Empecé a escribir después de la Segunda Guerra Mundial, y la cuestión de cómo hacerlo frente a la atrocidad del mundo se impuso a mi generación. Comprendí bastante pronto que, si la literatura se limita a reflejar el horror de la realidad, esta siempre tendrá la última palabra. No se puede competir en tragedia con la realidad. Fue entonces cuando decidí buscar equivalencias en otros registros de expresión. Quizá encontrar el equivalente cómico. Pienso que es la única manera de hablar del mundo que nos rodea, que sigue siendo el de El Salvador, Camboya o Afganistán.

Italo Calvino
Descubre más desde Los cuadernos de Vieco
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.