Textos (II) De Rusia y los rusos

Me gustan los nombres de las calles en Rusia. En las aldeas se encuentra la «calle del Trabajo», la «calle de la Revolución de Octubre», la «calle de los Partisanos», y, a veces, la «calle del Entusiasmo», por la que circulan lentamente viejos autos grises.

Empujo la puerta de la cabaña. En Rusia, la formica triunfa. Setenta años de materialismo histórico han aniquilado todo sentido estético en el ruso. ¿De dónde viene el mal gusto?

Sylvain Tesson. La vida simpleSoy el burgués que defiende la superioridad del parqué sobre el linóleo. El esteticismo es una desviación reaccionaria. 

Los rusos construyen siempre las cosas en la urgencia, como si los soldados fascistas fueran a aparecer en cualquier momento.

Los rusos hacen tabla rasa del pasado, nunca de sus desperdicios. ¿Tirar algo? Antes morir, dicen. 

Los eslavos pueden pasarse horas mirando humedecerse los vidrios. A veces, se levantan, invaden un país, hacen una revolución, y después vuelven a soñar frente a sus ventanas, en cuartos recalentados.  

…la dejo, después de haber confirmado mi amor por Rusia, nación que manda cohetes al espacio y donde se combate contra los lobos a pedradas.

En Afganistán, los norteamericanos ponen punto final a las fiestas sorpresa lanzando un misil sobre los grupos de festejantes que vacían sus cargadores hacia el cielo. Los rusos se encargan ellos mismos de dispararse.

La cabaña cumple la función maternal. El peligro está en encontrarse demasiado bien en la cueva y vegetar en estado de semihibernación. Esta inclinación amenaza a los siberianos que no logran abandonar la atmósfera de su cabaña. Se retrotraen al estado de embrión y remplazan el líquido amniótico por el vodka.

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Buscando el proceso creativo

Hay que buscar los cuadernos de apuntes y los diarios y los borradores de un escritor, allí está lo inmediato, lo impremeditado, lo fragmentario, y por lo tanto lo más verdadero, la fluidez del proceso y no la inmovilidad del resultado, la tentativa y el tanteo y no el rumbo seguro. Un rumbo demasiado seguro es engañoso, porque puede venir menos de de la certeza que del anquilosamiento, ya que en este oficio no hay seguridad posible.

Antonio Muñoz Molina

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Textos (I) Mi vida en la cabaña

Todos los días consigné mis pensamientos en un cuaderno. Ese diario de ermitaño es lo que tenéis en las manos. 

Es curioso, cuando uno decide vivir en una cabaña se imagina a sí mismo fumando un cigarro bajo el cielo, perdido en sus meditaciones, y en la realidad está puntuando listas de víveres en un cuaderno de contabilidad. La vida, ese trámite de almacén. 

La cabaña mide tres metros por tres. Una estufa de hierro asegura la calefacción. Se volverá mi amiga. Acepto los ronquidos de esta compañera. La estufa es el eje del mundo. Alrededor de ella se organiza todo. Es una pequeña diosa que tiene vida propia.

Es de noche, son las nueve, estoy frente a la ventana. Una luna tímida busca un alma gemela pero el cielo está vacío. Yo, que le saltaba al cuello a cada segundo para extraerle hasta la última gota, aprendo la contemplación. 

Sylvain Tesson. La vida simpleSentarse frente a la ventana, la taza de té en la mano, dejar que pasen las horas, ofrecerle al paisaje declinar sus matices, no pensar más en nada y de pronto, capturar la idea que pasa, arrojarla sobre la libreta. Utilidad de la ventana: invitar a la belleza a entrar y dejar salir la inspiración.

Habría debido impregnarme de la filosofía de Dersu Uzala: en el bosque, lo único confiable es el hacha, la estufa y el cuchillo. Privado de ordenador, no tengo más que el pensamiento. El recuerdo es un impulso eléctrico como cualquier otro.

El lujo del ermitaño es la belleza.

A la noche, me emborracho lentamente. La cabaña, celda de ebriedades.

 

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El libro

Sylvain Tesson. La vida simpleTras curtirse en las más atrevidas expediciones, que lo han llevado a los confines del mundo (y hasta algunas de sus encrucijadas más peligrosas), Sylvain Tesson decidió hacer realidad un sueño de la niñez, también una promesa de obligado cumplimiento antes de cumplir los cuarenta: vivir como un ermitaño en una cabaña perdida en el bosque. El lugar elegido, uno que conoció en uno de sus peregrinajes y del que se quedó prendado: el lago Baikal, el más profundo del mundo, en la Siberia de las deportaciones masivas.    A –30° y a más de cien kilómetros de la población más cercana, el protagonista irá mutándose en el transcurso de la historia con una fuerza arrolladora, como una suerte de hombre de hielo que se derrite, dedicado al silencio de los gestos simples, el que nos enseña la belleza de las cosas. Soltando amarras y desanudando ataduras, escuchando el mundo para inventar la vida, su prosa límpida y afilada testimonia todo este proceso, con un desborde lírico final que parece trascender nuestro mundo actual, al fundirse precisamente con la naturaleza del entorno. Un diario de campaña metamorfoseado en diario de cabaña, en el que el protagonista fuerza su propia transformación en un bosque ruso y la registra con un estilo transparente. En esta franca prospección de contrarios (la inmovilidad y el viaje, el aislamiento y la comunión, la rutina y la sorpresa, el silencio y el lirismo), los valores del mundo desarrollado se invierten, y al mudar de piel, como todo superviviente, el protagonista parte a una segunda oportunidad. Sylvain Tesson conquista su lugar en el mundo a través de un exilio voluntario, y alcanza la riqueza desposeyéndose de casi todas sus pertenencias. ¿Puede lograr la plenitud un ser humano cuando ha de depender de motores si pretende viajar, o cuando las filas de edificios le hurtan la visión de los largos caminos que completa a diario? El autor se planta ante las promesas del progreso y de la civilización, y se desnuda en su cabaña siberiana hasta quedarse solo, dedicado a las labores más modestas y esenciales. No nos hallamos ante las iluminaciones de un ingenuo o un santo, sino ante grandes muestras de lucidez e implicación con el entorno: según Tesson, nuestras vidas tienen una deuda a la que debemos hacer frente irremisiblemente: la que trae el imparable correr del tiempo. El escritor asume esa deuda con valentía, por mucho que le duela y lo desgarre. Apartado de amigos y allegados, amagará con seguir la llamada de la selva, aunque la responsabilidad lo mueve al final a un regreso a la sociedad.

Contraportada de La vida simple, de Sylvain Tesson, Alfaguara

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El arte de cortar

¡No hay más que un solo arte, el arte de omitir! ¡Oh, de poseer únicamente el arte de cortar, no ambicionaría ningún otro don! Un escritor que supiera cómo cortar podría transformar cualquier gaceta cotidiana en una epopeya homérica.

Stevenson

Robert Louis Stevenson

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El arte de la novela

El arte de la novela se basa, ante todo, en una cualidad humana: la compasión.

La compasión es muy útil para la literatura porque te identifica con el dolor del prójimo.

Orhan Pamuk

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El refinamiento de la «vieja» América

Kipling, que se instaló por un tiempo en Vermont, sucumbió al encanto de Nueva Inglaterra; lo evoca en Algo sobre mí mismo, donde refiere una anécdota vivida por un amigo, profesor de Harvard. Este docente universitario se paseaba por el campo con un colega, en un coche de caballos. Los dos profesores, que estaban debatiendo un profundo problema de ética, se detuvieron un momento en casa de un viejo campesino conocido suyo para abrevar su caballo. Mientras el campesino, taciturno, como lo son en esa región, se ocupaba de traer un cubo de agua, los dos amigos que se habían quedado dentro del coche, proseguían su charla. «Según Montaigne…», dijo uno, apoyando su argumento en una cita, cuando el campesino, que seguía sosteniendo el cubo, intervino: «No fue Montaigne quien dijo eso, sino Montes-ki-ew». (Y tenía razón)

Simon Leys

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Proceso creativo

Las historias llegan a mí de una manera natural, me limito a seguirlas y a controlarlas. Confío mucho en mi imaginación, mis visiones, mis sueños, pero debo evitar que se descontrolen, se extralimiten.

Pamuk

También la lectura de asuntos relacionados con lo que escribo aumenta mi inspiración, influye mucho en mi ánimo de cada día. Me afectan a veces los bloqueos y entonces me aparto de según qué y regreso a ello cuando salgo de ese estado. Voy saltando de personaje en personaje dependiendo con quién quiera estar, especialmente me ocurre con los personajes femeninos.

Orhan Pamuk

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La imaginación del escritor

PamukNuestra imaginación es nuestro negocio, nuestro modo de vida, y eso nos hace también ser conscientes de que la realidad, a los escritores no nos hace felices. Eso nos convierte en seres muy afortunados, porque existe mucha gente a quien la vida le desmoraliza y no puede recluirse en un mundo literario.

Orhan Pamuk

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De pintores

Monet, de visita en Londres:

«¿Esta cosa marrón? ¿Esto es Turner?

David Markson

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