LIBROS | Crítica del libro inédito de James Salter ‘En otro lugares’

James Salter. / PABLO GARCÍA

Elegante, observador y detallista, el escritor estadounidense recrea los recuerdos de sus viajes en una colección de crónicas hasta ahora inédita

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El oficio de lector. David Foster Wallace

No soy muy curioso acerca de las vidas o personalidades de otros escritores. Cuanto más me gusta la obra de alguien, menos quiero que el conocimiento personal contamine mi experiencia de lectura. He conocido brevemente a algunos de los escritores estadounidenses que admiro —a Cormac McCarthy, por ejemplo, y a Don DeLillo, y a Annie Dillard— y todos ellos me parecen personas excelentes y agradables. Aunque descubrí que no quería «charlar» con ellos. De hecho, ni siquiera me gustaba oírlos hablar. En sus libros, cada uno de estos escritores tiene para mí una «voz» bastante característica, una especie de sonido sobre el papel, que no tiene nada que ver con sus laringes o nasalidad o timbres verdaderos. No quiero estar oyendo sus voces «reales» en mi cabeza cuando leo. No estoy seguro de estar explicándome bien, pero esa es la verdad. Por otro lado, hay algunos escritores que mantienen correspondencia conmigo, y esto lo disfruto bastante. Porque la consciencia en las cartas se parece mucho a la consciencia que admiro en la obra. Espero que esto responda al menos parcialmente a tu pregunta.

David Foster Wallace

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Patricio Pron: «El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia»

Patricio Pron, escritor: «Los últimos acontecimientos en Argentina prueban que los países, como las personas desesperadas, también se suicidan»

Este autor argentino, afincado en España desde 2008, sigue cultivando una forma peculiar de narrar, donde la literatura enlaza sutilmente con lo sociocultural y lo político

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Salman Rushdie. Escribir

Cualquier persona que se dedique a crear se le va la vida en ello, incluso no siendo literal, que sí es el caso de Sherezade. Escribir cada palabra como si tu vida dependiera de ello es una buena forma de ver la escritura. Esa es una de las razones por las cuales Sherezade es tan potente como personaje. Ella no sólo cuenta historias para salvar su vida sino para civilizar al violento, al rey bárbaro con el que se ha casado. Para el tiempo en el que ella acaba, lo ha convertido en algo más aceptablemente humano. Yo sigo pensando que hay algo tan extraño en Sherezade, porque al final terminamos por creer que ella es feliz con él. En el transcurso tienen hijos y puedo ver claramente por qué él se enamora de ella: porque es extraordinaria. Lo que no tengo nada claro es por qué ella se enamora de él. El libro no nos informa sobre eso.

Salman Rushdie

A través del blog de Casa de Letras.

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Tierra o la nada ambiciosa idea de escribir la intrahistoria del mundo – Zenda

La última novela de Alberto Torres Blandina parte de una idea tan sencilla como extraordinaria: contar la historia de la Humanidad desde la Guerra Fría hasta el presente a través del recuerdo de personas dispersas por todo el planeta. El resultado, una delicia.

Alberto Torres Blandina comparte en Zenda el proceso de escritura de su novela ‘Tierra’, publicada por Candaya.

Origen: Tierra o la nada ambiciosa idea de escribir la intrahistoria del mundo – Zenda

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La traducción. Natalia Ginzburg

Traducir significa pegarse y aferrarse a cada palabra y escrutar su sentido. Seguir paso a paso y fielmente la estructura y las articulaciones de las frases. Ser como insectos sobre una hoja y como hormigas en un sendero. Pero mientras tanto mantener los ojos alzados para contemplar todo el paisaje, como desde la cima de una colina. Moverse muy despacio, pero también muy deprisa, porque en tanta lentitud está y debe estar presente también el impulso de recorrer a gran velocidad el camino. Ser hormiga y caballo a la vez. El riesgo es siempre ser demasiado caballo o demasiado hormiga. Tanto lo uno como lo otro estropean la obra. La lentitud no debe aparecer, solo debe verse la carrera del caballo. Las palabras nacidas tan despacio no deben parecer arrastradas o muertas, sino frescas, vivas e impetuosas. La traducción está hecha por tanto de esta contradicción que parece insalvable. Figurémonos si teniendo que luchar diariamente con tal contradicción, el escritor puede cargar con el peso de su persona, con el embarazo de su estilo. No, conviene que, durante algún tiempo, deje aparte todo esto. Hormiga y caballo, soberano y vasallo al mismo tiempo, el escritor, en el acto de traducir, llega a conocerse a sí mismo con una vestimenta y una condición nueva.

Natalia Ginzburg
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La literatura en el siglo XXI. Letras Libres

El cuestionamiento del canon; la disolución de las fronteras entre géneros; la pujanza de la no ficción y la victoria total de la novela en tanto que género omnívoro son algunas líneas que atraviesan la literatura de lo que va del siglo. Origen: La literatura en el siglo XXI | Letras Libres
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Lectura: ‘La más secreta memoria de los hombres’, de Mohamed Mbougar Sarr

El novelista Mohamed Mbougar Sarr posa tras ser galardonado con el Goncourt por ‘La plus secrete memoire des hommes’BERTRAND GUAY (AFP)

Premio Goncourt: Mohamed Mbougar Sarr, joven senegalés devoto de Roberto Bolaño, gana el Goncourt | Cultura | EL PAÍS

‘La más secreta memoria de los hombres’, la ficción sobre la búsqueda de un escritor legendario y olvidado, se alza con el galardón más prestigioso de las letras francesas

Origen: Premio Goncourt: Mohamed Mbougar Sarr, joven senegalés devoto de Roberto Bolaño, gana el Goncourt | Cultura | EL PAÍS


Textos

De un escritor y de su obra, como mínimo, podemos saber lo siguiente: uno y otra caminan juntos por el laberinto más perfecto imaginable, un largo camino circular donde el destino se confunde con el origen: la soledad.


 Un escritor de verdad, había añadido, suscita debates mortales entre los lectores auténticos, que siempre andan en pie de guerra; si no estáis dispuestos a palmarla en la arena por llevaros a rastras el despojo como en el juego del buzkashi, largaos de aquí y moríos en vuestros propios meados tibios que confundís con una cerveza de calidad superior: sois cualquier cosa menos lectores, y menos aún escritores.


Cuando nos hacemos una videollamada, mis padres, uno al lado del otro, sostienen el aparato de tal manera que veo en pantalla la mitad de la cara de cada uno. Así que observo el rostro paterno reunificado. Las señales de su envejecimiento me han estrujado el corazón y me han entrado ganas de cortar la llamada. Pero eso no habría cambiado nada; también sus voces habían envejecido: unas grietas profundas en las paredes del tiempo. Me prometí, como de costumbre, llamarlos con más frecuencia. Aunque sabía que no iba a hacerlo. Seguiría llamándolos raras veces. Mi madre siempre subrayaba, bromeando, mi escaso espíritu familiar. Bromas amargas: iban cargadas de una silenciosa acusación. Mi padre nunca decía nada del tema y con eso estaba todo dicho. Ninguno de ellos se explicaba mis largos períodos de silencio. Sin embargo, a mí la cosa me parecía simple: yo cumplía con el oficio que muchos niños deben llevar a cabo frente a sus padres en un momento de sus vidas: el oficio de la ingratitud.


Ella era mestiza –padre colombiano, madre argelina– y benjamina de una familia de tres hijos. Yo era el mayor de cinco hermanos. Ella era vegana; yo me pirraba por los entrecots poco hechos. Ella votaba comunista; yo compartía piso con un anarca. Ella quería ser una gran reportera; yo solo escritor. Los intercambios febriles de SMS continuaron, sostenidos, a cualquier hora del día. Luego vino la segunda cena (vegana), los primeros pudores, los primeros silencios, las primeras risotadas, quizá las primeras seriedades. El primer beso puede llegar ahí. No fue nuestro caso. Jugamos a hacernos esperar. Llegaron las primeras confesiones. ¿Quién fue el primero en decir te echo de menos? Fui yo. Ella respondió hábilmente: yo también, pero vayamos poco a poco, no aceleremos más que la música. Primer concierto.


–Es difícil decirlo. Tal vez mis lecturas. Pero no sé si eso cuenta. No tengo un relato fundacional potente. No como el de Haruki Murakami, por ejemplo. ¿Sabes el origen fabuloso de su vocación de escritor? ¿No? Está en un partido de béisbol. Una pelota surca el aire con pureza y armonía, Murakami observa la trayectoria perfecta de esa pelota y sabe al verla lo que tiene que hacer, en qué va a convertirse: en un gran escritor. Esa pelota fue su epifanía literaria, su señal. Yo no he tenido pelota. No he tenido ninguna señal. Por eso digo que mi origen como escritor son mis lecturas, creo.


¿Acaso han cambiado las cosas en la actualidad? ¿Acaso hablamos de literatura, de valor estético, o hablamos de gente, de su bronceado, de su voz, de su edad, de su pelo, de su perro, de los pelos que tienen en el coño, de la decoración de su casa, del color de su ropa? ¿Acaso hablamos de escritura o de la identidad, del estilo o de las pantallas mediáticas que dispensan de tenerlo, de la creación literaria o del sensacionalismo de la personalidad?


Entonces ¿cuál es esta patria? Tú la conoces: evidentemente, es la patria de los libros: los libros leídos y amados, los libros leídos y despreciados, los libros que soñamos con escribir, los libros insignificantes que hemos olvidado y que ya no sabemos siquiera si llegamos a abrir alguna vez, los libros que fingimos haber leído, los libros que no leeremos nunca pero de los que no nos separaríamos por nada del mundo, los libros que esperan su hora en una noche paciente, antes del crepúsculo deslumbrante de las lecturas del amanecer. Sí, dije, sí: seré ciudadana de esa patria, seré leal a ese reino, el reino de la biblioteca.

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Clases de oscuridad, César Aira

Cuando leo las oscuridades, con frecuencia impenetrables, de poetas que admiro, como Lezama Lima o Wallace Stevens, y pienso en el contraste con lo que escribo yo, tan claro, tan movilizado por la …

Origen: Clases de oscuridad, César Aira – Calle del Orco

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El viaje de la Obra. Roberto Bolaño


Durante un tiempo la Crítica acompaña a la Obra, luego la Crítica se desvanece y son los Lectores quienes la acompañan. El viaje puede ser largo o corto. Luego los Lectores mueren uno por uno y la Obra sigue sola, aunque otra Crítica y otros Lectores vayan acompasándose a su singladura. Luego la Crítica muere otra vez y los Lectores mueren otra vez y sobre esa huella de huesos sigue la Obra su viaje hacia la soledad. Acercarse a ella, navegar a su estela es señal inequívoca de muerte segura, pero otra Crítica y otros Lectores se le acercan incansables e implacables y el tiempo y la velocidad los devoran. Finalmente la Obra viaja irremediablemente sola en la Inmensidad. Y un día la Obra muere, como mueren todas las cosas, como se extinguirá el Sol y la Tierra, el Sistema Solar y la Galaxia y la más recóndita memoria de los hombres. Todo lo que empieza como comedia acaba como tragedia.

Roberto Bolaño, Los detectives salvajes

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