El Gould de Bernhard

Glenn GouldNi una sola nota tocó Glenn jamás sin cantarla al mismo tiempo, pensé, ningún otro pianista tuvo esa costumbre jamás. Él hablaba de su enfermedad pulmonar como si fuera su segundo arte. Que habíamos tenido al mismo tiempo la misma enfermedad y la habíamos tenido luego siempre, pensé, y a fin de cuentas también Wertheimer contrajo esa enfermedad nuestra. Pero Glenn no pereció por esa enfermedad pulmonar, pensé. Lo mató la falta de soluciones en la que, durante casi cuarenta años, se metió tocando, pensé. No renunció al piano, pensé, como es natural, mientras que Wertheimer y yo renunciamos al piano, porque no lo convertimos en la misma monstruosidad que Glenn, que no salió ya de esa monstruosidad, y que tampoco quiso en absoluto salir de esa monstruosidad.

Thomas Bernhard2Thomas Bernhard

(A través de PatriciaDamiano)

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En defensa de la lectura. Contra la ignorancia

Alguien a quien no le gusta o no le interesa leer es alguien, por fuerza, a quien le trae sin cuidado saber por qué está en el mundo y por qué diablos hay mundo; por qué hay algo en vez de nada, que sería lo más lógico y sencillo; qué ha pasado en la tierra antes de que él llegara y qué puede pasar tras su desaparición; cómo es que él ha nacido mientras tantos otros no lo hicieron o se malograron antes de poder leer nada; por qué, si vive, ha de morir algún día; qué han creído los hombres que puede haber tras la muerte, si es que hay algo; cómo se formó el universo y por qué la raza humana ha perdurado pese a las guerras, hambrunas y plagas; por qué pensamos, por qué sentimos y somos capaces de analizar y describir esos sentimientos, en vez de limitarnos a experimentarlos. A ese individuo no le provoca la menor curiosidad que exista el lenguaje y haya alcanzado una precisión y una sutileza tan extraordinarias como para poder nombrarlo todo, desde la pieza más minúscula de un instrumento hasta el más volátil estado de ánimo; tampoco que haya innumerables lenguas en lugar de una sola, común a todos, como sería también lo más lógico y sencillo; no le importa en absoluto la historia, es decir, por qué las cosas y los países son como son y no de otro modo; ni la ciencia, ni los descubrimientos, ni las exploraciones y la infinita variedad del planeta; no le interesa la geografía, ni siquiera saber dónde está cada continente; si es creyente, le trae al fresco enterarse de por qué cree en el dios en que cree, o por qué obedece determinadas leyes y mandamientos, y no otros distintos. Es un primitivo en todos los sentidos de la palabra: acepta estar en el mundo que le ha tocado en suerte como un animal –tipo gallina–, y pasar por la tierra como un leño, sin intentar comprender nada de nada. Come, juega y folla si puede, más o menos es todo.

Javier Marías 2
[…] Es en los libros donde los misterios se cuentan, se muestran, se explican en la medida de lo posible, donde uno los ve desarrollarse e iluminarse, se trate de un hallazgo científico, del curso de una batalla o de las especulaciones de las mentes más sabias. Es en ellos donde uno encuentra la prosa y el verso más elevados y perfeccionados, son ellos los que ayudan a comprender, o a vislumbrar lo incomprensible. Son los que permiten vivir lo que está sepultado por siglos […]  Y son los que nos dan a conocer no sólo lo que ha sucedido, sino también lo que no, que con frecuencia se nos aparece como más vívido y verdadero que lo acaecido. Al que no le gusta o interesa leer jamás […] sabrá qué pensaron y dijeron Montaigne y Shakespeare, Platón y Proust, Eliot, Rilke y tantos otros. Es sorprendente –y también muy deprimente– que un 55% de nuestros compatriotas estén dispuestos a pasar por la vida como si fueran percebes; o quizá ni eso: una lechuga; o ni siquiera: un taburete.

Javier Marías. El Pais Semanal

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Caballero Bonald. Poeta

La búsqueda de un adjetivo a veces me ha costado la salud.

La poesía no está obligada a tener un argumento. El argumento de la poesía es la palabra, el lenguaje.

Creo que la poesía enaltece el valor de la realidad.

Un poeta sumiso es un escribiente.

Caballero BonaldCaballero Bonald.

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El trabajo de la inspiración

Cuando me siento en mi mesa de escribir, nunca sé lo que va a ser hasta que esté en marcha. Confío en la inspiración, que a veces llega y a veces no lo hace. Pero no me siento de nuevo esperando. Yo trabajo todos los días.

Alberto MoraviaAlberto Moravia

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Inicios III

Nabokov. Lolita

 

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta.

Vladimir Nabokov. Lolita

 

 

Orwell. 1984

 

Era un día luminoso y frío de abril y los relojes daban las trece.

George Orwell. 1984

 

 

 

García Márquez. Crócica de una muerte anunciada

 

El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo.

Gabriel García Márquez. Crónica de una muerte anunciada

 

 

Jeffrey Eugenides. Middlesex

 

Nací dos veces: fui niña primero, en un increíble día sin niebla tóxica en Detroit, en enero de 1960; y chico después, en una sala de urgencias cerca de Petoskey, Michigan, en agosto de 1974.

Jeffrey Eugenides. Middlesex

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¿Así que quieres ser escritor?

 

Si no te sale ardiendo de dentro,
a pesar de todo,
no lo hagas.
A no ser que salga espontáneamente de tu corazón
y de tu mente y de tu boca
y de tus tripas,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte durante horas
con la mirada fija en la pantalla del ordenador
o clavado en tu máquina de escribir
buscando las palabras,
no lo hagas.
Si lo haces por dinero o fama,
no lo hagas.
Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte
y reescribirlo una y otra vez,
no lo hagas.
Si te cansa solo pensar en hacerlo,
no lo hagas.
Si estás intentando escribir
como cualquier otro, olvídalo.

Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti,
espera pacientemente.
Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.

Si primero tienes que leerlo a tu esposa
o a tu novia o a tu novio
o a tus padres o a cualquiera,
no estás preparado.

No seas como tantos escritores,
no seas como tantos miles de
personas que se llaman a sí mismos escritores,
no seas soso y aburrido y pretencioso,
no te consumas en tu amor propio.
Las bibliotecas del mundo
bostezan hasta dormirse
con esa gente.
No seas uno de ellos.
No lo hagas.
A no ser que salga de tu alma
como un cohete,
a no ser que quedarte quieto
pudiera llevarte a la locura,
al suicidio o al asesinato,
no lo hagas.
A no ser que el sol dentro de ti
esté quemando tus tripas, no lo hagas.
Cuando sea verdaderamente el momento,
y si has sido elegido,
sucederá por sí solo y
seguirá sucediendo hasta que mueras
o hasta que muera en ti.
No hay otro camino.
Y nunca lo hubo.

BukowskiCharles Bukowski, ¿Así que quieres ser escritor?

(A través de Libros del Zorro Rojo)

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Álbum de Bibliotecas en construcción, XIX

 

Biblioteca playera
Biblioteca playera

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La biblioteca permanecerá: Iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, Inútil, incorruptible, secreta

BorgesJorge Luis Borges, La Biblioteca de Babel

Biblioteca George Peabody de Baltimore
Biblioteca George Peabody de Baltimore
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La vejez

La vejez no existe; sólo existe la pena. Con el paso del tiempo he aprendido que esto, aunque cierto, no es toda la verdad. Otro generador de vejez es el hábito: el mortífero proceso de hacer lo mismo de la misma manera a la misma hora día tras día, primero por negligencia, luego por inclinación, y al final por inercia o cobardía. Afortunadamente, la vida inconsecuente no es la única alternativa, pues tan ruinoso como la rutina es el capricho. El hábito es necesario; es el hábito de tener hábitos, de convertir una vereda en camino trillado, lo que una debe combatir incesantemente si quiere continuar viva. Pese a la enfermedad, a despecho incluso del enemigo principal que es la pena, una puede continuar viva mucho más allá de la fecha usual de desintegración si no le teme al cambio, si su curiosidad intelectual es insaciable, si se interesa por las grandes cosas y es feliz con las pequeñas.

Edith WhartonEdith Wharton, Una mirada atrás.

(A través de «Bulevard literario»)

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Aprender a leer

Cada día nos entendemos peor… Parece que hay un porcentaje altísimo de gente que no comprende lo que lee… Nos entendemos peor por escrito. Resulta curioso que esto suceda en el momento histórico en el que más se practica la escritura… Están los mensajes de texto de los móviles, los blogs…, los chats, los foros…, la prensa escrita, folletos, libros… A mayores cantidades de escritura, menor comprensión lectora. Quizá sea una metáfora también de las dificultades para leer la realidad… Siempre hemos entendido que aprender a leer era un modo de aprender a leerse a sí mismo y al mundo. Pero el mundo viene cada día peor escrito… Puede darse el caso de que uno entienda a Sócrates y no entienda la realidad. Jamás habíamos alcanzado los grados de alfabetización actuales, pero jamás nos habían servido de tan poco. Aprendemos a leer, que es como si adquiriésemos unas alas, pero perdemos comprensión lectora, que es como si nos las cortaran.

MillásJuan José Millás

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Juan Gelman: «Palabras»

VIII. (palabras)

tu voz cuando aparece
cuando cura o abriga
con las bellas piedades siniestras

¿cuántas madres habrá
arriba abajo de tus hijos
haciéndolos
y deshaciéndolos haciéndolos?

¿y cuánta sangre correrá todavía
hasta que esto se pudra
y dé mañana sol

como tu voz
cuando cura o abriga?

Juan GelmanJuan Gelman. Rostros

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