Sesión de lectura

La lectura es una conquista. Abrir un libro es a veces más complicado que abrir una caja fuerte. Has de ejercitar los dedos para manejar con delicadeza la rueda y el oído para escuchar el clic. Hay gente que logra abrir el libro y no halla nada dentro. Esa es otra parte de la conquista que también tiene que ver con la escucha. Superadas con éxito esas fases, resulta vital encontrar la postura. He aquí una de las mejores, para la que se precisa un sofá, cuyos brazos no sean muy altos, en uno de los cuales puedes colocar un par de cojines que recogerán la cabeza. El sofá deberá ser tan largo al menos como el cuerpo y las piernas permanecerán estiradas o dobladas, alternativamente, para facilitar la circulación y bombear sangre a la cabeza. […]

Una vez hallada la postura, y si ha tenido uno la suerte de dar con un buen título, puede permanecer horas leyendo. A ratos, sin embargo, meditará sobre lo leído y a ratos dormitará para continuar leyendo al abrir los ojos. El relajo físico y el bienestar mental alcanzan en algunas sesiones de lectura extremos tales que uno abandona el sofá como si hubiera pasado la tarde en un fumadero de opio. No todos los libros funcionan, claro, depende del título y del estado de ánimo del lector.[…]

MillásJuan José Millás.

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Lectura. Rilke: Carta IX

Frecuentemente y con tan concentrados votos pienso en usted, querido señor Kappus, que ello en cierto modo debería serle de algún auxilio. […]

Acaso no sea provechoso que ahora considere detalladamente sus palabras; pues lo que podría decirle sobre su tendencia a la duda, o sobre su incapacidad para poner al unísono la vida exterior con la interior, o sobre todo lo demás que le oprime…, es siempre lo que ya he dicho: siempre el voto por que usted pueda encontrar en sí bastante paciencia para sufrir y bastante simplicidad para creer; por que usted logre más y más intimidad con lo que es difícil y con su soledad en medio de los otros. En cuanto a lo demás, deje que la vida le acontezca. Créame: la vida tiene razón en todos los casos.

Y respecto a los sentimientos: son puros todos los sentimientos que lo concentran y lo elevan; es impuro el sentimiento que solamente comprende «un» lado de su ser y que, por tanto, lo deforma; todo lo que frente a su niñez pueda pensar, es bueno; todo lo que haga de usted «más» de lo que hasta aquí fue en sus mejores horas, está bien. Cada ascensión es buena cuando está bien en «toda su sangre», cuando no es ebriedad ni turbación, sino alegría donde se trasparente el fondo. ¿Comprende lo que digo? […]

Rilke. Cartas a un joven poetaRainer María Rilke, Cartas a un joven poeta

 

 

 

 

 

 

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Álbum de librerías incompleto, 17

Librería La Central, Madrid.1
Librería La Central, Madrid.1
Librería La Central, Madrid.2
Librería La Central, Madrid.2
Librería La Central, Madrid.3
Librería La Central, Madrid.3
Librería La Central, Madrid.4
Librería La Central, Madrid.4
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James Salter, palabras mayores

Dios bendiga a James Salter

A menudo se dice que un gran escritor no puede pasar inadvertido. Es mentira. Entre innumerables ejemplos refulge el caso de James Salter, a quien el reconocimiento le llegó cumplidos los setenta. Cuesta de creer que libros tan extraordinarios como «Años luz» o «Juego y distracción» tan solo vendieran unos pocos miles de ejemplares en la inmensa Norteamérica, y que todavía se hable de él como de un “escritor para escritores”, eufemismo para indicar que solo interesa a cuatro gatos.

Salter comenzó a ser mínimamente conocido por sus dos libros de cuentos (había cumplido los ochenta cuando publicó el segundo, el magistral y definitivo «La última noche») y por sus grandísimas memorias, «Quemar los días», que debo de haber releído una docena de veces. Susan Sontag decía: «Quiero leer absolutamente todo lo que escriba Salter». […]

A menudo, por la mañana, antes de ponerme a escribir, leo unas páginas de Salter, como el diapasón que ha de darme la nota exacta, el impulso y el tono. Leo a Salter para que me limpie la mirada, como aquellos espejos negros que utilizaban los impresionistas cuando no veían con claridad los colores. Consejo para escritores jóvenes: si alguna vez os encontráis bloqueados, leed a Salter. Si estáis perdidos y creéis que lo que estáis haciendo ya no vale, leed a Salter. Si creéis que habéis conseguido una página insuperable y no hay forma mejor de expresarlo, leed a Salter.

Leo a Salter para que me ensanche el corazón. Leo a Salter porque sus páginas arrojan la certeza, tan común en los grandes escritores, de que conoce un buen puñado de verdades sobre la vida y los hombres; verdades que te atraviesan como un rayo e iluminan, de repente, un fragmento de realidad haciéndote verla como nunca la habías visto. […]

Leo el final de «Años luz». Hay muchos finales de novela que me parten el alma, pero ninguno como este. Viri, el marido, vuelve a la antigua casa familiar, cerrada, abandonada. Su esposa murió, sus hijas se casaron. Lleva un traje gris comprado en Roma, las suelas de los zapatos ennegrecidas por la humedad. Camina con paso lento, los ojos fijos en el suelo. Le parece escuchar todavía las risas imposibles de las niñas en el bosque. De repente percibe un movimiento entre las hojas: es su vieja tortuga, avanzando hacia él, el ojo claro, transparente como el cristal, el caparazón en el que todavía puede leer las antiguas iniciales, avanzando como si quisiera depositar a sus pies el bosque entero, el pasado entero. Dios bendiga a James Salter.

Marcos OrdóñezMarcos Ordóñez. El País

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No creáis a los críticos…

No creáis a los críticos, leedlos

si no tenéis más remedio.

Pero no les creáis una sola palabra.

¿Cómo pueden juzgar ellos a los poetas?

¿Cómo pueden los críticos

juzgar a los equilibristas muertos

o malheridos?

Sus interpretaciones tomadlas como ficción,

Sin mayor trascendencia.

¡Solo es trascendente la poesía!

Solo los lectores, en conversaciones informales con su alma,

tienen derecho a enmierdar

a los poetas.

Bolaño 4Roberto Bolaño

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Retrato portugués

La soledad le desolaba y la compañía le deprimía. Vivió con el temor de que hablaran de él. Si le miraban, decía estremecerse; si alguien mostraba interés en él, huía. Le gustaba soñar, beber y escribir. Se ganó la vida como contable, como oscuro trabajador en almacenes, en oficinas que parecían diseñadas como perfectas guaridas del que pretende no ser visto, no ser mirado, no ser interrumpido. Supo vivir protegido en el anonimato de monótonos trabajos. Su nombre fue Fernando Pessoa […]

Pessoa

No jugó al fútbol, no cantó fados, ni ganó el Nobel. […] Es un hombre solo, un personaje con sombrero, traje gris y cigarro en mano. Es un bebedor a pie de cualquier barra de barrio. Se pasó la vida huyendo del falso prestigio de la pompa, escapando a los afectos, fugándose de sí mismo. Frecuentó tertulias, creó revistas, escribió artículos y poemas. Ni persiguió el éxito, ni conoció el dinero, y apenas consiguió la escasa fortuna de publicar un solo libro en vida. Hoy, 80 años después de su temprana muerte, es el más conocido, vendido, reverenciado y traducido de los escritores portugueses. Involuntario emperador de su lengua. Inmortal escritor que siempre seguirá vivo al margen de sus deseos.

Javier Rioyo

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Con la llegada del calor…

Con la llegada del calor el cuerpo pide una gran novela, una novela grande, anchurosa, acogedora, para sumergirse en ella con toda la voluptuosidad de la vagancia del verano, para quedarse a vivir en ella durante al menos dos o tres semanas, como una casa de campo que se alquila para las vacaciones, en la que uno siente que se renueva al habitar entre los objetos y los muebles de otro, al mirar por ventanas que no son la suya pero que muy pronto le muestran un paisaje familiar […]

Muñoz Molona 1Antonio Muñoz Molina

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Álbum de Bibliotecas en construcción, XXV

Biblioteca del Palacio de Cerralbo. Ventura Rodríguez, 17. Madrid. 1
Biblioteca del Palacio de Cerralbo. Ventura Rodríguez, 17. Madrid. 1
Biblioteca del Palacio de Cerralbo. Ventura Rodríguez, 17. Madrid.2
Biblioteca del Palacio de Cerralbo. Ventura Rodríguez, 17. Madrid. 2
Biblioteca del Palacio de Cerralbo. Ventura Rodríguez, 17. Madrid.3
Biblioteca del Palacio de Cerralbo. Ventura Rodríguez, 17. Madrid. 3
Biblioteca del Palacio de Cerralbo. Ventura Rodríguez, 17. Madrid.4
Biblioteca del Palacio de Cerralbo. Ventura Rodríguez, 17. Madrid. 4
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Melancolía hermética

DIGAMOS que ha llegado la noche y que ha amainado el viento y que los árboles verdiazules se han vuelto grises y que las montañas heladas, bruñidas bajo el rostro cicatrizado de la luna, son como fantasmas, inmóviles en la distancia, y que la débil luz de la luna inunda el cuarto en el que te sientas a una mesa, mirando fijamente un vaso de whisky, y donde has estado durante tanto tiempo que la noche, tan quieta, tan austera, se ha convertido no sólo en tu día sino en tu vida toda; y digamos que mientras estás ahí el sol, el sol de verdad, ha salido, y se te ocurre que lo que extrajiste de la noche fue sólo una posibilidad, una forma indolora, enrarecida de la desesperación que podría llevarte, de continuar, a una conclusión indeseada, y descubres que las palabras que escogiste no eran las palabras correctas —nunca fuiste la persona que sugerían que eras; ahora digamos que hay una pistola cargada en la casa y juegas con la idea de usarla y dices, “Adelante, pégate un tiro”, pero también aquí las palabras no son las adecuadas, así que, como has hecho en tantas otras ocasiones las revisas antes de que sea demasiado tarde.

Mark StrandMark Strand. Casi Invisible.

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Poesía y periodismo

El yo está relativamente prohibido en el periodismo. Debería estarlo mucho más. Sin embargo, el yo es el campo de acción de la poesía.

En el periodismo te expones a que te echen, a caer mal y a crearte enemigos que ni siquiera conoces. Eso va con el carné. Con la poesía te expones a contar los conflictos personales.

La poesía te tiene que sacar de contexto y el periodismo ponerte en él; la poesía te debe apartar de tus certezas y el periodismo de tus engaños.

Javier Rodríguez MarcosJavier Rodríguez Marcos, poeta y periodista

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