La dificultad de escribir. Lawrence Durrell

P: Es usted como Darley en Balthazar, a quien escribir le parece tan difícil? Leemos, por ejemplo: «Escribo tan despacio, con tanta dificultad […] recluido en mi espíritu como todos los escritores […] como un barco en una botella navegando a ninguna parte». ¿Es así como se siente?

R.: Uy, no, déjenme que les cuente. En los últimos tres años, durante esa terrible situación económica que atravesé, escribí Limones amargos en seis semanas y despaché el texto mecanografiado con las correcciones. Se publicó tal como estaba. La publicación de Justine la retrasaron las bombas, pero me tomó unos cuatro meses… en realidad fue un año, porque hubo todo un período intermedio que dediqué al asunto de Chipre y dejé el libro de lado. Lo terminé en Chipre, poco antes de salir de allí. Escribí Balthazar en seis semanas, en Sommières; Mountolive lo escribí en dos meses; y terminé Clea en unas siete semanas en total. Lo bueno de estar realmente apremiado y preocupado por el dinero es que descubres que cuando hay que escribir para vivir no te haces demasiadas preguntas, simplemente pasas por el aro y te pones manos a la obra. Ahora bien, ninguno de esos originales ha sido alterado, con la excepción de Mountolive, cuya estructura me causó algunos problemas, y tuve que meter un parche por aquí, hacer un remiendo por allá… Pero, aparte de eso, los condenados textos han ido directamente de mi casa a la imprenta, fuera de los errores mecanográficos.

Lawrence Durrell

Entrevista con Lawrence Durrell (“The Paris Review”. 1953-1983)

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