Un adiós
[…] Chirbes tenía, desde el principio, una idea de la novela como narración honda de la vida humana enraizada en su tiempo. No un juego postmoderno de broma ingeniosa o autoindulgencia narcisista, pero tampoco reportaje ni crónica, sino construcción soberana hecha de estilo y de habla, empeñada en contar lo que quizás sabe contar mejor la novela, el modo en que las vidas y las conciencias se hacen en el tránsito de unos tiempos a otros, los lazos muchas veces ocultos que conectan el pasado y el presente.
[…] Libro a libro, Chirbes construía un mundo, reconocible para muchos de nosotros, pero que él hizo, ejerciendo la potestad suprema del novelista, exclusivamente suyo. Sus límites no eran geográficos, sino temporales: el mundo de las novelas de Chirbes es el de los que fueron jóvenes al final del franquismo y participaron en la resistencia clandestina, y quedaron para siempre fijados en una escisión en el tiempo: hacia atrás alcanzaban el recuerdo de la pobreza y la persecución, testigos y herederos de la generación devastada por la derrota republicana en la Guerra Civil; hacia adelante, sus vidas se proyectaban en el choque entre lo deseado o esperado y lo vivido, entre la claudicación a la indignidad o al cinismo y la persistencia de las lealtades, su descrédito lento, vinculado al declive personal, al aprendizaje del paso del tiempo.
El único patrimonio de un novelista es su experiencia íntima y completa de la parte del mundo que el azar de su biografía le ha hecho accesible. Esa experiencia Rafael Chirbes la transmutó en personajes y en historias de una variedad, una hondura y una ambición que parecen más propias de otras épocas en las que la novela era la forma suprema de la expresión de lo real.
[…] En su trato había una ternura sobria que se parecía a la que se respira entre algunos personajes de sus novelas. […]
Así es la vida. Uno acumula saber como las urracas, oye miles de discos, lee libro tras libro, ve cientos de programas de televisión, hojea millones de revistas a lo largo de la vida, piensa, se informa, y luego se muere, y seguramente, si le queda un hilo de lucidez, piensa también en todo el tiempo que ha perdido. Y en que seguramente ese tiempo perdido es lo que ha ganado.
Rafael Chirbes (1949 – 2015).
