Cuaderno de poemas. «Serenata para la tierra de uno». María Elena Walsh

Serenata para la tierra de uno

Porque me duele si me quedo 
pero me muero si me voy, 
por todo y a pesar de todo, mi amor, 
yo quiero vivir en vos.

Por tu decencia de vidala 
y por tu escándalo de sol, 
por tu verano con jazmines, mi amor, 
yo quiero vivir en vos.

Porque el idioma de infancia 
es un secreto entre los dos, 
porque le diste reparo 
al desarraigo de mi corazón.

Por tus antiguas rebeldías 
y por la edad de tu dolor, 
por tu esperanza interminable, mi amor, 
yo quiero vivir en vos.

Para sembrarte de guitarra, 
para cuidarte en cada flor 
y odiar a los que te castigan, mi amor, 
yo quiero vivir en vos.

María Elena Walsh

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Video. U2: Versión acústica de «Sunday Bloody Sunday»

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Video: La semana en diez novedades con Faemino y Cansado, pisando los límites de la desvergüenza. Con Editorial Anagrama, Astiberri, Hoja de Lata…

Librería Letras Corsarias. Salamanca

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Álbum de Bibliotecas en construcción. CCIX

Biblioteca de Alejandría – Egipto

Biblioteca abandonada
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Me he leído por ustedes una gran novela que nadie leyó en su día y les voy a contar. Alberto Olmos

El libro de José Avello, ‘Jugadores de billar’, publicado hace más de 20 años, sigue esperando a sus lectores

Origen: Me he leído por ustedes una gran novela que nadie leyó en su día y les voy a contar

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El lenguaje. Luis Landero

Confía en el lenguaje, me digo, ese sutil ejército capaz de descubrir y conquistar las más ignotas tierras, de hacer reales y tangibles hasta los mismos espejismos. Deja que las palabras fluyan, no las obligues ni aún menos las maltrates, haz con maña y dulzura tu oficio de pastor, y deja que ellas busquen los mejores pastos, que hagan sonar sus esquilas a su ritmo y manera. Tú cuida solo de que no se desmanden. Guíalas y déjate guiar por ellas, porque eres su pastor y también su sirviente.

[…]

No hay quizá mayor logro literario que conseguir que un sustantivo adquiera toda la mágica potencia que tuvo en sus orígenes.

[…]

Qué inmenso poder tiene el lenguaje, creador de realidades que, cuando fraguan, resultan más fuertes y perdurables que la propia realidad objetiva. Qué belleza y qué horror puede haber en cada palabra que uno piensa o pronuncia o escribe.

Luis Landero
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Billy Wilder buscó a su madre en la «Lista de Schindler·. Laura Fernández

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Colección de citas literarias. LXXXI

Con una mano escribo y con la otra me sostengo.

Malcolm Lowry

Tres pasiones, simples pero abrumadoramente fuertes, han gobernado mi vida: el anhelo de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. 

Bertrand Russell

Los libros hermosos están escritos en una especie de lengua extranjera.

Marcel Proust


El estilo decorativo no ha existido nunca. El estilo es el alma y, por desgracia, en nosotros el alma asume la forma del cuerpo.

Jean Cocteau

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Crítica: «Grand Hotel Europa». Ilja Leonard Pfeijffer

Ni el Grand Hotel Europa está a salvo del turismo de masas

Este misterioso «hotel» está en las listas de favoritos de libreros e influencers del libro

Origen: La Voz de Galicia

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Lectura: «El lugar». Annie Ernaux

Cada libro de Annie Ernaux nos conduce, sin tapujos ni sentimentalismos, a compartir, en lo más hondo, las experiencias y emociones más intransferibles de una mujer, que gracias al talento literario de la autora se convierten en vivencias universales. Ernaux se dio a conocer con El lugar —ganadora del Premio Renaudot en 1984—, una narración intimista, descarnadamente autobiográfica, que abre mediante la escritura un camino hacia el conocimiento del ser humano.

En abril de 1967, la narradora, por entonces una joven aspirante a profesora de secundaria, supera el examen de capacitación en un liceo de Lyón para mayor orgullo de su padre, propietario de un pequeño comercio. Para él, proveniente del durísimo medio rural de sus abuelos, esto significa otro paso adelante en su difícil ascenso social en una ciudad de provincias. Sin embargo, poco le dura esta satisfacción, ya que fallece dos meses después. Padre e hija polarizarán dos perfiles sociales, pues ambos han traspasado sus respectivos «lugares» dentro de la sociedad. El lugar se centra, pues, no sólo en los complejos y prejuicios, los usos y las normas de comportamiento de un segmento social de límites difusos, cuyo espejo es la culta y educada burguesía urbana, sino también en la dolorosa incapacidad de hallar el espacio propio que la sociedad tiene prefijado a cada individuo.

Lecturalia


Textos

No me acuerdo del médico de guardia que certificó la defunción. En unas Horas, el rostro de mi padre se hizo irreconocible. A última hora de la tarde me quedé sola en la habitación. El sol se filtraba a través de las persianas sobre el linóleo. Ya no era mi padre. La nariz se veía desproporcionada en aquella cara hundida. El rostro del hombre con grandes ojos abiertos y fijos de la hora siguiente a su muerte ya había desaparecido. Y tampoco este otro rostro volveré a verlo.


Así que empecé una novela en la que él era el protagonista. Sensación de asco a mitad de la narración.

[…]

Poco después me doy cuenta de que la novela es imposible. Para contar una vida sometida por la necesidad no tengo derecho a tomar, de entrada, partido por el arte, ni a intentar hacer algo «apasionante», «conmovedor». Reuniré las palabras, los gestos, los gustos de mi padre, los hechos importantes en su vida, todas las señales objetivas de una existencia que yo también compartí. Nada de poesía del recuerdo, nada de alegre regocijo. Una forma de escribir liaría es la que me resulta natural, la misma que empleaba en otro tiempo para escribir a mis padres y contarles las noticias más importantes.


Escribo despacio. A medida que me esfuerzo en desvelar la verdadera trama de una vida dentro de un conjunto de hechos y de decisiones tengo la sensación de que pierdo el verdadero rostro de mi padre. El retrato tiende a ocupar todo el espacio; la idea, a avanzar por sí sola. Si, por el contrario, dejo deslizarse las imágenes del recuerdo, vuelvo a verlo tal como era, su risa, su forma de andar, me lleva de la mano a la feria y las norias me aterrorizan; todas las señales de una condición compartida con otros me resultan indiferentes. Una y otra vez me obligo a apartarme de la trampa de lo individual.

[…]

Desde luego no siento ningún placer al escribir, en este empeño por mantenerme lo más cerca posible de las palabras y las frases oídas, resaltándolas a veces con cursiva. No para indicarle al lector un doble sentido y ofrecerle la satisfacción de una complicidad, que yo rechazo en cualquiera de sus formas, nostalgia, patetismo o burla. Simplemente porque esas palabras y esas frases dibujan los límites y el color del mundo donde vivió mi padre, donde también viví yo. Y donde jamás una palabra se tomaba por otra.


Dormía siempre en camisa y camiseta. Se afeitaba tres veces a la semana, en el fregadero de la cocina, sobre el que colocaba un espejo, se desabrochaba los primeros botones de la camisa y yo veía su piel, muy blanca a partir del cuello. La instalación de un cuarto de baño, señal de riqueza, empezó a generalizarse después de la guerra, y mi madre hizo poner uno pequeño en la planta de arriba, él jamás lo utilizó y siguió lavándose en la cocina. En el patio, en invierno, escupía y estornudaba a sus anchas.

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