6. Muchos años después, encontraría resumida la tarea que, sin ser plenamente consciente entonces, había emprendido con ese breve primer texto de fondo criminal [La asesina ilustrada]. La encontrar…
No he vuelto a escribir y tampoco podría volver a hacerlo, porque la bóveda de mi mundo interior, apoyada en las columnas de mi literatura, de mis conversaciones conmigo mismo, se encogió y se desplomó, como la estructura demasiado expandida de un pastel recien sacado del horno. La espuma de aquellas páginas, los miles de millones de burbujas que se han fusionado y aplastado unas contra otras ha secado miserablemente, como el rastro de crema de afeitar en una repisa y ahora se reduce a los libros, anticuados, estúpidos y olvidados por todo el mundo. Me siento blandamente infeliz, desesperádamente irónico, he tocado el fondo del lago, llegar más abajo resulta imposible.
Multitud de escritores escriben o escribían de pie, de Ernest Hemingway a Eduardo Mendoza. Dicen que ayuda a concentrarse. Repasamos algunos de los autores que tienen este hábito para escribir.
El escritor Alejandro Zambra fotografiado en su casa en la Colonia San Miguel Chapultepec, México DF.ANA HOP
Alejandro Zambra: “Crecimos convencidos de que no había segundas oportunidades”
Perfeccionista y cerebral, el autor de ‘Poeta chileno’ ha contado y recontado la historia silenciosa de Chile, que es, en realidad, la suya propia. Las casas donde se calló por instinto de supervivencia, la vida en las calles de un país represaliado, la literatura de biblioteca. También el lento proceso de salida de todo aquello, en el que hombres como él cuestionan la inquebrantable masculinidad de su educación
Querida Henrietta, ya que tuviste la deferencia de preguntarme por qué dejé de escribir, voy a tratar de responderte lo mejor que pueda. En los viejos tiempos, mis pensamientos eran como pequeñas chispas que brotaban de la penumbra de mi conciencia; yo los transcribía y, página tras página, brillaban con una luz que yo llamaba mía. Sentado ante mi escritorio me asombraba ante lo que estaba sucediendo. Hasta cuando veía que las luces se esfumaban y mis pensamientos se convertían en tenues evocaciones insignificantes, yo seguía asombrado ante el crepúsculo de tanta promesa. Y cuando desaparecían, como inevitablemente ocurría, estaba dispuesto a empezar de nuevo, dispuesto a sentarme en la oscuridad durante horas a esperar aunque más no fuera una simple chispa, aun sabiendo que no arrojaría casi nada de luz. Lo que entonces no entendía, y lo que ahora entiendo demasiado bien, es que las chispas traen con ellas el deseo de ser liberadas de la carga de tener que brillar. Y es por eso que ya no escribo, y es por eso que la oscuridad es mi libertad y mi felicidad.
En un drama, una novela o una película, las cosas le suceden a otros, con los que nos identificamos en mayor o menor medida. En un poema no hay intermediarios: el “yo” que habla en sus versos se transforma, si se logra el contacto, en el “tú” que lo lee.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)