Los escritores argentinos siempre dicen, bueno, los libros de mi vida, a ver, la Divina Comedia, claro, la Odisea, los sonetos de Petrarca, las Décadas de Tito Livio, navegan por esas antiguas aguas profundas, pero yo no me refiero a la importancia de los libros, me refiero simplemente a la impresión vívida que está ahí, ahora, descolgada sin remitente, sin fecha, en la memoria. El valor de la lectura no depende del libro en sí mismo, sino de las emociones asociadas al acto de leer. Y muchas veces atribuyo a esos libros lo que corresponde a la pasión de entonces (que ya he olvidado).

Ricardo Piglia
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