Leer un poema

Leer un poema es escoger un instrumento, la mente, con una partitura que lo llama para interpretarlo. Debes estar siempre atento, no te puedes dormir. […] Posee tantos significados como la persona que los lee. La clave para saber si tu experiencia incluida en él resulta universal es cuando se los das a examinar a otros y te dicen que se identifican con lo escrito. Entonces has dado en el clavo.

Joan MargaritJoan Margarit, poeta

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El impulso primario

Pero quisiera ante todo estar cerca de lo que parece ser —por romántico que esto suene— el impulso primario, el que trae primitivamente a mi consideración palabras y frases. Es el impulso en virtud del cual, como lo describía Eudora Welty, un escritor «escribe ante su propia emergencia». Sé que cuando temo haberlo perdido, siempre es «eso», el impulso de asociar libremente y al azar en el lenguaje y en las ideas, así como las asociaciones que las palabras traen consigo, para jugar sin restricción alguna con las maneras de organizar el mundo en palabras.

[…]

Las cosas entran en mi mente más bien caótica —fragmentos de lenguaje, conciencia de mí mismo— y allí se ocultan, girando, chocando y separándose al azar como electrones, y vuelven, si acaso, a la conciencia o a la página, a veces profundamente reconstituidas. Y es realmente ahí, en esa fase incipiente de la escritura-que-es-en-realidad-pensamiento, donde sospecho que tiene lugar la gran invención, la sorpresa y la nueva inteligencia.

Richard FordRichard Ford. “Qué escribimos, por qué lo escribimos y a quién le importa”.

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Incertidumbres del escritor

Instrucción 3

Siéntese en su estudio. Intente escribir. Escriba. Borre. Dígase a sí mismo: “Esto está muerto”. Dígase: “Estoy muerto”. Levántese. Vaya a la cocina y haga un té. Bébalo mirando por la ventana, enloquecido por la lentitud del mundo. Pregúntese cuándo fue la última vez que escribió algo bueno. No se atreva a pensar una respuesta (pero sepa que la respuesta es: “La semana pasada”). Pase los tres días siguientes intentando escribir. Fracase. Siéntese cada tarde a leer fragmentos de cosas que haya escrito antes. Dígase: “Ya no podré volver a hacerlo”. Ante su mujer, muéstrese hosco. Cuando ella pregunte qué le sucede, responda: “No puedo escribir”. Cuando ella diga: “No te preocupes, cada tanto te pasa”, responda: “Esta vez es definitiva”. Cuando ella diga, cariñosa, divertida, “Siempre decís lo mismo”, trátela mal. Dígale que ella no sabe nada, porque no escribe. Dígale: “Nadie puede hacer nada por mí”. Cuando deje la habitación, ofendida y después de mirarlo con furia, siéntase culpable, pero no vaya tras ella. Sobre todo, no pida disculpas. En la noche, al acostarse a su lado, diga “que descanses”, como si fuera el saludo de un desahuciado. Pase dos o tres días bebiendo mucho. En las mañanas, apenas despertar, sienta el peso de la angustia como un pájaro muerto sobre el pecho. Acuéstese temprano, vacío, aburrido, sin saber qué hacer. Al cabo de dos semanas, lea, dentro de su cabeza, una frase. Corra a su estudio. Siéntese. Abra la computadora. Escriba. Escriba más. Escriba durante dos horas. Al terminar, sienta hambre, ganas de tener sexo y de gritar. Llame a su mujer, léale lo que ha escrito en voz alta, vea cómo ella se emociona. Piense: “Soy patético”. Cuando esté solo nuevamente diga, en voz alta: “Soy patético”. Sonría. Siga escribiendo hasta el final de la noche.

Leila GuerrieroLeila Guerriero. El País

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Un poema de Elizabeth Bishop

Avatar de Irad NietoAKANTILADO. Literatura, pensamiento, crítica... Un blog de Irad Nieto

Un arte

El arte de perder se domina fácilmente;
tantas cosas parecen decididas a extraviarse
que su pérdida no es ningún desastre.

Pierde algo cada día. Acepta la angustia
de las llaves perdidas, de las horas derrochadas en vano.
El arte de perder se domina fácilmente.

Después entrénate en perder más lejos, en perder más rápido:
lugares y nombres, los sitios a los que pensabas viajar.
Ninguna de esas pérdidas ocasionará el desastre.

Perdí el reloj de mi madre. Y mira, se me fue
la última o la penúltima de mis tres casas amadas.
El arte de perder se domina fácilmente.

Perdí dos ciudades, dos hermosas ciudades. Y aun más:
algunos reinos que tenía, dos ríos, un continente.
Los extraño, pero no fue un desastre.

Incluso al perderte (la voz bromista, el gesto
que amo) no habré mentido. Es indudable
que el arte de perder se domina fácilmente,
así parezca…

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Leer

Maestro, a mí leer me aburre y me cansa porque yo muevo los ojos muy despacio.

Jezzy Pilch. Otros placeresJerzy Pilch, Otros placeres

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Álbum de librerías incompleto, 16

Esquina culta de Caracas
Esquina culta de Caracas
La Belle Hortense, París.
La Belle Hortense, París.
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De lectores y lecturas

…los lectores son viajeros,

circulan por tierras ajenas,

nómadas dedicados

a la caza furtiva en campos

que no han escrito…


Michel de Certeau
Michel de Certeau

 

 

 

 

 

 

Mientras lees, un oso blanco
orina sin prisa tiñendo la nieve
de azafrán,
mientras lees, muchos dioses
se acuestan entre las hiedras: ojos de obsidiana
que observan generaciones de hojas,
y mientras lees
el mar da vuelta sus páginas negras,
da vuelta
sus páginas negras.

Desine LevertovDenise Levertov, (Poemas 1960-1967)

 

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Lectura. Rilke: Carta VIII (2)

Sobre la soledad

[…] Y si volvemos a referirnos a la soledad, deviene cada vez más claro que ella, en el fondo, no es nada de lo que se puede tomar o dejar. «Somos» solitarios. Uno puede acerca de esto ilusionarse y hacer como si no fuera así. Pero cuánto mejor es reconocer que lo somos; aun más: partir de ahí. Ciertamente, entonces sucederá que experimentaremos vértigo, pues todos los puntos en que nuestros ojos solían descansar, nos son quitados; nada hay ya cercano, y todo lo lejano lo es infinitamente. […] Pero es menester que también vivamos «esto». Tenemos que aceptar nuestra existencia, tan «ampliamente» como sea posible. Todo, aun lo inaudito, debe ser posible en ella. En el fondo, el único valor que se nos exige es: ser animosos ante lo más extraño, prodigioso e inexplicable que pueda acaecernos. […] Pero el temor a lo inexplicable no sólo ha hecho más pobre la existencia del individuo; también las relaciones entre un ser humano y otro han sido limitadas por él […] Pues no es únicamente la desidia lo que hace que las relaciones humanas se repitan de caso en caso indeciblemente monótonas y no renovadas: es el temor a toda vivencia nueva, imprevisible, a la que uno se considera incapaz de afrontar.[…]

No tenemos ningún motivo de recelo contra el mundo, pues no está contra nosotros. Si él tiene espantos, son «nuestros» espantos; si tiene abismos, estos abismos nos pertenecen; si hay en él peligros, debemos procurar amarlos.

Rilke. Cartas a un joven poetaRainer Maria Rilke. Cartas a un joven poeta

 

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Lectura. Rilke: Carta VIII (1)

Sobre la tristeza

Usted ha tenido muchas y grandes tristezas que han pasado ya. […] Por favor, compruebe, más bien, si aquellas grandes tristezas no atravesaron por lo profundo de usted; si no cambiaron en usted muchas cosas; si usted, en alguna parte, en cualquier lugar de su ser, no se transformó mientras estaba triste.

Creo que casi todas nuestras tristezas son momentos de tensión, que a modo de parálisis experimentamos porque ya no percibimos el vivir de nuestros enajenados sentidos. Porque estamos solos con lo desconocido que ha entrado en nosotros; porque nos han quitado por un instante todo lo familiar y habitual; porque nos hallamos en medio de un tránsito donde no podemos permanecer. […] Cuanto más serenos, sufridos y francos somos en nuestras tristezas, tanto más profunda y decididamente entra en nosotros lo nuevo, tanto mejor lo asimilamos, tanto más será «nuestro» destino; y un día, cuando «se realice» (es decir: cuando de nosotros pase a los otros), lo sentiremos en lo íntimo afín y cercano. Y esto es necesario.

Rilke. Cartas a un joven poetaRainer Maria Rilke. Cartas a un joven poeta.

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Escribir: Una visión del mundo

Tener una visión personal del mundo, una visión muy fuerte. Eso es lo que necesitas para escribir, y eso lo tienes o no lo tienes. Mucha gente no lo tiene por mucho que haya leído o por muy inteligente que sea. Escribir tiene que ver con eso: una visión del mundo. Puede ser pequeña, pero debe ser personal, única. Y profunda. Y que interese a los demás, claro. Es como un truco de magia. Eso no se puede enseñar.

Hanif KureishiHanif Kureishi, El País

Y una reflexión del autor: Nuestra religión verdadera es el fundamentalismo financiero.

 

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