Un libro no tiene ni pies ni cabeza, escribió Hélène Cixous.
No hay una puerta de entrada.
Se escribe por todas partes, se entra por mil ventanas.
Un libro es, al principio, algo redondo.
Después se ajusta. En cierto momento se corta la esfera, se aplana, se la transforma en rectángulo o paralelepípedo.
Se da al planeta forma de tumba.
Se le pone un gabán de madera.
Al libro le basta con esperar la resurrección.

Descubre más desde Los cuadernos de Vieco
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.