- Abandona la idea de que terminarás algún día. Olvida que llevas 400 páginas y escribe sólo una página cada día, eso ayuda. Luego, cuando hayas terminado, estarás sorprendido.
- Escribe lo más libre y rápidamente posible y pon todo lo que se te ocurra en el papel. Nunca corrijas o reescribas hasta que ya no se te ocurran más cosas. Reescribir mientras se escribe es usualmente una excusa para no avanzar. Además, interfiere en el flujo y el ritmo, que sólo pueden ser fruto de una especie de asociación inconsciente con el tema.
- Olvídate del gran público. En primer lugar, el público sin nombre ni cara te darán un miedo de muerte y, en segundo lugar, a diferencia del teatro, no existe ese público. En la escritura el público lo constituye un solo lector. A veces ayuda elegir a una sola persona, alguien real o imaginario, y escribir como si se hiciera solo para ella.
- Si una escena o una parte te resultan difíciles y aún así piensas que la quieres incluir, déjala y continúa escribiendo. Cuando hayas terminado de escribir todo, puedes volver a ella y quizá descubras que te dio tantos problemas porque no estaba en el lugar correcto.
- Desconfía más de una escena que te guste demasiado, que de las otras. Por lo general resulta ser una imposición.
- Si escribes diálogos, repítelos en voz alta a medida que los vayas escribiendo. Sólo entonces sabrás cómo suenan.
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