El esclavo de hoy

El esclavo de hoy es el que ha optado por el sometimiento: (…) ha elegido la mera vida frente a la buena vida (casi por supervivencia) (…) a cambio de eso el hombre cede su soberanía y su libertad.

Byung-Chul Han (filósofo germanocoreano)

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Textos (IV) La vida en el lago

Entre los bloques de piedra que emergen de la nieve, hago un fuego y hiervo agua para el té. El fuego y yo fumamos, uno al lado del otro.

Sylvain Tesson. La vida simpleEn el curso de estas jornadas allá arriba, me consagro al puro goce de ser. Fumar un cigarro, solo, frente al lago; no molestar a nadie, no sufrir las órdenes de nadie, no desear más que lo que se siente, y saber que la naturaleza no nos rechaza. En la vida se necesitan tres ingredientes: sol, un mirador, y en las piernas el recuerdo láctico del esfuerzo. Y también pequeños Montecristos. La felicidad es fugaz como un cigarro.

A la noche, sigue nevando. Frente a un espectáculo semejante, el budista se dice: «No esperemos nada distinto», el cristiano: «Mañana estará mejor», el pagano: «¿Qué significa todo esto?», el estoico: «Ya veremos qué pasa»; el nihilista: «Que se entierre todo». Yo: «Tendré que cortar la leña antes de que la tape la nieve». Lo hago, y después me acuesto.

El viento barrió la nieve de la superficie del lago, y me devolvió el hielo. Patino dos horas bajo el sol frío, escuchando a Maria Callas.

Hoy, mucha lectura, tres horas de patinaje en una luz vienesa, escuchando la Pastoral, pesca de un salmón y recogida de medio litro de cebo, contemplación del lago por la ventana a través del vapor de un té negro, breve siesta al rayo del sol de las cuatro de la tarde, hachado de un tronco de tres metros y aprovisionamiento de leña para tres días, preparación y comida de una buena kacha y el pensamiento de que el paraíso no estaba sino en el encadenamiento de todo lo anterior.

La lectura, la escritura, la pesca, el ascenso a la montaña, el patín, el ocio en los bosques…, la existencia se reduce a una quincena de actividades. El náufrago goza de una libertad absoluta pero circunscripta a los límites de su isla. 

Un día en los Cedros del Norte.

Mirar el cielo a las seis de la mañana. Encender el fuego (murmurándole palabras amables) y salir a buscar agua. Notar que el termómetro indica dos grados bajo cero. Comer un blini con té hirviendo. Mirar el lago a través del vapor del té. Volver a mirarlo pero a través del humo del primer cigarrito. Terminar La promesa del alba comiendo las bayas de Irina. Visitar los cuatro hormigueros que enmarcan mi cabaña a trescientos metros unos de otros y constatar los trabajos de consolidación. Buscar con los gemelos la mancha negra de las focas tomando sol. Dibujar la lámpara de aceite tratando de representar la transparencia del vidrio. Reparar la vaina del cuchillo estropeada en la caminata de anteayer. Cortar leña. Alimentar a los perros con el paté de bagre. Cocer la kacha de la noche. Pescar en cuarenta minutos, en el agujero de pesca más cercano, los dos pescados que acompañarán la kacha. Pensar en lo que habría podido ser este día si mi ser querido, la única persona sobre la tierra que extraño aun cuando está cerca de mí, se hubiera dignado estar aquí. No pensar en los motivos[…]

El día tiene una sucesión de puntos fijos cuya recurrencia constituye un solfeo. La llegada del pájaro a las ocho, la iluminación del mantel por un rayo de sol a las nueve y media, el juego de los perritos a la caída de la tarde, la aparición de las focas al mediodía, el reflejo de la luna en el cubo: la mecánica es perfecta. Esas citas insignificantes son inmensos acontecimientos de la vida en los bosques. Los espero, los deseo. Cuando llegan, los reconozco y los saludo.

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Me acuerdo

Brainard. Me acuerdo

 

Analogías personales con Joe Brainard:

Me acuerdo de los sándwiches de mantequilla con azúcar.

Me acuerdo del hit parare.

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Un epitafio

Epitafio de una tumba bogomil:

El cielo existe sólo para que puedas arrojarte con más facilidad a la nada, creyendo que accedes a la eternidad.

Clara Usón: La hija del Este  Clara Usón. La hija del Este

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Textos (III) Reflexiones

La avalancha de los pueblos hacia lo feo fue el principal fenómeno de la mundialización. Para convencerse basta con circular por una ciudad china, observar los nuevos códigos de decoración del Correo francés, o la ropa de los turistas. El mal gusto es el denominador común de la humanidad.

Cuando uno desconfía de la pobreza de su vida interior, hay que llevar buenos libros: con ellos siempre se podrá llenar el vacío.

El frío, el silencio y la soledad son estados que en el futuro serán más preciosos que el oro. En una Tierra superpoblada, recalentada, ruidosa, una cabaña en el bosque es la utopía.

Respiramos, comemos fruta, cortamos flores, nos bañamos en el agua del río y después, un día, nos morimos sin pagar la cuenta al planeta. La existencia es una consumición no pagada.

Los teóricos de la ecología pregonan el decrecimiento. Dado que no podemos seguir apuntando a un crecimiento infinito en un mundo con recursos cada vez más escasos, deberíamos hacer más lentos nuestros ritmos, simplificar nuestras vidas, disminuir las exigencias. Son cambios que se pueden aceptar voluntariamente. Mañana, las crisis económicas nos los impondrán.

El decrecimiento no será nunca una opción política. Para aplicarlo se necesitaría un déspota ilustrado. ¿Qué gobernante tendría el valor de imponer semejante cura a su población? ¿Cómo convertiría a una masa a la virtud de la ascesis? ¿Convencer a miles de millones de chinos, de indios y de europeos de que es mejor leer a Séneca que tragar cheeseburgers? La utopía decreciente: un recurso poético para individuos deseosos de conformarse con los principios de la dietética. 

El hombre libre es dueño del tiempo. El hombre que domina el espacio es apenas poderoso.

Curiosa, esta necesidad de trascendencia. ¿Por qué la fe en un Dios exterior a su creación? Los crujidos del hielo, la ternura de los paros y el poder de las montañas me exaltan más que la idea del creador de estas manifestaciones. Con ellas tengo suficiente. Si yo fuera Dios, me habría atomizado en miles de millones de facetas para vivir en el cristal del hielo, en la aguja del cedro, en el sudor de las mujeres, en la escama del salmón y los ojos del lince. Más exaltante que flotar en los espacios infinitos mirando de lejos cómo se autodestruye el planeta azul.

Sylvain Tesson. La vida simpleLos místicos buscaban desaparecer del mundo. El hombre de los bosques quiere reconciliarse con el mundo. Ellos esperaban un hecho que no era de esta vida, él busca la aparición de breves alegrías, aquí y ahora. Ellos querían la eternidad, él se conforma con la satisfacción. Ellos esperaban morir, él aspira a gozar. Ellos odiaban su cuerpo, él aguza los sentidos. En resumen, si se quiere pasar un buen momento junto a una botella de vodka, vale más visitar a un solitario de los bosques que a un loco de Dios anidado en lo alto de su columna.

Siento una gran desesperación. Tendrían que extirparnos un pedacito de la corteza cerebral al nacer. Para quitarnos el deseo de destruir el mundo. El hombre es un niño caprichoso que cree que la Tierra es su cuarto, los animales sus juguetes, los árboles sus sonajeros.

El único peligro que amenaza al ermitaño, además del vodka, el oso y las tormentas, es el síndrome de Stendhal, la sofocación ante la belleza.

En el humanismo hay un aroma a corporativismo, basado en el imperativo de amar lo que se nos parece. El hombre debe amar al hombre como el odontólogo ama a los otros odontólogos. En mi claro yo invierto la proposición y trato de amar a los animales con una intensidad proporcional al grado de alejamiento biológico que mantienen conmigo. Amar es reconocer el valor de lo que nunca se podrá conocer. Y no celebrar su propio reflejo en el rostro de un semejante. Amar a un papú, al hijo del vecino, es muy fácil. ¡Pero a una esponja! ¡A un liquen! ¡A una de esas plantitas que sacude el viento! He ahí lo difícil: sentir una ternura infinita por la hormiga que restaura su ciudad.

El Estado lo ve todo: en el bosque, se vive oculto. El Estado oye todo; el bosque es la nave del silencio. El Estado lo controla todo; aquí sólo valen los códigos inmemoriales. El Estado quiere seres sumisos, corazones secos en cuerpos presentables; las taigas vuelven salvaje al hombre y le desatan el alma. 

¿El lujo? Es el despliegue de veinticuatro horas frente a mí, ofrecidas cada día à mon seul désir. Las horas son grandes muchachas blancas enviadas por el sol para servirme. Si quiero quedarme dos días en la cama leyendo una novela, ¿quién me lo impedirá? Si me dan ganas, al caer la noche, de meterme en el bosque, ¿quién me disuadirá? El solitario de los bosques tiene dos amores, el tiempo y el espacio. El primero lo llena a su gusto, al segundo lo conoce como nadie.

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Premio Príncipe de Asturias

John Banville Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2014.

Lo siento, la escritura es mucho más interesante que la vida.

El mundo en sí es para mí redondo y las palabras cuadradas.

Banville

John Banville

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Sylvia Plath

Antes de abrir la espita de gas del horno Sylvia Plath dejó preparada la leche y el pan con manteca para el desayuno de sus hijos…

Sylvia Plath

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Dos libros

Me acuerdo que en mi casa había sólo dos libros, uno era Eichmann y el otro A la salud por el ajo y el limón.

Agustín, un amigo

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Textos (II) De Rusia y los rusos

Me gustan los nombres de las calles en Rusia. En las aldeas se encuentra la «calle del Trabajo», la «calle de la Revolución de Octubre», la «calle de los Partisanos», y, a veces, la «calle del Entusiasmo», por la que circulan lentamente viejos autos grises.

Empujo la puerta de la cabaña. En Rusia, la formica triunfa. Setenta años de materialismo histórico han aniquilado todo sentido estético en el ruso. ¿De dónde viene el mal gusto?

Sylvain Tesson. La vida simpleSoy el burgués que defiende la superioridad del parqué sobre el linóleo. El esteticismo es una desviación reaccionaria. 

Los rusos construyen siempre las cosas en la urgencia, como si los soldados fascistas fueran a aparecer en cualquier momento.

Los rusos hacen tabla rasa del pasado, nunca de sus desperdicios. ¿Tirar algo? Antes morir, dicen. 

Los eslavos pueden pasarse horas mirando humedecerse los vidrios. A veces, se levantan, invaden un país, hacen una revolución, y después vuelven a soñar frente a sus ventanas, en cuartos recalentados.  

…la dejo, después de haber confirmado mi amor por Rusia, nación que manda cohetes al espacio y donde se combate contra los lobos a pedradas.

En Afganistán, los norteamericanos ponen punto final a las fiestas sorpresa lanzando un misil sobre los grupos de festejantes que vacían sus cargadores hacia el cielo. Los rusos se encargan ellos mismos de dispararse.

La cabaña cumple la función maternal. El peligro está en encontrarse demasiado bien en la cueva y vegetar en estado de semihibernación. Esta inclinación amenaza a los siberianos que no logran abandonar la atmósfera de su cabaña. Se retrotraen al estado de embrión y remplazan el líquido amniótico por el vodka.

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Buscando el proceso creativo

Hay que buscar los cuadernos de apuntes y los diarios y los borradores de un escritor, allí está lo inmediato, lo impremeditado, lo fragmentario, y por lo tanto lo más verdadero, la fluidez del proceso y no la inmovilidad del resultado, la tentativa y el tanteo y no el rumbo seguro. Un rumbo demasiado seguro es engañoso, porque puede venir menos de de la certeza que del anquilosamiento, ya que en este oficio no hay seguridad posible.

Antonio Muñoz Molina

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