Ante un novelista todos nos sentimos como el esclavo se sentía ante el emperador, que, con una sola palabra, puede devolvernos la libertad. Gracias al novelista, perdemos nuestra antigua condición, para conocer la del general, la del tejedor, la de la cantante, la del hidalgo rural; la vida de campo, el juego, la caza, el odio, el amor, la vida de campaña. Por él, somos Napoleón, Savanarola, un campesino; aún más -y es una existencia que hubiéramos podido no conocer nunca- somos nosotros mismos.

(Leído en «Calle del Orco»)
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