10 autores que escribían de pie

Multitud de escritores escriben o escribían de pie, de Ernest Hemingway a Eduardo Mendoza. Dicen que ayuda a concentrarse. Repasamos algunos de los autores que tienen este hábito para escribir.

Origen: 10 autores que escribían de pie – Librópatas

Publicado en Anécdotas, El oficio de creador | Etiquetado | Deja un comentario

Álbum de Bibliotecas en construcción. CCX

Biblioteca en los andenes de la estación de metro «Nuevos Ministerios». Madrid

Bibllioteca de Seúl
Publicado en De libros y bibliotecas, Imágenes | Etiquetado | Deja un comentario

Entrevista a Alejandro Zambra

El escritor Alejandro Zambra fotografiado en su casa en la Colonia San Miguel Chapultepec, México DF.ANA HOP

Alejandro Zambra: “Crecimos convencidos de que no había segundas oportunidades”

Perfeccionista y cerebral, el autor de ‘Poeta chileno’ ha contado y recontado la historia silenciosa de Chile, que es, en realidad, la suya propia. Las casas donde se calló por instinto de supervivencia, la vida en las calles de un país represaliado, la literatura de biblioteca. También el lento proceso de salida de todo aquello, en el que hombres como él cuestionan la inquebrantable masculinidad de su educación

Origen: Alejandro Zambra: “Crecimos convencidos de que no había segundas oportunidades” | EL PAÍS Semanal | EL PAÍS

Publicado en El oficio de creador, Entrevista | Etiquetado | Deja un comentario

 Una carta desde Tegucigalpa. Mark Strand

Querida Henrietta, ya que tuviste la deferencia de preguntarme por qué dejé de escribir, voy a tratar de responderte lo mejor que pueda. En los viejos tiempos, mis pensamientos eran como pequeñas chispas que brotaban de la penumbra de mi conciencia; yo los transcribía y, página tras página, brillaban con una luz que yo llamaba mía. Sentado ante mi escritorio me asombraba ante lo que estaba sucediendo. Hasta cuando veía que las luces se esfumaban y mis pensamientos se convertían en tenues evocaciones insignificantes, yo seguía asombrado ante el crepúsculo de tanta promesa. Y cuando desaparecían, como inevitablemente ocurría, estaba dispuesto a empezar de nuevo, dispuesto a sentarme en la oscuridad durante horas a esperar aunque más no fuera una simple chispa, aun sabiendo que no arrojaría casi nada de luz. Lo que entonces no entendía, y lo que ahora entiendo demasiado bien, es que las chispas traen con ellas el deseo de ser liberadas de la carga de tener que brillar. Y es por eso que ya no escribo, y es por eso que la oscuridad es mi libertad y mi felicidad.

Mark Strand

Mark Strand

(A través de Isaías Garde)

Publicado en El oficio de creador | Etiquetado | Deja un comentario

Crítica: «Piedra, papel, tijera» de Maxim Osipov. Patricio Pron

Publicado en Crítica literaria | Etiquetado , | Deja un comentario

En un poema no hay intermediarios. José Emilio Pacheco

En un drama, una novela o una película, las cosas le suceden a otros, con los que nos identificamos en mayor o menor medida. En un poema no hay intermediarios: el “yo” que habla en sus versos se transforma, si se logra el contacto, en el “tú” que lo lee.

José Emilio Pacheco

Publicado en El oficio de creador, Teoría literaria | Etiquetado | Deja un comentario

Crítica: ‘La avenida’. Francesco Pecoraro. Por Patricio Pron

Retrato del escritor italiano Francesco Pecoraro, en Erba (Italia) en septiembre de 2014.LEONARDO CENDAMO (GETTY IMAGES)

‘La avenida’: La decadencia de Europa, un apocalipsis lentísimo

Estrenado en la literatura a los 62 años, el escritor italiano Francesco Pecoraro publica ‘La avenida’, su segunda novela, donde reflexiona sobre la pérdida de ideas y bienes materiales de toda una generación

Origen: ‘La avenida’: La decadencia de Europa, un apocalipsis lentísimo | Babelia | EL PAÍS

Publicado en Crítica literaria | Etiquetado , | Deja un comentario

Lectura: «Queridos niños». David Trueba

David Trueba, la política como un juego de niños

Con brillantez e ingenio, el escritor retrata nuestra realidad política a través de una delirante campaña electoral que nos confirma en un escepticismo casi, casi hogareño

Origen: David Trueba, la política como un juego de niños


Textos

Te referías a mi manía de llamarles queridos niños a ellos, a la gente, a los electores. Sí, yo los llamo mis queridos niños, te lo dije en la primera reunión, porque así no me olvido de sus caprichos infantiles, no me dejo engañar por esa incomprensible superioridad que exhiben sobre los políticos. Los políticos son todos tal, dicen, o los políticos son todos cual, como si jamás se hubieran visto representados por ellos en el espejo. Porque el espejo les miente, tú eres más guapa, tú eres mejor, les dice, y ellos se lo creen, pero son iguales. Como el perro se acaba pareciendo al amo. ¿O era al revés? El votante termina por ser igual que lo votado. ¿O era al revés?


Debió de ser guapo y elegante, pero ahora es un señor gagá casado con una tipa como tú que aún destila ganas de vivir y que se ha quitado el lastre de las exigencias de encima como hacen algunas mujeres al cumplir los sesenta y no ceder a las presiones de lo competitivo. No es goce ni ganas de gozar lo que transmites, porque, te lo confieso, tu erotismo está embridado, das la sensación de tener orgasmos de flauta travesera, tan leves como metálicos. ¿Miento acaso? Con ese tipo de marido, me temo que tus grandes pasiones han sido intelectuales. Que vuestros éxtasis han sucedido en exposiciones y museos, en aulas y conferencias, que cuando llegáis a los hoteles donde os alojan para asistir a cursillos el mayor vicio que os permitís es gozar del champú gratis. Pero lo grave es que el momio actual no te aporta nada y hasta Arroba, que es idiota, cuando le echó un ojo nos advirtió que mejor guardarlo de los medios, era un poco deprimente como consorte. Puede que te otorgara una imagen de mujer ordenada, pero decidimos no pasearlo demasiado porque más que un marido parecía un paragüero forjado pasado de moda que conservas porque era de tus bisabuelos.


Al salir de la emisora nos concedieron un instante de intimidad. Te convencí para que tomaras un gin-tonic. Al fin y al cabo el alcohol es el más infalible de los estimulantes anímicos. A media mañana es además garantía de que la jornada pintará bien. Cuanto antes se empieza a beber, antes se empieza a empujar el mundo real fuera de la vista. Te dije lo que pensaba. Para mí, todas las personas que se dedican a la política lo hacen porque hay un vacío en su vida. Es una manera de llenarlo. Tú habías llegado al ocaso familiar, con un marido anciano y una hija que volaba sola, y la política se te presentaba como una aventura personal más excitante que la jubilación. Podrías haberte buscado un amante, eras una mujer en esa edad estupenda y serena, pero a lo mejor el sexo te daba miedo, porque el sexo puede llevarte a donde tú no quieres. En cambio la política es una exposición que justifica una vida. Tenía sus riesgos, pero merecía la pena, ¿verdad? Entre disolverte o brillar, optabas por lo último.


–Yo ya te he hablado de mi hijo –te volví a contar–. Pertenece a esa nueva generación engatusada por la explosión tecnológica que los ha llenado de nada. No son catetos ni insensibles, pero son sumisos y angustiados. Hubiera preferido que al menos me odiara, que me mirara por encima del hombro, que me matara como hemos hecho todos con los padres. Pero ni para eso llega.


Nos instalaron en el mismo reservado en el que años atrás dos oscuros diputados decidieron una presidencia autonómica con su desaparición el día de las votaciones. Lo sabía por el jefe de sala, cercano y afable, muy aficionado a las confidencias. Aquella conjura vino acompañada de un intercambio de dinero nunca del todo aclarado, pero certero y eficaz. Fue en los años en que vivía en Estados Unidos y mi país entraba en la era del saqueo que yo observé en la distancia. Se privatizaron todas las grandes empresas nacionales y se nombraban presidentes inéditos, gestores con conocimientos mínimos, compañeros de pupitre, colegas de infancia, parejas de tenis, hasta el urólogo de un presidente podía ser puesto al frente de la firma mayor hidroeléctrica si al responsable le salía de la polla. Repartirse el tesoro y la dirigencia desde los mejores asientos en consejos y sillones en las juntas alimenticias pasó a ser la caza mayor del reino.


Era evidente que preferías hablar de los tiempos antiguos. El presente es siempre un incordio difícil de entender. Como me dijiste en el autobús, algún día no seremos más que una sombra olvidada bajo el resumen sintético de estos últimos cincuenta años de país. Los libros de historia hacen con los tiempos lo que los novelistas con los personajes de ficción, dotar a su vivencia de una lógica de la que se carece. Eso lo aprendí del periodismo, que es un arte urgente para explicar como lógico lo que acaba de suceder. Es otra rama de la ficción literaria. Como los cronistas deportivos, que explican por qué ha ganado el que ha ganado. Siempre acertamos pero después del partido, así que no somos más que pitonisos sin riesgo, videntes a tiro pasado.

Publicado en El oficio de lector, Lecturas | Etiquetado | Deja un comentario

Cuento: «El ladrón del sábado». Gabriel García Márquez

Ladrón de sábado

Hugo, un ladrón que sólo roba los fines de semana, entra en una casa un sábado por la noche. Ana, la dueña, una treintañera guapa e insomne empedernida, lo descubre in fraganti. Amenazada con la pistola, la mujer le entrega todas las joyas y cosas de valor, y le pide que no se acerque a Pauli, su niña de tres años. Sin embargo, la niña lo ve, y él la conquista con algunos trucos de magia. Hugo piensa: «¿Por qué irse tan pronto, si se está tan bien aquí?» Podría quedarse todo el fin de semana y gozar plenamente la situación, pues el marido -lo sabe porque los ha espiado- no regresa de su viaje de negocios hasta el domingo en la noche. El ladrón no lo piensa mucho: se pone los pantalones del señor de la casa y le pide a Ana que cocine para él, que saque el vino de la cava y que ponga algo de música para cenar, porque sin música no puede vivir.
A Ana, preocupada por Pauli, mientras prepara la cena se le ocurre algo para sacar al tipo de su casa. Pero no puede hacer gran cosa porque Hugo cortó los cables del teléfono, la casa está muy alejada, es de noche y nadie va a llegar. Ana decide poner una pastilla para dormir en la copa de Hugo. Durante la cena, el ladrón, que entre semana es velador de un banco, descubre que Ana es la conductora de su programa favorito de radio, el programa de música popular que oye todas las noches, sin falta. Hugo es su gran admirador y. mientras escuchan al gran Benny cantando Cómo fue en un casete, hablan sobre música y músicos. Ana se arrepiente de dormirlo pues Hugo se comporta tranquilamente y no tiene intenciones de lastimarla ni violentarla, pero ya es tarde porque el somnífero ya está en la copa y el ladrón la bebe toda muy contento. Sin embargo, ha habido una equivocación, y quien ha tomado la copa con la pastilla es ella. Ana se queda dormida en un dos por tres.
A la mañana siguiente Ana despierta completamente vestida y muy bien tapada con una cobija, en su recámara. En el jardín, Hugo y Pauli juegan, ya que han terminado de hacer el desayuno. Ana se sorprende de lo bien que se llevan. Además, le encanta cómo cocina ese ladrón que, a fin de cuentas, es bastante atractivo. Ana empieza a sentir una extraña felicidad.
En esos momentos una amiga pasa para invitarla a comer. Hugo se pone nervioso pero Ana inventa que la niña está enferma y la despide de inmediato. Así los tres se quedan juntitos en casa a disfrutar del domingo. Hugo repara las ventanas y el teléfono que descompuso la noche anterior, mientras silba. Ana se entera de que él baila muy bien el danzón, baile que a ella le encanta pero que nunca puede practicar con nadie. Él le propone que bailen una pieza y se acoplan de tal manera que bailan hasta ya entrada la tarde. Pauli los observa, aplaude y, finalmente se queda dormida. Rendidos, terminan tirados en un sillón de la sala.
Para entonces ya se les fue el santo al cielo, pues es hora de que el marido regrese. Aunque Ana se resiste, Hugo le devuelve casi todo lo que había robado, le da algunos consejos para que no se metan en su casa los ladrones, y se despide de las dos mujeres con no poca tristeza. Ana lo mira alejarse. Hugo está por desaparecer y ella lo llama a voces. Cuando regresa le dice, mirándole muy fijo a los ojos, que el próximo fin de semana su esposo va a volver a salir de viaje. El ladrón de sábado se va feliz, bailando por las calles del barrio, mientras anochece.


FIN

Gabriel García Márquez
Publicado en Colección de textos literarios o no | Etiquetado | Deja un comentario

El teatro. Juan Mayorga

Cada vez que entra a un teatro, el espectador puede encontrarse con su doble. Ese es el desdoblamiento más importante: el teatro es un lugar en que puedo encontrarme con mi doble. En ese encuentro se me revela mi forma. Mi doble no es una copia de mí, sino otra posibilidad de mí. Incluye lo latente, lo fallido, lo reprimido de mí”.

Juan Mayorga
Publicado en Teatro, Teoría literaria | Etiquetado | Deja un comentario