Juan Mayorga: Reflexiones sobre el teatro

                                               «El teatro es el arte en el que un hombre finge ser lo que no es y                                                                               otro finge que se lo cree«. Borges

El teatro es el arte de la imaginación. […] Si yo salgo a un escenario y digo que soy Julio César, solo ocurrirá si el espectador quiere que empiece a ocurrir. Es el pacto del teatro y es necesario que el espectador quiera creer. Y en el centro de este acto de fe está el cuerpo del actor.

Es el arte de la crítica y la utopía y es extraordinariamente raro porque pone al espectador frente a su doble, frente a lo que podríamos ser si hubiéramos tomado otras decisiones.

El asunto del teatro desde Atenas es nuestra fragilidad como seres humanos, pero al mismo tiempo es nuestra aspiración a la belleza, a la dignidad y a la libertad.

El actor es un ser sagrado y cada vez que sale a escena se está produciendo un acto de exaltación de la vida, pero su frágil cuerpo también muestra nuestra fragilidad ante el tiempo, la naturaleza y las otras personas.

Situar al espectador en la posición de una víctima me parece moral y políticamente inútil. Es más responsable mostrarle al espectador la violencia que puede llevar dentro o su complicidad con la violencia. Llevarlo hasta la zona gris de Primo Levy.

Para mí un relato es una percha donde colgar un silencio, que se tiene que escuchar y ver. Si el espectador se incomoda durante ese silencio es que ha funcionado. Para mí no es tan importante que el público reconstruya el relato como que sea atravesado por este tipo de momento.

Juan MayorgaJuan Mayorga

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Reflexiones. Nuccio Ordine

No tenemos conciencia de que la literatura, las humanidades, la cultura y la educación constituyen el líquido amniótico ideal en que las ideas de democracia, de libertad, de justicia, de laicidad, de igualdad, de derecho a la crítica, de tolerancia, de solidaridad y de bien común pueden encontrar un desarrollo vigoroso.

Nuccio OrdineNuccio Ordine, filósofo italiano

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Álbum de Bibliotecas en construcción, XXXIX

Sala de lectura del Museo Británico

Sala de lectura del Museo Británico

Sala de lectura de la Biblioteca del Parlamento de Canadá, en Ottawa, Ontario.

Sala de lectura de la Biblioteca del Parlamento de Canadá, en Ottawa, Ontario.

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Escribir, apropiación indebida

Escribir -y no únicamente ficción- es una apropiación indebida. Nuestra singularidad como autores es una pequeña nota al margen. El resto lo tomamos de la reserva de quienes han escrito antes, de las vidas y los sentimientos de los demás. Sin autorización alguna.

 (?) Elena Ferrante

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Joan Margarit: «Nuevas cartas a un joven poeta», 5. Entender un buen poema. I

La concisión y la exactitud en poesía

[…] hoy lo que identifica la poesía con respecto de la prosa son la concisión y la exactitud. Sobre la concisión, yo diría que un poema es como la estructura de un edificio muy particular a la que no le puede faltar ni sobrar ni un pilar, ni una viga: si elimináramos una sola pieza, se derrumbaría. Si en un poema se elimina una sola palabra, o se cambia por otra, y no sucede nada importante, es que no era un poema. O todavía no era un poema. Sólo llega a serlo cuando no se puede eliminar, añadir o cambiar ninguna pieza de la estructura. Pero entonces tampoco será necesariamente un buen poema: este es un tema más ligado a la otra característica: la exactitud.

Exactitud en poesía significa que un poema tiene que decir justo lo que necesita un lector futuro (la mayor parte de las veces sin que este sepa que lo necesita) al que, naturalmente, el poeta no conoce. Una operación tan compleja  se comprende que no dé resultado la mayor parte de las veces […]

De esa exactitud viene su poder de consolación, porque la poesía sirve para introducir en la soledad de las personas algún cambio que proporcione un mayor orden interior frente al desorden continuado de la vida. A la angustia por este desorden a veces se intenta hacerle frente con los entretenimientos, pero la diferencia con la lectura de un poema es que de un entretenimiento se sale igual que se ha entrado. Sólo ha pasado el tiempo. En cambio, al acabar de leer un buen poema ya no somos los mismos, porque ha aumentado nuestro orden interior.

Joan Margarit. Nuevas cartas a un joven poetaJoan Margarit. Nuevas cartas a un joven poeta

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De eso va la literatura

Yo estaba en Nueva York cuando el huracán destrozó la vida de toda esa gente. Fui a la zona, vi lo que había pasado, me quedé sin palabras, y me dije que tenía que escribir sobre eso. Porque de eso va la literatura. La literatura tiene que sacudirte. Tiene que decirle al lector: ‘¡Eh, un momento! ¡Aquí está pasando algo! Deja lo que estás haciendo y echa un vistazo’.

Richard FordRichar Ford

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Literatura y vida

Ricardo PigliaPara mí es mucho más interesante la literatura que la vida. Primero porque tiene una forma mucho más elegante, y segundo porque es una experiencia mucho más intensa.

Ricardo Piglia

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Lectura: «Voces de Chernóbil», de Svetlana Alexievich

Svetlana Alexievich. Voces de chernóbilUn libro estremecedor que da voz a las personas que sobrevivieron al desastre de Chernóbil y que fueron silenciadas y olvidadas por su propio gobierno. »EN MITAD de la noche oí un ruido. Gritos. Miré por la ventana. Él me vió: »Cierra las ventanillas y acuéstate. Hay un incendio en la central. Vendré pronto.» El rela to de la esposa de Vasia, un joven bombero, abre este impactante libro sobre las secuelas que la catástrofe de Chernóbil dejó en personas que lo vivieron y de la manipulación de la información por parte de las autoridades soviéticas. Este libro está planteado como si fuera una tragedia griega, con sus coros y unos protagonistas marcados por un destino fatal que hacen oír sus voces a través de monólogos. Pero a diferencia de una tragedia griega, en Chernóbil el orden no volverá a restablecerse: no hay catarsis posible.

Contraportada de Voces de Chernóbil, de Svetlana Alexievich


TEXTOS

Fragmentos de la entrevista de la autora consigo misma…

Con Chernóbil, el hombre ha alzado su mano contra todo, ha atentado contra toda la creación divina, donde, además del hombre, viven miles de otros seres vivos. Animales y plantas.

Cuando fui a verlos… Y cuando escuchaba sus relatos sobre cómo se dedicaban (¡los primeros y por primera vez!) a una tarea nueva, humana e inhumana a la vez, que era la de enterrar la tierra en la tierra, es decir, la de enterrar en búnkeres de hormigón especiales las capas contaminadas junto con todos sus habitantes: escarabajos, arañas, crisálidas… Los más diversos insectos cuyos nombres incluso desconocían. O no recordaban…

…Los héroes de Chernóbil tienen un monumento. Es el sarcófago que han construido con sus propias manos y en el que han depositado la llama nuclear. Una pirámide del siglo XX….

…Después de que la población abandonara el lugar, en las aldeas entraban unidades de soldados o de cazadores que mataban a tiros a todos los animales. Y los perros acudían al reclamo de las voces humanas…, también los gatos. Y los caballos no podían entender nada. Cuando ni ellos, ni las fieras ni las aves eran culpables de nada, y morían en silencio, que es algo aún más pavoroso…

…En este sentido, Chernóbil ha ido más allá que Auschwitz y Kolimá. Más allá que el Holocausto. Nos propone un punto final. Se apoya en la nada…

…También se me grabaron cosas como esta. Me contaba un viejo apicultor (y más tarde lo escuché de otra gente):

«Salí por la mañana al jardín y noté que me faltaba algo, cierto sonido familiar. No había ni una abeja. ¡No se oía a ni una abeja! ¡Ni una! ¿Qué es esto? ¿Qué pasa? Tampoco al segundo día levantaron el vuelo. Ni al tercero. Luego nos informaron de que en la central nuclear se había producido una avería, y la central está aquí al lado. Pero durante mucho tiempo no supimos nada. Las abejas se habían dado cuenta, pero nosotros no. Ahora, si noto algo raro, me fijaré en ellas. En ellas está la vida»…

…[Chernóbil] Es una catástrofe de la conciencia. El mundo de nuestras convicciones y valores ha saltado por los aires…

…Ahora ya no podemos creer, como los personajes de Chéjov, que dentro de cien años el mundo será maravilloso. ¡La vida será maravillosa! Hemos perdido este futuro. En esos cien años ha pasado el gulag de Stalin, Auschwitz… Chernóbil… El 11 de septiembre de Nueva York…

 

Fragmentos de diversos monólogos

 Le contaré solo lo mío. Mi verdad.

Ocurrió así. Por la radio habían dicho: «¡No se pueden llevar los gatos!». Mi hija se puso a llorar, y del miedo a quedarse sin su querido gato empezó a tartamudear. ¡Y decidimos meter el gato en la maleta! Pero el animal no quería meterse en la maleta, se escabullía. Nos arañó a todos. «¡Prohibido llevarse las cosas!». No me llevaré todas las cosas, pero sí una. ¡Una sola cosa! Tengo que quitar la puerta del piso y llevármela; no puedo dejar la puerta. Cerraré la entrada con tablones.

Nuestra puerta… ¡Aquella puerta era nuestro talismán! Una reliquia familiar. Sobre esta puerta velamos a mi padre. No sé según qué costumbre, no en todas partes lo hacen, pero entre nosotros, como me dijo mi madre, hay que acostar al difunto sobre la puerta de su casa. Lo velan sobre ella, hasta que traen el ataúd. Yo me pasé toda la noche junto a mi padre, que yacía sobre esta puerta. La casa estaba abierta. Toda la noche. Y sobre esta misma puerta, hasta lo alto, están las muescas. De cómo iba creciendo yo. Se ven anotadas: la primera clase[10], la segunda. La séptima. Antes del ejército… Y al lado ya: cómo fue creciendo mi hijo. Y mi hija. En esta puerta está escrita toda nuestra vida, como en los antiguos papiros. ¿Cómo voy a dejarla?…

…Espere… Quiero que sepa una cosa… Yo no temo a Dios. A mí lo que me da miedo son los hombres…

…Al principio todos hablaban de «catástrofe», luego de «guerra nuclear». He leído sobre Hiroshima y Nagasaki, he visto documentes. Es pavoroso, pero algo comprensible: una guerra nuclear, el radio de la deflagración. Esto hasta podía imaginármelo. Pero lo sucedido con nosotros… Para esto me faltaba… Me faltaban conocimientos, me faltaban todos los libros que yo había leído en toda mi vida. Regresaba de un viaje de trabajo y me quedaba mirando perplejo los estantes de libros en mi despacho. Leía. Aunque podía no leer. Una cosa nunca vista destruía mi mundo anterior. Era algo que se introducía, que penetraba en ti. Al margen de tu voluntad.

Recuerdo una conversación con un científico: «Esto es para miles de años —me explicaba—. El uranio se desintegra en 238 semidesintegraciones. Si lo traducimos en tiempo, significa mil millones de años. Y en el caso del torio, son catorce mil millones de años». Cincuenta. Cien. Doscientos años. Vale. Pero ¿más? Más allá de esta cifra, mi mente no podía imaginar. Dejaba de comprender qué es el tiempo. ¿Dónde estoy?…

…No hace mucho publicaron en la prensa que, en el año 93, en nuestro país, en Bielorrusia, se practicaron 200 000 abortos. Y la primera causa era Chernóbil…

…Pero ahora, después de Chernóbil, todo ha cambiado. También esto. Ha cambiado el mundo, que ahora ya no nos parece eterno, como lo ha sido hasta hace muy poco. De pronto la Tierra se ha vuelto pequeña. Nos hemos visto privados de la inmortalidad. Esto es lo que nos ha pasado. Hemos perdido el sentido de la eternidad…

…Nos marchamos.

Quiero contarle cómo se despidió mi abuela de nuestra casa. Le pidió a papá que sacara del desván un saco de grano y lo esparció por el jardín: «Para los pajarillos de Dios». Recogió en un cesto los huevos y los echó al patio: «Para nuestro gato y para el perro». Les cortó unos trozos de tocino. De todos los saquitos echó las simientes: de zanahoria, de calabaza, de pepinos, de cebolla. De diferentes flores. Y las esparció por el huerto: «Que vivan en la tierra». Luego le hizo una reverencia a la casa. Se inclinó ante el cobertizo. Recorrió los manzanos y los saludó a cada uno.

Y el abuelo se quitó el gorro cuando nos marchamos…

…Mi papá es chófer, él ha ido allí y nos ha contado. Primero se cava un gran hoyo. De cinco metros. Llegan unos bomberos. Con las mangueras, lavan la casa desde la punta hasta los cimientos, para que no se levante el polvo radiactivo. Las ventanas, el techo, el zaguán… Todo lo lavan. Y luego una grúa levanta la casa y la coloca en el hoyo. Muñecos, libros, botes tirados. Una excavadora lo recoge todo. Lo entierran todo con arena, con barro, y lo apisonan. En lugar de la aldea queda un campo liso. La nuestra la han sembrado de cereal. Allí está enterrada nuestra aldea. La escuela y el sóviet local…

 

MONÓLOGO ACERCA DE UNA CANCIÓN SIN PALABRAS

Le besaría a usted los pies. Se lo suplico. Encuéntrenos a Anna Sushkó. Vivía en nuestra aldea. En Kozhushkí. Anna, de apellido Sushkó. Le daré todos los detalles y usted publíquelo. Es jorobada. Y muda desde niña. Vivía sola. De sesenta años. Durante la evacuación, la metieron en una ambulancia y se la llevaron en dirección desconocida. No sabe ni leer ni escribir, por eso no hemos recibido ninguna carta de ella. A la gente sola y enferma la ingresaban en asilos. La escondían. Pero nadie sabe las direcciones.

Publíquelo.

Toda la aldea le tenía lástima. La cuidábamos como si fuera una criatura. Uno le cortaba la leña; el otro le llevaba la leche. Un tercero le hacía compañía por las tardes. Le encendía la estufa…

Durante dos años, después de padecer en diferentes lugares, hemos regresado a nuestras casas. Dígale que la suya está entera. Tiene techo y ventanas… Y lo que esté roto o lo hayan robado, lo arreglaremos entre todos. Denos solo una dirección, dónde vive la pobre, que iremos a buscarla y la traeremos. La traeremos de vuelta. Para que no se muera de la tristeza. Le besaría a usted los pies. Un alma inocente sufre en algún rincón extraño.

Y otro detalle… Me había olvidado… Cuando le duele algo, se pone a cantar una canción. Sin palabras. Solo con la voz. Porque hablar no puede. Cuando le duele algo, tararea una canción: «ta-ra-rá»… Así se queja.

Ta-ra-rá…

MARIA VOLCHOK, vecina

Svetlana AlexievichSvetlana Alexievich

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Los libros y la naturalidad

No veo de qué manera una obra concebida por el ingenio humano puede ser natural. Al contrario que los bonsáis o que los champiñones, que sí brotan espontáneamente cuando llueve, los libros nunca nacen solos; son siempre resultado de la voluntad y se construyen con artificio […]

Lo interesante de los libros además no es su naturalidad, signifique lo que signifique este término aplicado al arte, sino lo que tienen de artificiales, es decir, de voluntad comunicativa a través de la planificación y del lenguaje. Y para eso es necesario no sólo podar, sino también cavar, regar, injertar y quitar malas hierbas. De otro modo, los libros crecen sin propósito y sin sentido literario.

Antonio OrejudoAntonio Orejudo

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Literatura: Traspasar lo inaccesible

[…] Hay incluso un camino paralelo entre la literatura y la arqueología. Vas encontrando signos y huellas que conectas hasta construir un relato. Hay un punto que los arqueólogos llaman línea de lo inaccesible. La historia no se detiene, pero los últimos restos suelen ser ceniza, producto de una destrucción o de un fuego. La excavación se detiene, pero la imaginación puede traspasar esa línea, ir más allá de la búsqueda histórica sin perder el principio de realidad. Ese traspasar lo inaccesible es lo propio de la literatura.

Manuel RivasManuel Rivas

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