LA CHARLA | El ensayista Alan Pauls (@LitRandomHouse) reflexiona sobre el ejercicio de la lectura, habla sobre la crítica literaria como un género creativo y diferencia entre aprender el estilo de un escritor como Borges e imitarlo. Por @AnnaMIglesia.
“—Justamente quería volver a ese tema —dijo él, muy entusiasmado—. Hay dos formas de que un libro llegue a ti: la normal y la secreta. La normal es que lo compres, te lo presten o te lo regalen. La secreta es mucho más importante: en ese caso es el libro el que escoge a su lector. A veces las dos se confunden. Crees que tú decidiste comprar un libro, pero en realidad él se puso ahí para que lo vieras y te sintieras atraído. Los libros no quieren ser leídos por cualquier persona, quieren ser leído por las mejores personas, por eso buscan a sus lectores. Vamos a respirar un poco de aire fresco”.
De izquierda a derecha: Juan José Millás, Eduardo Haro Tecglen, Javier Marías, Manuel Rivas y Antonio Muñoz Molina. Todos ellos participaron en un coloquio sobre periodismo literario, durante los actos conmemorativos del 20º aniversario de la salida del diario ‘EL PAÍS’ en 1996.SANTOS CIRILO
Los fallecimientos de Javier Marías y Almudena Grandes empujan al análisis generacional y literario
Es muy común que vengan a verme periodistas y me pregunten: «¿Y cuál es su mensaje?». Y yo les digo que no tengo ningún mensaje —los mensajes son propios de los ángeles, ya que ángel significa mensajero en griego—, y yo ciertamente no soy un ángel. Kipling dijo que a un escritor puede estarle permitido inventar una fábula, pero que no le está permitido saber cuál es la moraleja. Es decir, un escritor escribe para un fin, pero realmente el fin que busca es esa fábula. Yo me imagino que aun en el caso de Esopo —o de los griegos que llamamos Esopo—, le interesaba más la idea de animalitos que conversan como si fueran seres humanos que la moraleja de la fábula. Además, sería muy raro que alguien empezara por algo tan abstracto como la moraleja, y llegara después a una fábula. Parece más natural suponer que se empiece por la fábula. Desde luego que las literaturas empiezan por lo fantástico. Bueno, y en los sueños —que vienen a ser una forma muy antigua del arte—, en los sueños no estamos razonando; estamos, bueno, creando pequeñas obras dramáticas.
La primera vez que leí algo agresivo con esa clase de autores totalitarios —los estrechos y también algo desesperados competidores de Dios —fue en el coloquio en el que participaba Antonio Tabucchi…
Lo mejor para las turbulencias del espíritu, es aprender. Es lo único que jamás se malogra. Puedes envejecer y temblar, anatómicamente hablando; puedes velar en las noches escuchando el desorden de tus venas, puede que te falte tu único amor y puedes perder tu dinero por causa de un monstruo; puedes ver el mundo que te rodea, devastado por locos peligrosos, o saber que tu honor es pisoteado en las cloacas de los espíritus más viles. Sólo se puede hacer una cosa en tales condiciones: aprender.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)