Lectura: «Stella». Takis Würger

Stella Goldschlag

Stella Goldschlag, la judía que enviaba a sus correligionarios a las cámaras de gas

Takis Würger publica en España ‘Stella’, sobre una de las figuras más siniestras de la época nazi. El libro causó un gran revuelo mediático en su país y fue atacado duramente por una parte de la crítica

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Textos

En 1922, un juez condenó a Adolf Hitler a tres meses de prisión por alterar el orden público, un arqueólogo inglés descubrió la tumba de Tutankamón, James Joyce publicó Ulises , el Partido Comunista de Rusia eligió a Iósif Stalin como secretario general y nací yo.


Cuando los tanques alemanes entraron en Libia en la primavera de 1941 porque así lo dictaba la Operación Girasol, mi madre izó una bandera con la cruz gamada en la torre de casa. Fue la única vez en mi vida que oí rugir a mi padre. Luego pidió, en tono calmado, a uno de los chicos que por favor quitara la bandera del mástil, se fue al invernadero, cerró la puerta de cristal esmerilado y soltó el grito que anunció el fin de su matrimonio.


Enero de 1942 Aquel mes se inicia la construcción de las autopistas del Tercer Reich. En un llamamiento al pueblo alemán por Fin de Año, el canciller del Reich, Adolf Hitler, hace hincapié en su predisposición a la paz y llama «belicista» al presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt. Todas las competiciones de esquí, incluido el campeonato del mundo de Garmisch-Partenkirchen, quedan canceladas para que los esquiadores estén a disposición de la Wehrmacht. La temperatura en Múnich alcanza treinta grados centígrados y medio bajo cero. Primero de los diez mandamientos del doctor Joseph Goebbels para todos los nacionalsocialistas: «Ama a Alemania sobre todas las cosas, y demuéstralo con hechos más que con palabras.» En los restaurantes berlineses se introduce un plato de la cocina de campaña elaborado a base de alubias y carne de caballo; supuestamente se parece a lo que comen los soldados en el frente. Benno von Arent se convierte en delegado de la moda del Tercer Reich: la falta de tejidos convierte este departamento en todo un reto. La Comisión Estatal del Pan Integral pone un anuncio en la prensa con el texto: «El pan integral es mejor y más sano.» En Louisville, Kentucky, una joven sirvienta tiene un hijo y lo llama Cassius Marcellus Clay Junior. A 7.290 kilómetros al nordeste de allí en línea recta, en Wannsee, el Obergruppenführer de las SS , Reinhard Heydrich, convoca una reunión. En ella, el ingeniero mecánico Adolf Eichmann explica cómo hay que matar a los judíos de Europa. Cuando el plan está listo, los hombres beben coñac mientras contemplan el lago.


Esa mujer interpretaba muchos papeles: la modelo de pintura, la cantante de voz tenue, la belleza en mi bañera, la penitente, la mentirosa, la víctima, la delincuente. Stella Goldschlag, la confidente de la policía, mi mujer.


Pensé en mi mujer. Pensé en ti. En ti, con tu mella en la dentadura y el cabello suave y espeso. Nos habríamos casado en abril, junto al lago. Te habría construido un teatro y te habría comprado vestidos de lentejuelas. Habrías bailado valses vieneses conmigo, insegura pero feliz. Habrías sido la madre de mis hijos. Nos habríamos cogido de la mano en el parque. Habría subido contigo al Orient Express hasta Estambul, y habría bebido café con azúcar en el bazar. Habrías pintado de colores las paredes de nuestra casa. Te habrías sentado a mi lado en el coche y habríamos cantado. Te habrías despertado todas las noches entre mis brazos, jamás te habría soltado. Te habría dicho la verdad.

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Robert Walser, atroz e irresistible

Recuerdo con ansiedad la adicción que despertó el escritor suizo en todos nosotros, aún impresionables y jóvenes: nos dejó sin aliento y sin herramientas para juzgar su escritura rica y apasionada, pero siempre al amparo del desdén más profundo

Origen: Robert Walser, atroz e irresistible | Babelia | EL PAÍS

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El maestro García Márquez en «El amor en los tiempos del cólera»

Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados. El doctor Juvenal Urbino lo percibió desde que entró en la casa todavía en penumbras, adonde había acudido de urgencia a ocuparse de un caso que para él había dejado de ser urgente desde hacía muchos años. El refugiado antillano Jeremiah de Saint-Amour, inválido de guerra, fotógrafo de niños y su adversario de ajedrez más compasivo, se había puesto a salvo de los tormentos de la memoria con un sahumerio de cianuro de oro. 

Encontró el cadáver cubierto con una manta en el catre de campaña donde había dormido siempre, cerca de un taburete con la cubeta que había servido para vaporizar el veneno. En el suelo, amarrado de la pata del catre, estaba el cuerpo tendido de un gran danés negro de pecho nevado, y junto a él estaban las muletas. El cuarto sofocante y abigarrado que hacía al mismo tiempo de alcoba y laboratorio, empezaba a iluminarse apenas con el resplandor del amanecer en la ventana abierta, pero era luz bastante para reconocer de inmediato la autoridad de la muerte. Las otras ventanas, así como cualquier resquicio de la habitación, estaban amordazadas con trapos o selladas con cartones negros, y eso aumentaba su densidad opresiva. Había un mesón atiborrado de frascos y pomos sin rótulos, y dos cubetas de peltre descascarado bajo un foco ordinario cubierto de papel rojo. La tercera cubeta, la del líquido fijador, era la que estaba junto al cadáver. 

Había revistas y periódicos viejos por todas partes, pilas de negativos en placas de vidrio, muebles rotos, pero todo estaba preservado del polvo por una mano diligente. Aunque el aire de la ventana había purificado el ámbito, aún quedaba para quien supiera identificarlo el rescoldo tibio de los amores sin ventura de las almendras amargas. El doctor Juvenal Urbino había pensado más de una vez, sin ánimo premonitorio, que aquel no era un lugar propicio para morir en gracia de Dios. Pero con el tiempo terminó por suponer que su desorden obedecía tal vez a una determinación cifrada de la Divina Providencia. 

Un comisario de policía se había adelantado con un estudiante de medicina muy joven que hacía su práctica forense en el dispensario municipal, y eran ellos quienes habían ventilado la habitación y cubierto el cadáver mientras llegaba el doctor Urbino. 

Ambos lo saludaron con una solemnidad que esa vez tenía más de condolencia que de veneración, pues nadie ignoraba el grado de su amistad con Jeremiah de Saint-Amour. El maestro eminente estrechó la mano de ambos, como lo hacía desde siempre con cada uno de sus alumnos antes de empezar la clase diaria de clínica general, y luego agarró el borde de la manta con las yemas del índice y el pulgar, como si fuera una flor, y descubrió el cadáver palmo a palmo con una parsimonia sacramental.

Estaba desnudo por completo, tieso y torcido, con los ojos abiertos y el cuerpo azul, y como cincuenta años más viejo que la noche anterior. Tenía las pupilas diáfanas, la barba y los cabellos amarillentos, y el vientre atravesado por una cicatriz antigua cosida con nudos de enfardelar. Su torso y sus brazos tenían una envergadura de galeote por el trabajo de las muletas, pero sus piernas inermes parecían de huérfano. El doctor Juvenal Urbino lo contempló un instante con el corazón adolorido como muy pocas veces en los largos años de su contienda estéril contra la muerte. 

-Pendejo -le dijo-. Ya lo peor había pasado. 

Volvió a cubrirlo con la manta y recobró su prestancia académica.

En el año anterior había celebrado los ochenta con un jubileo oficial de tres días, y en el discurso de agradecimiento se resistió una vez más a la tentación de retirarse. Había dicho: “Ya me sobrará tiempo para descansar cuando me muera pero esta eventualidad no está todavía en mis proyectos”. Aunque oía cada vez menos con el oído derecho y se apoyaba en un bastón con empuñadura de plata para disimular la incertidumbre de sus pasos, seguía llevando con la compostura de sus años mozos el vestido entero de lino con el.

García Márquez
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Crítica: «Jalna». Mazo de la Roche

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La precisión en la novela. Maylis de Kerangal

Soy muy dura con las novelas que se parapetan detrás de la ficción para moverse en una especie de flujo artístico, como si escribir te eximiera de ser preciso. La novela es un lugar en el que parece que tienes bula para hacer lo que quieras. Pero eso no te puede hacer olvidar la precisión. Muchas veces me choca su ausencia. Si es un texto preciso, es mucho más fuerte. La precisión tiene que ver con la ética y muchas veces la potencia de la narración está en su precisión. Para mí, cuanto más preciso sea el texto, más se liberan las imágenes, más rico eres en las visiones. La precisión libera la imaginación, no es algo que te pegue a la realidad, sino que desata la ficción. Las novelas tienen que captar la vida, la pregunta que nos plantea una novela es siempre la cuestión de la vida. Lo que me gusta en la ficción, cuando es realista, es que te proporciona un acceso profundo al mundo. Conoces el mundo por los libros, la ficción te da acceso a otras realidades, a otras épocas, a otros mundos.

Maylis de Kerangal

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Cuaderno de poemas. «La verdad». Pablo Neruda

No me cierren los ojos
aun después de muerto,
los necesitaré aún para aprender,
para mirar y comprender mi muerte.


Necesito mi boca
para cantar después, cuando no exista.
Y mi alma y mis manos y mi cuerpo
para seguirte amando, amada mía.

Pablo Neruda

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Ventana a YouTube. Roberto Bolaño y Nicanor Parra

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Los manuscritos de las hermanas Brönte y otras joyas de la subasta de la Biblioteca Honresfield

Correspondencia de la familia Brontë se incluirá en la subasta
 Sotheby’s

Reunida a comienzos del siglo XX por los industriales victorianos Alfred y William Law, la Biblioteca Honresfield es una de las más importantes de Gran Bretaña que se

Origen: Los manuscritos de las hermanas Brönte y otras joyas de la subasta de la Biblioteca Honresfield

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Álbum de librerías incompleto 177

Librería «EL Estudiet». Benasque. España

Libreria «Au Fil Des Mots» en Blagnac, Francia
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Novedades de la editorial Sextopiso

¡Lectoras y lectores!Sabemos que teníais ganas de saber qué libros os esperarán a partir de septiembre en librerías y por fin ¡aquí están!Os presentamos los nuevos libros de autores de la casa como Mariano Peyrou, Vivian Gornick, John Gray o Inger Christensen.

Origen: (1) Facebook

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