Vemos con estupor cómo muchas veces los mejores lectores o incluso los críticos más prestigiosos aceptan con una gran sonrisa libros que son como marisco pasado o bollería industrial
Origen: El criterio (perdido) para valorar las obras literarias
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Como ermitaño de las letras, llevo un tiempo pensando en esto, y el criterio, para mí, no es que se haya perdido, es que se ha sustituido por mensajes del mercado, a través de lo siguiente:
1. la novedad (“la ortodoxia de lo nuevo”, Muñoz Molina);
2. la facilidad. Requiere poco esfuerzo para su “consumo”;
3. los medios, incluyendo los suplementos de la prensa, que nos descubren “obras maestras” cada semana, así como las telarañas sociales, o las tendencias (aquello de lo que se habla).
En cambio, veo otros, secundarios, aunque legítimos, relativamente fáciles de aplicar:
¿Te aporta algo?
¿te interesa?
¿te entretiene?
Y ello porque no se puede establecer una separación clara entre la pequeña y gran cultura (el propio Cervantes tomó de ambas, y no poco de la primera, según estableció Rodríguez Adrados)
Por último, el que me parece principal es el más difícil de utilizar, porque supone una capacidad de juicio, que requiere a su vez unos conocimientos previos, y una cierta sensibilidad. Pues bien, siguiendo a Javier Gomá, no es otro que evaluar si algo es digno de perdurar. Este es, a mi modo de ver, el criterio por excelencia, y no digo que yo lo tenga, y es por eso que intento leer y escuchar atentamente a aquellos que considero autorizados para dar su opinión.
Totalmente de acuerdo. Saludos