Se sabía que T.S. Eliot, a los treinta y pico, usaba polvo facial verde pálido. Uno de los Sitwell decía que era para lucir como si estuviera sufriendo.
Manet fue tan injuriosamente condenado por los críticos que durante un tiempo se sintió demasiado avergonzado como para pedirle a alguien que posara para él.
Rossini usaba peluca. Cuando hacía frío usaba dos.
Los padres de Paul Celan encontraron la muerte en campos de concentración alemanes.
Cuando Cesare Pavese se suicidó, varias jóvenes, que ninguno de sus amigos había visto nunca, aparecieron llorando en su entierro, con la esperanza de ser tomadas por antiguas amantes.
Kerouac escribió su novela, «En la carretera», en un único rollo de papel de 36 metros de largo.
David Markson, La soledad del lector
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