El libro

Chirbes. En la orillaEl hallazgo de un cadáver en el pantano de Olba pone en marcha la narración. Su protagonista, Esteban, se ha visto obligado a cerrar la carpintería de la que era dueño, dejando en el paro a los que trabajaban para él. Mientras se encarga de cuidar a su padre, enfermo en fase terminal, Esteban indaga en los motivos de una ruina que asume en su doble papel de víctima y de verdugo, y entre cuyos escombros encontramos los valores que han regido una sociedad, un mundo y un tiempo. La novela nos obliga a mirar hacia ese espacio fangoso que siempre estuvo ahí, aunque durante años nadie parecía estar dispuesto a asumirlo, a la vez lugar de uso y abismo donde se han ocultado delitos y se han lavado conciencias privadas y públicas. Heredero de la mejor tradición del realismo, el estilo de En la orilla se sostiene por un lenguaje directo y un tono obsesivo que atrapa al lector desde la primera línea volviéndolo cómplice.

Contraportada de En la orilla, de Rafael Chirbes, Anagrama

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Escribir

No sé por qué se escribe, pero no se escribe para estar seguros. Se escribe, entre otras cosas, para poner un pie en la espesura que brama al otro lado del espejo.

Leila Guerrero

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Noticia

Philip Roth se retira de la vida pública y literaria

Philip RothA sus 81 años, Philip Roth uno de los escritores vivos más importantes, que hasta ahora siempre había afirmado que no concebía “una vida sin escribir”, ha concedido la que dice será su última entrevista antes de retirarse de la vida pública, en ella confirma su cambió de opinión:

Estaba equivocado. He llegado al final. No tengo nada más de lo que escribir. Me daba miedo no tener nada que hacer. Estaba aterrorizado de hecho, pero sabía que no tenía sentido continuar. No iba a conseguir nada mejor ¿y, para qué ir a peor?

Némesis (2010) es su última novela.

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La biblioteca de los sueños

Nadie rebaje a lágrima o reproche esta declaración de la maestría de Dios, que con magnífica ironía me dio a la vez los libros y la noche. De esta ciudad de libros (se refiere a la Biblioteca Nacional de la República de Argentina, de la que fue nombrado director) hizo dueños a unos ojos sin luz, que solo pueden leer en la biblioteca de los sueños los Borgesinsensatos párrafos que ceden las albas a su afán. En vano el día les prodiga sus libros infinitos, arduos como los manuscritos que perecieron en Alejandría. De hambre y de sed (narra una historia griega) muere un rey entre fuentes y jardines; y fatigo sin rumbo los confines de esta alta y honda biblioteca ciega. Enciclopedias, atlas, el Oriente y el Occidente, siglos, dinastías, símbolos, cosmos y cosmogonías brindan los muros, pero inútilmente. Lento en mi sombra, la penumbra hueca exploro con el báculo indeciso, yo, que me figuraba el Paraíso bajo la especie de una biblioteca. Algo, que ciertamente no se nombra con la palabra azar, rige estas cosas; otro ya recibió en otras borrosas tardes los muchos libros y la sombra.

Jorge Luis Borges

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Arden las pérdidas (I)

De un ruiseñor absorto en la ceniza, de sus negras entrañas musicales, surge una tempestad, desciende el llanto a las antiguas celdas, advierto látigos vivientes

y la mirada inmóvil de las bestias, su aguja fría en mi corazón.

Todo es presagio. La luz es médula de sombra: van a morir los insectos en las bujías del amanecer. Así

arden en mí los significados.

Gamoneda     Antonio Gamoneda

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El inicio

Las primeras palabras de una obra literaria son mucho más que un comienzo: son una clave, un conjuro: son el hallazgo más importante, el de la entonación, la decisión de quien cuenta la historia. Marcan la pauta del ritmo de la narración y defienden la atmósfera, la perspectiva del relato, la fuerza de su impulso.

Amos Oz

Inicio de Canada, de Richard Ford:

Primero contaré lo del atraco que cometieron nuestros padres. Y luego lo de los asesinatos que vinieron después.

Ford. Canada

 

La novela luego no confirmó las expectativas que en este sorprendente inicio se dibujaban.

No es el Ford de la trilogía sobre Norteamérica.

 

 

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Textos de «Una pena en observación» (y III)

¿Qué es la pena comparada con el dolor físico?. Digan lo que digan los necios, el cuerpo puede llegar a sufrir veinte veces más que el alma. La mente siempre tiene alguna capacidad de evasión. En el peor de los casos, un pensamiento insoportable lo más que hace es volver una y otra vez, pero el dolor físico puede ser completamente ininterrumpido. La pena es comparable a un bombardero que nos sobrevuela dando vueltas y dispuesto a soltar una bomba cada vez que una de estas vueltas desde arriba coincide justamente con nuestra cabeza. El dolor físico es como el fuego constante en una trinchera…

Descubrimiento

No se puede negar que en cierto sentido “me encuentro mejor”, pero de repente con eso me viene una especie de vergüenza y la sensación de que estoy sometido a algo así como un deber de mimar, fomentar y hacer duradera mi propia infelicidad (…)He descubierto una cosa, el dolor enconado no nos une con los muertos, nos separa de ellos.

Lewis. Una pena en observación

Mi programa

Sea como sea, mi programa lo tengo bien claro. Volver a ella con alegría las más veces que pueda. Hasta saludarla con una sonrisa. Cuando menos la lloro, más cerca me parece sentirla.

Un programa admirable. Sólo que, desgraciadamente, no se puede cumplir. Esta noche se me ha vuelto a abrir todo el infierno de la herida reciente; las palabras insensatas, el amargo resentimiento, el mariposeo en el estómago, la irrealidad de la pesadilla, el baño de lágrimas.

El proceso de la tristeza

Creí que podría describir una “comarca”, elaborar un mapa de la tristeza. Pero la tristeza no se ha revelado como una comarca sino como un proceso.

Final

¿Te diste cuenta en algún momento, amor mío, de lo mucho que te llevaste contigo al morir? Me despojaste hasta de mi pasado, hasta de las cosas que nunca compartimos.

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Su tutor

Allí donde lo llevara la conquista, Alejandro Magno se ocupaba de enviarle especímenes botánicos a Aristóteles, que había sido su tutor. Un ejemplar de La Iliada que  llevaba en un cofre enjoyado tenía enmiendas de puño y letra de Aristoteles.

David Markson

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Textos de «Una pena en observación» (II)

Desesperación

¡Qué tentación tan lamentable la de decir: “Ella vivirá siempre en mi memoria!” ¿Vivir? Eso es precisamente lo que nunca volverá a hacer.

“¿Dónde esta ella ahora?”, lo que quiere decir es: en qué sitio está en este mismo momento. Pero si H. no es un cuerpo –y el cuerpo que yo amaba no cabe duda de que ya no es ella-, H. no está en ninguna parte en absoluto. Y “este mismo momento” es una fecha, un punto, en nuestras series de tiempo. Es como si hubiera ido de viaje sin mí y yo dijera: “Me pregunto si estará en Euston ahora” Pero a no ser que ella avance a sesenta segundos por minuto, recorriendo esta misma línea de tiempo por la que vamos viajando los seres vivos, ¿qué sentido tiene decir ahora? Si los muertos no están en el tiempo, o por lo menos en nuestra clase de tiempo, ¿hay alguna diferencia notoria, cuando hablamos de ellos, entre era, es y será?

La pena como expectativa

Y la pena se sigue sintiendo como miedo. Aunque tal vez fuera más exacto decir que como un “suspense” O como una expectativa; esto es, es como estar colgado a la espera de que algo va a pasar. Esto confiere a la vida una sensación permanente de provisionalidad. Parece como si no valiera la pena empezar nada. No soy capaz de encontrar asiento, ando azogado y nervioso, bostezo, fumo muchísimo. Antes nunca llegaba a tiempo de nada. Ahora no hay nada más que tiempo. Tiempo en estado casi puro, una vacía continuidad.

Lewis. Una pena en observación

Creo que estoy empezando a entender por qué la pena se siente como una expectativa. Procede de la frustración de tantos impulsos que se han hecho habituales. Todos mis pensamientos, sentimientos y acciones, uno por uno, tenían a H. por objeto.

Sensación de despropósito

No es verdad que esté pensando siempre en H. El trabajo y la conversación me lo hacen imposible. Pero los ratos en que no estoy pensando en ella puede que sean los peores. Porque entonces, aunque haya olvidado el motivo, se extiende por encima de todas las cosas una vaga sensación de falsedad, de despropósito.

Sentimientos, sentimientos, sentimientos. Vamos a ver si en vez de tanto sentir puedo pensar un poco.

Claro que es diferente cuando una cosa así le pasa a uno y no a los demás, cuando pasa en realidad, no a través de la imaginación.

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Textos de «Una pena en observación» (I)

La pena y el miedo

Nadie me había dicho nunca que la pena se viviese como miedo. Yo no es que esté asustado, pero la sensación es la misma que cuando lo estoy (…) Otras veces es como si estuviera medio borracho o conmocionado. Hay una especie de manta invisible entre el mundo y yo. Me cuesta mucho trabajo enterarme de lo que me dicen los demás. Tiene tan poco interés.

Y nadie me habló nunca tampoco de la desidia que inyecta la pena. No siendo en mi trabajo –que ahí la máquina parece correr más aprisa que nunca- aborrezco hacer el menor esfuerzo. No solo escribir sino incluso leer una carta se me convierte en un exceso.

Dios

Y, en el entreacto, ¿Dios dónde se ha metido?. Este es uno de los síntomas más inquietantes. (…) ¿Por qué es Dios un jefe tan omnipresente en nuestras etapas de prosperidad, y tan ausente como apoyo en las rachas de catástrofe?

¿Qué quiere decir la gente cuando afirma: “Yo a Dios no le tengo miedo porque sé que es bueno?” ¿Han ido al dentista alguna vez?

Lewis. Una pena en observación

 

Certeza en la continuidad de la vida?

Hace años, a raíz de la muerte de un amigo, tuve durante algún tiempo una viva sensación de certeza con respecto a la continuidad de su vida, casi como si se viera realzada. He implorado que se me concediera ahora por lo menos una centésima parte de esa misma certeza en el caso de H. No ha habido respuesta. Solamente el cerrojazo en la puerta, el telón de acero, el vacío, el cero absoluto.

 

Tiranía doméstica

Ayer me detuve a tiempo antes de decirme, con ocasión de no sé qué bagatela: “Esto a H. No le hubiera gustado.”

No conviene, no es bueno para los demás. En breve acabaría echando mano del “lo que le hubiera gustado a H.” como un instrumento de tiranía doméstica.

Reflexión

Gran parte de una desgracia cualquiera consiste, por así decirlo, en la sombra de la desgracia en la reflexión sobre ella. Es decir, en el hecho de que no se limite uno a sufrir, sino que se vea obligado a seguir considerando el hecho de que sufre.

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