Poema de Fernando Pessoa

Unos, con los ojos puestos en el pasado, 

ven lo que no ven; otros,  fijos

los mismos ojos en el futuro, ven

lo que no puede verse.

 

¿A qué buscar tan lejos lo que está cerca,

nuestra seguridad? Este es el día,

esta es la hora, este es el momento, esto

es lo que somos, y no hay más.

 

Perenne fluye la inacabable hora

que nos proclama nulos. En el mismo trago

en que vivimos moriremos. Coge

el día, otra cosa no eres.

PessoaFernando Pessoa

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El oficio de escritor

 …cuando escribo historias soy como alguien que está en su tierra, en calles que conoce desde la infancia, y entre muros y árboles que son suyos. Mi oficio es escribir historias, cosas inventadas o cosas que recuerdo de mi vida, pero, en cualquier caso, historias, cosas en las que no tiene nada que ver la cultura, sino sólo la memoria y la fantasía. Este es mi oficio, y lo haré hasta mi muerte. Estoy muy contenta con este oficio y no lo cambiaría por nada del mundo. Comprendí que era mi oficio hace mucho tiempo.

Natalia GinzburgNatalia Ginzburg

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El fraude de la profundidad

Ojo conmigo

Sánchez FerlosioDesconfíen siempre de un autor de «pecios». Aunque sin quererlo, le es fácil estafar, porque los textos de una sola frase son los que más se prestan a ese fraude de la «profundidad», fetiche de los necios, siempre ávidos de asentir como reverencia a cualquier sentenciosa lapidariedad vacía de sentido como habilidosamente elaborada con palabras de charol. Lo «profundo» lo inventa la necesidad de refugiarse en algo indiscutible, y nada hay tan indiscutible como el dicho enigmático que se autoexime de tener que dar razón de sí. La indiscutibilidad es como un carisma que sacraliza la palabra, canjeando por la magia de la literalidad toda posible capacidad significante.

Sánchez Ferlosio. Campo de retamasRafael Sánchez Ferlosio, «Como a manera de prólogo». Campo de retamas

(Este blog publicará periódicamente algunos de los «pecios» de Sánchez Ferlosio sacados de su libro Campo de retamas)

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Álbum de librerías incompleto, 20

Librería Luna Librera, en Jerez de la Frontera, Cádiz,3
Librería Luna Librera, en Jerez de la Frontera, Cádiz, 1
Librería Luna Librera, en Jérez de la Frontera
Librería Luna Librera, en Jerez de la Frontera, Cádiz, 2
Librería Luna Librera, en Jerez de la Frontera, Cádiz,4
Librería Luna Librera, en Jerez de la Frontera, Cádiz, 3
Librería Luna Librera, en Jerez de la Frontera, Cádiz,2
Librería Luna Librera, en Jerez de la Frontera, Cádiz, 4
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El Vieco cortaziano V

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Penelope Fitzgerald

[…] De lo que vengo a hablarles hoy es del último “hallazgo” destinado a engrosar mi santoral de damas escritoras. Algunos de ustedes se sorprenderán, porque la conocen desde hace mucho. No importa: si ella no publicó su primera novela hasta bien cumplidos los sesenta años, bien puedo haber tardado yo algunos menos en leer por primera vez un libro suyo, aconsejado por Rodrigo Fresán. Dos libros, en realidad: «El inicio de la primavera» y «La flor azul», los dos en Impedimenta, que lleva publicadas también «La librería» e «Inocencia», y que se propone, al parecer, seguir publicando el resto de las novelas de Penelope Fitzgerald (1916-2000), así se llama la señora.

Penelope Fitzgerald. El inicio de la primaveraTanto «El inicio de la primavera» como «La flor azul» son, en una medida dificilísima de precisar, novelas históricas, la primera ambientada en Moscú, en los meses anteriores al estallido de la Revolución rusa, y la segunda sobre la vida de Novalis, el poeta romántico.

Penelope Fitzgerald, ganadora del Man Brooker Prize y del National Book Critics Circle Awrad, goza de un bien consolidado crédito en Inglaterra, donde su trayectoria literaria, emprendida muy tardíamente, además de respeto y admiración despierta en general cierta perplejidad, debida a la dificultad de concretar su encanto tan peculiar. Julian Barnes destaca su sentido del detalle, resultado muchas veces de una documentación concienzuda, combinada con una asombrosa concisión. El mismo Barnes cita una frase de Sebastian Faulks que entretanto se ha hecho célebre: “Leer una novela de Penelope Fitzgerald es como salir de excursión en un automóvil impecable, en el que todo -el motor, la carrocería, el interior- inspira confianza, hasta que, recorridos unos pocos kilómetros, va uno y tira el volante por la ventana”.

Penelope Fitzgerald

Penelope Fitzgerald

De mi particular lectura de los dos libros mencionados (los favoritos de Barnes, por cierto), subrayo la manera tan desconcertante en que todas las situaciones planteadas decepcionan las expectativas convencionales, lo cual tiene un efecto paradójicamente revelador. Todo parece inconducente, sin finalidad alguna, en unas novelas en que el narrador se distrae con el primero que pasa, ampliando sin cesar el elenco de criaturas con las que el lector se encariña pero de los que no vuelve a saber nada. El efecto de conjunto es portentoso por su mezcla de ironía y de lirismo, de lucidez y de arrebato, de modernidad y primitivismo. Nada de psicología: todo se revela a través de las acciones, de los gestos, de las palabras de unos personajes que, como dice Terence Dolley en el penetrante postfacio a «El inicio de la primavera» (novela que recomiendo como puerta de acceso a esta escritora), “son profundamente decentes y bienintencionados, en ocasiones incluso admirables, pero están siempre a merced de los acontecimientos, de los errores de los demás y de las suposiciones falsas”.

Que me quede por leer media docena de novelas de esta autora supone para mí, como para todo el que no los haya leído todavía, una inesperada reserva de felicidad. Bendita sea.

Ignacio EchevarríaIgnacio Echevarría. El Cultural

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Respirar a través de la escritura

Cuando no escribo, siento mi mundo encogiéndose. Siento que pierdo mi fuego y mi color. Debería ser una necesidad, así como el mar necesita subir y bajar, -a eso yo lo llamo respirar-. Si no respiras a través de la escritura, si no rompes en llanto en la escritura, o cantas en la escritura, entonces no escribas, porque nuestra cultura no tiene tiempo para eso.

Anaïs NinAnaïs Nin

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Sociedad del arte…

Boris Pasternak admiraba tanto a Rilke que llevó dos cartas suyas en la billetera durante décadas.

Cuando era lector para una editorial, André Gide rechazó «Por el camino de Swann».

La lámpara de Flaubert ardía con tanta regularidad en su estudio de Croisset durante la noche que los pilotos en el Sena podían usarla como orientación.

Se dice que para escribir «La comedia humana» (Balzac) se bebió cerca de cincuenta mil tazas de café.

Bruno Schulz iba a su casa con una hogaza de pan cuando la Gestapo lo baleó por la calle.

Heráclito dijo que rezarles a las estatuas de los dioses era como hablarle a una casa en lugar de a su dueño.

Markon. La soledad del lectorDavid Markson, La soledad del lector

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Joyce. Estilo literario III

Los olores de la literatura

Para crear literatura, un país tiene que tener cierto olor. ¿Qué es lo primero que uno percibe cuando llega a un país? Su olor, que da una idea exacta de su cultura y penetra en su literatura. Así como Rabelais huele a Francia en la Edad Media y Don Quijote a la España de la época, «Ulises» huele al Dublín de mi tiempo […] Huele a Anna Liffey […] un olor no siempre dulce quizá, pero en todo caso inconfundible.

Realidad y abstracción

Reprochar a un escritor que su ora no esté concebida de manera razonable me parece una mala crítica, pues una obra de arte no tiene por objeto relacionarse con los hechos, sino comunicar una emoción. […] De hecho, si observamos las tendencias actuales, da la impresión de que las artes caminan hacia la abstracción de la música. Lo que estoy escribiendo ahora responde a ese propósito; y es que, cuanto más se somete uno a la realidad, menos libertad tiene. Es el espíritu el que rige la realidad, y no al revés.

El  mundo valioso de las emociones

Las emociones han dictado el curso de mi libro y sus detalles. La escritura emocional le permite a uno llegar a lo imprevisible, que vale más que los frutos del método intelectual, pues sus raíces son más profundas. En este método uno lo conecte todo de antemano: cuando se trata, por ejemplo, de describir una casa, uno trata de recordarla con exactitud, y eso, a fin de cuentas, es periodismo. En cambio, el escritor emocionalmente creativo rehace la casa e inventa una imagen valiosa en el único mundo valioso, que es el de las emociones.

Sabatini. Sobre la escritura. JoyceJames Joyce. Sobre la escritura.

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Literatura: Rebelión contra la muerte

[…] no deseo que las reacciones a mis libros me afecten de tal manera que me vea obligado a tomar otra decisión acerca de qué escribir y qué no. Si sigo adelante, quiero sentirme libre para escribir lo que crea que puedo escribir bien, sea lo que fuere. Quiero que mis historias, si es posible, afecten a los lectores como la gran literatura me ha afectado a mí, es decir, que sea el hacha para el mar congelado que está dentro de nosotros, que sea, como escribió Dürrenmatt, una rebelión contra la muerte.

Richard FordRichard Ford, «Qué escribimos, por qué lo escribimos y a quién le importa»

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