He llegado a formular una teoría según la cual en los momentos difíciles, en los trances dolorosos, la gente (yo, al menos: no podéis imaginar cómo aborrezco a los portavoces de la humanidad) sólo tiene dos fuentes de las que sacar material de consuelo (o desconsuelo, que eso depende de las secuelas del carácter o de la propia ciclotimia): la experiencia y la ficción.
Reflexión de Travel, protagonista de La sed de Sal
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