Pereza

5 de abril (1851)

Ocupaciones para el 6 (día). De 5 a 10, escribir. De 10 a 11, misa. De 12 a 4, comida. De 4 a 6, leer. De 6 a 10, escribir.

6 de abril (1851)

No cumplí nada.

Lev Tolstói (Diarios)

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Ataúd de frescura

Con el mar
me hago
un ataúd
de frescura

Giuseppe Ungaretti

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Lugares para la lectura

En la casa de veraneo de los abuelos Proust se encerraba a leer en un retrete con una pequeña ventana desde la que veía el campanario del pueblo. Juan Carlos Onetti leía de niño encerrado en un armario a la luz de una linterna, acompañado de un gato al que acariciaba…Muchas tardes de verano yo he leído en un granero lleno de trigo recién cosechado, y en el tacto de papel había residuos de polvo de la trilla…

Antonio Muñoz Molina

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La patria del escritor

Mi deseo de escribir nació del anhelo de poseer algo. La lengua era lo único que podía controlar.

Cuando me hice escritora, mi mesa se convirtió en mi patria

Jhumpa Lahiri, escritora de origen hindú pero establecida en EEUU. Premio Pulizer (2000), con su primera novela, Intérprete de emociones

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Sobrevivir en la guerra

Las buenas personas

Se acordó de algo que le había contado su padre siendo él (Thomas Heiselberg) todavía un adolescente, una iluminación que tuvo en el campo de batalla: no hay nada que hayas aprendido, no hay nada en lo que creas, no hay ninguna cualidad que hayas heredado o con la que te hayas hecho, no existe absolutamente nada en ti de lo que no vayas a ser capaz de deshacerte en un abrir y cerrar de ojos con tal de sobrevivir. Y después, en casa, te parecerá que lo has soñado.

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Soledad

Soledad de la protagonista (Sacha) propiciado por el arresto indiscriminado y la desaparición de sus padres y hermanos:

Las buenas personas

Es el último fin de semana del mes de marzo (1939). Está (Sacha) acostada en su cama como un ataúd. Se ha quedado sola.

Unos trenes han partido de Leningrado, sin que se sepa hacia dónde, con los cuerpos (sus padres y hermanos) que un día llenaron la casa…

…Acurrucada entre las sábanas empapadas de sudor y de grasa de pelo, husmea las últimas huellas que Kolia (su hermano) ha dejado tras de sí. Cuando pone mucho empeño en ello, nota que atrapa algo del muchacho, el rastro de la colonia del padre que Kolia solía ponerse, el olor de su pelo. Palpa la cama con los dedos, en busca de él y por un instante  le parece notar el hueco que el afilado codo del muchacho ha dejado en la sábana, pero enseguida se da cuenta de que aquello no es la huella del cuerpo de él, sino del suyo propio.

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Las buenas personas

Frase transcrita por Sacha (Alexandra), protagonista rusa en el Leningrado de 1939, de una «Carta de queja al amigo Pushkin», de autor desconocido:

A través de los cristales bañados en sangre a veces resulta difícil ver Europa

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Descripciones

Las buenas personas


Al otro lado de los ventanales brotaban las farolas que proyectaban sobre la calle una luz como de luna con sus trasparencias lechosas hermanando cielo y tierra…

Los melancólicos rabos de las últimas luces de la ciudad se enroscaban con sus destellos de un oro anaranjado en las ventanillas del tren…

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Duerme la poesía

Las buenas personasPalabras de Vardamor, un viejo poeta, en la Rusia estalinista:

Ahora estoy dormido y conmigo duermen todas las cosas en las que un día creí. También la poesía y las agradables charlas. Todo lo que he sido duerme ahora, y si no sucede nada inesperado dormiré hasta mi último día. Puede que la muerte me despierte.

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Hablar a las paredes

Las buenas personas

Rusia, 1938, algunos personajes de la novela, reunidos en una habitación en plena tertulia literaria, temen ser vigilados, escuchados…

Aleksandra ahogó una risita. Esa costumbre de hablar mirando a la pared era nueva, sobre las escuchas telefónicas nadie tenía ya la menor duda y por eso, últimamente, la gente había empezado a discutir acerca del asunto de las paredes: ¿habrían puesto micrófonos en las paredes? Y de ser así, ¿en cuáles? En los círculos de ellos se creía que esa opción no era factible y, en caso de que lo fuera, se dedicarían a escuchar a personas más importantes que ellos, a pesar de todo lo cual les quedaba la duda, por lo que habían aprendido que había cosas que era mejor decírselas a la pared.

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