Ventana a YouTube. Los libros y la librería

Tabook

Cuando una mujer joven explora los libros de una librería bajo la mirada de otros clientes, enfrentando sus más profundos deseos con su vergüenza. Un cortometraje de animación dirigido por Dario van Vree.

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Columna: Un maestro vivo. Almudena Grandes

Juan Eduardo Zúñiga fue un ejemplo de integridad, de combatividad sin rencor, de inteligencia y pasión por lo que amaba

Origen: Columna: Un maestro vivo | EL PAÍS Semanal

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Álbum de Bibliotecas en construcción. CLI

Bliblioteca Underground Library, Metro de Nueva York, EEUU

Biblioteca antigua
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El novelista enseña a aprehender el mundo como pregunta, Milan Kundera

Tengo siempre mucho cuidado con las palabras pesimismo y optimismo. Una novela no afirma nada: una novela busca y plantea interrogantes. No sé si mi nación perecerá y tampoco sé cuál de mis persona…

Origen: El novelista enseña a aprehender el mundo como pregunta, Milan Kundera – Calle del Orco

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Un lector. Ricardo Piglia

Un lector es también el que lee mal, distorsiona, percibe confusamente. En la clínica del arte de leer, no siempre el que tiene mejor vista lee mejor.

Ricardo Piglia

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Apuntes sobre María Kodama. Leila Guerriero

María Kodama, el 18 de marzo en Buenos Aires. MARIANA ELIANO

La viuda y albacea de Borges nunca quiso publicar sus propios cuentos en vida de su marido. Ahora reúne cuatro en un volumen. Durante varias tardes, en un bar de Buenos Aires, muestra su cara menos conocida

Origen: Apuntes sobre María Kodama | Babelia | EL PAÍS

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La puntuación del texto. Maylis de Kerangal

Para mí la literatura es sobre todo una experiencia del lenguaje, tiene que tener una experiencia musical, poética.

Pienso que la puntuación representa la parte más íntima del autor en el texto. Es allí donde respira, donde acelera… Y es verdad que cambio las reglas. No debe haber varios dos puntos seguidos y yo lo hago muchas veces, porque es una forma de profundizar en la frase en vez de poner un punto. Para mí la acción es muy importante: concibo la frase como un momento de la acción, y si esta se prolonga, la frase también. Lo mismo ocurre con el deseo, porque tampoco se puede detener. Lo que no tiene sentido es hacer frases muy largas cuando no se corresponden con nada.

Maylis de Kerangal
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Cuaderno de poemas. "Un libro, un vaso, nada". Caballero Bonald

Todas las noches dejo
mi soledad entre los libros, abro
la puerta a los oráculos,
quemo mi alma con el fuego
del salmista.

Qué contraria
voluntad de peligro me desvela,
quiebra la vigilante
sed de vivir de mi palabra.

Todas las noches junto inútilmente
los residuos del día, me distancio
del tiempo funeral del desamor,
consisto en lo que he sido.
(Una mano olvidada entre las sábanas
rompe papeles, incinera
los escombros del sueño).

Oh posesión
de nadie, ¿para qué
tantas páginas vanas, tantos
días vacíos? Mira
a tu alrededor, ¿qué queda? Solos
estamos: toda la ausencia cabe
entre lo verdadero y lo ilusorio. Aquí
mi obstinación es mi alegría:
un libro, un vaso, nada.

Caballero Bonald
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Lectura: "Nuestras vidas". Marie-Hélène Lafon

La escritora Marie-Hélène Lafon, en un café del centro de Paris. BRUNO ARBESU

Marie-Hélène Lafon, la escritora de la Francia vacía

La autora francesa es la voz de la generación que abandonó el moribundo mundo rural para trasladarse a la ciudad, sin llegar a encajar del todo en el ambiente urbano

Origen: Marie-Hélène Lafon, la escritora de la Francia vacía | Babelia | EL PAÍS


Textos

Y qué decir de sus pechos. La blusa cerrada no bastaría para contenerlos. Abundan. Escapan al entendimiento; ni castos ni turgentes; no se pueden calificar, ni contener, ni resumir. Los pechos de Gordana no perdonan, superan la medida, franquean los límites, no nos evitan, no nos ahorran nada, no salvan a nadie, pueden herir la sensibilidad del espectador, siembran cizaña, no tienen el menor respeto ni educación alguna. No toleran disidencia ni resistencia. Te dejan indefenso. Te quedas ante ellos, quisieras pensar en la compra, ejecutar los gestos por orden, sacar dejar ordenar, vaciar llenar, la tarjeta el código. Nos esforzamos nos concentramos nos aplicamos, todos más o menos, hombres y mujeres, viejos y jóvenes y de mediana edad; pero los pechos atraviesan, rezuman, es algo orgánico. Es un brillo tenaz y anacarado que parece soldarse a través de los tejidos, que emanaría, a través y contra todo, de esa carne inaudita, inimaginable y perfectamente tibia, opalescente y suave, densa y mullida. Querrías recogerte, cerrar los ojos, juntar las manos, recitarías descabelladas letanías, olerías sabores, gustos, tactos, consistencias, fragancias tenues o lancinantes. Perderías el seso y el sentido común. Los senos de Gordana emergen, considerables y seguros, apuntando. Es un pecho de mujer duro, joven y acorazado.


En París, en el metro, durante cuarenta años, he estado pescando rostros, perfiles de mujer o de hombre que no volvería a ver nunca más, y he fantaseado, husmeado dentro de ellos, a fondo, como si nada, en la línea seis o en la línea cuatro, quince o veinte minutos ida y vuelta mañana y tarde cinco veces por semana, sin contar el tiempo de los viajes que no tenían nada que ver con la oficina; he pasado cuarenta años hundiéndome en el laberinto de unas vidas olfateadas, trenzadas, esbozadas, como otros habrían dibujado a lápiz inclinados sobre una libreta de espiral.


En septiembre de 1985 Karim no regresó de Argelia. No me telefoneó, no me escribió, no me comunicó nada, no regresó, eso es todo; empezó el silencio, empezó la ausencia, su silencio, su ausencia; yo aguanté y durante unos cuantos años infraviví justo a ras de los gestos y las cosas, apenas en la superficie, apenas con la cabeza fuera del agua.


Mi madre lamentaba vivamente que no tuviera religión y me lo decía con sus expresiones; los días malos, sacudía la cabeza de derecha a izquierda y apuntaba con la barbilla con golpecitos secos para insistir, me sabe mal, tus hermanos no hacen tantos remilgos, se te va a caer el pelo, o, ya hablaremos cuando hayas cumplido los cincuenta; otras veces añadía más ligeramente, solo por probar, el comer y el rascar todo es empezar, o, entre sentencia y chiste, daño no puede hacerte aunque no te haga bien.


Horacio Fortunato habría sido un excelente padre, un padre mayúsculo, un padre inconmensurable, inolvidable, irremediable, insuperable, insumergible; sus tesoros de menudas y constantes atenciones, de cariño sin falla, de amor orgánico, de paciencia angélica, de autoridad benevolente, de firmeza tranquilizante, sus reservas de inquietudes dolorosas y de angustias lancinantes no se gastarán, no se habrán gastado, permanecerán apiladas en montones apretados en los laberintos afelpados de sus almacenes interiores, se convertirán en polvo, o se pudrirán bajo su piel, Se pondrán agrias y lentamente envenenarán todo lo que le queda de vida, los días las semanas los meses los años.


Qué será de Horacio Fortunato cuando su padre haya muerto, en quién pensará en el transporte público, sobre quién se inclinará, a quién tocará, para quién elegirá los mejores productos domésticos y las carnes blancas fáciles de digerir, para quién pasará por la farmacia, quién lo esperará con ilusión, quién contará con él para cambiar la bombilla del baño o para arreglar el tirador del armario de los zapatos y regar las orquídeas y ocuparse del panteón del cementerio de Bagneux y llamar a la peluquera a domicilio y cambiar la pila del mando a distancia de la televisión nueva. Quién, muerto ya el padre, pensará en Horacio Fortunato varias veces al día.

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Columna: La cruzada contra la imaginación. Javier Marías

Es el viejo impulso represor y reaccionario de controlar a los artistas, o directamente de prohibirlos. Sólo el disfraz es nuevo

Origen: Columna: La cruzada contra la imaginación | EL PAÍS Semanal

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