Durante un tiempo la Crítica acompaña a la Obra, luego la Crítica se desvanece y son los Lectores quienes la acompañan. El viaje puede ser largo o corto. Luego los Lectores mueren uno por uno y la Obra sigue sola, aunque otra Crítica y otros Lectores vayan acompasándose a su singladura. Luego la Crítica muere otra vez y los Lectores mueren otra vez y sobre esa huella de huesos sigue la Obra su viaje hacia la soledad. Acercarse a ella, navegar a su estela es señal inequívoca de muerte segura, pero otra Crítica y otros Lectores se le acercan incansables e implacables y el tiempo y la velocidad los devoran. Finalmente la Obra viaja irremediablemente sola en la Inmensidad. Y un día la Obra muere, como mueren todas las cosas, como se extinguirá el Sol y la Tierra, el Sistema Solar y la Galaxia y la más recóndita memoria de los hombres. Todo lo que empieza como comedia acaba como tragedia.
No hagas versos sobre acontecimientos. No hay creación ni muerte ante la poesía. Delante de ella, la vida es un sol estático, no entibia ni ilumina. Las afinidades, los aniversarios, los incidentes personales no cuentan. No hagas poesía con el cuerpo, ese excelente, completo y confortable cuerpo, tan reacio a la efusión lírica. . Tu gota de bilis, tu mueca de gozo o de dolor en lo oscuro son indiferentes. No me reveles tus sentimientos, que se valen del equívoco e intentan un largo viaje. Lo que piensas y sientes, eso aún no es poesía. . No cantes tu ciudad, déjala en paz. El canto no es el movimiento de las máquinas, ni el secreto de las casas. No es música oída al pasar, rumor de mar en las calles junto a la línea de espuma. . El canto no es la naturaleza ni los hombres en sociedad. Para él, lluvia o noche, fatiga o esperanza nada significan. La poesía (no saques poesía de las cosas) elide sujeto y objeto. . No dramatices, no invoques, no indagues. No pierdas tiempo en mentir. Tu yate de marfil, tu zapato de diamante, tus mazurcas y fantasías, tus esqueletos familiares, desaparecen en la curva del tiempo, son algo inútil. . No recompongas tu sepultada y melancólica infancia. No osciles entre el espejo y la memoria en disipación. Si se disipó, no era poesía. Si se quebró, cristal no era. . Entra sordamente en el reino de las palabras. Allá están los poemas que esperan ser escritos. Están paralizados, pero no hay desesperación, hay calma y hay frescura en la superficie intacta. Están ahí, solos y mudos, en estado de diccionario. . Convive con tus poemas antes de escribirlos. Ten paciencia si son oscuros. Calma, si te provocan. Espera que cada uno se realice y consume con su poder de palabra y su poder de silencio. No fuerces al poema a desprenderse del limbo. No levantes del piso el poema que se perdió. No adules al poema. Acéptalo como él aceptará su forma definitiva y concentrada en el espacio. . Acércate más y contempla las palabras. Cada una tiene mil caras secretas bajo la cara neutra y te pregunta, sin interés por la respuesta, pobre o terrible que le des: ¿trajiste la llave? . Observa: yermas de melodía y de concepto ellas se refugiaron en la noche, las palabras. Todavía húmedas e impregnadas de sueño, ruedan por un río difícil y se transforman en desprecio.
Hay que estar siempre ebrio. Nada más: ese es todo el asunto. Para no sentir el horrible peso del tiempo que os fatiga la espalda y os inclina hacia la tierra, tenéis que embriagaros sin tregua. ¿Pero de qué? De vino, de poesía o de virtud, como queréis. Pero embriagaos.
Lola López Mondéjar, ganadora del Premio Anagrama de Ensayo 2024 por ‘Sin relato’.ANAGRAMA
Lola López Mondéjar alerta en este libro, Premio Anagrama de Ensayo, de la progresiva pérdida de narratividad que sufre el individuo posmoderno por un vaciamiento del mundo interior en la era digital
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)