Antología de pequeños tesoros literarios. «Lame tu piel el animal del llanto». Antonio Gamoneda

Lame tu piel el animal del llanto, ves grandes números infecciosos y, en el extremo de la indiferencia, giras insomne, musical, delante del último dolor.

Vienen, extienden

sobre tu corazón sábanas frías.

Antonio Gamoneda
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Digitalizan los bellísimos diarios de Paul Klee

Digitalizan los bellísimos diarios de Paul Klee

Origen: Digitalizan los bellísimos diarios de Paul Klee – Cultura Inquieta

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Carta de Juan Rulfo a Clara Aparicio

Chiquilla:

¿Sabes una cosa?
He llegado a saber, después de muchas vueltas, que tienes los ojos azucarados. Ayer nada menos soñé que te besaba los ojos, arribita de las pestañas, y resultó que la boca me supo a azúcar; ni más ni menos, a esa azúcar que comemos robándonosla de la cocina, a escondidas de la mamá, cuando somos niños.
También he concluido por saber que los cachetitos, el derecho y el izquierdo, los dos, tienen sabor a durazno, quizá porque del corazón sube algo de ese sabor.
Bueno, la cosa es que, del modo que sea, ya no encuentro la hora de volverte a ver.
No me conformo, no; me desespero.
Ayer pensé en tí, además, pensé lo bueno que sería yo si encontrara el camino hacia el durazno de tu corazón; lo pronto que se acabaría la maldad a mi alma.
Por lo pronto, me puse a medir el tamaño de mi cariño y dio 685 kilómetros por la carretera. Es decir, de aquí a donde tú estás. Ahí se acabó. Y es que tú eres el principio y fin de todas las cosas.

Juan

Juan Rulfo
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Konstantinos Kavafis – El dios abandona a Antonio

Cuando de pronto, a media noche oigas
pasar una invisible compañía
con exquisitas músicas y voces,

Origen: Konstantinos Kavafis – El dios abandona a Antonio

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Ventana a YouTube. Entrevista a Mario Benedetti

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Columna: Yo soñé que tu corazón se hacía añicos. Fernanda Trías

El escritor uruguayo Mario Levrero fue amigo y maestro literario de la autora. Falleció en 2004 y ella guarda intacto los recuerdos sobre él

Origen: Columna: Yo soñé que tu corazón se hacía añicos | EL PAÍS Semanal

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Álbum de Bibliotecas en construcción. CXXXVII

Biblioteca de la Abadía de Melk, Austria

Biblioteca de la abadía de Saint-Gallen, Suiza

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Un hombre lee en Sarajevo. Pablo Mediavilla Costa

Las ruinas de la Biblioteca Nacional, destruida durante el sitio de Sarajevo. Era, junto a la biblioteca Gazi Husrev-beg y el Instituto Oriental, una de las mayores bibliotecas de la ciudad. Fotografía: Hidajet Delic / Cordon Press.

Sabed, oh, amados, que el hombre no fue creado en broma o al azar,sino maravillosamente y para un gran fin. A pesar de no perdurar, vive para siempre;y aunque su cuerpo es malo y terrenal, su espíritu es excelso y divino. Ante la prueba de la abstinencia, purgado de las pasiones carnales, alcanza lo más alto, y en lugar de ser un esclavo de la lujuria y el odioes investido con cualidades angelicales. 

La alquimia de la felicidadAbu Hamed al-Ghazali (1058-1111).

Con el cerco, con los morteros y los cañonazos del cerco, llegaron los francotiradores; sombras crueles que asomaban por los boquetes de los edificios y tumbaban a mujeres con la permanente recién hecha, a niños o perros extraviados, a ancianos que volvían de juntar unas pocas ramas o de llenar un par de garrafas a orillas del Miljacka. 

Origen: – Un hombre lee en Sarajevo

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Lectura. «Los sueños de Einstein». Alan Lightman

En 1905, mientras trabajaba en una modesta oficina de patentes en la tranquila ciudad suiza de Berna, el joven Albert Einstein esbozaba su teoría de la relatividad, una nueva concepción del tiempo. Inspirándose en estos humildes inicios, el físico y escritor Alan Lightman imagina a un Einstein de ficción que cada noche sueña con mundos en los que el tiempo se rige de maneras diferentes. En un mundo, el tiempo se congela en el momento en el que somos más felices, en otro, el tiempo transcurre hacia atrás o bien avanza más rápido en un barrio que en otro. Sueña también qué sucedería si conociéramos el fin del mundo de antemano, si no tuviéramos recuerdos o si no tuviéramos futuro. Los treinta breves relatos que forman este volumen abordan de forma poética cómo una u otra concepción del tiempo condicionaría de manera radical la actuación del ser humano.

Publicado por primera vez en 1993, el libro de Alan Lightman está considerado como un clásico moderno y ha sido elogiado tanto por la crítica literaria como por la comunidad científica. «Los sueños de Einstein» explora las conexiones entre ciencia y arte y constituye también un sutil recordatorio de la fragilidad de la existencia humana.

Contraportada de la edición de Libros del Asteroide


Textos

En este mundo el tiempo es como un flujo de agua desplazado ocasionalmente por algún escombro o brisa pasajera. De cuando en cuando una perturbación cósmica provoca que un riachuelo de tiempo se separe de la corriente principal y se conecte al caudal anterior. Cuando eso sucede, los pájaros, la tierra y las personas atrapadas en esa corriente desviada se ven arrastrados súbitamente al pasado. Las personas arrastradas hacia atrás en el tiempo son fáciles de distinguir. Visten ropa indeterminada y oscura y caminan de puntillas sin hacer ruido, sin pisar ni una brizna de hierba. Temen que cualquier cambio en el pasado provoque consecuencias drásticas en su futuro.

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En este mundo resulta enseguida obvio cuándo algo es extraño. No se ven casas ni en los valles ni en los llanos. Todo el mundo vive en las montañas. En cierto momento del pasado, los científicos descubrieron que el tiempo transcurría más despacio cuanto más lejos se estaba del centro de la tierra. El efecto era minúsculo, pero podía medirse con herramientas extraordinariamente sensibles. Cuando se tuvo noticia de ese fenómeno, ciertas personas, deseosas de permanecer jóvenes, se trasladaron a las montañas.

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Hay un lugar donde el tiempo está detenido. Las gotas de lluvia cuelgan inmóviles en el aire. Los péndulos de los relojes flotan a medio vaivén. Los perros alzan sus hocicos en aullidos silenciosos. Los transeúntes están congelados en calles polvorientas, con las piernas alzadas y como sostenidas por hilos. Los aromas de los dátiles, los mangos, el cilantro, el comino permanecen suspendidos en el espacio. Cuando un viajero se aproxima a ese lugar desde cualquier dirección, se mueve cada vez más lentamente. Los latidos de su corazón van distanciándose cada vez más, se ralentiza su respiración, desciende su temperatura corporal, se reducen sus pensamientos, hasta que llega al centro exacto y se detiene. Ese es el centro del tiempo. El tiempo viaja hacia el exterior en círculos concéntricos; en el centro está inmóvil, y se mueve a mayor velocidad a medida que el diámetro aumenta.

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¿De dónde viene esa fijación con la velocidad? La razón es que en este mundo el tiempo pasa más despacio para la gente que se mantiene en movimiento. De ahí que todos viajen a gran velocidad, para ganarlo. El efecto de la velocidad no fue percibido hasta la invención del motor de combustión interna, en los albores del transporte rápido. El 8 de septiembre de 1889, Mr. Randolph Whig, de Surrey, llevó a su suegra a Londres en coche a gran velocidad. Para su agradable sorpresa, llegó en la mitad del tiempo esperado, cuando apenas habían iniciado la conversación, y decidió estudiar el fenómeno. Después de que se publicaran sus investigaciones, nadie volvió a ir despacio nunca más.

Alan Lightman
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Fernando Savater: La peor parte

‘Babelia’ ofrece un adelanto del último libro de Fernando Savater, un canto a la vida a través de la pérdida de la persona amada

Origen: Fernando Savater: La peor parte | Babelia | EL PAÍS

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