Lectura: “Un amor”. Sara Mesa

“Un amor” de Sara Mesa – Las Librerías Recomiendan

Un amor, en tres lecturas: Un amor es el título de la última novela publicada de la autora sevillana Sara Mesa. El libro, editado por Anagrama, vio la luz hace unas semanas, meses después de lo previsto debido a las peculiares circunstancias socio-sanitarias que […]

Origen: “Un amor” de Sara Mesa – Las Librerías Recomiendan


Textos

¿Es el calor, la soledad, la falta de confianza, el miedo al fracaso? Le imponen las palabras que otra persona escribió antes que ella, palabras escogidas con cuidado, seleccionadas entre todas las posibles, ordenadas de una única manera entre la infinitud de combinaciones desechadas. Si quiere hacerlo bien —y quiere—, debe tener consideración con cada una de esas elecciones. Pero pensarlo así es llegar a la extenuación y la parálisis. Al desgranar el lenguaje con ese nivel de conciencia, lo despoja de sentido. Cada palabra se convierte en enemiga y traducir es lo más parecido a batirse en duelo con una versión previa, y mejor, de su texto. Avanza con tanta lentitud que se desespera. ¿Es el calor, la soledad, la falta de confianza, el miedo? ¿O es, simplemente —y debería admitirlo—, su ineptitud, su torpeza?


Sin embargo, estar aislada no es tan sencillo, es bueno tener un amigo, se volverá loca si no. Se pregunta si lo que está buscando es solo amistad o también protección, y si sentiría el mismo alivio —o la misma inquietud— ante la invitación de una mujer. Una amiga cumpliría su función, sin duda, pero no paliaría gran cosa su sensación de desamparo. Al fin y al cabo, se dice, es Píter quien demuestra estar deseando protegerla. Ella solo tiene que dejarse hacer, no le está pidiendo nada que él no esté dispuesto a darle de antemano.


Lo que se puso de relieve en la cena —que entre ellos dos no hay atracción sexual— contribuye, paradójicamente, a acercarlos. Sin embargo, el desinterés de Píter ha hecho saltar una alarma en Nat: la señal de que empieza a perder un poder que había poseído inconscientemente hasta entonces. Como el dinero, se dice, también el capital erótico se va escurriendo sin que uno se dé cuenta, solo se toma conciencia de él cuando desaparece, y se escudriña en el espejo con una mirada desprovista de piedad, evaluando las partes de su cuerpo o de su cara donde puede radicar el error.


Nat, la distante, impasible, brusca Nat, se ha transformado en un ser hambriento. Tanto que tiene que refrenarse para no ir a verlo a todas horas y para no quedarse a dormir por las noches. Él no se lo ha pedido y ella se convence de que es mejor así: preservar el encanto de lo ilícito, verse interrumpidamente, con clandestinidad, aunque a una parte de ella le encantaría que Andreas la presionase para quedarse más —¡o al menos le insistiera!— y hay siempre un poso de decepción cuando él mira el camino por donde ella se aleja sin intentar que cambie de opinión.


—¿Te gustaba yo desde el principio? No, dice Andreas. No duda al responder. Ni siquiera simula dudar: su negación es rotunda, implacable. En realidad, añade, apenas se fijó en ella. La veía por los caminos, o en la tienda, pero no le produjo curiosidad. Él es muy despistado. Siempre le pasa, con todo el mundo. Siempre le ha pasado. Nat siente el dolor atravesándole la garganta. Un dolor áspero, agudo, certero. Inexplicable. Traga saliva con dificultad.


Analiza con minuciosidad la conducta de Andreas, el tono en el que le habla, la manera de sentarse a su lado o el espacio que deja en el sofá entre ambos. Registra, como quien lleva un riguroso inventario, las veces que le toca una mano o la mira —aunque sea fugazmente—, la atención que le presta cuando le cuenta algo, la inflexión de su voz —rastrea la amabilidad, o la impaciencia—. Siempre le parece que es insuficiente. Le parece, por ejemplo, que cuando están en la cama y caen dormidos, él se separa demasiado pronto, o la abraza muy poco tiempo, dándose la vuelta enseguida para entrar en un sueño profundo que la excluye por completo. Lo mira dormir y piensa: ¿cómo es posible que lo consiga? ¿Cómo puede olvidarse de su presencia justo al lado?

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