Las novelas no se hacen con ideas brillantes ni con demostraciones de erudición o proclamas de ruptura. Las novelas se hacen con los materiales más comunes y más baratos, las palabras habituales, el habla, las vidas de las personas. Por eso decía Flannery O’Connor que un escritor de ficción necesita “a grain of stupidity”, un puntito de estupidez, o de tontería. […] Las novelas se alimentan de una observación atenta y en el fondo cordial del mundo, de un interés incondicional por los seres humanos: un interés inevitablemente irónico, y algunas veces furioso, pero nunca arrogante. Es la actitud de Cervantes, de Galdós y de Dickens, y también la de Joyce, la de Virginia Woolf o Alice Munro.
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