Los garabatos del escritor

¿Qué sabemos de nuestras obras? La gente puede atribuir a Ulises cosas en las que no pensé nunca, pero nadie es quien para decir que esas interpretaciones son erróneas: ¿alguno de nosotros es consciente de lo que está creando? ¿Acaso sabía Shakespeare lo que estaba creando al escribir Hamlet? ¿Lo sabía Leonardo al pintar La última cena? A fin de cuentas, el genio originario de un artista está en sus garabatos: su talento esencial hay que buscarlo en sus acciones triviales. mas tarde puede desarrollar ese talento hasta crear Hamlet o La última cena, pero, si los ínfimos garabatos que configurar la gran obra carecen de valor, no le habrá servido de nada crearla, por ambiciosa que sea. ¿Quién de nosotros puede controlar sus garabatos? Éstos son los signos con los que escribimos nuestra personalidad, como la voz o la forma de andar.

Sabatini. Sobre la escritura. JoyceJames Joyce

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Alegría mansa

Pues en la hora oscura, tal vez la más oscura, en pleno día, ocurrió esa cosa que no quiero siquiera intentar definir. En pleno día era noche, y esa cosa que no quiero todavía definir es una luz tranquila dentro de mí, y la llamaría alegría, alegría mansa. Estoy un poco desorientada como si me hubieran arrancado el corazón, y en lugar de él estuviera ahora la súbita ausencia, una ausencia casi palpable de lo que antes era un órgano bañado de oscuridad, de dolor. No estoy sintiendo nada. Pero es lo contrario del sopor. Es un modo más leve y más silencioso de existir.

Clarice LispectorClarice Lispector. Tanta mansedumbre

(A través de «Factor serpiente»)

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Rilke. Cartas a un joven poeta

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Reflexión: La batalla del pensamiento

Tengo oído que los ejércitos romanos cuando no combatían, eran dedicados a la construcción de obra civil o militar, y lo que parece a simple vista una empresa loable, podía encerrar la idea maléfica de querer cansarlos y tenerlos entretenidos para que no cultivaran el pensamiento, fundamentalmente el crítico. El ocioso se constituye en peligro cuando fija su atención en las relaciones, funciones, status y estructuras que sustentan a un determinado grupo. Frente a eso, la mejor fórmula, trabajo y ocupación, cansancio y sueño.

La batalla del pensamiento. Los ojos de Hipatia

Los ojos de Hipatia

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Inicios II

CuéntamHomero La Odiseae, oh musa, la historia de aquel varón de multiforme ingenio que, después de destruir la sagrada ciudad de Troya, anduvo errante largo tiempo, vio las ciudades y conoció las costumbres de muchos hombres, y padeció en su corazón gran número de penalidades durante su navegación por el mar, mientras se esforzaba por salvar su vida y la de sus compañeros para regresar a la patria. Pero no pudo librarlos de la muerte y todos perecieron a causa de sus locuras.

Homero. La odisea

 

Hemingway. El viejo y el marEra un viejo que pescaba solo en un bote en la corriente del Golfo y hacía ochenta y cuatro días que no cogía un pez.

Ernest Hemingway. El viejo y el mar

 

 

 

 

Camus. El extranjeroHoy ha muerto mamá. O quizás ayer. No lo sé.

Albert Camus. El extranjero

 

 

 

 

 

Kafka. La metamorfosisAl despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, se encontró en su casa convertido en un monstruoso insecto.

 Franz Kafka. La metamorfosis

 

 

 

Rulfo. Pedro páramoVine a Comala porque me dijeron que aquí vivía mi padre, un tal Pedro Páramo.

Juan Rulfo. Pedro Páramo

 

 

 

 

Cien años de soledadMuchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.

Gabriel García Márquez. Cien años de soledad

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La nariz

De repente, se detuvo absorto a la entrada de una casa. Algo inexplicable acababa de ofrecerse a su vista: ante el portal se había detenido un coche; había abierto la portezuela e, inclinándose ligeramente, había saltado del coche un caballero de uniforme, que subió a buen paso las escaleras. ¡Imaginaos el horror y la estupefacción de Kovaliov al comprobar que aquel señor era su nariz! Ante un fenómeno tan sobrenatural, le pareció que todo se trastocaba.

GógolNicolái Gógol. La nariz

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No volveré a ser joven

Gil de Biezma joven

 

 

 

 

 

 

NO VOLVERÉ A SER JOVEN

Que la vida iba en serio

uno lo empieza a comprender más tarde

-como todos los jóvenes, yo vine

a llevarme la vida por delante.

 

Dejar huella quería

y marcharme entre aplausos

-envejecer, morir, eran tan sólo

las dimensiones del teatro.

 

Pero ha pasado el tiempo

y la verdad desagradable asoma:

envejecer, morir,

es el único argumento de la obra.

Jaime Gil de Biedma

 

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Carta de John Steinbeck a su hijo enamorado

Querido Thom:

Recibimos tu carta esta mañana. Voy a responder desde mi punto de vista, y por supuesto que Elaine lo hará desde el suyo.

Primero. Si estás enamorado, eso es algo bueno; es lo mejor que le puede pasar a cualquiera. No permitas que nadie te haga sentir que es poco o que lo que sientes no tiene valor.

Segundo. Hay varios tipos de amor. Uno es el egoísta, el que sujeta, el que utiliza el amor para su conveniencia. Este es el tipo de amor feo y que paraliza. El otro es un derroche de todo lo bueno en ti, de bondad, consideración y respeto. No sólo el respeto social por las costumbres, sino el mayor respeto: el reconocimiento de la otra persona como única y valiosa. El primer tipo de amor puede hacer que te enfermes, te hagas pequeño y débil; el segundo puede liberar en ti la fuerza, el coraje y la bondad, e incluso, la sabiduría que no sabías que tenías.

Dices que esto no es un amor adolescente; si tú lo sientes tan profundamente, por supuesto que no es el amor adolescente. Pero no creo que me preguntes qué es lo que sientes. Tú lo sabes mejor que nadie. ¿Qué es lo que quieres que te ayude a hacer al respecto?, y que te pueda decir. 

Gloria en él (el amor), debes estar alegre y agradecido por ello.

El objeto del amor es lo mejor y más bello. Trata de vivir conforme a él.

Si amas a alguien, no hay ningún posible daño en decirlo, sólo hay que recordar que algunas personas son muy tímidas, y a veces se debe de tomar en consideración la timidez.

Las niñas tienen una forma de conocer o sentir lo que sientes, pero por lo general también les gusta escuchar.

A veces sucede que lo que sientes no es correspondido o recíproco por una razón u otra, pero eso no hace que tu sentimiento sea menos valioso o bueno.

Por último, conozco tus sentimientos porque yo los tengo y me alegro de que tú los tengas también.

Estamos a tu disposición para cumplir con Susan. Ella será muy bienvenida. Pero Elaine cumplirá con todos esos protocolos; a ella le gusta y estará muy contenta. Ella también sabe de amor y tal vez te pueda ayudar más que yo.

Y no te preocupes por perder. Si está bien, sucederá. Lo principal es no apresurarse. Nada bueno se escapa.

Amor,

Fa

John SteinbeckJohn Steinbeck  

(A través de Cultura Colectiva)

 

 

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Álbum de bibliotecas en construcción VIII

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Biblioteca destruida de una casa particular

 

7. Biblioteca Pública de Nueva York, Nueva York, EE.UU.
Biblioteca Pública de Nueva York, Nueva York, EE.UU.

 

 

 

 

 

 

 

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Me acuerdo

Analogías personales, o no,  con Joe Brainard:

Me acuerdo de un día en clase de gimnasia en que no pude decir «presente» cuando dijeron mi nombre al pasar lista. Algunas veces tartamudeaba tanto que las palabras no llegaban a salirme de la boca. Tuve que darle varias vueltas al campo.

Brainard. Me acuerdoMe acuerdo de un niño que me contó un chiste verde muy guarro. Fue la primera pista que tuve sobre qué era eso del sexo.

Me acuerdo de cuando mi padre decía «Las manos fuera del edredón», cuando venía a darnos las buenas noches. Pero lo decía de buenas.

Me acuerdo de cuando pensaba que si hacías algo malo, la policía te metía en la cárcel.

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