La «no» creación

¿Cuántos sueños, sistemas de pensamiento, intuiciones y frases realmente nuevas han escapado de la escritura? ¿Cuántas inteligencias han permanecido libres, dedicadas simplemente a nutrir y embellecer una vida, sin someterse jamás al servil proyecto de urdir una estrategia para producir o para obtener reconocimiento y publicidad? Numerosos creadores han optado por la no creación, o más precisamente, poco seducidos por la idea de tener que justificar su estatus de artista, se han contentado con asumirlo, con vivirlo para sí mismos, para su entorno […]

Lo que se muestra de la cultura de una época es ya el resultado de una selección, elitista, culta, bien pensante, entre las obras que han accedido a una cierta visibilidad. La punta ínfima de un iceberg. Multitud de producciones no salen a la luz.

Jean-Yves. Jouannais. Artistas sin obraJean-Yves Jouannais. Artistas sin obra, Acantilado

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Carta de Virginia Woolf

Querido: Estoy segura de que me vuelvo loca de nuevo. Creo que no puedo pasar por otra de esas espantosas temporadas. Esta vez no voy a recuperarme. Empiezo a oír voces y no puedo concentrarme. Así que estoy haciendo lo que me parece mejor. Me has dado la mayor felicidad posible. Has sido en todos los aspectos todo lo que se puede ser. No creo que dos personas puedan haber sido más felices hasta que esta terrible enfermedad apareció. No puedo luchar más. Sé que estoy destrozando tu vida, que sin mí podrías trabajar. Y sé que lo harás. Verás que ni siquiera puedo escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirte que… Todo el mundo lo sabe. Si alguien pudiera haberme salvado, habrías sido tú. No me queda nada excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo. No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que lo hemos sido nosotros. V.

Fragmento de una carta escrita por Virginia Woolf a su marido

Virginia Woolf

El día 28 de marzo de 1941 el mundo de las letras perdió a una de las mujeres más significativas de la literatura. A sus cincuenta y nueve años de edad, con su abrigo lleno de piedras, lanzó su cuerpo al río Ouse, engullida por las mansas aguas, nos dejó un legado imperecedero al tiempo…

(A través de «Los ojos de Hipatia»)

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Lectura. Rilke: Carta I

La crítica y lo indecible

Nada es tan ineficaz como abordar una obra de arte con las palabras de la crítica: de ello siempre resultan equívocos más o menos felices. Las cosas no son tan comprensibles y descriptibles como generalmente se nos quiere hacer creer. La mayor parte de los acontecimientos son indecibles; se consuman en un ámbito en el que jamás ha penetrado palabra alguna, y más indecibles que todo son las obras de arte, existencias misteriosas cuya vida perdura, al contrario de la nuestra, que pasa.

Escribir: búsqueda

Nadie le puede acRilkeonsejar ni ayudar: nadie. Solamente hay un medio: vuelva usted sobre sí. Investigue la causa que le impele a escribir; examine si ella extiende sus raíces en lo más profundo de su corazón. Confiese si no le sería preciso morir en el supuesto que escribir le estuviera vedado. Esto ante todo: pregúntese en la hora más serena de la noche: «¿debo escribir?» Ahonde en sí mismo hacia una profunda respuesta; y si resulta afirmativa, si puede afrontar tan seria pregunta con un fuerte y sencillo «debo», construya entonces su vida según esa necesidad; su vida tiene que ser, hasta en su hora más indiferente e insignificante, un signo y testimonio de ese impulso.

Escribir: Fuentes

Después acérquese a la naturaleza. Entonces trate de expresar como un primer hombre lo que ve y experimenta, y ama y pierde.

[…] Si su vida cotidiana le parece pobre, no la culpe, cúlpese usted; dígase que no es lo bastante poeta para suscitar sus riquezas. Para los creadores no hay pobreza ni lugar pobre, indiferente. Y aun cuando usted estuviera en una prisión cuyas paredes no dejasen llegar hasta sus sentidos ninguno de los rumores del mundo, ¿no le quedaría siempre su infancia, esa riqueza preciosa, imperial, esa arca de los recuerdos? Vuelva usted a ella su atención.

Juicio sobre la obra de arte

Una obra de arte es buena cuando ha sido creada necesariamente. En esta forma de originarse está comprendido su juicio: no hay ningún otro.

Rilke. Cartas a un joven poetaRainer María Rilke. Cartas a un joven poeta

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Tres definiciones: Imaginación, cultura y belleza

La imaginación es muy limitada. No se alimenta de lo inventado sino de lo sucedido.

Muñoz Molona 1Antonio Muñoz Molina

 

 

 

 

La cultura es la capacidad crítica de no creerse el centro del mundo.

MagrisClaudio Magris

 

 

 

 

La belleza es verdad, y la verdad belleza: nada más es preciso saber en la tierra.

John KeatsJohn Keats

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Álbum de Bibliotecas en construcción, XIV

Antigua biblioteca ambulante en New Orleans
Antigua biblioteca ambulante en New Orleans

 

 

Beinecke Rare Book & Manuscript Library, Yale University, Connecticut, Usa
Beinecke Rare Book & Manuscript Library, Yale University, Connecticut, Usa

 

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Poema abandonado

Un poema nunca está acabado, solamente abandonado.

Paul ValéryPaul Valéry

(A través de «Boulevard literario»)

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Notas de sociedad

Emily Dickinson se recluyó tan desmesuradamente en la segunda mitad de su vida que durante los últimos diez años no salió de su casa ni una sola vez.

Mientras peleaba con su mujer, borracho, una vez Paul Verlaine arrojó a su hijo de tres meses contra la pared.

Santo Tomás de Aquino era antisemita.

Solo Bianchon puede salvarme, dijo Balzac cerca de la muerte. Bianchon, un  médico de Papá Goriot.

No es imposible que la joven actriz con quien se casó Molière a los cuarenta años, y con cuya familia había estado estrechamente relacionado en el ambiente del teatro durante mucho tiempo, fuera su propia hija ilegítima.

El cadáver de Laurence Sterne fue vendido a una escuela de medicina por unos profanadores de tumbas. Casi lo habían diseccionado por completo cuando por casualidad alguien lo reconoció.

Markon. La soledad del lectorDavid Markson. La soledad del lector

 

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Joyce, el proceso de la escritura I

Debemos escribir peligrosamente

Cuanto más sujetos estamos a los hechos, cuanto más intentamos causar la impresión correcta, tanto más nos alejamos de lo fundamental. Al escribir, uno debe crear una superficie que cambie continuamente al dictado de la sensibilidad contemporánea, frente a   la estabilidad del estilo clásico. En eso consiste la «obra en marcha». Lo que importa, sin embargo, no es lo que uno escribe, sino cómo lo escribe; a mi entender, el escritor moderno de ser ante todo un aventurero y estar dispuesto a correr cualquier riesgo y a fracasar en su empeño si hace falta. Dicho de otro modo: debemos escribir peligrosamente; todo tiende a trasformarse hoy en día, y la literatura actual solo será valiosa si acierta a reflejar esa inestabilidad.

Sabatini. Sobre la escritura. JoyceJames Joyce

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El arte de escribir historias

El arte de escribir historias está en saber sacar de lo poco que se ha comprendido de la vida todo lo demás; pero acabada la página se reanuda la vida y uno se da cuenta de que lo que sabía es muy poco.

Italo CalvinoItalo Calvino

(A través de Literatura + 1)

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Lecturas: «El balcón de invierno», de Luis Landero

Mis primeros versos

Había empezado a escribir mis primeros versos algo así como un año antes, cuando tenía quince. Aquello fue un acontecimiento, otro de esos momentos estelares capaces de cambiar el curso de una vida hacia un nuevo destino. 

Bécquer

Y luego, un día, no sé de qué manera, dejé de creer en Dios y me encontré creyendo en Gustavo Adolfo Bécquer.

Mi primer poema

Y un día escribí mi primer poema, temeroso quizá de estar profanando algo, de haber ido demasiado lejos, de estar comiendo de la fruta prohibida, tímido al principio, y luego ya más atrevido según las palabras acudían solícitas al reclamo de algo oscuro que yo quería decir y que no sabía lo que era hasta que ellas, las palabras, venían a revelármelo.

Las palabras

Ah, las palabras. A veces ocurría que me enamoraba perdidamente de una palabra hasta entonces desconocida y durante varios o muchos días vivíamos un amor turbulento, excluyente, febril, y yo escribía poemas donde esa palabra era la protagonista, la estrella invitada, y las demás hacían de teloneras. Palabras como errabundo, cénit, heliotropo, añoranza, inefable, éxtasis, madreselva, doliente, iridiscente, plenitud, taciturno… Y así llegó el día en que me sentí poeta de verdad, hermano menor de Bécquer, solitario y triste como él, elegido por un destino fatal como él, frágil pero también indestructible como él.

Esconderte en un libro, en el cálido cubil de las palabras, eso es lo que has hecho tantas veces, como de niño en los desvanes.

Landero. El balcon de inviernoLuis Landero. El Balcón En Invierno.

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