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El placer de escribir

Henry James se preguntó por qué escribía Flaubert si le dolía tanto… La crítica es aparentemente justa (sólo aparentemente, pero de cualquier modo para este párrafo sirve). A mí me divierte escribir, aunque muchas veces las vacilaciones que tengo al hablar se me corren a la pluma. Las venzo. El placer de inventar es grande; también el de lograr una página satisfactoria. Mis relativos aciertos me bastan para decir que me gusta esta profesión, que me gusta inventar, que me gusta haber inventado historias y tener otras para escribir.

Bioy Casares Adolfo Bioy Casares

(A través de «Calle del Orco»)

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A Juan Carlos Onetti

Ya no será,
ya no viviremos juntos, no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa, no te tendré de noche
no te besaré al irme, nunca sabrás quien fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber por qué ni cómo, nunca
ni si era de verdad lo que dijiste que era,
ni quién fuiste, ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido vivir juntos,
querernos, esperarnos, estar.
Ya no soy más que yo para siempre y tú
Ya no serás para mí más que tú.
Ya no estás en un día futuro
no sabré dónde vives, con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca como esa noche, nunca.
No volveré a tocarte. No te veré morir.

idea-vilarino 

Idea Vilariño. (Dedicado a Juan Carlos Onetti)

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La palabra

…Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como perlas de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció. Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recientísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada… Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de la tierra de las barbas, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras.

Neruda  Pablo Neruda. Confieso que he vivido

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Leer a ciegas

Trabajar como lector profesional es como cobrar por practicar sexo. De entrada suena estupendo, te van a dar dinero por algo que tú estás encantado de hacer gratis, pero muy pronto descubres que leer por obligación puede ser tan poco apetecible como tener que encamarse con un señor de Murcia (con perdón de los señores de Murcia) que no te atrae lo más mínimo. Eso sí, entre ambas actividades hay una diferencia sustancial, las tarifas. Follar está mucho más valorado.

Ejercí esta profesión durante años, la de lectora, digo, para Planeta. Aporto este dato, no para atribuirme ningún tipo de autoridad, sino para justificar […]

Origen: Leer a ciegas – Jot Down Cultural Magazine

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Max Jacob. Consejos a un joven poeta, 8

¡Concretar! Piense en esta palabra. Lo abstracto es perjudicial y molesto. Tenga un estilo concreto, que se ocupe de las cosas, de los objetos, de las gentes. Quién se hace ángel se bestializa, dice Pascal…

Concretar no es sinónimo e poesía popular, campesinos, zuecos, etc…; de lo que se trata es de que sitúe su voz en el vientre, el pensamiento en el viente y de que hable de lo sublime con la voz en el vientre.

∗

Apollinaire tenía horror a las «piezas de antología», es decir, a la poesía perfecta. Creo que tenía razón. Sin embargo, también hay que saber hacer esa poesía en virtud del respeto al arte, y después queda siempre algo, sin que haga falta más que eso que queda.

Estudie, pues, la gramática, la retórica, la métrica, la fonética sobre todo.

Y olvídelo todo.

Max Jacob 2  Max Jacob. Consejos a un joven poeta

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Augusto Monterroso. Beneficios y maleficios de Jorge Luis Borges

Cuando descubrí a Borges, en 1945, no lo entendía y más bien me chocó. Buscando a Kafka, encontré su prólogo a La metamorfosis y por primera vez me enfrenté a su mundo de laberintos metafísicos, de infinitos, de eternidades, de trivialidades trágicas, de relaciones domésticas equiparables al mejor imaginado infierno. Un nuevo universo, deslumbrante y ferozmente atractivo. Pasar de aquel prólogo a todo lo que viniera de Borges ha constituido para mí (y para tantos otros) algo tan necesario como respirar, al mismo tiempo que tan peligroso como acercarse más de lo prudente a un abismo. Seguirlo fue descubrir y descender a nuevos círculos: Chesterton, Melville, Bloy, Swedenborg, Joyce, Faulkner, Woolf; reanudar viejas relaciones: Cervantes, Quevedo, Hernández; y finalmente volver a su ilusorio Paraíso de lo cotidiano: el barrio, el cine, la novela policial.

Por otra parte, el lenguaje. Hoy lo recibimos con cierta naturalidad, pero entonces aquel español tan ceñido, tan conciso, tan elocuente, me produjo la misma impresión que experimentaría el que, acostumbrado a pensar que alguién está muerto y enterrado, lo ve de pronto en la calle, más vivo que nunca. Por algún arte misterioso, este idioma nuestro, tan muerto y enterrado para mi generación, adquiría de súbito una fuerza y una capacidad para las cuales lo considerábamos ya del todo negado. Ahora resultaba que era otra vez capaz de expresar cualquier cosa con claridad y precisión y belleza; que alguien nuestro podía cantar nuevamente e interesarnos nuevamente en una aporía de Zenón, y que también alguien nuestro podía elevar (no sé si también nuevamente) un relato policial a categoría artística. Súbditos de resignadas colonias, escépticos ante la utilidad de nuestra exprimida lengua, debemos a Borges el habernos devuelto, a través de sus viajes por el inglés y el alemán, la fe en las posibilidades del ineludible español.

Monterroso  Augusto Monterroso

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Lecturas: «Piel de lobo», de Lara Moreno

Las novelas que cuentan la menesterosa situación de muchos ciudadanos por culpa de la crisis económica actual ganan cada día terreno en nuestra narrativa. Pero en momentos como el presente en que no existe ninguna tendencia que se imponga con claridad, a no ser cierta hegemonía de la literatura concebida para el mercado, es posible la presencia de todo lo contrario. Junto al testimonio de la realidad exterior abunda lo opuesto, ficciones volcadas en lo privado, historias de madres e hijas, de amigas, de relaciones personales atormentadas; son relatos de vivencias íntimas que desarrollan un discurso subjetivista frente al objetivismo de los otros.

Lara Moreno (Sevilla, 1978) aporta un caso muy llamativo dentro de esta corriente con Piel de lobo, donde aglutina en una sola historia el puñado de motivos habituales en el gusto de nuestros días por explorar conciencias conflictivas y desorientadas. El choque entre dos hermanas, Sofía y Rita, se lleva la parte del león en la novela y a este núcleo anecdótico se asocian, sin que resulten pegadizos, otros motivos, la maternidad, las relaciones paterno-filiares, las desavenencias en el matrimonio o las pulsiones eróticas.

Lara Moreno. Piel de loboAlgo tiene «Piel de lobo» de compendio de asuntos frecuentes en las preferencias habituales de la reciente narrativa escrita por mujeres. Pero de ninguna manera se trata de una secuela resumidora de dichas preocupaciones porque revela personalidad propia. La literatura actual acerca de enfermedades del alma suele contentarse con encadenar vagas impresiones y divagaciones genéricas sobre estados anímicos un tanto abstractos sin el soporte de una verdadera historia que contar. Se tiende a encerrarlo todo en el claustrofóbico espacio de la mente. lo cual está muy bien si se es Dostoievski, pero insuficiente si no se alcanza el magisterio del ruso. Lara Moreno sí dispone, por el contrario, de una anécdota firme en la que asentar las turbulencias psicológicas. Y construye, además, un entramado de vínculos con el mundo exterior que explica los comportamientos de los personajes -ambas hermanas y otros allegados- en función de hechos tanto del presente como del pasado. Supone una proximidad a la vida común y una voluntad de realismo cotidiano muy valiosos, aunque demasiado tímidos (no se entiende que solo se refiera a una “ciudad” y sus playas cercanas, en vez de dar el nombre, Huelva, del lugar donde se emplaza la acción).

Con estos planteamientos personales, Lara Moreno levanta una historia de infrecuente vigor. Se sostiene en una buena selección de confrontaciones, disidencias y violencias entre seres cercanos. Su forma de relatar es clásica, apenas modernizada por unos toques en la presentación de los diálogos. Alterna con positivo resultado el relato en primera y en tercera persona. La sustancia imaginativa tiene consistencia. En varios pasajes (por ejemplo, la visita de Sofía con su hijo a una feria popular) consigue alta intensidad gracias al hallazgo del estilo apropiado para trasmitir la aleación de sucesos e impresiones. Además, algún golpe de efecto y dosis de intriga amenizan algo el peligroso ensimismamiento de la anécdota principal.

«Piel de lobo» cumple un papel básico de la buena literatura, el de reflejar con vivacidad en un espejo las realidades de la vida. Lara Moreno va más allá de una crónica fratricida de extraño final positivo. Hace un retrato sin concesiones, violento y lúcido, turbador, de algo en lo que todo el mundo habrá de reconocerse, la familia.

Santos Sanz Villanueva. El Cultural


 

Textos

Sofía rompe a llorar a borbotones, con espasmos, la cara le arde, los labios están cubiertos de una baba caliente, sabe que está haciendo muchísimo ruido y si alguien pasara por la calle podría verla, si su hijo se despertara oiría esos sonidos roncos que provienen de su estómago, pero no puede hacer nada para evitarlo, no hay voluntad ni intención en sus lágrimas ni en sus gemidos, ni siquiera acierta a llevarse las manos a la cara, a tocarse la frente a modo de consuelo; todos sus músculos son carne dormida de lagarto, llora con la barbilla hincada en el pecho, con los hombros caídos, la espalda doblada en un arco, y el teléfono suena y dócilmente responde, con esa voz de hipo y de tontuna de los llantos fértiles, y llora mientras habla y el pez, ya definitivamente muerto a sus pies, la mira con sus ojos trémulos y su pátina blanca, se ha ido, Rita, me ha dejado por otra, no tengo nada, estoy sola, no sé qué voy a hacer sin él.

[…]

Ha sido rápido: la pequeña de las coletas negras no conseguía atrapar la atención de Leo, mucho menos una oportunidad de juego compartido, así que ha decidido meter sus dos manos gorditas y morenas en la bolsa de canicas; pese a su corta estatura la niña es ágil, en tres segundos las dos manos dentro de la bolsa, un buen puñado de canicas entre sus dedos, se gira y se dirige corriendo hacia sus padres con el botín, la boca babosa sonriente, los dientes pequeños y separados, en el segundo número cuatro hay incluso un chillido de júbilo, en el segundo cinco Leo se da la vuelta, tiene los ojos oscuros, alarga un brazo que de pronto es un brazo de seis u ocho años en vez de cinco, agarra con fuerza el borde de la falda de la niña, una tela como de organdí de estampados fucsia, cierra la mano como una garra pero en el segundo seis no se contenta con detenerla, con haberla atrapado, sino que en el segundo siete jala fuerte hacia él, muy fuerte, tanto como puede, nadie lo mira a la cara pero hay un brillo en sus mejillas, una desesperación oculta, en el segundo ocho la niña cae de bruces, como tiene el botín de las canicas en sus manos no le da tiempo a apoyarlas en el suelo, su carita redonda y mojada, su boca mamadora, su barbilla, la nariz de botón se estrellan contra la baldosa vieja y pulida de la plaza, se estrellan de un golpe solo y certero, las canicas ruedan hacia todos lados, pequeño big bang, quizá se ha roto algún diente, los labios sangran, baba roja, el grito más grande, el aullido, solo han sido diez segundos, la velocidad de la inocencia.

[…]

Puedo recordarla, delgada como una ruina, preciosa, pajarillo lacio, carita de árbol. Cuatro, cinco años, no sé. Ella no sabía. Yo tampoco sabía. El otro. El de la sonrisa, el del machete. Aquel que había desaparecido de nuestras vidas, pero no por el motivo adecuado. Aquel al que le habíamos reído las gracias siempre, del que habíamos aguantado gritos, insultos, bravuconadas, aquel del que habíamos aprendido la violencia. El guapo, el ganador, el preferido. El jefe de la tribu, despreciable cerebro, enfermo corazón. El que había sido mi amigo. Nueve años mayor que ella. ¿Cuánto duró? Claro que la besaba, y la tocaba, ¿y cuándo?, ¿cuándo la tocaba?, pues cuando estaban solos, cuando nosotros los dejábamos solos, tantos momentos a lo largo de nuestra vida de gran familia, y ahora recuerdo inútilmente una tarde de invierno, estando en casa de mis abuelos, su madre le mandó a que fuera a su casa a por una cosa, y él le dijo a mi hermana que lo acompañara, y ella lo acompañó, y yo me acuerdo ahora, porque eso en el fondo era raro, ella ya tendría más de diez años, y estaría con él allí en casa de los tíos, en el cuarto de él, en la cama, y luego regresaron a casa de los abuelos, y claro que ella fue si él se lo había pedido, porque ¿cómo podría evitarlo?, porque ¿no estaban juntos de alguna manera? ¿No había sido ella elegida por él, en la más tierna infancia, sellada con su voluntad de hombre? Con qué lisura convierte el verdugo a la víctima en cómplice.

Lara Moreno  Lara Moreno. Piel de lobo

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Descargas: Colección de libros gratis en PDF disponibles en la Biblioteca de Alejandría Digital

INDICE DE AUTORES DE OBRAS EN PDF ORDENADOS ALFABÉTICAMENTE POR APELLIDO  NOTA IMPORTANTE: La presente COLECCIÓN DE LIBROS DIGITALES está en construcción permanente y se irá completando paul…

Origen: COLECCIÓN DE LIBROS GRATIS EN PDF DISPONIBLES EN LA BIBLIOTECA DE ALEJANDRIA DIGITAL (Actualizado al Domingo 27 de Noviembre de 2016, 12:14pm) – ALEJANDRIA DIGITAL (Universal Library – Electronic Publishing House)

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Georges Bataille: Sobre la poesía

georges bataille

La poesía lleva al mismo punto que todas las formas del erotismo: a la indistinción, a la confusión de objetos distintos. Nos conduce hacia la eternidad, nos conduce hacia la muerte y, por medio de la muerte, a la continuidad: la poesía es la eternidad. Es la mar, que se fue con el sol.

Georges Bataille

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