Un escritor es un hombre que, más que cualquier otro, es de la opinión de que resulta difícil escribir.
Thomas Mann
(…) No creo que la literatura nos pueda enseñar a vivir, pero las personas que tienen preguntas sobre cómo vivir tienden a recurrir a la literatura.
Judith Butler
Sentarse tranquilamente bajo la luz de una lámpara con un libro abierto entre las manos, y conversar íntimamente con los hombres de otras generaciones, es un placer que traspasa los límites de lo imaginable.
Elizabeth Barrett Browning
Lo que hacen los libros es desgraciarlo al hombre, créalo. No conozco un solo hombre feliz que lea. Y tengo amigos de todas las edades. Todos los individuos de existencia más o menos complicada que he conocido habían leído. Leído, desgraciadamente, mucho.
Tomemos como ejemplo una manzana. ¿De qué está hecha una manzana? Agua, tierra, sol, árbol y un poco de estiércol. Pero ella no se parece a ninguno de esos elementos. Está hecha de ellos, pero no se parece a ellos. Así es un relato, está hecho de una suma de encuentros, experiencias y escuchas atentas.
Yo no llevo un diario. Mis diarios son las cosas que subrayo en los libros. Nunca le prestaría un libro a nadie después de haberlo leído. Subrayo demasiado, a veces páginas enteras, a veces con doble subrayado. Una vez, mi esposo y yo leímos juntos este mismo ejemplar de los diarios de Sontag. Acabábamos de conocernos. Los dos subrayamos pasajes enteros del libro, con entusiasmo, casi frenéticamente. Leíamos en voz alta, turnándonos, abriendo las páginas como si consultáramos un oráculo -nuestras piernas desnudas entrelazadas en una cama individual-. Supongo que las palabras, en el orden correcto y el momento oportuno, producen una luminiscencia. Cuando lees palabras como ésas en un libro, palabras hermosas, te embarga una emoción intensa, aunque fugaz. Sabes que, muy pronto, el concepto que recién aprehendiste y el rapto que produjo se van a esfumar. Surge entonces una necesidad de poseer esa extraña y efímera luminiscencia, de aferrarse a esa emoción. Así que relees, subrayas, y quizás incluso memorizas y transcribes las palabras en algún sitio -un cuaderno, una servilleta, en tu mano-.
Nunca sabrás que tu alma viaja Dulcemente refugiada en el fondo de mi corazón, Y que nada, ni el tiempo ni la edad ni otros amores, Impedirá que hayas existido.
Ahora la belleza del mundo toma tu rostro, Se alimenta de tu dulzura y se engalana con tu claridad. El lago pensativo al fondo del paisaje Me vuelve a hablar de tu serenidad.
Los caminos que seguiste, hoy me señalan el mío, Aunque jamás sabrás que te llevo conmigo Como una lámpara de oro para alumbrarme el camino
Ni que tu voz aún traspasa mi alma. Suave antorcha tus rayos, dulce hoguera tu espíritu;
Piensa esto: Cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearas contigo. Te regalan –no lo saben, lo terrible que es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se te rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)