¿Cuántos sueños, sistemas de pensamiento, intuiciones y frases realmente nuevas han escapado de la escritura? ¿Cuántas inteligencias han permanecido libres, dedicadas simplemente a nutrir y embellecer una vida, sin someterse jamás al servil proyecto de urdir una estrategia para producir o para obtener reconocimiento y publicidad? Numerosos creadores han optado por la no creación, o más precisamente, poco seducidos por la idea de tener que justificar su estatus de artista, se han contentado con asumirlo, con vivirlo para sí mismos, para su entorno […]
Lo que se muestra de la cultura de una época es ya el resultado de una selección, elitista, culta, bien pensante, entre las obras que han accedido a una cierta visibilidad. La punta ínfima de un iceberg. Multitud de producciones no salen a la luz.


onsejar ni ayudar: nadie. Solamente hay un medio: vuelva usted sobre sí. Investigue la causa que le impele a escribir; examine si ella extiende sus raíces en lo más profundo de su corazón. Confiese si no le sería preciso morir en el supuesto que escribir le estuviera vedado. Esto ante todo: pregúntese en la hora más serena de la noche: «¿debo escribir?» Ahonde en sí mismo hacia una profunda respuesta; y si resulta afirmativa, si puede afrontar tan seria pregunta con un fuerte y sencillo «debo», construya entonces su vida según esa necesidad; su vida tiene que ser, hasta en su hora más indiferente e insignificante, un signo y testimonio de ese impulso.









