«El muerto en el mar de Urca». Cuento de Clarice Lispector

El muerto en el mar de Urca

Yo estaba en el apartamento de doña Lourdes, costurera, probándome el vestido pintado por Olly, y doña Lourdes dijo: murió un hombre en el mar, mire a los bomberos. Miré y solo vi el mar que debía estar muy salado, mar azul, casas blancas. ¿Y el muerto?

El muerto en salmuera. ¡No quiero morir!, grité, muda dentro de mi vestido. El vestido es amarillo y azul. ¿Y yo? Muerta de calor, no muerta en el mar azul.

Voy a decir un secreto: mi vestido es lindo y no quiero morir. El viernes el vestido estará en casa, el sábado me lo pondré. Sin muerte, solo mar azul. ¿Existen las nubes amarillas? Existen doradas. Yo no tengo historia. ¿El muerto la tiene? Tiene: fue a tomar un baño de mar a Urca, el bobo, y murió; ¿quién lo mandó? Yo tomo baños de mar con cuidado, no soy tonta, y solo voy a Urca para probarme el vestido. Y tres blusas. Ella es minuciosa en la prueba. ¿Y el muerto? ¿Minuciosamente muerto?

Voy a contar una historia: era una vez un joven a quien le gustaban los baños de mar. Por eso, fue una mañana de jueves a Urca. En Urca, en las piedras de Urca, está lleno de ratones, por eso yo no voy. Pero el joven no les prestaba atención a los ratones. Ni los ratones le prestaban atención a él. Y había una mujer probándose un vestido y que llegó demasiado tarde: el joven ya estaba muerto. Salado. ¿Había pirañas en el mar? Hice como que no entendía. No entiendo la muerte. ¿Un joven muerto?

Muerto por bobo que era. Solo se debe ir a Urca para probarse un vestido alegre. La mujer, que soy yo, solo quiere alegría. Pero yo me inclino frente a la muerte. Que vendrá, vendrá, vendrá. ¿Cuándo? Ahí está, puede venir en cualquier momento. Pero yo, que estaba probándome un vestido al calor de la mañana, pedí una prueba a Dios. Y sentí una cosa intensísima, un perfume intenso a rosas. Entonces, tuve la prueba. Dos pruebas: de Dios y del vestido.

Solo se debe morir de muerte natural, nunca por accidente, nunca por ahogo en el mar. Yo pido protección para los míos, que son muchos. Y la protección, estoy segura, vendrá.

Pero, ¿y el joven? ¿Y su historia? Es posible que fuera estudiante. Nunca lo sabré. Me quedé solamente mirando el mar y el caserío. Doña Lourdes, imperturbable, preguntándome si ajustaba más la cintura. Yo le dije que sí, que la cintura tiene que verse apretada. Pero estaba atónita. Atónita en mi vestido nuevo.

Clarice Lispector

Clarice Lispector

(A través de «Las cuatro esquinas, una intersección literaria»)

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Reflexión literaria. José Emilio Pacheco

No hay posteridad. Un libro nace de su momento y se escribe para él. Después sobreviene una infinita serie de malentendidos. Ejemplo extremo: Jonathan Swift. Hizo en ‘Gulliver’ la más amarga invectiva contra el género humano y hoy es un autor para niños.

José Emilio Pacheco

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Ventana a YouTube. Paul Simon / Joan Baez. «The Boxer

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John Coltrane. Antonio Muñoz Molina

La música perdida

La posteridad de John Coltrane es tan fértil como lo fue su vida. Lo que desapareció irrumpe luminosamente en el tiempo

Origen: La música perdida | Babelia | EL PAÍS

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Álbum de Bibliotecas en construcción. CXXXVI

La biblioteca más grande del mundo | Biblioteca Tianjin Binhai en China

La biblioteca más grande del mundo. Descubre la biblioteca Tianjin Binhai, un lugar increíble capaz de albergar 1,2 millones de libros

Origen: La biblioteca más grande del mundo | Biblioteca Tianjin Binhai en China

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Entrevista con Luis Alberto de Cuenca

El poeta Luis Alberto de Cuenca, que presentó ‘Bloc de otoño’ en Santander DAVID S. BUSTAMANTE

Luis Alberto de Cuenca: «Tan importante es un buen cómic de Frank Miller como la Ilíada de Homero»

Pese a llevar ya varios meses con la promoción de su nuevo libro y dejar ver en la mirada muchos más, Luis Alberto de Cuenca (Madrid, 1950) pasea absorto por los pasillos del Palacio de la Magdalena de Santander. Los lujosos salones, de parqué impoluto, reflejan a un hombre culto como el que más, pero consciente del cambio de los tiempos. La madera lustrosa nos devuelve la figura de un poeta pulcro que huye de lo soez, pero que ha hecho del amor explícito uno de los temas centrales de su producción.

Para la alta cultura, el cómic ha sido tradicionalmente relegado a un espacio infantil, a una expresión simplista.

Origen: ELMUNDO

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Francis Bacon, filósofo bronquítico. Eugenio Baroncelli

Nació en Londres en I 561. Ministro de Justicia primero y Lord Canciller de Inglaterra de Jacobo I Estuardo después, en 1621 estuvo involucrado en un proceso por corrupción, vicio contra el cual él mismo había abominado con palabras que parecían definitivas. Cuatro años después admitió abiertamente su culpa en la Cámara de los Lores. Fue indultado por sus méritos pasados, pero así y toda su carrera política se truncó y tuvo que retirarse de la vida pública. 

Maldijo la primavera inglesa. En una gélida tarde de marzo de 1626, mientras discutía sobre la conservación de los cuerpos con el doctor Witherborne, médico de la Corte, quiso demostrarle que para detener la putrefacción lo único que sirve es el frío. Se bajó de la carroza y corrió a comprarle a una campesina un pollo, y lo enterró con cuidado en la nieve. Unos días después, en el comunicado a Witherborne en el que le hablaba del éxito del experimento, se dejó traicionar por su proverbial grandilocuencia, comparándose al viejo Plinio, que en nombre de la ciencia se dejó morir estoicamente entre las llamas del Vesubio. El hecho es que durante el desarrollo de aquellas heroicas y ordinarias maniobras en la nieve cogió tanto frío que tuvo que meterse en la cama, y el 9 de abril, con el rostro pálido como el de un ahogado, murió asfixiado por la bronquitis.

Parece un final de gran pensador. Llegó tarde por poco a la nevera, que serviría para conservar los alimentos. Otro, el friolero René Descartes, moriría veinticuatro años después tras haber ingerido alimentos que alguien había conservado así, y condimentado después con arsénico.

Eugenio Baroncelli. Doscientas sesenta y siete vidas en dos o tres gestos

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El gran diálogo del Quijote, Fernando Vallejo

¿Y si el Quijote no es una novela de tercera persona, qué es entonces, cómo lo podemos describir aunque sea por fuera? Es un diálogo. Un gran diálogo entre don Quijote y Sancho con la intervención …

Origen: El gran diálogo del Quijote, Fernando Vallejo – Calle del Orco

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Reflexiones. Charles Bukowski

Me pregunto cúal será el sitio para todos aquellos que no queremos ser nada, que no aspiramos a nada, que simplemente nos queremos quitar de en medio de la masa, que abrimos la boca lo menos posible y que de vez en cuando escupimos al papel toda la mierda que llevamos dentro. ¿Dónde estará ese sitio?

Bukowski

Charles Bukowski.

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Ricardo Piglia (re)escribe dos obras. Patricio Pron

Ricardo Piglia, visto por Olalla Ruiz

En su último libro póstumo, el escritor argentino ofrece una lectura excepcional sobre Onetti que sirve también para revisitar sus propios textos

Origen: Ricardo Piglia (re)escribe dos obras | Babelia | EL PAÍS

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