En la vida no se producen argumentos, Josep Pla

Después de hablar, durante tantos años, de lo que es y no es una novela, se ha llegado a tener una idea tan vaga sobre este género literario, que temo que La calle estrecha deba ser considerada com…

Origen: En la vida no se producen argumentos, Josep Pla – Calle del Orco

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La crítica. Lawrence Durrell

P: ¿Presta atención a lo que dicen los críticos?

R.: No, porque me quedo bloqueado. Naturalmente, no es un comportamiento muy razonable: he descubierto hace poco que las características resistencias freudianas a las confesiones de cualquier tipo, que ponen de manifiesto todos los bloqueos que uno padece los mareos, las náuseas, etcétera, que casi todo escritor ha vivido-, constituyen un patrón para toda clase de actividades creativas. Son simplemente formas de egocentrismo. Y el egocentrismo puede inflamarse muy fácilmente con una buena crítica, y hasta con una mala, para el caso, y entonces sufres un fabuloso bloqueo que te cuesta dos días de trabajo. Pero como cuando necesitas el dinero que cobrarás por ese trabajo no puedes permitirte un solo bloqueo, no leo reseñas a menos que me las envíen. Por lo general le llegan a mi agente, porque le ayudan a vender los derechos en el extranjero. Y quizá les parezca muy solemne que lo diga así, pero creo de veras que tienen una mala influencia sobre uno, y hasta las buenas críticas te hacen sentir un poco avergonzado. De hecho, para mí el mejor régimen es levantarme temprano, insultarme a mí mismo en el espejo mientras me afeito y luego pensar que estoy cortando leña, que en realidad es lo que hago. No sé sI me explico, pero lo que quiero decir es que todo ese rollo junguiano sobre la importancia del propio mensaje y ese tipo de cosas sólo sirven para engordar el ego y que termine interponiéndose en tu camino, convenciéndote de que eres tan condenadamente bueno que casi te da miedo ponerte a escribir de lo buena que es la idea. En cuanto bajas la guardia estás perdido ¿de dónde van a salir los cheques para pagar el gas, la luz y la calefacción del próximo mes?. No puedes permitírtelo.

Lawrence Durrell

Entrevista con Lawrence Durrell (“The Paris Review”. 1953-1983)

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Cuaderno de poemas. «El hombre imaginario». Nicanor Parra


El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario

Nicanor Parra
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Ventana a YouTube. Jairo & Baglietto – Palabras Para Julia (En Vivo)

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Diálogo entre Alicia y el Conejo Blanco. Lewis Carroll

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Álbum de librerías incompleto 217

Librerías de Budapest

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Mario Vargas Llosa: “No me arrepiento de nada” . Manuel Jabois

Mario Vargas Llosa, retratado el 24 de enero en su casa de Madrid.GIANFRANCO TRIPODO

El escritor hispanoperuano y premio Nobel recibe a ‘El País Semanal’ en su casa de Madrid y se confiesa sobre la literatura y la vida, a punto de ingresar en la Academia Francesa

Origen: Mario Vargas Llosa: “No me arrepiento de nada” | EL PAÍS Semanal | EL PAÍS

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Colección de citas literarias. XCIII

Entre el pensamiento y la palabra hablada existe una fisura en la que puede penetrar la intención, el símbolo puede ser abstraído y la mentira admitida en la existencia.

Ursula K. Le Guin

Tener el valor, sabiendo previamente que vas a ser derrotado, y salir a pelear: eso es la literatura.

Roberto Bolaño

Adquirir el hábito de la lectura y rodearnos de buenos libros es construirnos un refugio moral que nos protege de casi todas las miserias de la vida.

W. Somerset Maugham

La poesía es la intimidad que coincide con la intimidad de otros

Ida Vitale

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Recopilación de textos fotografiados. «El Abrazo». Luis Alberto de Cuenca

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Lectura: «La ciudad de los vivos». Nicola Lagioia

La ciudad de los vivos y de los muertos. Antonio Muñoz Molina

Con la ayuda de un cómplice, el hijo ha matado a alguien, y no ha sido un atropello: lo han torturado durante horas

Origen: Antonio Muñoz Molina: La ciudad de los vivos y los muertos | Babelia | EL PAÍS


Textos

Manuel se abrió paso entre los familiares, llegó hasta el ataúd de su tío. Quieto mientras observaba el cadáver, se prometió tomar una decisión antes de la noche. Saber. Saber mientras los demás no sabían. La sensación era nueva. Manuel sabía cuando su madre le aconsejó que se cambiara de pantalones; sabía en el coche, sentado junto a su hermano; lo sabía ahora en la capilla ardiente. Sabía lo que los demás ni siquiera podían imaginarse. Acostumbrado a acatar las decisiones ajenas ahora era él quien podía decidir. Pocas palabras. Bastaría solo con pronunciarlas para cambiar la vida de todos ellos.


En un mundo que creemos sustentado sobre bases demasiado materiales, nos cuesta un gran esfuerzo pensar que la palabra conserva sus poderes mágicos. Sin embargo, algunas frases sencillas pronunciadas por Manuel los habían lanzado de cabeza a una pesadilla. Se encontraban a doscientos kilómetros de casa, parados en un área de descanso. En cualquier momento podría pasar el coche fúnebre con el cadáver del tío dentro. El viento frío los azotaba. Manuel acababa de acusarse a sí mismo de asesinato. Y, a pocos pasos, sin saber nada de nada, estaban el abuelo, la abuela y la madre del presunto asesino.


Ningún ser humano está a la altura de las tragedias que se le infligen. Los seres humanos son imprecisos. Las tragedias, piezas únicas y perfectas, parecen talladas por las manos de un dios en cada ocasión. El sentimiento de lo cómico nace de esta desproporción.


Esa noche, sin embargo, en la décima planta de via Igino Giordani, parecía que toda la desesperación, el despecho, la arrogancia, la brutalidad, la sensación de fracaso que reinaba en la ciudad, se hubieran concentrado en un único punto.


—Cuando era pequeño —le dijo Marco Prato al fiscal—, a veces me iba a la cama y rezaba. Rezaba para que, por la mañana, mágicamente, pudiera despertarme en el cuerpo de una niña. Lo deseaba muchísimo.


Marco abrió los ojos unas horas después. Se había quedado profundamente dormido. Despertarse fue como si lo hubieran arrojado a la superficie desde el fondo de un océano, sintió que le faltaba el aliento, abrió la boca para inhalar oxígeno, se incorporó de golpe en la cama. Como el agua de una fuga, un pensamiento empezó a invadirle la cabeza. A su lado estaba Manuel, dormido, Marco lo observó atónito, luego se giró hacia el otro lado y vio claramente el cadáver de Luca en el suelo. «Entonces es verdad», pensó.

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