Ventana a YouTube. Van Morrison & John Lee Hooker – I Cover The Waterfront

Van Morrison & John Lee Hooker – I Cover The Waterfront
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Hora de Ribeyro

El escritor peruano Julio Ramón Ribeyro, delante de la librería Shakespeare and Company de París en marzo de 1986

La gran novela que el escritor peruano pensaba que no iba a lograr la estuvo escribiendo día por día durante 30 años.

Antonio Muñoz Molina

Origen: Hora de Ribeyro | Babelia | EL PAÍS

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Álbum de librerías incompleto. 128

Librería en Kyoto, Japón

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Cuaderno de poemas. Fernando Pessoa

Me semiincorporo enérgico, convencido, humano,
y voy a escribir estos versos en los que digo
lo contrario.

Enciendo un cigarrillo pensando en escribirlos
y en el cigarrillo saboreo la liberación de todos
los pensamientos.
Sigo el humo como una ruta propia,
y gozo, en ese momento sensitivo y competente,
la liberación de todas las especulaciones
y la conciencia de que la metafísica es
una consecuencia de sentirse uno indispuesto.

Después me reclino en la silla
y sigo fumando.
Mientras el Destino me lo conceda,
seguiré fumando.

pessoa-heteronimo-kksg-620x349abcFernando Pessoa
[Estanco, Álvaro de Campos]

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Lectura. «La única historia». Julian Barnes

‘La única historia’: Amas, luego sufres, según Julian Barnes

El autor, estrella en el festival Kosmopolis, novela la relación entre un joven y una mujer adulta casada en ‘La única historia

Origen: ‘La única historia’: Amas, luego sufres, según Julian Barnes | Cultura | EL PAÍS


Textos

Creo que cuando eres joven piensas en el sexo casi todo el tiempo, pero no reflexionas mucho al respecto. Estás tan enfrascado en el quién, el cuándo, el dónde, el cómo —o, más a menudo, en el gran y si…— que piensas menos en el por qué y el para qué. Antes de conocer el sexo has oído todo tipo de cosas sobre él; actualmente muchas más, y mucho antes y mucho más gráficamente que cuando yo era joven. Pero el resultado viene a ser el mismo: una mezcla de sentimentalismo, pornografía y tergiversación. Cuando vuelvo la mirada a mi juventud, la veo como una época de vigor genital tan insistente que impedía el examen de para qué servía tanta pujanza.

&

Pero no lo olvides nunca, señorito Paul. Todo el mundo tiene su historia de amor. Todo el mundo. Puede haber sido un fiasco o no, puede haberse quedado en agua de borrajas, hasta puede ser que ni siquiera haya existido, que haya sido puramente mental, pero no por eso es menos real. A veces ves a una pareja que parece morirse de aburrimiento juntos y no te imaginas que puedan tener algo en común o por qué siguen viviendo juntos. Es porque en su día tuvieron su historia de amor. Todo el mundo la tiene. Es la única historia. No respondo. Me siento reprendido. No por Susan, sino por la vida.

&

Podrías preguntarme lo profunda que era mi comprensión del amor a los diecinueve años. Un tribunal quizá considerase que se basaba en unos cuantos libros y películas, conversaciones con amigos, sueños embriagadores, dolorosas fantasías sobre determinadas chicas en bicicleta, y una cuarta parte de mi relación con la primera mujer con la que me había acostado. Pero el ego de mis diecinueve años corregiría al tribunal: se «comprende» el amor más tarde, la «comprensión» del amor bordea el sentido práctico, se «comprende» el amor cuando el corazón se ha enfriado. El amante, en su rapto, no quiere «comprender» el amor, sino experimentarlo, sentir la intensidad, la clarificación de las cosas, la aceleración de la vida, el egoísmo totalmente justificable, el descaro lascivo, la vociferante alegría, la seriedad serena, el anhelo ardiente, la certeza, la simplicidad, la complejidad, la verdad, la verdad, la verdad del amor. Verdad y amor, este era mi credo. Amo a Susan y veo la verdad. Así de sencillo.

&

Eres un absolutista en el amor, y por consiguiente un absolutista contrario al matrimonio. Has meditado mucho sobre la cuestión y hallado muchas comparaciones descabelladas. El matrimonio es una caseta de perro en la que se vive a gusto y sin cadena. El matrimonio es un joyero que, en virtud de algún proceso opuesto al de la alquimia, transforma el oro, la plata y los diamantes en metal común, bisutería y cuarzo. El matrimonio es un cobertizo para barcas que contiene una canoa vieja para dos personas que ya no vale para navegar y tiene un solo remo y agujeros en el fondo. El matrimonio es…, puf, hay docenas de símiles disponibles.

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El buen sexo es mejor que el sexo malo. El sexo malo es mejor que ningún sexo, salvo cuando la ausencia de sexo es mejor que el mal sexo. El autosexo es mejor que ningún sexo, salvo cuando ningún sexo es mejor que el autosexo. El sexo triste es siempre mucho peor que el buen sexo, el mal sexo, el autosexo y ningún sexo. El sexo triste es el más triste de todos.

&

Según envejecía, su vida se convirtió en una rutina agradable, con suficiente contacto humano que lo reconfortaba y lo distraía, pero no le molestaba. Conocía la satisfacción de ser menos sensible. Readaptó a social su vida emocional. Saludaba y sonreía a mucha gente con su delantal de cuero y su gorra de tweed, plantado delante de una fotografía en color de cabras felices. Apreciaba el estoicismo y la calma, que había alcanzado más gracias a un lento crecimiento interior que por algún ejercicio de filosofía; era un crecimiento como el del coral, que en la mayoría de los climas era lo bastante fuerte para protegerse de las olas del océano. Excepto cuando no lo era. Así pues, su vida consistía sobre todo en observación y memoria. No era una mala mezcla.

Julian Barnes. La única historia

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La generosidad de Tolstói, Edith Wharton

La fiesta con la que comienza Guerra y Paz es uno de los más brillantes ejemplos, en ficción, del difícil arte de “situar” a los principales actores en el capítulo inicial de lo que va a ser una novela excepcionalmente

Origen: La generosidad de Tolstói, Edith Wharton – Calle del Orco

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A Rainer Maria Rilke. Marina Tsvetaeva.

Rainer, quiero encontrarme contigo, 
quiero dormir junto a ti, adormecerme y dormir. 
Simplemente dormir. Y nada más. 
No, algo más: hundir la cabeza en tu hombro izquierdo 
y abandonar mi mano sobre tu hombro izquierdo, y nada más. 
No, algo más: aún en el sueño más profundo, saber que eres tú. 
Y más aún: oír el sonido de tu corazón. Y besarlo.

Marina Tsvetaeva

(A través de «Literland»)

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Elizabeth Wittlin Lipton, una mirada diferente a la ocupación nazi

Elizabeth Wittlin Lipton, ante su retrato en el piso que habita en Madrid, el pasado jueves. JAIME VILLANUEVA

Hija del novelista y poeta judío Józef Wittlin, escapó a los ocho años con su madre de Polonia durante la Segunda Guerra Mundial

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Sobre el poema y sus reglas. Mark Strand

Si el logro de un poema estuviese garantizado por el mero seguimiento de unas reglas, no se tendría a los poemas en la alta estima que se les tiene. Y serían muchas las personas a las que le resultaría fácil escribir poemas, algo que, naturalmente, no ocurre. Y es que los poemas más valiosos son justo los que, deliberada o inconscientemente, rompen las reglas: aquellos poemas cuya urgencia hace que las reglas resulten irrelevantes.

Mark Strand
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Clarice Lispector, una escritora poseída por el genio

Extremas reúne retratos de trece mujeres latinoamericanas escritos por diversos autores y editados por Leila Guerriero. Aquí presentamos fragmentos del texto dedicado a la gran narradora brasileña.

Origen: Clarice Lispector, una escritora poseída por el genio – 06/09/2019 – Clarín.com

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