La experiencia y la ficción

He llegado  a formular una teoría según la cual en los momentos difíciles, en los trances dolorosos, la gente (yo, al menos: no podéis imaginar cómo aborrezco a los portavoces de la humanidad) sólo tiene dos fuentes de las que sacar material de consuelo (o desconsuelo, que eso depende de las secuelas del carácter o de la propia ciclotimia): la experiencia y la ficción.

Sed de sal. Hidalgo BayalReflexión de Travel, protagonista de La sed de Sal

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Reescribir

En mi recuerdo, García Márquez se dedicó sobre todo a preguntar, que es lo que suelen hacer  los sabios, y en determinado momento me preguntó cuántas veces reescribía un libro. Empecé por dar explicaciones: dije que, aunque casi siempre escribía a mano, en las versiones sucesivas usaba el ordenador, y que entonces podría reescribir decenas de veces una misma frase, un mismo párrafo….»No, no», me interrumpió, como si me riñera. «Nada de frases, nada de párrafos ¿Cuántas veces reescribes entero el libro, de pe a pa». Tragué saliva, reflexioné, contesté: «No lo sé, depende de el libro, tal vez tres. García Márquez sonrió, satisfecho, dijo: «Yo seis».

Javier Cercas

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Lectura: «El elogio de la sombra» (II)

La casa oriental

En realidad, la belleza de una habitación japonesa, producida únicamente por un juego sobre el grado de opacidad de la sombra, no necesita ningún accesorio. Al occidental que lo ve le sorprende esa desnudez y cree estar tan sólo ante unos muros grises y desprovistos de cualquier ornato, interpretación totalmente legítima desde su punto de vista, pero que demuestra que no ha captado en absoluto el enigma de la sombra. 

Tanizaki. El elogio de la sombraUstedes, lectores, ¿no han experimentado nunca, al entrar en alguna de esas salas, la impresión de que la claridad que flota, difusa, por la estancia no es una claridad cualquiera sino que posee una cualidad rara, una densidad particular? ¿Nunca han experimentado esa especie de aprensión que se siente ante la eternidad, como si al permanecer en ese espacio perdieras la noción del tiempo, como si los años pasaran sin darte cuenta, hasta el punto de creer que cuando salgas te habrás convertido de repente en un viejo canoso?

Ahí es donde comprendí por primera vez las razones que tenían los antiguos para cubrir con oro las estatuas de sus budas y por qué se chapaban con oro las paredes de las habitaciones donde vivían las personas de categoría. Nuestros contemporáneos, que viven en casas claras, desconocen la belleza del oro. Pero nuestros antepasados, que vivían en mansiones oscuras, experimentaban la fascinación de ese espléndido color, pero también conocían sus virtudes prácticas. Porque en aquellas residencias pobremente iluminadas, el oro desempeñaba el papel de un reflector. En otras palabras, el uso que se hacía del oro laminado o molido no era un lujo vano, sino que, merced a la razonable utilización de sus propiedades reflectantes, contribuía a dar todavía más luz. Si se admite esto se comprenderá el extraordinario favor de que gozaba el oro: mientras que el brillo de la plata y de los demás metales se apaga muy deprisa, el oro en cambio ilumina indefinidamente la penumbra interior sin perder nada de su brillo.

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La guerra de las Termópilas

Los persas emplearon tantos arqueros en las Termópilas que se decía que sus flechas bloqueaban el sol.

A lo cual, un comandante espartano: Mucho mejor, así luchamos a la sombra.

De hecho solo dos espartanos sobrevivieron a las Termópilas. A uno lo mataron en el frente de alguna otra parte. El otro se ahorcó en la deshonra.

David Markson

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Lectura: «El elogio de la sombra» (I)

Oriente / Occidente: La laca / la cerámica

En realidad se puede decir que la oscuridad es la condición indispensable para apreciar la belleza de una laca. 

Tanizaki. El elogio de la sombraSi no estuviesen los objetos de laca en un espacio umbrío, ese mundo de sueños de incierta claridad que segregan las velas o las lámparas de aceite, ese latido de la noche que son los parpadeos de la llama perderían seguramente buena parte de su fascinación. Los rayos de luz, como delgados hilos de agua que corren sobre las esteras para formar una superficie estancada, son captados uno aquí, otro allá, y luego se propagan, tenues, inciertos y centelleantes, tejiendo sobre la trama de la noche un damasco hecho con dibujos dorados.

(…) éstas son buenas razones para explicar por qué se sigue sirviendo hoy en día la sopa en un cuenco de laca, pues un recipiente de cerámica está muy lejos de dar satisfacciones comparables. Y sobre todo porque, en cuanto levantas la tapa el líquido encerrado en cerámica te revela inmediatamente su cuerpo y su color. En cambio, desde que destapas un cuenco de laca hasta que te lo llevas a la boca, experimentas el placer de contemplar en sus profundidades oscuras un líquido cuyo color apenas se distingue del color del continente y que se estanca, silencioso, en el fondo. Imposible discernir la naturaleza de lo que hay en las tinieblas del cuenco pero tu mano percibe una lenta oscilación fluida, una ligera exudación que cubre los bordes del cuenco y que dice que hay un vapor y el perfume que exhala dicho vapor ofrece un sutil anticipo del sabor del líquido antes de que te llene la boca. ¡Qué placer ese instante, qué diferente del que experimentas ante una sopa presentada en un plato plano y blancuzco de estilo occidental! No resulta muy exagerado afirmar que es un placer de naturaleza mística, con un ligero saborcillo zen.

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Arden las pérdidas (y III)

Pienso en el día en que los caballos aprendieron a llorar

Gamoneda. Arden las perdidas

Antonio Gamoneda

 

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El libro: «El elogio de la sombra»

Tanizaki. El elogio de la sombraEn Occidente, el más poderoso aliado de la belleza ha sido siempre la luz. En cambio, en la estética tradicional japonesa lo esencial es captar el enigma de la sombra. Lo bello no es una sustancia en sí sino un juego de claroscuros producido por la yuxtaposición de las diferentes sustancias que va formando el juego sutil de las modulaciones de la sombra. Lo mismo que una piedra fosforescente en la oscuridad pierde toda su fascinante sensación de joya preciosa si fuera expuesta a plena luz, la belleza pierde toda su existencia si se suprimen los efectos de la sombra. En este ensayo clásico, escrito en 1933, Junichiro Tanizaki va desarrollando con gran refinamiento esta idea medular del pensamiento oriental, clave para entender el color de las lacas, de la tinta o de los trajes del teatro no; para aprender a apreciar el aspecto antiguo del papel o de los reflejos velados en la pátina de los objetos; para prevenirnos contra todo lo que brilla; para captar la belleza en la llama vacilante de una lámpara y descubrir el alma de la arquitectura a través de los grados de opacidad de los materiales y el silencio y la penumbra del espacio vacío.

Contraportada de El elogio de la sombra, de Junichiro Tanizaki, Siruela

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La vida verdadera

La vida verdadera, la vida por fin descubierta y deslumbrante, la única vida consecuente y realmente vivida, es la literatura.

Proust

Marcel Proust

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El arte de no leer

El arte de no leer es muy importante. Éste consiste en no interesarse en todo cuanto llama la atención del gran público en un momento dado. Cuando todo el mundo habla de cierta obra, recordad que todo aquel que escribe para los imbéciles no dejará de tener nunca lectores. Para leer buenos libros, la condición previa es no perder el tiempo en leer cosas malas, pues la vida es corta. (…) Sólo el que saca sus escritos directamente de su cerebro merece ser leído.

Schopenhauer

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Experiencia de la imaginación

Cuando escribía el envenenamiento de madame Bobary, tenía una forma tan realista el sabor del arsénico en la boca, estaba de forma tan realista envenenado yo mismo, que me provoqué dos indigestiones una tras otra: dos indigestiones reales, pues vomité todo lo que había cenado.

Flaubert

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