Y, no obstante, la fraternidad

Antes que nada la escritura es tal vez un acto de fraternidad. Exige soledad, a veces una soledad profunda y radical, pero esta soledad es a menudo un túnel excavado en tierra fértil —en la imaginación y en el narcisismo, en la compasión y en la indiferencia, en la ternura y en la arrogancia, en la música y en la ambición, en la sangre y en la tinta— que conduce hacia otra gente. Incluso los suicidas escriben cartas. Los poetas se matan. Los críticos matan a los autores. Los lectores se aburren pronto y ahogan los libros como si fueran gatitos recién nacidos. Pero ¿dónde está dicho que la fraternidad es fácil? Miren, si no, la Biblia…

Adam Zagajewski

Adam Zagajewski

Esta entrada fue publicada en El oficio de creador y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s