Para qué la literatura

Menéndez Salmón. El corrector

La gran enfermedad del hombre es buscar un sentido y una finalidad a cuanto sucede. (…) ¿Pero acaso todos nosotros no vivimos como si el Sol saliera de nuevo cada mañana? (…) Nuestra vida, toda ella, desde que amanece hasta la hora del lobo, es una gran mentira, una sombra, un intenso simulacro. Fedor Dostoievski lo sabía. Albert Camus lo sabía. John Maxwell Coetzee, que ha escrito sobre el origen de Los demonios una estupenda novela, El maestro de Petersburgo, lo sabe también. Para habitar esa mentira, para reconciliarnos con esa sombra y ese intenso simulacro, para conciliar todo lo que sabemos con todo lo que podemos soportar saber, es para lo que existen cosas como la literatura.

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La política y el lenguaje

Lo que aleja irremediablemente al político del escritor no es la cuestión ideológica (…) ni su confianza en la bondad o en la maldad de la especie, ni su desprecio o su fascinación por las recompensas materiales, (…) ni siquiera la diferencia de ceros que adorna sus respectivas cuentas bancarias.

Menéndez Salmón. El corrector

Lo que aleja decisivamente al político del escritor es su antagónica relación con los detalles. La política, por definición, es el reino de la negación del detalle. George Walter Bush dice a micrófono abierto: «Hay que parar esa mierda», y «esa mierda» es el Líbano, es Hezbolá, es Siria, es Israel, es Palestina, es una historia de milenios fundada sobre la intolerancia religiosa y sustentada por intereses económicos que afectan a millones de personas.

Por su parte, la literatura, por definición, es la fraternidad del detalle, una práctica ya milenaria que se alimenta del detalle, un ejercicio absorbente que en el detalle encuentra su recompensa y su razón íntima de existir. Porque el escritor, en este caso, tiene que descender al detalle y explicar qué demonios es «esa mierda», por qué huele tan mal, quién la fomenta, tolera y consiente, quién hace de ella su modo de vida. El escritor es la persona que analiza «esa mierda» abstracta que el político derrama sobre los mapas. Y en esa meticulosa y no siempre placentera lección de escatologia, en ese arduo proceso para desentrañar los detalles que hacen que «esa mierda» sea lo que es, y no otra cosa, es donde el escritor encuentra su mayor premio: la dignidad.

Pervertir la realidad a través del lenguaje, lograr, lograr que el lenguaje diga lo que la realidad niega, es una de las mayores conquistas del poder. La política se convierte, así, en el arte de disfrazar la mentira.

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Los libros

Menéndez Salmón. El corrector

Creo que de nuevo fueron los libros los que me trajeron un poco de paz. Siempre que algo me abruma acudo a mi biblioteca. Sencillamente me tranquiliza acariciar un lomo, leer una página al azar, estudiar el mapa de Yoknapatawpha, que aparece en mi ejemplar de ¡Absalón, Absalón!

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Literatura y poder

Menéndez Salmón. El corrector

Cuando Platón diseñó la República perfecta, abogó por la expulsión de los poetas. El poeta, decía el filósofo ateniense, genera desorden  al trabajar con un lenguaje que es, por definición, ambiguo. (…) Platón inauguraba así  una profesión de fe que aún hoy dura: la desconfianza que el artista provoca en el poderoso.

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El tedio

Menéndez Salmón. El corrector

 

La verdadera maldición de la vida no es el trabajo, ni el sinsentido de la existencia, ni siquiera el dolor o la enfermedad: la verdadera maldición de la vida es el tedio. Solo quien vence el tedio ha vivido, solo quien es capaz de hacer algo distinto a matar el tiempo merece decir «he vivido».

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Pareado

Recobrada la salud y el seso,
regresé de París en tren expreso.

Campoamor

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Stalin y los escritores

Stalin tenía una idea muy precisa de la función utilitaria uy propagandística de los escritores, y cuando no se sometían a los intereses del «pueblo», los silenciaba, a veces matándolos y en otras ocasiones humillándolos. Es el caso de Bulgákov, a quien, pese a haber sido su amigo, lo rebajó de autor a barrendero del teatro donde antes se montaban sus obras.

Mario Vargas Llosa

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Pablo Casals

Durante más de setenta años Pablo Casals empezó el día tocando Bach.

Pablo Casals

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Para presidente de la República

Ortega y Gasset y Unamuno se sometieron a plebiscito en las Cortes para presidente de la República y los dos obtuvieron un solo voto (quizás se votaron a sí mismos) frente a los 362 votos de Alcalá Zamora.

Andrés Trapiello

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El poeta no sabe

» (El poeta) no sabe qué dirá, y a menudo tampoco sabe qué dice. Y no lo sabe hasta que lo ha dicho, y lo olvida cuando acaba de decirlo.

Marina Tsvietáieva

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