuel CarrèreCarrère se ha especializado en hechos y personajes extraños, y, sin duda, él mismo es extraño. Y así debió de sentirse cuando en 1990 se convirtió al catolicismo. Tenía 32 años. Se confesó, comulgó, se casó por la Iglesia con Anne, su mujer de entonces, y bautizó a sus dos hijos. Durante tres años, y antes de volver al agnosticismo, Carrère tomó la comunión y asistió a misa a diario. A diario rezó y leyó el Evangelio. A la vez, se psicoanalizaba dos veces por semana y llevaba un diario sobre su experiencia, cuadernos que nunca pensó en publicar y que, sin embargo, están en la base de ‘«El Reino» (Anagrama), sobre todo de las apasionantes 115 primeras páginas, en las que el escritor confiesa todos los detalles de su «extraño» recorrido, y que terminan así: “Te abandono, Señor. Tú no me abandones”.

Diplomado en el Instituto de Altos Estudios Políticos de París y crítico de cine en sus comienzos, Emmanuel Carrère, en 1990, no era todavía el autor de gran éxito y de gran envergadura que es hoy, pero ya había publicado, con premios y reconocimiento, cuatro novelas y dos ensayos. Atravesaba una fuerte crisis de pareja, tenía problemas con el alcohol, había barajado la idea del suicidio y llevaba tres años sin poder escribir.

El carácter -sigamos diciendo que extraño- de Carrère, ya estaba patente en su obra publicada hasta el momento. Como crítico de cine, y para su primer y único libro sobre la materia, había optado, en 1982, por un estudio sobre Werner Herzog, un cineasta volcado en los personajes diferentes, anómalos y enormes, como él mismo. Como novelista, había publicado, entre otras, «El bigote» (1986), la pesadillesca y kafkiana historia de un hombre que se afeita el mostacho y va comprobando con creciente horror que ni su mujer, ni sus amigos, ni sus colegas de trabajo perciben el cambio. Y, en los años de su conversión, elaboró «Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos» (1993), biografía novelada del escritor norteamericano de ciencia-ficción Philip K. Dick -muy mencionado en «El Reino»-, que experimentó con las drogas y tuvo visiones y serios trastornos mentales. Carrère iba a comulgar y luego se adentraba en el autor que inspiró «Blade Runner»…

Emmanuel Carrère nació en París dentro de una muy notable familia. Su padre se dedicaba al negocio de los seguros, pero su madre, Helène Carrère D’Encausse, francesa de origen georgiano, es una sobresaliente escritora e historiadora, miembro de la Academia y experta en Rusia. Su apellido de soltera es Zourabichvili y procede de una familia georgiana con antecedentes nobiliarios, exiliada a París tras la Revolución Soviética y con miembros destacados en la política, la cultura, la ciencia y la industria.

Aquí, obviamente -y en su interés personal por el tema de la identidad por quienes parecen no tenerla o tenerla tambaleante-, está la causa de que Carrère, en busca de aclarar la figura de su abuelo materno, escribiera -siempre móvil- sobre el terreno la tremenda «Una novela rusa» (2007) y la no menos tremenda «Limónov» (2011), sobre el indescriptible y casi inabarcable político y escritor ruso Eduard Limónov, dos formidables saltos adelante que confirman que la cumbre de «El adversario» (2000) no fue casual.

Desde que publicara «Una semana en la nieve» (1995), Carrère no ha regresado a la ficción pura. Investiga como reportero e historiador, introduce el ensayismo, noveliza situaciones, personajes y hechos y se incluye él mismo en primera persona dentro del relato dando cuenta de sus ideas, sentimientos, vivencias, estados de ánimo y pasos durante la elaboración de sus libros que -como sucede en «El Reino»- adquieren carácter confesional y testimonial.

Todo empezó en «El adversario», la historia real de Jean-Claude Romand, un francés que asesinó en 1993 a su mujer, a sus dos hijos y a sus padres y que, después de pasar la noche con su amante, regresó a su casa y, con intención de suicidarse, la prendió fuego tras ingerir barbitúricos. Salvaron su vida, quedó en coma, se recuperó, fue juzgado y condenado a cadena perpetua, que sigue cumpliendo, convertido -según revela Carrère en «El Reino»- en ferviente creyente.

Como recordará el lector de ese inolvidable libro, lo escalofriante de Romand no sólo son sus crímenes, sino que durante 18 años engañara día a día a su familia y a todo su entorno fingiendo ser médico y trabajar para la OMS. Vivía de la estafa y, cuando cometió los asesinatos, se había quedado sin dinero y creía estar a punto de ser descubierto. Para evitar la vergüenza, mató. ¿Extraño?

«El adversario» o/y la historia de Romand tuvieron tres adaptaciones al cine -una de ellas, estupenda y libre, ‘La vida de nadie’ (2002), de Eduard Cortés-, y eso nos lleva al Carrère cineasta, que ha escrito dos guiones y ha dirigido dos películas para el cine, siendo también el guionista de una docena de telefims y series de la televisión francesa. Casado ahora con la periodista Helène Devynck, ha tenido otra hija y, en estos días, es jurado, como ya lo fue de Cannes, de la Mostra de Venecia.

Hace tiempo que no leía, con sus más de 500 páginas, un libro actual tan contundente y magnífico como «El Reino». Deseando comprender el sentido de su conversión, Carrère se sumerge en los orígenes del cristianismo, reconstruye con realismo la vida de Jesús y sus apóstoles y, sobre todo, las descomunales peripecias de San Pablo y San Lucas, poniendo en pie de forma irresistible un inmenso fresco histórico, repleto de información y fuentes, sobre Roma, Grecia y Jerusalén. Y con humor. Irresistible, sí. E imprescindible, desde luego.

Manuel Hidalgo  Manuel Hidalgo. El Mundo

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Emilio Renzi. El narrador y el río

Habitualmente los narradores más líricos y más atentos al paisaje narran el río. Se han escrito varias obras maestras en esa línea: «Zama», de Di Benedetto; «El limonero real», de Saer; «Sudeste», de Conti; «La ribera», de Wernicke; «Hombre en la orilla», de Briante. Buscan la lentitud; tienden a narrar en presente lo que ya sucedió. Algunas novelas de Conrad se mueven en esa dirección: la calma chicha es la motivación del relato. En «El corazón de las tinieblas», mientras esperan que suba la marea del Támesis, Marlow cuenta la historia. Cuanto más profunda es la quietud, más intensa es la narración. La dispersión del flujo del tiempo se frena y la bajante la calma, la creciente que no llega se convierte en una metáfora del arte de narrar.

ricardo-piglia-proyectos-keoe-620x349abcRicardo Piglia

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Video. Entrevista con Auster: “4 3 2 1”

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Galeano. Los libros

Eduardo Galeano 2

Cuando los libros están de veras vivos, respiran; y uno se los pone al oído y les siente la respiración y sus palabras son contagiosas, peligrosamente, cariñosamente contagiosas…

Eduardo Galeano

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