
En conversación con Rodrigo Fresán, Ellis se refirió a la génesis de «Los destrozos», a sus influencias, a sus idas y vueltas por el mundo del cine y a lo mucho que él disfruta de hacer literatura en su propio mundo, tan lejos de todos y de todo.

En conversación con Rodrigo Fresán, Ellis se refirió a la génesis de «Los destrozos», a sus influencias, a sus idas y vueltas por el mundo del cine y a lo mucho que él disfruta de hacer literatura en su propio mundo, tan lejos de todos y de todo.

James Salter, contra lo romántico: Salamandra reúne sus impúdicos cuentos
La temática se circunscribe a las relaciones afectivas entre los sexos, siempre caracterizadas por el desengaño, la traición y la impostura
Origen: James Salter, contra lo romántico: Salamandra reúne sus impúdicos cuentos
Textos
Él luce un cuerpo de corredor, un cuerpo sin defectos, de mártir de pintura flamenca. Las venas asoman como cuerdas bajo la piel de sus brazos y piernas.
El entoldado en que se celebraba el banquete nupcial tenía largas mesas con grandes arreglos florales y, al caer la noche, se fue iluminando gradualmente hasta parecer un inmenso barco etéreo destinado a surcar el mar o los cielos, no se sabía bien. Brule le aseguró a su nuevo año que empezaba para él, Brian, la época más feliz que un hombre podía experimentar en la tierra, refiriéndose, por supuesto, al matrimonio.
Solía aparcar así: era una mujer con una vida muy particular. Sabía organizar cenas, cuidar perros, entrar en restaurantes… Tenía su estilo de responder a las invitaciones, de vestirse, de ser quien era; hábitos incomparables, podría decirse. Era una mujer que había leído libros, jugado al golf, asistido a bodas; que tenía buenas piernas, que había capeado temporalmente: una mujer elegante a quien ya nadie quería.
Aunque había estudiado en Dartmouth y se había licenciado en Historia, Eddie Fenn era carpintero. Trabajaba solo casi todo el tiempo. Tenía treinta y cuatro años. Le clareaba el pelo y tenía una sonrisa tímida. Había en él algo aplacado. De más joven, se le suponía algún talento, pero no había llegado a zarpar: siempre había navegado cerca de la costa.
Era alta, con la nariz larga y elegante de un purasangre. La gente nunca es como uno la recuerda: la había visto por primera vez saliendo de un restaurante muy pasada la hora de comer. Llevaba un vestido de seda bien ceñido a las caderas y el viento que soplaba de frente hacía que se le pegaba a las piernas delineando sus muslos. «Aquellas tardes», pensó.
Llevaban tres meses casados cuando, tras discutir durante una comida de Acción de Gracias con amigos, ella abrió la ventana de un dormitorio y saltó al vacío desde un decimoctavo piso. No había dicho nada, no dejó ninguna nota.
Walter Such era traductor. Le gustaba escribir con una pluma estilográfica verde que tenía por costumbre dejar suspendida en el aire después de cada frase, casi como si su mano fuera un artefacto mecánico. Podía recitar frases de Blok en ruso y luego dar la traducción alemana de Rilke resaltando su belleza. Era un hombre sociable, aunque quisquilloso, que tartamudeaba ligeramente y vivía con su mujer de un modo satisfactorio para ambos. Pero Marit, su mujer, estaba enferma.
Para mí, leer es abandonarme por completo al mundo del otro; juzgar, en cambio, es mantenerse en el mundo social y decir: eso está bien, eso está mal. Leer juzgando no tiene nada que ver con leer profundamente.
Leer es vagar. Hay en la lectura una espera que no busca un resultado… No todo el mundo puede ser lector y no habría que forzar a todos los niños del mundo a leer. Quiero decir… aquel que toma un libro se expone al riesgo de verse sometido a la emoción de una página que, de repente, hace surgir un suceso dramático. Se expone a ‘ser desestabilizado’, eso es. Hay un peligro.

Pascal Quignard
¿Existió la Maga de Rayuela?
Edith Aron, nació en Alemania y conoció a Cortázar en 1950, cuando ambos tomaron un barco rumbo a Europa.
Contaba Aron: «Luego, en París, me lo encontré tres veces en distintos lugares. Para él, muy influenciado por los surrealistas, la casualidad contaba mucho.»
Así nació una compleja historia de amor.
Un día, Cortázar le anunció: «Quiero escribir un libro mágico». El libro fue Rayuela, y según confesó después a su editor y a la propia Edith por carta, ella fue la inspiración para La Maga.
A Edith Aron nunca le gustó que la identificaran con el personaje de Rayuela.
Tampoco le gustó la dedicatoria del libro «fría y distante», ni que Julio luego eligiese a Aurora Bernárdez, ni que le haya negado la posibilidad de traducir Rayuela al alemán.
Edith murió en el 2020, en Londres, con 96 años.
«…acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico.»

(A través de Historia de la Literatura)
Una vez que un hombre o una mujer jóvenes son expuestos al virus de lo absoluto, una vez que ven, oyen, huelen, la fiebre en quienes persiguen la verdad desinteresadamente, algo de su resplandor pe…
Origen: El virus de lo absoluto, George Steiner – Calle del Orco
Alrededor de la persona que escribe libros siempre debe haber una separación de los demás. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir. Para empezar, uno se pregunta qué es ese silencio que lo rodea. Y prácticamente a cada paso que se da en una casa y a todas horas del día, bajo todas las luces, ya sean del exterior o de las lámparas encendidas durante el día. Esta soledad real del cuerpo se convierte en la, inviolable, del escribir. Nunca hablaba de eso a nadie. En aquel periodo de mi primera soledad ya había descubierto que lo que yo tenía que hacer era escribir. Raymond Queneau me lo había confirmado. El único principio de Raymond Queneau era éste: «Escribe, no hagas nada más».
Escribir: es lo único que llenaba mi vida y la hechizaba. Lo he hecho. La escritura nunca me ha abandonado.
Mi habitación no es una cama, ni aquí, ni en París, ni en Trouville. Es una ventana determinada, una mesa determinada, ritos de tinta negra, huellas de tinta negra inencontrables, es una silla determinada. Y determinados ritos a los que siempre vuelvo, a dondequiera que vaya, dondequiera que esté, incluso en los lugares donde no escribo, como por ejemplo las habitaciones del hotel, el rito de tener siempre whisky en mi maleta en caso de insomnios o de súbitas desesperaciones. Durante aquel periodo tuve amantes. Rara vez he estado absolutamente sin amantes. Se acostumbraban a la soledad de Neauphle. Y según su encanto a veces esta soledad les permitía que, a su vez, escribieran libros. Raramente daba a leer mis libros a esos amantes. Las mujeres no deben hacer leer a sus amantes los libros que escriben. Cuando terminaba un capítulo, lo escondía. En lo que a mí respecta, es tan verdad que me pregunto qué pasa en otras partes y también cuando se es una mujer y se tiene un marido o un amante. En tal caso, también hay que esconder a los amantes el amor del marido. El mío nunca ha sido sustituido. Lo sé, todos los días de mi vida.
Esta casa, esta casa es el lugar de la soledad, sin embargo da a una calle, a una plaza, a un estanque muy antiguo, al grupo escolar del pueblo. Cuando el estanque está helado, hay niños que vienen a patinar y me impiden trabajar. Les dejo hacer. Los vigilo. Todas las mujeres que han tenido hijos vigilan a esos niños, desobedientes, locos, como todos los niños. Pero, qué miedo, cada vez, el peor de los miedos. Y qué amor.
La soledad no se encuentra, se hace. La soledad se hace sola. Yo la hice. Porque decidí que era allí donde debía estar sola, donde estaría sola para escribir libros. Sucedió así. Estaba sola en casa. Me encerré en ella, también tenía miedo, claro. Y luego la amé. La casa, esta casa, se convirtió en la casa de la escritura. Mis libros salen de esta casa. También de esta luz, del jardín. De esta luz reflejada del estanque. He necesitado veinte años para escribir lo que acabo de decir.
Esta casa se puede recorrer en toda su extensión. Sí. También se puede ir y venir. Y además hay el jardín. Allí, están los árboles milenarios y los árboles todavía jóvenes. Y hay alerces, manzanos, un nogal, ciruelos y un cerezo. El albaricoquero murió. Frente a mi habitación se halla el fabuloso rosal de LHomme Atlantique. Un sauce. También hay cerezos de Japón y lirios. Y, debajo de una ventana del salón de música, hay una camelia, que plantó Dionys Mascolo para mí.
Primero amueblé esta casa y luego la hice repintar. Quizá fue dos años después cuando empecé a vivir con ella. Terminé Lol V. Stein aquí, escribí el final aquí y en Trouville frente al mar. Sola, no, no estaba sola, había un hombre conmigo en aquella época. Pero no hablábamos. Como escribía, era necesario evitar hablar de libros. Una mujer que escribe: los hombres no lo soportan. Es cruel, para un hombre. Es dificil para todos…
Fuente: Duras, Marguerite, Escribir, Tusquets, Madrid, 1993.

(A través de Casa de Letras)
Sobre Literatura: Su lectura, su creación, sus textos...
The latest news on WordPress.com and the WordPress community.
Web de Gema Albornoz
fanzine bejarano de historietas hecho en los 80
Mundos paralelos
blog de la web javiermarias.es
arte y literatura
Lee. Escribe. Bloguea
Cultura: Literatura, Pensamiento, Música, Cine, Arte, Filosofía, Entrevistas, Libros
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)
La comunidad de lectores más grande de Iberoamérica
Palabras sobre todos los vivos y sobre los muertos
"El Mundo Visible es Sólo un Pretexto" / "The Visible World is Just a Pretext".-
Para mis amigos, mi comunidad y los amantes de la literatura
Refugio de poemas, cuentos, fotografías y alguna que otra mentira.
POESÍA PARA VIVIR
Blog de Literatura. Grandes encuentros
Blog de Noticias de la Comunidad WordPress.com