Recopilación de textos fotografiados. «Canción de amor». Rainer Maria Rilke

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Fran Lebowitz, mala leche y lucidez en Nueva York

Fran Lebowitz en un momento del documental de Martin Scorsese

En los ácidos textos de ‘Un día cualquiera en Nueva York’ la escritora habla del arte de sobrevivir en una metrópolis y de hacerlo con elegancia y con una sonrisa sarcástica siempre en los labios.

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Hombre diminuto. Sam Shepard

Por la mañana temprano: traen el cadáver de mi padre en el maletero de un Mercury cupé del 49, todavía con una capa densa de rocío en las luces traseras. El cuerpo, de la cabeza a los pies, está firmemente envuelto en plástico transparente. Tiene el cuello, la cintura y los tobillos atados con gomas de color carne, como una momia. Se ha vuelto muy pequeño con el paso del tiempo: quizá unos veinte centímetros. De hecho, lo sostengo ahora en la palma de la mano. Les pido permiso para desenvolver su minúscula cabeza, solo para asegurarme de que está muerto de verdad. Me autorizan a hacerlo. Se quedan a un lado con las manos enlazadas por detrás de sus trajes entallados, con la cabeza gacha en una especie de duelo avergonzado, pero no se les puede reprochar. Es inteligente estar de su lado. Además ahora parecen muy educados y estoicos.

El Mercury, parado, retumba con un sonido profundo y penetrante que percibo a través de las suelas de mis zapatos. Retiro las gomas con cuidado y descubro la cara, despegando de la nariz muy despacio la tira de plástico. Produce un sonido pegajoso, como linóleo que se separa de su pegamento. La boca se le abre involuntariamente; sin duda es alguna reacción tardía del sistema nervioso, pero lo tomo por un último estertor. Le meto dentro el pulgar y noto las encías ásperas. Pequeñas ondulaciones donde tenía los dientes. Tampoco los tenía en vida; la vida que le recuerdo. Vuelvo a enrollar la cabeza en la funda de plástico, repongo las gomas y se lo entrego, dándoles las gracias con un leve gesto de la cabeza, tratando de estar a la altura de la solemnidad del momento. Lo toman cuidadosamente de mis manos y lo colocan de nuevo en el maletero oscuro, con las demás miniaturas. A ambos lados de mi padre han encajado a mujeres encogidas que conservan con perfecto detalle sus facciones atractivas: pómulos altos, cejas depiladas, pestañas embadurnadas de rímel azul, pelo lavado y peinado que huele como caña de azúcar madura. El de mi padre es el único cuerpo diminuto que mira de frente hacia una franja de luz natural. Cuando cierran el maletero la franja se vuelve negra, como si una nube hubiera cubierto bruscamente el sol.

Ahora forman un semicírculo ante mí, con las manos entrelazadas encima de las ingles, despreocupados pero formales. No distingo si son exmarines o gángsters. Parecen una mezcla de ambos. Saludo a todos uno por uno, girando en sentido opuesto a las agujas del reloj. Tengo la impresión de que algunos dan un taconazo al estilo fascista, pero quizá me lo estoy imaginando. No sé si esta lluvia acaba de empezar o si llueve desde hace un rato. Les veo alejarse bajo una ligera llovizna.

Es casi todo lo que recuerdo. Junto con este puñado de detalles hay una extraña aflicción matutina, pero no sé decir por qué.

Sam Shepard. (theguardian.com)

(A través de Isaias Garde)

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LA POESÍA. Vicente Aleixandre

La poesía es comunicación, algo que sirve para hablar con los demás hombres.

La poesía es conocimiento implacable.

Vicente Aleixandre
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Reflexiones. Giacomo Leopardi

El placer más consistente de esta vida es el placer vano de las ilusiones. Estimo que las ilusiones son cosas en cierto modo reales porque son ingredientes esenciales del sistema de la naturaleza humana, y que la naturaleza proporciona a todos los hombres, de modo que no es correcto despreciarlas como si fueran sueños de uno solo, sino que son verdaderamente propias del hombre como tal y están determinadas por la naturaleza, y sin ellas nuestra vida sería la más miserable y bárbara de las cosas, etc. Así pues, son necesarias y constituyen un componente sustancial del conjunto y orden de las cosas.

Giacomo Leopardi

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Los ‘Diarios’ de Patricia Highsmith, un acontecimiento editorial que ya tiene fecha de publicación

La escritora estadounidense Patricia Highsmith, fotografiada con su gato – ABC

La obra, inédita desde su descubrimiento hace más de 25 años, llegará a las librerías inglesas y estadounidenses el próximo 16 de noviembre y a las españolas en la primavera de 2022 de la mano de Anagrama

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La enfermedad de leer. Constantino Bértolo

La enfermedad de leer tiene sus ventajas. Otorga silencio, consuelo, oscuridad, compasión y dulce cansancio… Leer para estar en silencio. Leer para aceptar la muerte, la soledad, la herida y el consuelo.

Constantino Bértolo

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Las palabras estallaban sobre mí, Dylan Thomas

Usted quiere saber por qué y cómo empecé a escribir poesía y qué poetas o tipo de poesía me emocionaron e influyeron en mí. Para responder a la primera parte de esta pregunta diría que en primer lu…

Origen: Las palabras estallaban sobre mí, Dylan Thomas – Calle del Orco

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Dos pequeñas historias. Martín Caparrós

Yo nunca decidí que quería ser periodista, escritor. Lo único que tengo claro es que desde siempre escribí. Hay dos pequeñas historias, una respecto a la lectura y otra a la escritura, que pueden responder a la pregunta. Siempre recuerdo, y lo he instituido como una especie de origen mítico en mi relación con la literatura, un día, cuando tenía poco más de cinco años, en que iba en un coche que manejaba mi padre. En el asiento de adelante estaba él, un amigo recostado y yo en medio; detrás estaban mi madre, la mujer del amigo y mi hermano chiquito. Íbamos por una carretera en medio de la lluvia cuando mi padre perdió el control del coche, que empezó a dar vueltas por el campo. Yo iba leyendo un libro de Emilio Salgari, «A la conquista de un imperio», y en medio de las vueltas mi gran preocupación era que no conseguía seguir la historia. Se me movían las líneas mientras estábamos dando vueltas de campana… Al final el coche paró y con el impacto, en medio del campo, saltó por el aire el parabrisas y por el hueco que dejó salió volando mi libro, que recuperé en medio del barro.  Tiempo después pensé que si en medio de una situación tan amenazadora la lectura me había permitido no tener miedo, no era un mal negocio. La segunda historia tuvo lugar un poco más tarde, cuando tenía siete u ocho años. Me gustaba mucho recitar en los actos de la escuela, los días que se celebraba alguna fiesta patriótica; cuando se conmemoraba el día de la madre, el del maestro y similares. Entonces los chicos subíamos al escenario a recitar algo o a hacer alguna obrita de teatro. En algún momento se me ocurrió que además de recitar podía escribir yo mismo los poemas. Ahí fue cuando empecé a escribir: un poema a San Martín, que era el héroe de la patria argentino, otro a mi madre y así sucesivamente.

Martín Caparrós  Martín Caparrós

 

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Cuaderno de poemas. «El amor después del amor». Derek Walcott

El amor después del amor

Llegará el tiempo
en que, con alegría,
te saludarás a ti mismo al llegar
a tu propia puerta, y en tu propio espejo
cada cual sonreirá ante la bienvenida del otro,

y dirá, siéntate aquí. Come.
Amarás otra vez al extraño que fuiste.
Dale vino. Dale pan. Devuelve tu corazón
a sí mismo, al extraño que te amó

durante toda tu vida, a quién ignoraste
por otro, a quien te conoce de memoria.
Quita las cartas de amor de los estantes,

las fotos, las notas desesperadas,
Arranca tu propia imagen del espejo.
Siéntate. Celebra tu vida.

Derek Walcott

Derek Walcott

(Versión de Isaias Garde)

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