Como escritor, te enfrentas constantemente a la necesidad de visualizar una escena, o una secuencia, o un sentimiento, para, a continuación, de la manera más cabal que puedas, ponerlo en palabras…
… Al principio eres capaz de escribir en cualquier sitio, pero has de dedicarle tiempo a escribir, has de escribir en lugar de vivir.
Acosado y perseguido por un régimen nazi que prohibió sus obras y le empujó a un exilio errante, Stefan Zweig buscó consuelo mirándose en la crisis vital de otro gran escritor, Lev Tolstói, cuyo pensamiento desgranó en “Tolstói, pensador radical”, un ensayo inédito que Errata Naturae incluye en el volumen La revolución interior, también con textos desconocidos del ruso.
La literatura tiene una capacidad ciudadana y social; hay otros escritores para los que su ombligo es lo más importante pero para mí lo más importante es dar un reflejo de una sociedad, en este caso la cubana, hablar sobre los conflictos, contradicciones, esperanzas de la gente a través de la literatura.
Es verdad que no hay que cansarse de pedir a los escritores claridad, sencillez y solicitud ante las masas que no escriben, pero a veces también llegamos a dudar de que todos sepan leer. Leer es mu…
Lo encontraron en su casa de Buenos Aires, caído en el suelo, desmayado, respirando apenitas. Mario Benedetti había sufrido el más feroz ataque de asma de toda su vida.
En el Hospital Alemán, el oxígeno y las inyecciones lo devolvieron, poquito a poco, al mundo, o a algún otro planeta más o menos parecido. Cuando alzaba los párpados, veía muñequitos que bailaban, tomados de la mano, en la remota pared, y entonces volvía a sumergirse en un silencio asueñado y ausente. Estaba molido. Había sido aporreado por Joe Louis, Rocky Marciano y Cassius Clay, todos a la vez, aunque él nunca les había hecho nada.
Escuchó voces. Las voces iban y venían, se acercaban, se alejaban, y en alemán decían algo así como mal, mal, lo veo muy mal; un caso difícil, difícil; quién sabe si pasa de esta noche. Mario abrió un ojo y no vio muñequitos. Vio unas túnicas blancas, al pie de su cama. Con voz de bandera arriada, preguntó:
—¿Tan grave estoy?
Lo preguntó en perfecto alemán. Y uno de los médicos se indignó:
—¿Y usted por qué habla alemán, si se llama Benedetti?
El ataque de risa lo curó del ataque de asma y le salvó la vida.
Siempre nos piden que entendamos el punto de vista de los demás no importa cual estúpido o aburrido sea.
Te piden que veas su fatal error sus vidas malgastadas con amabilidad, especialmente si son viejos. Pero la vejez es el total de nuestros actos ellos envejecieron mal porque vivieron mal, rehusaron ver. ¿No es su responsabilidad? ¿De quién es? ¿mía? Me piden que no les diga lo que pienso por miedo de su miedo. La vejez no es un crimen.
Pero la vergüenza de una vida deliberadamente malgastada entre tantas vidas deliberadamente malgastadas. Sí lo es.
Lo queremos porque es bondadoso. Es bondadoso como ser humano y muy bueno como escritor. Tiene un corazón tan grande que Dios necesitó fabricar un cuerpo también grande para acomodar ese corazón suyo. Luego mezcló los sentimientos con el espíritu de Julio. De allí resultó que Julio no solo fuera un hombre bueno, sino justo. Todos sabemos cuanto se ha sacrificado por la justicia. Por las causas justas y porque haya concordia entre todos los seres humanos. Así que Julio es triplemente bueno. Por eso lo queremos. Lo queremos tanto sus amigos, sus admiradores y sus hermanos. En realidad, él es nuestro hermano mayor. Nos ha enseñado con sus consejos y a través de los libros que escribió para nosotros lo hermoso de la vida, a pesar del sufrimiento, a pesar del agobio y la desesperanza. Él no desea esas calamidades para nadie. Menos para quienes sabe que, más que sus prójimos, somos sus hermanos. Por eso queremos tanto a Julio.
“Nunca he podido escribir cuando bebía. Me volvía sentimental, perdía precisión, agudeza, foco, claridad”
Eterno aspirante al Premio Nobel, su obra ha sido comparada con la de Ibsen y Beckett. Es una gloria nacional de las letras en Noruega y su teatro ha sido representado en todo el mundo
La serie que catapultó a la fama a Karl Ove Knausgård, aparecida a lo largo de la última década, tal vez sea recordada como una gran novela fallida o como una obra de arte brutal.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)