La lectura. I. Valeria Luiselli

Yo no llevo un diario. Mis diarios son las cosas que subrayo en los libros. Nunca le prestaría un libro a nadie después de haberlo leído. Subrayo demasiado, a veces páginas enteras, a veces con doble subrayado. Una vez, mi esposo y yo leímos juntos este mismo ejemplar de los diarios de Sontag. Acabábamos de conocernos. Los dos subrayamos pasajes enteros del libro, con entusiasmo, casi frenéticamente. Leíamos en voz alta, turnándonos, abriendo las páginas como si consultáramos un oráculo -nuestras piernas desnudas entrelazadas en una cama individual-. Supongo que las palabras, en el orden correcto y el momento oportuno, producen una luminiscencia. Cuando lees palabras como ésas en un libro, palabras hermosas, te embarga una emoción intensa, aunque fugaz. Sabes que, muy pronto, el concepto que recién aprehendiste y el rapto que produjo se van a esfumar. Surge entonces una necesidad de poseer esa extraña y efímera luminiscencia, de aferrarse a esa emoción. Así que relees, subrayas, y quizás incluso memorizas y transcribes las palabras en algún sitio -un cuaderno, una servilleta, en tu mano-.

Valeria Luiselli.

(Leído en “Desierto sonoro”, Valeria Luiselli)

Esta entrada fue publicada en El oficio de lector y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a La lectura. I. Valeria Luiselli

  1. Melitón B. dijo:

    Pocas veces he visto mejor descrita la pasión por la lectura. Más que unas líneas, es un fogonazo.

    Tengo la impresión de que el verbo leer cada vez se emplea menos en el día a día: en relación con documentos a menudo se habla de “echar una ojeada”, “echar un vistazo” (supongo un calco del inglés “to browse”), para aligerar y diluir el “funesto” acto de leer. Cuantas veces nos presenta la lectura como algo meramente pasivo, o para extraños-introvertidos o escapistas, como lo último de lo último.

    En cambio, que para muchos la lectura puede ser una tabla de salvación (que se me perdone el tópico), y una de las principales trincheras que nos quedan en la defensa del espíritu, después de encontrarse con este texto de la Luiselli, debería ser algo comprensible.

    Le gusta a 2 personas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s