Había una vez una mosca que todas las noches soñaba que era un Águila y que se encontraba volando por los Alpes y por los Andes.
En los primeros momentos esto la volvía loca de felicidad; pero pasado un tiempo le causaba una sensación de angustia, pues hallaba las alas demasiado grandes, el cuerpo demasiado pesado, el pico demasiado duro y las garras demasiado fuertes; bueno que todo ese gran aparato le impedía posarse a gusto sobre los ricos pasteles o sobre las inmundicias humanas, así como surgir a conciencia dándose topes contra los vidrios de su cuarto.
En realidad no quería andar en las grandes alturas, o en los espacios libres, ni mucho menos.
Pero cuando volvía en sí lamentaba con toda el alma no ser un Águila para remontar montañas, y se sentía tristísima de ser una Mosca, y por eso volaba tanto, y estaba tan inquieta, y daba tantas vueltas, hasta que lentamente, por la noche, volvía a poner las sienes en la almohada.
Rulfo tenía seis años cuando asesinaron a su padre. Fue el tema obsesivo de su obra, no solo por los ambientes violentos de sus historias, sino por su convencimiento de que la verdad está más allá de los hechos comprobables.
Todo hombre es en sí un continente, no una isla. El deseo del hombre es deseo del otro. Por ello, cuando alguien cae, caemos todos con él. Por ello ninguna tragedia es concebible en solitario, llovida del cielo. Es más, la soledad es imposible: está poblada de fantasmas. Y viceversa, de mi tragedia tu oscuridad emana. No eres un hombre, estás marcado por la oscuridad. Por no haberte arriesgado a perder el sentido, he aquí que careces de él. Lo dijo Derrida: “Todo poema corre el riesgo de carecer de sentido, y no sería nada sin ese riesgo.”
‘Nací’, una serie de textos sobre la memoria y el olvido, es una excelente muestra del inmenso y heterogéneo terreno autobiográfico que quería abarcar Perec.
Los gérmenes de una idea pueden ser grandes o pequeños, sencillos o complejos, fragmentarios o completos, quietos o móviles. Yo los reconozco por la excitación que siento enseguida cuando aparecen; la misma que produce una sola línea de un poema. Algunas de ellas parecen ser ideas para una trama, pero no lo son porque ni crecen ni se quedan en tu mente. Pero el mundo está lleno de ideas germinales. No es realmente posible estar sin ideas, ya que las ideas pueden encontrarse en todas partes. Sin embargo, hay varias cosas que pueden causar la sensación de estar “vacío de ideas”. Una es la fatiga física y mental; debido a las presiones, algunas personas no son capaces de remediar este problema, a pesar de que conocen la teoría de cómo hacerlo y lo harían si pudieran. La mejor manera, por supuesto, es dejar el trabajo y todo lo que esté relacionado con él y hacer un viaje, aunque sea uno corto y barato, para cambiar de escenario. Si no puedes hacer un viaje, sal a dar un paseo. Algunos escritores jóvenes se presionan demasiado y fuerzan la máquina. Cuando eres joven, esto puede funcionar, hasta cierto punto. Pero siempre llega el momento en el que el subconsciente se rebela, las palabras se niegan a salir, las ideas se niegan a nacer, el cerebro está exigiendo unas vacaciones, puedas permitírtelas o no. Por eso es buena idea para un escritor contar con un trabajo alternativo que le dé algo de dinero, hasta que tenga suficientes libros en su haber como para que le proporcionen un goteo constante de ingresos.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)