Zadie Smith: “Escribo cuando mis hijos van al cole o si no estoy limpiando, escribir es lo último que hago”
La mordaz escritora británica que sigue deslumbrando 20 años después de ‘Dientes blancos’, lleva fatal la pandemia: ha dejado de fumar y las tareas familiares le dejan poco tiempo para escribir. Lo ha buscado bajo las piedras y el resultado es ‘Contemplaciones’ (Salamandra), un diario personal abierto de par en par
Ahí está el caso de Joseph Conrad, que, un día en alta mar, decidió pasarle a un rudo marino llamado Jacques el manuscrito de su primera novela, La locura de Almayer. Conrad le preguntó si le aburr…
Al mirar atrás, el crítico ve la sombra de un eunuco. ¿Quién sería crítico si pudiera ser escritor? ¿Quién se preocuparía de calar al máximo en Dostoievski si pudiera forjar un centímetro de los Karamazov, o reprobaría la altanería de Lawrence si pudiera dar forma al huracán de El arco iris? Toda gran escritura brota de le dur désir de durer, la despiadada artimaña del espíritu contra la muerte, la esperanza de sobrepasar al tiempo con la fuerza de la creación. Brightness falls from the air: cinco palabras y un alarde sonoro que se apaga. Pero han durado tres siglos. ¿Quién querría ser crítico literario si pudiera poner los versos a cantar, o componer, a partir de su propio ser mortal, una ficción viva, un personaje perdurable? La mayoría de los hombres tiene su polvorienta supervivencia en las guías telefónicas viejas (es una suerte que se conserven en el Museo Británico); en el hecho literal de su existencia hay menos verdad y menos vida que en Falstaff o en Madame de Guermantes, sólo por imaginar a éstos.
El crítico vive de segunda mano. Escribe acerca de. Ha de dársele el poema, la novela o el drama; la crítica existe gracias al genio de otros hombres. En virtud del estilo, la crítica puede convertirse en literatura. Pero esto suele acontecer sólo cuando el escritor hace de crítico de la propia obra o de corifeo de la propia poética, cuando la crítica de Coleridge es obra acumulativa o la de T. S. Eliot divulgación. Fuera de Sainte-Beuve, ¿hay alguien que pertenezca a la literatura permanente en calidad de crítico? No es la crítica lo que hace vivir al lenguaje.
Evitar la decoración y el lirismo, evitar el lirismo y la decoración pura, evitar la decoración y el lirismo puro. Ir hace una localización más recogida, menos elocuente, más analítica. Menos convenciones, incluso rebuscadas. Más episodios, aproximaciones. Menos fórmulas. Más observaciones.
El horizonte de Tierra de Campos se desdobla ante nosotros como una cuadrícula viva, mutante y ajedrezada. A nuestros pies, una muralla protege el único pueblo con la categoría de Villa del Libro de España: Urueña, a cincuenta y cinco kilómetros al noreste de Valladolid. Aquí hay más librerías que bares dispuestas a seducir a cualquier apasionado del cine, la etnografía o el fotoperiodismo. Y no es lo único que esconde este pueblo con menos de doscientos habitantes…
A veces uno amanece con ganas de extinguirse, Rocamadour. Como si fuéramos velitas sobre un pastel de alguien inapetente. A veces nos arden terriblemente los labios y los ojos y nuestras narices se hinchan y somos horribles y lloramos y queremos extinguirnos. Seguro que ahora no comprendes esto, pero cuando seas mayor habrá días en que amanezcas con ganas de que un aliento gigante sople sobre ti, apagándote. Así es la vida, Rocamadour, un constante querer apagarse y encenderse».
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)